LA CAUSA DE LOS PROSCRITOS: SOBRE “LA MILICIA DE LA NOCHE” DE JOSÉ MANUEL DEL RÍO

 

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La guerra es la continuación de la política por otros medios, decía Clausewitz. En toda contienda estaban los intereses del Estado, de las clases dirigentes, de los grupos económicos, del mundo castrense… Las  víctimas siempre moraban en la sociedad civil,  que sufrían de las decisiones de los que controlaban el devenir colectivo. Ese fue el precepto moral del pacifismo frente a la concepción propiamente maquiavélica de la política, en el que la violencia y la perversidad se adscribían al poder, al mismo tiempo  que se daba por hecha la victimización de la sociedad y su inherente bondad. La cuestión está en saber hasta dónde la realidad histórica da carta de validez a esa dicotomía moral. El acontecer de la guerra civil española reafirma el interrogante: para nadie es un secreto  de que en  ella  no todo fueron profundas convicciones y grandes ideales y que detrás de las cuestiones políticas, sociales, ideológicas o religiosas, se hicieron hueco  las rencillas, las enemistades personales, los ajustes de cuenta, la sed de venganza y una violencia gratuita. No cabe duda, a ese respecto, que los desviados y los campeones  del crimen,  en tiempos normales proscritos sociales,  lograron hacerse  hueco en una sociedad  caída en el caos. Los crímenes sociales e individuales van a así a confundirse con los crímenes políticos y colectivos. Sin duda ese es uno de los grandes temas de la novela de José Manuel del Río, La milicia de la noche. (Ediciones B,2020).

                             Fidel Lobo es el capo de una banda de delincuentes de los bajos fondos de Barcelona. Pep el Rata y el Bucanero son sus segundos de abordo. Hasta el momento solo se dedican al robo, la intimidación y el asesinato sin escrúpulos. Sin embargo, les sorprende el alzamiento del 18 de Julio y los enfrentamientos en la ciudad entre los partidarios y adversario de la rebelión militar. Durante los primeros días no acaban de dar crédito a lo que ocurre y están dominados por la desorientación. La política no les interesa, ni tienen ninguna convicción ideológica en concreto. Solo saben de la violencia y el placer sádico que esta proporciona. Ciertos de ellos han hecho alguna incursión en el contra-pistolerismo frente a la violencia ejercida por la patronal catalana  en la década  anterior, pero lo han concebido como una dimensión más del gansterismo en el que se han forjado, que como una causa. En 1936 siguen sin saber de qué lado están en medio de esa sociedad polarizada que se dirige al abismo. Su momento llegará a partir del instante en que el anarcosindicalismo se hace con el control de la ciudad después de la definitiva aplastamiento de Goded y las fuerzas favorables a Franco. Un Delegado  vinculado a la C.N.T y a la Generalitat republicana va a asignarle a Fidel Lobo  una misión : ayudar al control de los elementos fascistas y al triunfo de la revolución social. Al lado de Lobo está  también Antonio, un joven  idealista. A través de la epístola con su padre,  Antonio va contando los desconciertos,  decepciones e incertidumbres que le provoca una guerra de la que sabe que la República saldrá vencida. La violencia sin sentido, la prostitución, el proxenetismo, un ejercito desorganizado compuesto por estúpidos, las Patrullas de Control y el caos en medio de un bando republicano dominado por la división que desembocará en los acontecimientos de Mayo del 37, constituyen el contexto de la trama y de las propias cartas de Antonio a su padre.  La milicia que encabeza Lobo y los suyos sabrán aprovecharse de la situación, apelando a los valores de una sociedad libertaria que en realidad oculta otra realidad : el gusto por la violencia de una banda de  oportunistas en verdad sin ninguna convicción.  Antonio  es el único que termina preguntándose si la locura en la que está inmersa el país merece la pena. Debajo de las banderas y las proclamas solo están el egoísmo, la maldad  y el lado más ruin del ser humano. 

                    Todo sabemos hasta qué punto es tabú poner en cuestión la gestión de la guerra por parte de las autoridades de la Segunda República y subrayar la responsabilidad de cierta izquierda en la definitiva derrota de un régimen legitimo. Narrativamente valiente, José Manuel del Río hace una afinada ilustración ficcional de aquella Barcelona en el que la bajeza humana tomará la delantera sobre los ideales. Su valentía se revela por partida doble cuando se presenta el reto actual de luchar contra las tesis revisionistas sobre las causas de la guerra civil española y la ofensiva ideológica contra la legitimidad del gobierno del Frente Popular y de la Segunda República.  Por muy indigesta que pueda resultar esta obra para aquellos centrados en una lectura  ideológica del acontecer pasado o por dolorosa que nos resulte a los que luchamos por la recuperación de una memoria histórica y democrática que restituya la dignidad de las victimas del franquismo, una cosa es cierta, y es que  José Manuel del Río hace de la literatura un instrumento con el que ponernos delante de una verdad infalible.  

FICHA TÉCNICA

Autor: José Manuel del Río 

Título: La milicia de la noche.

Editorial: Ediciones B

Lugar de edición: Barcelona

Año de publicación: 2020

Numero de páginas: 493

Colección: La Trama. 

 

 

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EL CARIÑO EN TIEMPO DE GUERRA: SOBRE “LA CIUDAD DEL ALMA DORMIDA” DE FELIX G.MODROÑO

Félix G. Modroño ( Portugalete,1965), es un autor de un ya significativo recorrido  que se ha movido  entre el género negro y la novela histórica. Me atrevería a decir, a ese respecto, que su escritura se me antoja más vocacional y sincera  en la ilustración literaria de  los grandes episodios nacionales que en la de las investigaciones policiales : De ahí que el mismo no se haya sentido demasiado cómodo con la etiqueta de autor « Noir».  Revelándose un devoto de lo histórico, no podía esquivar en su creación literaria el siempre recurrente tema de la guerra civil española .En relación a esto debe mencionarse su obra « Secretos del arenal », ( Algaida,2014) , galardonada con el Premio Ateneo de Sevilla y que nos hizo viajar por la realidad  franquista en la Andalucía  de la inmediata posguerra, con el universo del falangismo y sus entresijos  como telón de fondo. No cabe duda que es mérito de Modroño poner luz  al  acontecimiento colectivo a través de la experiencia de personajes anónimos con los  que logra mantener la magia de lo ficcional sin perder la perspectiva de la verdad histórica. Dicho esto, es como si su última obra, «  La ciudad del alma dormida »( Ediciones B, 2020),  viniese a ser un compromiso pendiente con sus lectores en general y en particular con aquellos que, como es el caso de un servidor, llevan un cierto tiempo interesándose por las relaciones entre literatura y memoria histórica. Vasco de nacimiento y de corazón, cabe pensar  que su nueva novela también es el saldo de una deuda consigo mismo. Y es que, más allá de la dimensión narrativa,  en la que el autor sigue puliendo su pluma desde el cuidado de la estética sin caer en el barroquismo,  se trata de una obra escrita desde las entrañas, donde lo literario no se disocia de la relación pasional de Modroño con sus propios orígenes y arraigos culturales.

                 

Bilbao, finales de 1935. Ignacio Segurola  es  un incondicional  del Atléctic  y periodista que trabaja para el rotativo Euzkadi. El crimen terrible de una prostituta le brinda la oportunidad de salir de la rutina de la crónica deportiva a la que se dedica habitualmente, estableciendo una estrecha complicidad con un conocido detective bilbaíno, Fernando Zumalde, al que todos apodan  el «  Comisario ». Ambos se afanarán en aclarar el asunto en medio de sospechas que apuntan a una  situación política internacional asolada por el ascenso de los totalitarismos. Sin tener vocación de novela negra, ese mismo asesinato va a planear a lo largo de toda la historia. Pero es sobre todo la ilustración de la parte más humana de Ignacio Segurola   lo que de verdad arrastra de la trama. De espíritu tranquilo,  Ignacio se siente atraído por la empleada de una librería, Irene, una chica pelirroja, miope y originaria de Guernika. Aspirante a escritora, también vive enamorado de ella Koldo, un joven ingenuo y algo insulso con el que le une una amistad de infancia. Pese   a no ser correspondido, Koldo   le regala a Irene una máquina de escribir. Quiere que cumplan sus sueños como poetisa. Les vincula una mezcla de amor platónico que consuela a Koldo de una relación imposible. Ignacio acude a menudo a la librería de Tere Verde, la jefa de Irene , quien terminará por fijarse en Ignacio. Seductor, se presta a un idilio con el periodista. Con ganas de vivir, Ignacio dedicaba el tiempo a disfrutar de la vida lúdica de Bilbao, sobre todo en compañía  de su amigo Kepa, un joven homosexual, hijo de un oligarca local y que aspira a convertirse en un verdadero actor de teatro gracias a los pequeños pinitos que va haciendo en la compañía de Margarita Xiru, que en esos momentos está representando en Bilbao la obra de García Lorca, «  Bodas de sangre ».

Pese al ambiente político cada vez más enrarecido, la existencia sigue en un clima de felicidad, proyectos y sueños, que se entremezcla con las aventuras de la vida nocturna y en medio de la cual se le brinda al lector los placeres de las tradiciones populares y cultura gastronómica y vinícola bilbaínas. Al tiempo que Ignacio prosigue su relación algo ambigua con Irene, mantiene su interés por el caso de la prostituta asesinada, así como la relación con el detective Zumalde, en la expectativa de darle un giro a su carrera periodística. Sin embargo, la ambición de escribir un gran artículo sobre dicho crimen choca constantemente con la situación de polaridad social e ideológica, que acapara todas las portadas. Las elecciones legislativas de 1936 y el triunfo del Frente Popular agrava la coyuntura sin que en realidad nadie consiga imaginarse el orden de los acontecimientos venideros.

El estallido de la guerra civil cambiará  para siempre la cotidianidad de todos, mientras Bilbao acaba perdiendo su luz y el periplo de los protagonistas muta en desgracia, odio, rencor y miedo. Los bombardeos sobre Guernika por parte de la Legión Cóndor termina de sembrar el drama y el dolor en las gentes. A partir de ahí, el destino se mostrará en su faceta más cruel, especialmente para Ignacio e Irene, abocados a la separación tras la prematura caída de Bilbao y la implacable represión de los Nacionales. Sin embargo, los difíciles caminos que les tocará emprender a ambos no impide  que el amor que se profesan consiga sobrevivir a las circunstancias.

         

Felix G. Modroño recrea con rigor la realidad política y social de Euskadi en los años treinta, sin obviar los orígenes  reaccionarios del nacionalismo ; el profundo tradicionalismo de la sociedad vasca y su complicada relación con un mundo republicano y anticlerical,  al que tiene por  un aliado de coyuntura en nombre de la preservación de una identidad cultural y conciencia colectiva. En ese sentido hay que  reconocerle el buen manejo de la ambientación histórica sin caer en la pura disertación de manual académico, vicios habituales de muchos autores con tendencia agotar la paciencia del lector y desvirtuar la esencia de las propias tramas. Félix G.Modroño sabe dosificar la exposición de la cronología colectiva en beneficio de las experiencias individuales, que en el caso de su obra  apuntan al sufrimiento humano ante un  drama compartido frente al que solo queda el grito de la impotencia. . La ideología, casi siempre inevitable en toda la tradición narrativa en torno al episodio histórico de la guerra civil, parece borrarse   en pro de una evidente relación sentimental del autor con sus propios orígenes personales y la ciudad de Bilbao. Se puede decir que la novela no es maniquea, aunque tampoco se sitúe del todo en la equidistancia, que es la trampa  que suele tender cierto revisionismo reaccionario, en búsqueda  de una fuente de legitimación histórica al alzamiento del 18 de Julio. Novela de personajes, la obra de Felix G. Modroño cumple lo que debió  ser su objetivo inicial, o sea, profundizar en la subjetividad y los sentimientos de sus protagonistas, recordándonos que siempre existe la posibilidad de serenar nuestra relación con el pasado, por doloroso que haya sido, dejándole un pequeño hueco existencial a una esperanza alentada por el propio cariño.

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AMELIA NOGUERA, UNA ESCRITORA CONTRA LA MEMORIA VANA : SOBRE “EL PASEO DE LOS CANADIENSES”

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Los sistemas de apropiación del pasado suelen ser rehenes de entramados ideológicos de los que, por desgracia, ha terminado por participar una investigación historiográfica a la que le correspondería cumplir con la virtud del rigor y no  con el vicio del sesgo. Siempre he pensado que allí donde la ideología y las propias ciencias sociales optan por la memoria fragmentada o directamente, por la desmemoria, la literatura y la ficción han de tomar la antorcha de la verdades  individuales frente a las medias verdades o silencios institucionalizados. De mutismo oficial fueron objeto durante décadas los hechos de Málaga de 1937, ocupada por los nacionales después de una deserción vergonzosa del ejercito republicano.  El éxodo de  miles de civiles en la carretera costera de Almería, más popularmente conocida como “Paseo de los canadienses”  y los ataques de la marina franquista y la aviación italiana contra la población, es uno de los hechos que más han sido sometidos  a la amnesia histórica. Mérito ha sido de las asociaciones para la Memoria Histórica y de algunas voces  anónimas recuperar el recuerdo de unos acontecimientos que, junto a Guérnica, constituyen quizás una de las mayores atrocidades acometidas por los franquistas durante la guerra civil . Es de la memoria de esos hechos que ha pretendido hacerse eco la escritora Amelia Noguera  con su última novela, a la que brinda  precisamente título el nombre de aquella carretera sembrada de crueldad, inhumanidad  y muerte, “El paseo de los canadienses” (Berenice,2019).

Una escritora a la que Amelia Noguera no da nombre, pero bajo la que subyace la subjetividad e inquietudes históricas de nuestra autora, se interesa por los hechos acaecidos en Málaga en 1937 : en gran medida desconcertada por el silencio del que son objeto. Paso a paso, su escritura se convierte en el traslado a la ficción de una serie de testimonios e historias orales. La principal de ellas,  la de Azucena, una mujer anciana que vive en el exilio y a la que Noguera convierte en la gran testigo de un drama colectivo, al igual que en la  narradora de una historia personal a través de la que se pone luz a uno de los episodios más trágicos de la primera mitad de la guerra civil española.

Preadolescente, Azucena se ve obligada a abandonar Málaga en pleno asedio de los nacionales. Sigue a su madre, Fernanda,   mujer casada con un republicano alistado en el Ejercito Popular. Durante la desbandada colectiva, se cruza con Martina, otra niña, hija de un padre alistado en el bando franquista tras desertar de las tropas republicanas y una madre embarazada, Isabel y nieta de una rica terrateniente, doña Ángela.  Las diferencias sociales  y  distinta ubicación ideológica y posición respecto al Alzamiento del 18 de Julio, no es barrera para que las dos niñas vayan forjando amistad, ajenas al odio entre los dos bandos que dinamiza la guerra. Juntas, afrontarán el camino de sufrimiento y muerte que van presenciando en la carreta de Almeria. Azucena irá perdiendo la inocencia, confrontada de forma prematura al mundo de los adultos y la maldad humana, mientras que Martina, educada en los preceptos cristianos más rigurosos al igual que todas las niñas de su clase, empieza a dudar de su  fe y pensar que Dios  no es tan bondadoso como le han enseñado. Su propia madre, Isabel, vive atormentada por algo que ha hecho y se pregunta si la desgracia que le ha tocado en esa carretera de Almeria no es en realidad un castigo de la providencia y el pago por un pecado mortal. A medida que avanza el tiempo, Azucena y Martina van descubriéndose a si mismas. A través de la mirada de las dos niñas, Amelia Noguera nos retrotrae a la realidad histórica de la represión franquista en Málaga, recordándonos a figuras siniestras como Queipo de Llanos o el propio Carlos Arias Navarro, pero también la violencia sexual y las vejaciones a las mujeres republicanas por parte de los nacionales, sin olvidar de mencionar el cinismo y complicidad con el franquismo de la colonia de británicos económicamente acomodados y residentes en Málaga. De ese mundo de venganza y represión solo puede protegerles la poderosa abuela, doña Ángela.  Amelia Noguera da quizás un ligero resbalón narrativo respecto a la figura de doña Ángela , que huelga por momentos de verosimilitud  y  no cuadra con la realidad sociológica, los valores culturales y perfil ideológico de las oligarquías terratenientes y caciquiles del sur de España, imbricados en un fascismo crudo y abrupto, siempre en contraste con ese fascismo mucho más intelectual del mundo urbano. Autora cuyas obras siempre han trabajado la psicología de los personajes, Noguera quizás haya querido poner su pluma al servicio de la dimensión más humana de los protagonistas, por encima de los maniqueismos  y las interpretaciones excesivamente ideológicas de la tragedia colectiva. No hay motivo para no pensar que en el océano de la maldad humana siempre puede quedar alguna gota de bondad y generosidad.

Amelia Noguera añade los testimonios novelados de los componentes de los dos bandos, entre ellos, la de un falangista, un anarquista y una enfermera del Socorro Rojo, donde se entremezclan el espíritu de la soberbia, la culpa y el altruismo. Cabe mencionar la aparición de Arthur Koestler, el espía de la NKVD,  el famoso autor de El cero y el infinito, que terminó por convertirse en un campeón del anti-comunismo. Sin olvidar al doctor Bethun, el conocido médico canadiense comprometido con la causa de la República y al que también dio vida Almudena Grandes en “Los pacientes del doctor García”. La ficción y la realidad, la experiencia individual y el acontecer colectivo interaccionan a lo largo de toda la novela, al mismo tiempo que la historia oral anónima compensa las lagunas de la historia oficial.

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 Amelia Noguera 

No es la primera novela de Amelia Noguera ambientada en la guerra civil, pero sí la que más ha hecho hincapié en el sufrimiento humano explicado a través de la mirada inocente de dos niñas. Podría dar por válidos los comentarios sobre el agotamiento narrativo en torno a la guerra civil española si su tendenciosidad no se revelase tan flagrante. Nuestros vecinos galos llevan décadas tratando literaria y cinematográfica la Francia de los 40, la Ocupación nazi y el régimen de Vichy, sin que nadie se formalice por ello. Sigo insistiendo en que el verdadero reto consiste en saber innovar las estructuras narrativas sobre un episodio histórico de recuerdo insoslayable que marcó un antes y un después en el destino político y social de nuestro país. En una coyuntura de auge mediático de ciertos historiadores con vocación de grafiteros de retrete y de  renacer de una extrema-derecha política demagógica que pretende darle fuente de legitimidad a las peores atrocidades cometidas en nuestro pasado más reciente, no puede menos que agradecerse el papel de la literatura y la voz de autores y autoras que, como Amelia Noguera, oponen resistencia a la memoria vana ante los peores crímenes colectivos.

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DISIDENTE EN LA DISIDENCIA : REFLEXIONES SOBRE UNAMUNO, AMENÁBAR Y “MIENTRAS DURE LA GUERRA” .

 

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Uno de los estrenos cinematográficos más comentados de los últimos tiempos ha sido sin duda el film de Alejandro Amenábar, “Mientras dure la guerra” (2020): Una superproducción arropada por una formidable campaña promocional que garantizó, como no podía ser menos, un indiscutible éxito de taquilla. A decir verdad, los trailers, adecuadamente elegidos, así como la fotografía, de indiscutible belleza,estaban abocados a ejercer un poder magnético sobre el público. Puesto que soy de esperar antes de decidirme a mirar cualquier película sobre cuyas virtudes o maldades acostumbran a producirse insoportables bombardeos, debo decir que vi el film de forma más tardía que los demás y después de oír toda suerte de comentarios que se dividían a partes iguales entre el elogio ciego, la denostación enrabiada,la alabanza sin pasión y la crítica templada. Vista la trascendencia histórica e intelectual del tema y del personaje que pretendió abordar el cineasta, así como mi confesada devoción por las cuestiones relacionadas con la guerra civil y la memoria histórica, no podía otra cosa que pararme a analizar la película una vez fuera de cartelera y por fin terminado el machaque mediático en pro y contra del film.

La voluntad de Alejandro Aménabar de abordar la figura social del intelectual como protagonista de su reciente creación cinematográfica se me antoja loable y  coherente con la personalidad y compromiso del director en un contexto de abierto repunte del más rancio reaccionarismo. No hace falta precisar, a ese respecto, que Alejandro Amenábar nunca  ha ocultado la voluntad de hacer de su nueva entrega un recordatorio histórico sobre los males de la experiencia fascista en general y del franquismo en particular.

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Al mundo intelectual español de la primera mitad del siglo XX le tocó reflexionar sobre los dos grandes hechos históricos que marcaron el destino colectivo de nuestro país : El desastre de finales del XIX con la Guerra de Cuba, que sembró el sentimiento de decadencia y abrió al mismo tiempo las compuertas del pensamiento regeneracionista, y la guerra civil, que eternizó el irresoluto tema de la integración nacional con la lucha de clases y las cuestiones religiosas y militares como telón de fondo. Representante  de la Generación del 98, Miguel de Unamuno fue sin duda uno de los símbolos de esa intelectualidad contemporánea que nadó  entre la vocación por revitalizar la vida colectiva y las contradicciones personales, políticas, intelectuales y morales frente el denominado drama de España. Socialista en su juventud, liberal y republicano en la madurez, el rector de la Universidad de Salamanca se convirtió en un disidente de las ideas que movieron su primera y dilatada trayectoria, para convertirse al final en un disidente de su propia disidencia. Favorable al Alzamiento del 18 de Julio de 1936 tras unas circunstancias que determinaron su desafecto por la evolución de la Segunda República tras el triunfo del Frente Popular, volverá sobre sus pasos. Hecho que quedó sintetizado en su famosa frase  dirigida a los franquistas con motivo de la celebración del llamado Día de la Raza, el 12 de octubre de 1936 : “Venceréis por que tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convencéries, porque convencer es persuadir y para persuadir se necesita del derecho y la razón. No os ampara ninguna de las dos cosas”.  Pronunciamiento acaecido en el anfiteatro del Rectorado de la Universidad de Salamanca, Unamuno dio testimonio de una rectificación pública de su apoyo a los militares rebeldes. No hay prueba escrita de que esas hubiesen sido literalmente sus palabras,  pero no es menos cierto que se convirtieron en una verdad establecida con la que el pensador fue rescatado de la deshonra política a la que bien podía haberse visto abocado en medio de la confusión mental provocada por los endemoniados acontecimientos históricos. Lo que ha permitido ofrecer una imagen más o menos homogénea del filosofo y en la que se han reconocido buena parte de los cronistas del mundo cultural español. Una diferencia sustancial en relación a otros intelectuales originariamente republicanos como José Ortega y Gasset o Gregorio Marañoncuya honorabilidad política e intelectual solo ha sido salvaguardada pasando de puntillas en lo referente a  sus evoluciones personales durante la guerra y la posguerra, en pro de una exaltación de  sus etapas más amables  anteriores a la catástrofe colectiva del 1936.

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Amenábar parece haber sido rigurosamente fiel a los hechos y los últimos momentos  del autor de ” La tía Tula”, erigido en un disidente por partida doble. Tampoco debería suscitar objección la interpretación de Karra Elejalde encarnando al rector, dado que supo transmitir el espíritu de un hombre en la ancianidad, la duda y el conflicto personal y familiar a raíz de su primer apoyo a la sublevación.  Todo hay que decirlo, el ambiente cotidiano junto a sus hijas María y Felisa, magistralmente interpretado por Patricia López Arnaiz e Inma Cuevas,  adolece sin embargo de un aburrido costumbrismo al que solo consigue darle un interesante giro narrativo el personaje de Ana Carrasco, viuda del alcalde socialista de Salamanca, Casto Prieto Carrasco y  cuyo papel recayó en la actriz Nathalie Poza. Elejalde acertó al reproducir la personalidad insoportable de Unamuno y su conocida tendencia a escucharse a si mismo que comentaban y sobre la que ironizaron sus contemporáneos. La relación con su discípulo, Salvador Vila, interpretado  por Carlos Serrano-Clark, ayuda en mucho al espectador a tener una visión global de la evolución del intelectual a lo largo de los años.  El entramado castrense, las intrigas y conspiraciones entre las diversas facciones del ejercito en torno al mando de la Jefatura del Estado y las dudas sobre la idoneidad de Franco como jefe supremo del movimiento nacional son de igual rigurosidad.  Hay coincidencia, a ese respecto, sobre el estilo muy pedagógico con el que Amenábar ha querido presentar  su  historia.

Película coral en la que desfilan una multitud de personajes históricos de desigual trascendencia, el director resulta menos acertado en el momento de ilustrar el entorno político e ideológico que envuelve la trama. Desde luego, el actor Eduard Fernández, metido en el papel de José Millán-Astray , no da la talla: queda obviada la parte más siniestra del fundador de la Legión, apareciendo como un hombre casi cómico, que no deja al espectador ver con claridad la monstruosidad de una personalidad basada en el machismo más exacerbado y un  pensamiento fascista crudo llevado hasta sus últimos extremos. Algo igual puede decirse sobre el actor Santi Diego , que tampoco dio la impresión de desenvolverse demasiado bien en el personaje de Franco, que aparece totalmente plano, amorfo, incoloro. Ponerse en la piel de un dictador no debe ser tarea fácil para un actor, pero no habría estado de más que el director hubiese tenido mejor criterio en el momento de decidir el reparto. El comentario puede hacerse extensivo a la propia figura de Carmen Polo, interpretada por Mireya Rey,  que representa a la mujer del tirano bajo una faceta afable que hace omisión del patetismo que caracterizó al personaje real. El general Emilio Mola, encarnado por Luis Callejo resulta insulso y poco comparable a la excelente interpretación del militar golpista que hizo Manuel Morón en el telefilm “La conspiración” (2012), dirigido por Pedro Olea.    Salva los muebles la magnifica interpretación de Tito Valverde como Miguel Cabanellas. un militar republicano, liberal y francomasón,  presidente de la llamada Junta de Defensa Nacional,  conocido por su oposición a las ambiciones  de Franco y al que correspondió la restitución de Unamuno como rector tras su destitución por parte del gobierno de la República.   Puede que Amenábar se esforzase en colocar a cada cual en su sitio adecuado de cara a no sepultar al personaje principal y el actor que lo encarnada.  Incluso en no caer en el puro ideologismo  o el revanchismo del que sin duda podían haberle acusado los sectores más reaccionarios de la derecha : la cual, a pesar de todo y con una nada disimulada tendenciosidad, se ha quedado sola en la crítica a la película. Pero esa apreciable ponderación y equidad de Amenábar no justifica contradecir  la realidad de la cuestionable y auténtica personalidad de algunos de los protagonistas históricos que aparecen a lo largo del film. El director renunció a la   valentía en el momento de hacer hincapié en la perversidad política y humana de algunos de los artífices del alzamiento del 18 de julio.

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De tener que prestarnos a un balance global, puede decirse que “Mientras dure la guerra”  apela a mucha paciencia, resultando por momentos plomiza, para al final quedarse corta en sus objetivos. Lo que exige despejar la incógnita sobre porqué tanta pompa y platillo sobre un film acerca del que solo hay una indiscutible certeza : frustra las expectativas que la campaña publicitaria se esforzó en alentar en el espectador. Todo director y guionista tiene sus luces y sus sombras, sus aciertos y desaciertos. Amenábar gozó de un momento feliz con ” Los otros” (2001)  y “Mar adentro” (2004) para después brindarnos productos de más matizable calidad.  Ambicioso y creativo director en el ámbito del suspense y el drama, no se puede decir que siempre alcance lo que busca cuando toca el género histórico.  Ágora (2009) , por poner solo un ejemplo, es un auténtico martirio. Tampoco parece haber logrado lo que muchos esperábamos de  su última producción. El gran problema del género histórico no estriba en lo qué se cuenta ( y no cabe duda que Amenábar suele ser documentalmente muy afinado), sino en cómo se cuenta,( en lo que no siempre se encuentra el punto y la dosis). Señalado esto, injusto no sería reconocerle el mérito de haber rescatado una figura como Miguel de Unamuno en medio de un contexto de contra-ofensiva ideológica y de obsceno revisionismo reaccionario sobre los protagonistas históricos de la guerra civil y la propia dictadura franquista.

 

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CARME MARTÍ : ” NEUS CATALÀ NOS DEJA UN ENORME LEGADO DE LUCHA ANTIFASCISTA, CORAJE Y COMPROMISO”

Carme Martí (foto)

Carme Martí

 

En un momento de repunte de los movimientos neofascistas en toda Europa, de banalización histórica del fenómeno de los totalitarismos, de revisionismo en nuestro propio país sobre el 18 de Julio, la guerra civil y el franquismo, así como de contra-ofensiva ideológica y cultural frente al reconocimiento de los derechos civiles en general  y los derechos de las mujeres en particular, es de agradecer que  se haga esfuerzo en restituir una memoria colectiva sistemáticamente denostada por los sectores políticos y sociales más reaccionarios.  Una de las grandes depositarias de la lucha contra el olvido ante la atrocidad totalitaria, fue sin duda la militante comunista catalana, Neus Català (1915-2019) ; una mujer que luchó hasta el final por la Segunda República durante la guerra civil ; un miembro de la Resistencia contra la Ocupación nazi en la Francia de los años cuarenta; una infalible testigo de la barbarie nazi como prisionera en ese infierno histórico que fue el campo de concentración para mujeres de Ravensbrück. Su personalidad y trayectoria han sido analizadas desde diversos ámbitos, en especial el ensayístico y periodístico, pero faltaba una propuesta original como el de la escritora Carme Martí,( Montblanc,1972)  que nos ha brindado a través de su novela, “ La paloma de Ravensbrück” (Roca Editorial, 2019), una vertiente ficcional del periplo de la emblemática luchadora antifascista.  Obra originariamente aparecida en catalán bajo el título, “Un cel de plom” (Editorial Amsterdam,2012), no cabe duda que su novela merecía ser conocida por un más amplio público de habla hispana. Escritora con una producción sobre todo en catalán, Carme Martí también es autora de “El camí de les aigües” ( Editorial Amsterdam,2017) e “Historia de una cuinera” ( Editorial Fonoli, 2008). Carme Martí es una escritora que sabe y a la que gusta narrar la historia de mujeres valientes enfrentadas a las peores coyunturas históricas. Aprovechando las últimas semanas de pandemia y confinamiento, le pregunte sobre las motivaciones de su obra.

Neus París

 

Montserrat Roig marcó un hito con su ensayo pionero sobre los catalanes en los campos nazis, ¿ pero no te da la impresión que desde entonces hemos avanzado poco en la relación a la memoria individual y colectivo de los exiliados de la guerra civil.  

El libro de Montserrat Roig es extraordinario, Neus Català hablaba de Roig como la madre de los deportados. Creo que la lucha por la memoria colectiva ha sido lenta e insuficiente. No se ha trabajado con normalidad democrática y queda mucho trabajo por hacer.

No sé si Ravensbrück encarna una memoria específica sobre la deportación  y el genocidio, una “memoria de las mujeres”.

Neus Català le dijo a Montserrat Roig que eran las olvidadas de los olvidados. Ravensbrück, al ser un campo de mujeres, sí que encarna la memoria específica sobre las mujeres. Este año se conmemora el 75 aniversario de la liberación del campo. En el 70 aniversario, el representante del gobierno español no se presentó.

¿ Por qué una biografía novelada sobre Neus Català y no un ensayo biográfico, quizás porque la ficción le daba más magnetismo al personaje, lo volvía más cercano?

Porque ya había ensayos sobre Neus Català, porque los deportados decían que no había palabras para explicar tanto horror y pensé que la literatura sería la herramienta que utilizaría para acercarme todo lo posible a su vida y abordar, también, temas más íntimos. Literatura para contar la verdad e   intentar hacerlo metiéndome en la piel del personaje.

Justamente que hablas de eso, ¿ no te da la impresión que el tratamiento literario y cinematográfico de la Segunda Guerra Mundial se ha centrado demasiado en las cuestiones bélicas y épicas, pero en cambio, bastante poco en la dimensión humana de las víctimas. Por ejemplo, a Neus se le ve una mujer emocionalmente muy tocada.  

Se han tratado mucho más las cuestiones bélicas y épicas que la posterior difícil reinserción a la vida, aunque hay obras importantes como, a modo de ejemplo, las de Charlotte Delbo y El dolor, de Duras. Creo que Neus no está más afectada que otras mujeres, lo que pasa es que habla del tema. Su espíritu  nunca abandonó la lucha por la memoria.

¿ La memoria individual, la historia oral, vuelven menos abstracta la memoria colectiva que nos transmiten las ciencias sociales, nos acerca a un mundo más real?

La memoria individual, la historia oral construyen la memoria colectiva.

Hay muchos flasback en tu novela, que son los cuerdos que le vuelven a Neus durante su deportación. ¿ Por qué ese estilo narrativo que va del presente al pasado, la reminiscencia era el único instrumento de supervivencia que tenía en ese tren de deportados que les conducía a la muerte? 

Los flashbacks son el plan B. Escribí la novela linealmente hasta que llegué a los cinco días y cinco noches de viaje desde Compiegne a Ravensbrück en vagones de ganado, sin espacio para sentarse. El primer día llenaron el único cubo que había para sus necesidades. No les abrieron ni dieron comida hasta el tercer día (agua sucia con trozos de paja). Era tan horroroso que ni encontraba las palabras para expresar lo que hacían (nada), como lo soportaban, ni la dimensión del tiempo, cada minuto, cada hora de ese viaje. Empecé de nuevo la novela, se dirigían a un futuro incierto terrible, imaginé que sus pensamientos iban hacia el pasado y describí la infancia y la juventud de Neus en flashbacks.

Es una niña de origen rural, pero es obvio que ya se rebelaba como una adolescente muy avanzada para su época…

Desde pequeña tenía fama de chicazo porque se subía a árboles y le gustaba ir descalza. A los 15 años se plantó ante el patrón exigiendo igualdad salarial para las jornaleras, que consiguió.

Una de las figuras míticas de la guerra civil fueron las milicianas, mujeres virilizadas que iban al frente. ¿Pero no  tenemos una memoria algo más vaga y vana sobre otro tipo de mujeres y que sin estar en las trincheras, también ejercieron un papel importante durante la contienda? Pienso en las maestras de la República o la propias enfermeras, que era la profesión a la que se dedicaba Neus.   

Neus, como tantas otras, quería ir al frente, es más, tenía la maleta preparada cuando se destinaron las mujeres a la retaguardia. Por supuesto que las mujeres fueron importantes, milicianas, enfermeras, maestras, campesinas… Las mujeres hacían de enlace entre los maquis. Las mujeres sacaban adelante la familia.

Cuando ve Ravensbrück, Neus no sale de su asombro respecto a la maldad de los nazis, pero se mantiene optimista sobre el ser humano…

Lo que padecían era terrible, pero la solidaridad entre las mujeres era una muestra de la grandeza de la condición humana.

Por lo que veo, Neus es una mujer que también vive, al final de su vida, en cierta nostalgia por Francia. ¿ Había algo de desarraigo en ella, a pesar de ser catalana de pura cepa?

Francia fue su país de acogida, sus hijos nacieron y viven allí, y mientras pudo, volvía a Francia.

¿ Qué lección ética y moral, pero también política, debemos extraer de su figura y trayectoria?

Nos deja un legado inmenso de lucha antifascista, lucha por la memoria, por la igualdad, de coraje, solidaridad y compromiso.

¿Finalmente, para acabar, te planteas como escritora seguir novelando otras vidas de hombres y mujeres importantes?

Me interesa la recuperación de la memoria histórica. También he novelado la vida de mi abuela, una mujer de clase humilde, campesina y cocinera, el tipo de testimonio que a mi me parece importante.

 Pues muchas gracias, Carme. Eso es lo que nos hace falta, no perder la perspectiva del acontecer preterido y de la memoria colectiva…

Acte sobre memòria h

Neus Català 

 

 

 

 

 

 

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EL CÍRCULO DE CAMBRIDGE : UNA MIRADA AMBIVALENTE SOBRE “LA ESPÍA ROJA” DE TREVOR NUNN

La espía roja

 

El Círculo de Cambridge constituye uno de los grandes mitos históricos dentro del entramado del espionaje soviético durante la guerra civil española y posteriormente, la Segunda Guerra Mundial y la “Guerra Fría”. Nido de los vástagos de la alta sociedad británica y fábrica de élites dirigentes para el  Imperio Británico, el ambiente de Cambridge constituyó el eje central de la mirada soviética. Es sabido que el avispado reclutador de la NKVD,  Yuri Modin,  se ganó para la causa comunista a lo más nutrido de ese selecto mundo universitario. De hecho, el legendario Kim Philpy se convertirá en el gran icono de una generación de estudiantes fascinados por la Unión Soviética.  Enrique Bocanegra nos brindó  una magistral biografía sobre el periplo de Philby durante la guerra de España, “Un espía en la trinchera”, ( Tusquets,2017) y que un servidor no cesará de recomendar.

No soy un cinéfilo empedernido, pero de vez en cuando me gusta ver una buena película en la gran pantalla. Dado el argumento y la ambientación  del film de Trevor Nunn , ” La espía roja” ( 2019) , precisamente centrado en el Círculo de Cambridge  y el periplo de la espía Melanie Norwood,  le hice un hueco en mi agenda dominguera. ¡Por fin un  gran peliculón de carácter histórico! ¡ Por fin un largometraje  de espionaje centrado en los fascinantes años 30 y 40!

Joan 3

Sophie Cookson

Joan Stanley  es una brillante estudiante de Física, pero algo ingenua y desorientada cuando entra en Cambridge. Solo le interesa la ciencia y se preocupa por sus estudios. De forma inesperada, van a cruzarse dos personajes en su vida. Sonia, (Tereza Srbova) una chica judía, estudiante de filología, en apariencia de espíritu “mundano”, frívolo y superficial y su primo, Galich León, (Tom Hughes) un idealista con don de liderazgo que ha tenido que huir de la Alemania nazi. Los dos profesan premisas socialistas y no tardan en querer introducir a Joan  en su círculo de debates. Las virtudes del marxismo, los juicios a Zinóviev y Kaménev  la  política de Stalin y el papel de la Unión Soviética en la construcción de un nuevo mundo están a la cita de las discusiones.   Pese a sus valores humanistas, Joan  no acaba de convencerse, ni sentirse cómoda dentro de ese ambiente. Duda. Algunas cosas no le terminan de cuadrar y  ve la parte más oscura de la URSS : el estalinismo y la definitiva deriva totalitaria del régimen comunista.

Entretanto, estalla la Segunda Guerra Mundial y  Joan es contratada como ayudante por un grupo de científicos al servicio del gobierno británico y bajo la implacable y vigilante supervisión de los norteamericanos. Al frente de él se encuentra el prestigioso científico  Max Davis ( Stephen Campbell Moore), que termina por ejercer un terrible magnetismo personal en Joan.  Ninguneada por su género y relegada a funciones secundarias, sus superiores van descubriendo poco a poco que la recién graduada por Cambridge  no es la tonta que parece. Tiene ocasión de demostrar su genialidad y capacidad deductiva. La joven científica comprende pronto que la investigación está girando en torno a una arma mortífera, la mayor que ha conocido la humanidad y con la que los “Aliados” pretenden determinar el definitivo desenlace de la guerra. Mientras tanto, sus antiguos compañeros de Cambridge, Sonia y Galich,  la siguen merodeando, pretendiendo que les desvele algo del proyecto en el que está trabajando. Joan se niega. Es una patriota, quiere a Inglaterra y ha firmado un importante documento de confidencialidad sobre el desarrollo de las investigaciones. El sueño comunista sigue sin atraparla. Pese a todo, el final de la Segunda Guerra Mundial y la imagen terrorífica de la destrucción masiva en Hiroshima y Nagasaki ejercen de detonador en su espíritu. Ya no es la misma, ya no puede serlo.

Davis

Stephen Campbell Moore 

Cuarenta años después, anciana, jubilada tras una apacible vida profesional como bibliotecaria, Joan  es arrestada en el jardín de su casa. Las autoridades  británicas la acusan  de revelación de secretos oficiales al servicio de inteligencia de la Unión Soviética  y de  alta traición. Interrogada ante la presencia de su propio hijo, un prestigioso abogado al que le toca defenderla, la historia se traslada alternativamente del presente a los pasados años 40 mediante el propio testimonio personal de la ex-científica. El letrado  está desconcertado, no entiende que su madre se haya vendido a los soviéticos. Se convierte de repente en una desconocida. Sin embargo,  Joan tiene sus razones.

Cuando se encienden las luces de una sala de cine al final de un film, solemos levantarnos de la butaca con dos sensaciones : bien  una profunda satisfacción por el buen rato que hemos pasado, bien  un sentimiento de frustración al no haberse cumplido nuestras expectativas . En mi caso y en el de mi entrañable acompañante, fiel compañera de viaje en esto de los libros, del género negro, histórico y de espionaje, no hubo ninguno de las dos cosas. Nos dominó la ambivalencia.

Judi Dench

Judi Dench

Coincidimos en que el film adolece de no pocas lagunas, en especial en lo referente  al “Círculo de Cambridge“. El director del film inyectó una dosis de frivolidad que no se corresponde con la importancia histórica de este grupo en el mundo del espionaje. La guerra civil española y el peligro fascista, que tanto incidió en el espíritu de esta generación, solo aparece de pasada. Los personajes están escasamente perfilados en sus entrañas : el  embrujo que ejercieron  en ellos el marxismo y la Revolución rusa   solo se deja intuir.    La secuencización de la cronología histórica, en cuanto a ella, se revela apurada y amorfa. A no ser por la lograda estética del vestuario femenino de ese periodo , habría sido difícil saber si la trama se desarrollaba en una época de  “Sangre, sudor y lágrimas” o en  la de los alocados años de los  Beatles. Parece mentira que un periodo tan catastrófico para Europa en general e Inglaterra en particular, haya sido ambientado con semejante ligereza. Entre una plomiza disertación histórico-documental sobre los entresijos de la Segunda Guerra Mundial y la banalización de la memoria colectiva, supongo que hay un término medio.  Las purgas políticas entre el servicio soviético de inteligencia a instancia del famoso “Centro”, plataforma de mando del espionaje ruso sometido a las ordenes y  paranoias de Stalin, también pasan de puntillas. Parece que tanto los guionistas como los asesores  del director hicieron virtud de la holgazanería. Toca preguntarse si los espectadores habrían sabido darle inteligibilidad contextual a la trama, de no figurar en una determinada franja de edad, destilar un cierto aire de clases medias ilustradas intelectualmente inquietas y aparentar un cierto conocimiento  del acontecer pretérito.

Del lado emocional, corresponde  omitir la historia de amor que el director calza con dificultad y que parece buscar inspiración en  la novela rosa más barata. El film tiene algunas pinceladas de crítica social y cultural a la época, dado que ilustra la discriminación de género en un ambiente mayoritariamente masculino como es el de la investigación científica en general y la armamentística en particular. La cuestión de la homosexualidad en los servicios de espionaje y las altas esfera de la diplomacia, así como su utilización como elemento de chantaje, también están a la cita. Pero resulta un tema tópico y déjà vu.

Algunos críticos han señalado la ausencia de épica en la película, al menos aquella a la que nos tienen acostumbrados los grandes films de espionaje. No me parece un elemento sustancial, ni un déficit grave. Un expía experto con el revolver o el cianuro, tirándose en paracaídas o haciéndose una estrambótica cirugía estética, se revela irrelevante en comparación al trasfondo político de la trama, la crítica al poder y  a las cloacas de las relaciones internacionales. Esa es la esencia del género de espionaje.

Hay películas de calidad matizable, como es en efecto el caso que nos ocupa, pero que sin embargo acaban  salvándose por la magistral interpretación de los actores. Qué menos que un laurel para la magnética Judi Dench  en su papel de  Joan  en la ancianidad. La vehemente e implacable jefa del agente OO7 aparece en su dimensión más humana y bajo una estética que refleja el paso  implacable del tiempo. Si en algo estuve de acuerdo  con mi acompañante, es en el lado entrañable y profundamente sincero de la magistral actriz británica. Se trata, en efecto, de una artista que sabe interpretar papeles acordes con su edad. De ahí que siempre resulte tan auténtica.  Sophie Cookson, en cuanto a ella tuvo una interpretación brillante en su papel de Joan en su juventud, sabiendo reflejar el cambio anímico de una científica consciente de las consecuencias del progreso y el lado oscuro de unos seres humanos que suelen utilizarlo para lo peor : la destrucción.

Calich

 

Una película con estatuto de  superproducción puede no contar nada sustancial y otra sin ese carácter, que es en efecto el caso del film de Nunn, mostrarse en condiciones  de lanzar un gran mensaje. No cabe duda que el producto alberga un sincero alegato pacifista y que, a diferencia de la opinión de algunos comentaristas, no se limita al mero correct political tan propio del mundo anglosajón. Sin embargo, Nunn demuestra mucha motivación, pero en cambio poca valentía, dado que se vuelve a quedar a medio camino en su objetivo. Demasiada parafernalia moralizadora y poca crítica política.  Supongo que se prefirió “entretener” al espectador que hacerle “pensar” y alentar su conciencia  en torno a un periodo dramático de nuestro proceso civilizatorio : el siglo XX  Tenemos aquí una prueba de cómo un director de cine tuvo una gran  historia para contar, errando sin embargo en la articulación de su estructura narrativa y configuración ambiental y contextual, demasiado sujeta a las leyes del mercado. Nota a añadir, Nunn parece tornar en equivalentes dos categorías que en realidad no lo son : la síntesis, obligatoria en una cinta de una hora y media y  la superficialidad, vicio del que peca por exceso con el fin de llegar al máximo público posible.

En suma, que solo podemos utilizar una expresión hecha para definir ” La espía roja” : una cal y otra de arena. A riesgo de reiteración, la ambivalencia se impone. Ni es procedente la mirada de quienes han querido sobrevalorarla en base al arrastre de una actriz extraordinaria como  Judi Dench, ni lo resulta tampoco la de aquellos otros que, sin ninguna equidad y en algunos casos, con bastante mala fe, pretenden restarle virtud a un film que da testimonio de un periodo histórico que marcó el rumbo de la humanidad.

                   

 

 

 

 

 

 

 

 

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JOSÉ LUIS CABALLERO : “ME SIENTO IGUAL DE CÓMODO CON LA NOVELA NEGRA QUE CON LA DE ESPIONAJE”

Caballero 3

José  Luis Caballero

Conocí a Josë Luis Caballero en Cornellá Negra el pasado mes de marzo, donde fui a escuchar la mesa redonda sobre novela de espionaje en la que debatió con Pere Cardona y Fernando Martínez  Laínez, bajo la moderación de Charo González Herrera. Claro está, no podía otra cosa que proponerle participar en la sección de “Literatura y Memoria Histórica” de este modesto sitio. Debo reconocer que me pareció un lujo que aceptase, dado que está considerados como uno de los mejores especialistas de espionaje en nuestro país. Aunque José Luis Caballero es sobre todo un estudioso de la Segunda Guerra Mundial, también es un hombre muy informado sobre el mundo del espionaje durante la guerra civil española.

Periodista de profesión  especializado en política internacional y espionaje, José Luis Cabellero  fue un convencido militante antifranquista que  colaboró en medios que marcaron la historia política y social  de España como el legendario El Correo catalán.   También fue colaborador de  publicaciones hoy igualmente desaparecidas como   Mundo Diario, una tribuna de referente durante el tardofranquismo y los primeros años de la Transición. Sin embargo, José Luis Caballero se considera fundamentalmente  novelista . Entre sus obras hay que mencionar “”Como lágrimas en la lluvia” ( Mercurio,1995); “Las cartas de Antioquía” (Meteora, 2006); “El espía imperfecto” (Roca Editorial, 2009);“La ruta de los contrabandistas” (Planeta,2009) , “El proyecto Alpha” (Planeta, 2011) y “La ciudad silenciosa”(Minotauro, 2013)

A lo largo de esta entrada charlamos sobre la figura del espía, su personalidad y algunos de sus más ilustres representantes, pero también sobre historia,  política internacional, literatura y novela de espionaje.

Comentas que leíste tu primera novela de espionaje cuando tenías trece años. Du¿ El espía era para ti la representación por excelencia del héroe?

En algún momento sí, se convirtió en mi héroe aunque también compartía mis lecturas con los pistoleros del oeste, los aventureros de Julio Verne o las historias del TBO.

Debo dar por sentado que fuiste un fans de las novelitas de González Ledesma…

Por supuesto, a González Ledesma le conocí personalmente y trabajé con él en la revista Vivir en Barcelona donde publicaba sus relatos sobre el inspector Méndez.

La figura del espía es consustancial a la articulación histórica de los territorios y culturas en comunidades geopolítica y geo-estratégicamente bien delimitadas.  Me gustaría preguntarte, tú que eres especialista sobre la Segunda Guerra Mundial, si con el fenómeno de los totalitarismos la figura del espía no encontró unas características más particulares y singulares, inéditas…

El trabajo del espía es obtener información y eso no ha cambiado desde la época de las cavernas. Cambian los modos, la tecnología y los países, pero no el trabajo de obtención de información. La guerra fría es cierto que trajo un auge del trabajo del agente secreto pero básicamente por ese calificativo de “fría”. El campo de batalla “caliente” que se había desarrollado en las guerras mundiales cambió y se convirtió en otra cosa diferente, igual que ahora el trabajo de espionaje ha saltado a las redes sociales y a los ordenadores. Es el mundo el que cambia, no el trabajo del espía.

Si hubo una figura emblemática en el mundo del espionaje, esa fue Kim Philby, que inspiró a muchos de los grandes autores de novela de espionaje. Pero me pregunto que hay de mito y realidad en torno a él, incluso que hubo de leyenda.

Sí, Philby fue un gran profesional, para los británicos un traidor, para los soviéticos un agente de primera fila. ¿Algo de leyenda? Siempre la hay pero más bien por la utilización novelesca que se hace luego del personaje, pero personaje entendido como estereotipo, no exactamente Philby, sino el espía doble que Le Carré plasmó magistralmente en“Un espía perfecto” o en “El topo”.

“Kim Philby y los del Círculo de Cambridge  fueron reclutados entre las clases altas, pero también hubo espías de élite miembros de la clase obrera” 

¿Philby es el más celebre, pero a qué otras figuras aludirías y que son quizás menos conocidas para las personas más novatas en este mundo del género de espionaje?

Sí, claro. Hay espías de primera fila, durante la guerra como Sorge, Chapman,Walter Schellenberg o Takeo Yoshikawa. En la postguerra, Markus Wolf, Eli Cohen o Stella Rimington. Incluso en el grupo de Cambridge no hay que olvidar a Anthony Blunt.

Comentaba Enrique Bocanegra en su biografía precisamente sobre Philby , “ Un espía en la trinchera”, que los espías siempre eran reclutados entre las élites sociales, porque eran los que mejor se movían en los círculos de poder, mientras las clases populares eran sobre todo utilizadas para la agitación…

Cuando se recluta a un posible agente secreto se recluta lo mejor, ¡cómo no! Los números uno de las mejores universidades. Eso lo hicieron siempre magistralmente los británicos, pero también se ha extendido a todos los servicios de inteligencia. ¿Y quién se puede pagar una universidad de élite o una vuelta al mundo aprendiendo idiomas y culturas? Otra cosa es el agente de operaciones especiales, donde lo que se necesita es entrenamiento y motivación. Para infiltrarse en un país enemigo, o adversario, hacen falta determinadas aptitudes, para realizar una operación encubierta otras, y también para analizar textos y redactar informes. El círculo de Cambridge, obviamente, fue reclutado en una universidad de élite entre las clases altas, pero Cicerón o Chapman eran miembros de la clase obrera y sin embargo espías de élite.

“Matahari se hizo famosa porque era bailarina, pero su labor de espionaje fue más bien pobre.  Hubo otras grandes mujeres  que fueron auténticas agentes”

Sin embargo, si  hay algo fascinante es que el comunismo ejerciese semejante magnetismo entre los hijos de las siempre tan conservadoras élites británicas…

No sé si fascinante es la palabra, me parece curioso desde luego, pero no menos curioso que trabajadores, asalariados en general se afilien o voten a un partido de derechas.

¿ Cuál es el verdadero rasgo del reclutador?

La empatía en muchos casos. Pero no siempre. También tiene que tener una gran psicología y un conocimiento profundo de la persona con la que está tratando. En ese sentido es magistral por ejemplo el soviético Yuri Modin, reclutador del grupo de Cambridge.

Y qué me dices de los grandes disidentes, como fue el caso del emblemático Arthur Koestler. Entró  entusiasmado en España durante la guerra civil como espía de la NKVD y acabada la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en un campeón del antisovietismo. Me pregunto en qué fallaron con él… 

El caso de Koestler es muy complicado tal y como era él mismo. Su sionismo militante se impuso a su fe comunista y seguramente el estalinismo tuvo que ver con su desilusión, pero tampoco puedo pretender conocer a fondo la evolución o las motivaciones de un personaje de esa talla. Te puedo decir que he conocido personas mucho más cercanas que entraron en la lucha política con el Partido Comunista porque era el único que luchaba contra la dictadura franquista y luego, con la democracia, se recolocaron en opciones políticas más acordes con su modo de pensar.

” Queda mucho por decir sobre la llamada Quinta Columna” y los agentes secretos y saboteadores que actuaron en favor de los rebeldes en zona republicana”  

Doy por hecho que hay una diferencia sustancial entre el espía en el sentido estricto y el informador. Te lo pregunto porque, por ejemplo, se decía de Josep Pla y Francesc Cambó que eran “espías” de Franco durante la guerra civil y yo me pregunto si, más que eso, no eran otra cosa que meros “conspiradores de salón”…

 Cuando se habla de “espía” se está dando un concepto amplio que sirve para entendernos pero que no define exactamente de qué estamos hablando. Un espía es alguien que obtiene información de forma clandestina, pero hoy en día el noventa por ciento de la información que precisa un Estado o una organización proviene de lo que se llaman fuentes abiertas, es decir medios de comunicación, Internet, conferencias, charlas o incluso lo que llamamos metadatos, es decir la forma y no el contenido de la información. Lo correcto sería hablar de “agentes de Inteligencia” o funcionarios de Inteligencia que agrupa a informadores en general, espías, analistas, controladores, expertos en diferentes campos. Los hombres de los que hablabas, Pla o Cambó, desde luego que no eran agentes del servicio secreto aunque sí desde luego informadores, espías y conspiradores.

Puesto que hablamos de Cambó y Pla, me gustaría hacer alusión a la controvertida figura histórica del “Quinto Columnismo” durante la guerra civil española. ¿ Queda algo por decir sobre ese asunto, tanto en el ámbito ficcional como del ensayo histórico?

 Sí, claro, creo que queda mucho por decir sobre las actividades clandestinas en la zona republicana, lo que se llamó la Quinta Columna. Hubo una importante red de informadores y saboteadores a favor de los rebeldes. Además todos los servicios secretos europeos trabajaron en España durante la guerra civil, desde el NKVD soviético hasta el SD nazi pasando por el MI 6 británico.

También me resulta interesante el espía en vertiente femenina. El gran mito histórico es la Matahari de la guerra del 14. ¿ Pero no es también el gran estereotipo de la novela espionaje,  la mujer sexualmente atractiva y embaucadora y  que encontró su propia contrapartida en la “femme fatale” del “Noir”?

En el análisis del papel de la mujer en el espionaje se utilizan los mismos estúpidos estereotipos que para cualquier otra actividad. La mujer ha ejercido el espionaje desde tiempo inmemorial sin ninguna diferencia con el hombre. ¿Que ha utilizado sus armas sexuales para obtener información? Pues claro, y los hombres también. Hay infinidad de mujeres en los escalones más altos de los servicios de Inteligencia y entre los agentes de campo. Matahari se hizo famosa porque era bailarina y su labor de espionaje fue más bien pobre, pero mujeres como Hannah Szenes, Mathilda Carré o Vera Atkins son auténticas agentes, sobre el terreno o en un despacho.

“Lo que más me ha seducido del Agente Doble es su  capacidad de vivir dos vidas al mismo tiempo, la mayor parte de las veces contradictorias”

¿ Qué es lo que más ha dominado el espíritu del espía, las convicciones ideológicas o la razón de Estado?

Hay de todo. Las convicciones ideológicas son fundamentales en algunos personajes, como el Círculo de Cambridge por ejemplo; las razones de estado están profundamente arraigadas en el caso de los israelíes que trabajan no por los intereses de su Estado, sino por la supervivencia de su Estado. Y también hay motivaciones económicas, de prestigio, miedo, incluso de afán de aventura.

Un espía es ese ser capaz de “desdoblarse”, el hombre de las mil caras. Pienso por ejemplo en la figura del “Agente doble”…

A mi es lo que más me ha seducido siempre del espionaje, la capacidad de vivir dos vidas al mismo tiempo, la mayor parte de las veces contradictorias. John Le Carré tiene una frase genial que se puede aplicar al agente doble: “traicionamos para ser leales”. Hay una serie de televisión “The americans” donde se retrata de forma magistral a dos agentes soviéticos en Estados Unidos, perfectamente integrados en el país y trabajando para la URSS. Todo un ejemplo.

“El agente secreto es el que respeta las leyes del país propio, pero nunca las del país enemigo”

 

Muchas tramas de espionaje, sobre todo durante la Guerra Fría, representaron al “Mundo libre” como la encarnación del “bien”, mientras la KGB y la Unión Soviética aparecían bajo su faz más malvada. Me pregunto sí no albergaban una función e intencionalidad ideológica…

Es curioso, pero si lees atentamente a Le Carré, a Norman Mailer o a Graham Green puedes darte cuenta de que hay una enorme carga de crítica para su propio país. No está tan claro que el enemigo sea más malo que el “amigo”. Cuando lees, por ejemplo, “El hombre más buscado” o “El jardinero fiel” los malos son directamente los países supuestamente “libres” y Green o Le Carré no ocultan la existencia de antiguos nazis al servicio de esos países libres.

Sin embargo, ese espíritu crítico en el ámbito literario no pareció tener equivalente en la industria de Hollywood, donde el poder político metió  mano…

Bueno, Hollywood es Hollywood. El cine sigue y ha seguido sus propios caminos, sobre todo el cine norteamericano. De hecho muchas películas de espionaje basadas en novelas incorporan sutiles cambios para adaptarlas al gusto de Hollywood, como sucede por ejemplo en las versiones de “El jardinero fiel” o de “El Topo“.

¿El género de espionaje es respecto a la política lo que el género negro en relación a las cuestiones sociales y la condición humana?

Yo creo que sí. Es por eso que la novela de espionaje y la novela negra tienen mucho en común. Yo miso escribo indistintamente de un género u otro y estoy cómodo en ambos y eso no es casualidad.

” Como escritor , no suelo establecer mapas,  hago que mis historias se guíen por la lógica de los hechos y  acontecimientos”. 

Recordarás aquella entrañable serie televisiva de nuestra juventud, “ Misión imposible”. A cada final de mensaje con las instrucciones, el magnetófono se autodestruía  antes de precisar  que las “Autoridades negarían cualquier conocimiento del caso”. Esto me hace pensar en que el espía siempre está en la “alegalidad”o incluso  en la “ilegalidad”, cuando no, en las profundas cloacas del Estado.

La ética del espía, el personaje que está destacado en territorio enemigo, por llamarlo de alguna manera, no tiene nada que ver con la ética que nosotros utilizamos. Y lo mismo pasa con la Ley. El agente secreto profesional acata las leyes del propio país, al menos eso se el exige, pero no las del país enemigo. Acaba de producirse el asalto a la Embajada de Corea del norte en Madrid por parte de elementos de la CIA. Obviamente han violado las leyes españolas y las internacionales, pero ese tipo de acciones se han llevado a cabo desde las luchas en las ciudades del país de Sumer hace cinco mil años. Pensar otra cosa es muy ingenuo.

” La  buena novela de espionaje es la que se basa en  los personajes y no tanto en la trama”

¿El espionaje solo  adquiere legitimidad moral cuando se enfrenta  a un enemigo “externo”, pero es cuestionado cuando se trata de algo  doméstico? Pienso, por ejemplo, en el “Caso Watergate”, que era un asunto de espionaje al Partido Demócrata y por lo tanto, a compatriotas.

La explicación más acertada, creo yo, es la de comprender cómo funciona el mundo, que no tiene nada que ver, o muy poco, con lo que vemos en los telediarios. La realidad es muy distinta y los intereses de uno u otro grupo prevalecen sobre la moral, las leyes o el respeto por el otro. Eso es así. La única garantía, a mi juicio, es la separación de poderes por la que los tribunales pueden poner en solfa determinadas acciones ilegales. Así ocurrió en Estados Unidos con el Watergate y así ha pasado en España con algunos casos como el de la “guerra sucia” contra ETA.

No podemos olvidar otro caso muy sonado que conmocionó la vida política estadounidense en los años 50 y que estuvo en las antípodas de cómo se desarrolló el Watergate. Me refiero al caso del matrimonio de Julius y Ethel Rosenberg”, condenados por espionaje a la silla eléctrica y al cabo de un juicio dudoso detrás del que siempre se sospechó la mano negra de la CIA y el FBI…

Mira, si a alguien le llama la atención algo así es que es un ingenuo. Los Rosenberg era militantes sindicalistas y comunistas en plena guerra fría en Estados Unidos. Había que ir a por ellos porque eran influyentes y activos y se buscó la manera de eliminarlos. ¡Qué mejor que una acusación de espionaje a favor de la URSS! El trabajo del FBI, entre otros, es el de contraespionaje y en aquella época, el enemigo era no solo la URSS sino cualquier signo de anticapitalismo o socialismo en su propio país. Los Rosenberg estaba sentenciados antes del juicio, igual que los acusados en la caza de brujas.

“La realidad política internacional no tiene nada que ver con la de los telediarios. Los intereses de uno u otro grupo prevalecen sobre la moral, las leyes o el respeto por el otro”

¿ Qué te parece si cambiamos de registro y retomamos un poco más el ámbito literario?.

Me parece bien, sí…

Pues mira, una curiosidad… ¿Con qué materiales y documento suele trabajar el escritor de novela de espionaje? Porque no creo que los grandes secretos de Estado relacionados con los servicios de inteligencia sean accesibles así como así, o que los gobiernos “desclasifiquen” todos y cualquier documento.

Hay información. Eso no falta. Hoy en día puedes acceder a infinidad de archivos, informes, libros, artículos e incluso a personas que tienen cosas que contar. Un autor de espionaje, como es mi caso, utiliza mucho la lógica. Recoges información, la estudias, la clasificas y elaboras una teoría que llamamos novela. Muchas veces estamos contando la realidad más allá de lo que pueda parecer. Decía Markus Wolf que hay mas verdad en las novelas de Le Carré que en las memorias de Walter Schellenberg.

” La novela de espionaje es una interpretación de la historia y la sociedad. Por eso no se acabará nunca”

¿ Entonces, cuando escribes, te pones en la piel del personaje, lo haces actuar y reaccionar ante las situaciones como tú lo harías basándote en esa misma lógica?

La verdad es que sí. Esa es mi forma de escribir. No hago nunca un esquema con la trama sino que creo personajes y los hago actuar con lógica ante cada situación.

Lo que me pregunto es qué habilidad ha de tener un autor para otorgarle magia ficcional a asuntos que se le pueden antojar  “plomizos” a un lector con escaso bagaje en ciencias sociales o políticas y poco interés por cuestiones históricas…      

La buena novela de espionaje se basa sobre todo en los personajes. Fuertes, creíbles, ambiguos, llenos de contenido. Si eso añades situaciones críticas y de acción lo conviertes en otro tipo de novela que se acerca más al thriller como es el caso de Bourne por ejemplo, o a la novela de aventuras en el caso de Bond. Si al lector no le interesa la política internacional o la historia le aconsejaría que leyera otra cosa, Corin Tellado o algo así.

Parece que  ese ha sido precisamente el gran logro de Pérez-Reverte con “Falcó”, un personaje cínico y cabrón adscrito al “bando nacional”, pero que sin embargo le ha resultado de lo más magnético a la mayoría de los lectores…

Pérez Reverte sabe contar historias. Sabe crear personajes y tiene muchas tablas. Eso y además, cuando uno crea una novela está creando en toda la extensión de la palabra, no está escribiendo un libro de historia. Eso vale también para “Carne de trueque” de Fernando Martínez Laínez o “El informe Müller” de Antonio Manzanera.

Me pregunto cómo ha ido mutando este género ante la realidad  del XXI, caracterizada por unos profundos cambios geopolíticos, culturales, civilizatorios, lo llamemos como lo llamemos, globalización, Era de la información, sociedad digital etc…

 La ambición de las grandes compañías mundiales, la emergencia de nuevos países como la India, China o Brasil, el terrorismo islámico, el narcotráfico y los enfrentamientos tradicionales de tipo nacionalista, reivindicaciones territoriales, estallidos de independencia, venganza por agresiones históricas reales o ficticias, supervivencia de Estados fallidos… La lista de temas se haría interminable, en realidad con la novela de espionaje estamos hablando de una interpretación de la historia y de la sociedad y eso no se acabará nunca.

Ha habido debate sobre la renovación de la novela histórica, como también lo hay sobre la novela negrocriminal. ¿ Lo hay también en el género de espionaje?

Siempre aparecen nuevos escritores  y nuevas tendencias. Eso es bueno. Un autor escribe lo que le parece sin cuestionarse si es “moderno” o está pasado de moda. Tienes una idea y la cuentas. Eso es todo.

Deduzco entonces que el género de espionaje no tiene unas reglas de estructura narrativa tan rígidas como el “Noir” y que generó no pocas polémicas sobre qué era  y qué no era novela negra…

Desde luego, el relato de espionaje no tiene una estructura narrativa como se podría decir de la novela negra, aunque esta última esté ya un poco cuestionada. La novela negra ha evolucionado mucho desde Jim Thomson a González Ledesma, por citar a un español muy conocido. La de espionaje no está sujeta a una estructura en ese sentido. Si uno lee “El fantasma de Harlot”, por ejemplo, no tiene nada que ver en su estructura con “El espía que surgió del frío” o con “Bunker 13” de Anniruda Bahal.

¿ Para acabar, en qué proyecto te encuentras en la actualidad?

Estoy trabajando en una novela sobre interioridades del CNI, el Centro Nacional de Inteligencia. Como te decía, una novela de personajes, la trama es lo de menos.

Esperamos pues a esos personajes y gracias, Jose Luis…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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FERNANDO DE ARTACHO, HISTORIADOR Y NOVELISTA : “DESENTERRANDO A LOS MUERTOS, DESPERTAMOS A TODOS LOS DEMONIOS DEL PASADO”

-ES3.JPG de Reporteros ABC-

 

Fernando de Artacho vive para la historia y con la pasión por ella incrustada en las mismas entrañas. Sevillano de pura cepa,  es un enamorado de su ciudad y un erudito conocedor de su pasado. Historiador, novelista y miembro de la Academia Andaluza de la Historia, arrastra una amplia labor investigadora de la que son una prueba sus cerca de treinta obras. Premio “Ateneu de Sevilla” de novela histórica, acaba de publicar “ El correo de Tánger” (Algaida,2018),una sugerente trama ambientada en la España de los primeros años 40 y con la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo. Híbrido de novela histórica, negrocriminal y de espionaje, Fernando de Artacho nos ilustra con su obra sobre los entresijos políticos en el entorno inmediato de Franco y la lucha entre “Neutralistas”“Germánofilos”.

A lo largo de nuestro intercambio conversamos sobre la naturaleza de los regímenes fascistas y las propias contradicciones internas del franquismo.  La cuestión de la guerra civil española, de la que Fernando de Artacho también nos brindó una singular versión ficcional en “ Las dos verdades” ( Almuzara,2005), no dejó de salir a colación. Nieto de un militar falangista, la Segunda República, los orígenes del 18 de Julio, la controvertida “Ley de  la Memoria Histórica” y el actual clima político caracterizado por la emergencia de una formación neofranquista como VOZ no podían ser obviados en nuestra charla.

Fernando de Artacho se reconoce conservador y católico practicante.  Sin embargo, el  estilo campechano y el  espíritu “humanista” de este  sin complejos ideológicos, han facilitado el diálogo y el mutuo esfuerzo de escucha desde nuestras muy alejadas posturas. Siempre he pensado que el sentido de la tolerancia ha de consistir precisamente en saber empatizar ante aquellos con los discrepamos en los temas esenciales.

Esta  entrevista c constituye la segunda entrega de la serie de conversaciones sobre la guerra y posguerra española que mantengo en mi sección sobre “Literatura y Memoria Histórica”.

Tánger

 

Hemos pasado el 75 Aniversario de la Segunda Guerra Mundial. La producción literaria y cinematográfica sobre este episodio histórico es amplísima.  Me gustaría preguntarte si ves algún cambio de enfoque narrativo entre lo que se hacía y lo que se está haciendo ahora.

Evidentemente, existe una evolución. Cambian las personas, cambian los contextos y cambian las visiones históricas. De todas maneras no se ha dado una visión definitiva de la Segunda Guerra Mundial, como tampoco se ha hecho con la guerra civil española.

¿Pero  no te da la impresión que  los grandes intereses comerciales tienden a una  frivolización de   ese  periodo histórico?

Yo te puedo decir que “El correo de Tánger” es una novela que escribí hace diez años. Después recibió el premio y estuvo, cómo se suele decir en mi tierra, “Un tiempo en barbecho”. Yo soy historiador y me esforcé  en que la novela estuviese muy bien documentada. Utilizarla con objetivos comerciales o incluso, políticos, era absurdo.

” No se ha dado una versión definitiva ni sobre la Guerra Civil ni sobre la Segunda Guerra Mundial”.  

Los comentaristas hablan de tu obra como de una novela histórica, pero si me permites el comentario, yo la veo más bien como una novela híbrida, donde se entremezclan el género histórico, el género de espionaje e incluso, si me apuras, el género negro…

Yo hago mía la reflexión de uno de mis amigos, que dice que está la novela histórica y la historia novelada. Es novela histórica cuando tú te sales de la época actual. Puede ser un tema auténtico o un caso inventado cómo es el caso efectivamente de mi novela, que tiene giros narrativos con hechos reales. Reconozco que hay algo de novela policial, pero teniendo en cuenta que se desarrolla en el pasado, creo que sí, que se puede considerar novela histórica más que historia novela, que es mucho más pesada.  De todas maneras, es la primera novela que escribo en primera persona e introduzco el tema policiaco. Escribir en primera persona me ha permitido acercar  mi personaje al lector.

Te oí en un determinado foro criticar la falta de rigor de la novela histórica y los muchos errores cronológicos, sociales, civilizatorios y contextuales en los que caen algunos autores…

Se comenten muchos errores, en efecto. Leí una novela ambientada en el siglo XIII donde comían patatas hervidas. Es de risa, puesto que todos sabemos que la patata no llegó a España hasta la Edad Moderna y que fue descubierta con las primeras colonizaciones en América. Los autores se informan muy mal y después, claro, cometen auténticas meteduras de  pata.

          ” Hay que distinguir entre lo que es la novela histórica y la historia novelada, que es mucho más pesada para el lector si no se hace bien”

Supongo que debe costar mucho encontrar el equilibrio entre la magia de lo ficcional, o sea, la parte más creativa y el rigor documental…

A mi no. Empecé a meterme en los archivos históricos de Sevilla desde que tenía catorce años y ahora tengo cincuenta y ocho. Me levantaba a las ocho de la mañana y me metía en los archivos arzobispales y leía mucho. Investigué las costumbres culturales y los hechos sociales, que son muy importantes.

¿  Cómo se te ocurrió hacer una novela ambientada en  Tánger?

Fue cuando empecé a estudiar la realidad de Marruecos. Mi abuelo había sido militar en África y debo reconocer que me fascinó todo ese contexto. Todos los militares españoles destinados allí acababan enamorados del lugar. De hecho, al principio de la novela introduje algo de la biografía de mi propio abuelo. Tánger estaba administrado por cuatro potencias,Francia, Inglaterra, Italia y nosotros. Pero los estatutos establecidos determinaban de que en caso de guerra entre algunas de esas potencias, la administración debía  recaer sobre una de ellas que fuese neutra, que era España. El ambiente de Tánger me interesó porque durante buena parte de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en un nido de espías.

“Los falangistas no tenían nada que ver con las ideologías fascistas “puras” y filonazis cómo las que encarnaron figuras como Ramiro Ledesma”

Hay algo que me sorprendió y es que, si extraemos a tu personaje del contexto histórico, es muy difícil verle como un capitán franquista, destila una dimensión humana que no me cuadra con el temperamento de los falangistas de los años cuarenta…

Realmente es así. Yo tuve ocasión de leer muchas cartas de militares importantes y por el contenido, se les ve muy avanzados en sus ideas. Tenían dilemas muy importantes. Había falangistas que no tenían nada que ver con las ideologías fascistas “puras” y “filonazis”, cómo podía representarlas  Ramiro Ledesma, solo por mencionar a una de las principales figuras de aquella época. Mi personaje no es un hombre de ideas excluyentes. Francisco tampoco es un bonachón, es sobre todo un militar que está a las ordenes de un superior y al que le asignan una misión.  Pero también es muy crítico con los  falangistas oportunistas, arribistas, chaqueteros y  sobre todo, con aquellos  cobardes que durante la guerra civil se pegaban un tiro en el pie para no tener que ir al frente.  La Falange no tenía nada que ver con lo que se pretende.

¿Quiénes?

Ya sabes. Desde la izquierda se demoniza  a los falangistas, pero se olvida que los movimientos fascistas se alimentaron sobre todo de las ideologías socialistas. Hitler y Mussolini fueron socialistas, un socialismo nacionalista y excluyente.

“En 1940, la división entre “neutralistas” y “germanófilos” estaba muy equilibrada, pero Franco inclinó la balance hacia los primeros”

¿  Pero entonces, cuál fue la verdadera singularidad de la falange y que parece encarnada en la personalidad de tu protagonista, Francisco?

Se han dicho muchas tonterías acerca de ella, pero  su marca esencial fue la dimensión social y la “Revolución pendiente”. De hecho, un tío abuelo mío fue un falangista de primera hora y fundador del SEU, que cuando Franco decreto la unión con los tradicionalistas, se negó rotundamente a aceptarlo. Franco le condenó a muerte. Mi tío era médico y se dedicó toda la vida a los barrios pobres de Madrid. Esos eran los falangistas de primera hora, gente con un espíritu muy social. Si te fijas, la bandera de Falange es muy similar a la de la C.N.T.

La trama de tu obra gira entorno a un  informe secreto a Franco sobre la idoneidad de una intervención en la guerra europea. ¿ Pero cuál era la correlación real de fuerzas entre “neutralistas” y germanófilos en el entorno más inmediato del dictador?

“Elegí Tánger como ambientación porque es una ciudad que se convirtió en un nido de espías durante toda la Segunda Guerra Mundial” 

 

Estaban repartidas a partes iguales. Habían los seguidores de Serrano Suñer, que eran los más pro-germanistas. Después se encontraba una corriente monárquica y tradicionalista, sobre todo entre los militares, que era neutralista.  Franco cortó de raíz esa división. De hecho, el “atentado de Begoña”, perpetrado en Sevilla  por un grupo de falangistas contra los Carlistas, llevó a Franco a cortar de raíz las  fricciones entre esas dos tendencias. La pérdida de influencia de los pangermanistas determinó la política exterior del régimen.

Hay muchas leyendas e ilustraciones ficcionales sobre ese atentado,¿No?

Se ha dicho muchos disparates sobre esos acontecimientos. El único y verdadero archivo sobre el mismo lo tengo yo.

El encuentro de Hendaya de 1940 es uno de los contextos de tu novela. ¿ Me pregunto qué hay de mito, de realidad e incluso de leyenda, en torno a esa reunión entre Franco y Hitler?

Es que cada uno tiene su versión. Serrano Suñer tenía la suya, mientras los interpretes de Franco y Hitler brindaban otra. Hubo muchas mentiras sobre los hechos e incluso se exagera sobre el retraso del tren de Franco y la impaciencia de Hitler.  El caso es que España no entró en la guerra, porque habría sido un desastre. Los militares  no querían otra contienda, sobre todo después de los tres años de guerra civil. Incluso en Sevilla había un cierto miedo de que los alemanes nos acabasen invadiendo ante la negativa de Franco de sumarse a las fuerzas del Eje.

“Hitler salió muy insatisfecho de la reunión de Hendaya. No le gustaba que Franco hiciese bolillos con tal de no entrar en la guerra”

Dicen que Hitler consideraba a Franco como un simple militarucho…

Mira, ahí hay varias versiones por parte de los que estuvieron en Hendaya. Yo conocí al hijo del embajador de Portugal en Berlín. Me contó que su padre había hablado con el mismísimo interprete de Franco. Según lo que me comentó, parece ser que Hitler salió muy molesto de su reunión con Franco, que hacía bolillos con tal de no entrar en la guerra. Pero el caso es que Hitler no era tonto, sabía que nuestro ejercito estaba opuesto a la entrada en la guerra, como también sabía que habían excelente militares en nuestro país. A pesar de la altura logística de nuestro ejercito, era una locura meterse en esa contienda. España acababa de salir de su propia guerra, una guerra tremenda.

“El correo de Tánger” tiene un tono “memorístico”,  puesto que los hechos son contados  por un anciano, que se supone que fue al que le tocó recuperar esos documentos comprometedores para el régimen de Franco y que habrían provocado una declaración de guerra por parte de los Aliados. Pero en cambio no nos dices nada de Francisco en su vejez. 

Es simplemente un militar retirado, un antiguo falangista, un hombre que cuenta sus recuerdos sobre una misión de la que dependían el futuro de España.  Un hombre que evitó que nuestro país se viese envuelto en una locura.

“En 1934, a la República la salvaron las derechas contra el golpe de Estado que pretendían dar la izquierda y los separatistas” 

Puesto que eres nieto de militares, hablemos del ejercito español.  Hoy tenemos un ejercito moderno, pero no ha desaparecido del todo el espíritu  de los “Africanistas”, entendiendo por tal su facción más reaccionaria y pro-golpista.

Los “Africanistas” desaparecieron con el fin de la campaña en África en el primer tercio del siglo XX. Eso es lo que yo entiendo por “Africanistas”. Lo demás es tontería.

Me estoy refiriendo al famoso manifiesto de esos militares retirados  que se pronunciaron contra la Ley de Memoria Histórica y la exhumación de Franco. Unos señores que hacen apología de un dictador que dio un golpe de Estado contra un régimen legitimo y democrático…

Hoy estamos en el parlamento reivindicando a la República, cuando no tenía nada de idílica. En 1934, a la República la salvaron las derechas contra el golpe de Estado que pretendían dar las izquierdas y los separatistas. Hubo mucha gente de derechas que era republicana. La CEDA era republicana. Por no hablar de intelectuales liberales y republicanos como Ortega y Gasset, Gregorio Marañón o Pérez de Ayalà, que terminaron apoyando a Franco en un clima de polarización y en el que cada uno optaba por el bando que consideraba menos malo.

Eso huele a “revisionismo”  a la “Pío Moa”…

Todo lo que venga documentado y refrendado por datos fehacientes, me parece bien. Estamos viendo a autores y ensayistas que dicen cosas que precisamente no vienen documentadas. Creo  que las tesis de Pío Moa, en cambio, están muy bien apoyadas por el trabajo de archivo. Pío Moa era un antiguo miembro del GRAPO  y ex- teórico marxista. Por eso muchos miraron su obra con lupa, que a mi me parece muy rigurosa. Yo lo que veo es que hay muy poca gente buena que investiga, solo con interpretaciones a su conveniencia y de acuerdo con sus posturas ideológicas.

Bueno, supongo que no te creerás ese mito weberiano sobre las ciencias sociales sin juicios de valor… Hemos tenido a dos grandes sumos sacerdotes de  la ciencias históricas, el maxista Manuel Tuñón de Lara y el conservador Ricardo de la Cierva, Ninguno de los dos ocultaron sus posicionamientos.

Claro que hay juicios de valor, pero una cosa es el juicio de valor y otra bien diferente el que éste prime sobre el trabajo de investigación. Me acuerdo que durante los años 70 y 80 todo era política en las facultades de historia y hoy, lo sigue siendo. Las cosas son como son y no cómo nos gustaría  que fuesen. No se puede presentar la historia de forma maniquea, dividiéndolo todo entre “buenos” y “malos”. Hubo gente magnifica como Julían Besteiro, un socialista reformista y moderado, que durante la guerra civil salvó a muchas personas favorables a los “nacionales”  Impera el rencor. Yo mismo vengo de una familia de militares y conozco a muchos a los que no les gustaba la guerra. Muchos de ellos no querían volver a oír hablar de ella.

“Hubo intelectuales republicanos como Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Pérez de Ayala, que terminaron apoyando a Franco en un clima de polarización en el que cada uno optaba por el bando menos malo”

Hombre, si nos ponemos a hablar de tendenciosidad política e ideológica, creo que Pió Moa es el que mejor la encarna. Para mi, Moa es  un simple “opinador” vinculado a la caverna  mediática,  sin ningún reconocimiento académico.  De hecho, dicen que su “revisionismo” pseudo- científico solo ha servido para legitimar históricamente el Alzamiento del 18 de Julio…

La izquierda no tiene ninguna legitimidad para hablar del 18 de Julio, porque cómo ya te acabo de comentar, ella es la responsable de los acontecimientos del 34. La historia es como una soga. Los hechos son los que son. Eso no se puede destruir por mucho que se intente. Cómo se dice en mi tierra, “Cada uno cuenta la historia según cómo le haya ido en ella”. En todas las familias ha habido de todo, gente de derechas, de izquierdas, católica y cada una tiene su visión de las cosas. Pero lo que es cierto e irrefutable, fue la situación de inseguridad que generó la República, sobre todo debido a su anticlericalismo y a la quema de iglesias y ataque a la gente creyente.Había asesinatos diarios. Sin olvidar los atropellos que se cometieron una vez estallada la guerra.Eso fue tremendo.

Los mismos que se cometieron en zona “nacional”…

Yo, en todo lo que he escrito sobre la guerra civil, me baso en fuentes de la zona republicana y no de la zona “nacional” y lo mismo puede decirse respecto a Pío Moa. Creo que el rigor debe estar por encima de las ideologías. A mi me gusta mucho la política, pero creo que no debe interferir en la investigación historiográfica.

Supongo que no lo estás diciendo por la exquisita imparcialidad de los miembros de la Real Academia de la Historia, que durante el mandato del Partido Popular en el gobierno llegaron a decir auténticas barbaridades sobre la naturaleza política del  franquismo.

Creo que la política y las ideologías no deberían interferir en la búsqueda de la verdad histórica. Si los miembros de la Real Academia de la Historia están politizados, es algo que me parece muy mal. No hay que olvidar que las instituciones viven del dinero público que da el gobierno de turno y eso hace que no sean neutras. De todas maneras, la Real Academia de la Historia empezó a convertirse en una institución al servicio del poder político hace mucho tiempo, más en concreto, desde la Segunda República y bajo las presiones de Manuel Azaña, que fue el primero en politizarla. Esa falta de neutralidad de la Real Academia no es un fenómeno reciente. A la izquierda no le ha sentado bien la postura de la Academia sobre la Ley de Memoria Histórica de Rodríguez Zapatero. Ese es el verdadero trasfondo del asunto.

 

“Había de todo en las familias, gente de derechas, de izquierdas, católica o atea, pero el hecho irrefutable es que la Segunda República  generó una terrible inseguridad. Había asesinatos y quema de conventos todos los días”

Deduzco que tú también eres un gran crítico de la misma…

Es que no hay memorias colectivas e históricas, sino memorias individuales. Esa ley votada por la izquierda me parece un auténtico despropósito. Estuvimos durante cuarenta años escuchando una historia oficial, que era la de los “vencedores” y ahora llevamos otros cuarenta años escuchando la de los “vencidos”, que cuentan su verdad, cuando en realidad hubo de todo durante esa guerra. Creo que se rompe con el espíritu de la Transición. La Ley de Memoria Histórica está declarando ilegal a la propia monarquía y poniendo en peligro la estabilidad del sistema. La monarquía constitucional no es una “Restauración”, sino una “Instauración” consensuada. Esa ley es muy peligrosa para España, porque vuelve a sembrar la división y durante la guerra, la verdad es que hubo grados de culpa en ambos bandos. El régimen de Franco fue un sistema autoritario, está claro, pero no se puede estar insultando a la gente, porque, evidentemente, se produce un efecto rebote en la otra parte. Si desenterramos a Franco, desenterramos lo peor del pasado, cuando evocamos los demonios del pasado, resurgen, no los de unos, sino los de todos. Yo a  mi abuela y a mi madre nunca les oía hablar mal de nadie y que  conste que mi abuela estaba casada con un militar y se quedó viuda en el 37. Nunca le oí decir nada sobre nadie, ni siquiera sobre Carrillo o “ La Pasionaria”.   Hay que dejar  que los muertos descansen en paz y ya está…

“No hay memorias colectivas, sino memorias individuales. Es por eso que la Ley de Memoria Histórica de Rodríguez Zapatero me parece un auténtico despropósito y peligrosa para España, porque vuelve a sembrar la división”.

Te recuerdo que  el alzamiento del 18 de Julio fue una rebelión militar contra el gobierno legítimo del Frente Popular. No se puede estar en la equidistancia…

Yo no estoy en la equidistancia. Tengo un pensamiento muy claro y lo digo. Una cosa es no ser maniqueo y otra cosa es la equidistancia. Me queda muy claro que la República idílica no existió. Lo que podía haber sido una solución para España fue destruida por los socialistas, los comunistas, los anarquistas y los separatistas. Fueron ellos los que acabaron con la República. Fue un proyecto que se abortó por culpa del egoísmo de estos movimientos y partidos. Ya te lo dije, todo esto tiene su origen en el 34. Eso no lo digo yo, está ahí, en las hemerotecas y en los archivos. ¿ Qué pasa? Pues que por desgracia en una guerra pierde todo el mundo. Pero lo que yo tengo claro es la historia, porque soy historiador de formación.

¿Cómo ves la situación actual, sobre todo a la vista del fenómeno Vox,con un discurso que recuerda la más siniestra retórica fascista de los años 30?

A España la veo más o menos cómo en el año 32 y 34. Todo muy revuelto. Los separatistas intentando irse, la izquierda volviendo al tema de la guerra civil y las derechas reaccionando. Estamos volviendo al guerracivilismo, aunque con otro tipo de sociedad y mentalidad, en el que la gente es más culta y preparada, donde no hay hambre y sí progreso y eso creo que neutraliza la situación política, que me recuerda mucho la del 36. Todo esto se lo debemos a Rodríguez Zapatero y su empeño a sacar a los muertos. Yo soy nieto de los que ganaron esa guerra, pero también de los que la perdieron. La historia para los historiadores, no para utilizarla como arma arrojadiza, que puede traer consecuencias muy graves y eso a corto plazo. Creo que hay que perdonar. Soy  un conservador católico y practicante y  no me da vergüenza decirlo.  Pero soy sobre todo un historiador y los hechos son los hechos.

Soy nieto de los que ganaron la guerra, pero también de los que la perdieron.La historia para los historiadores, no para utilizarla como arma arrojadiza. Creo que hay que perdonar”

 

Para mi eso no es el problema. Conocí a muchos sociólogos e historiadores conservadores con una gran estatura humana, ética, intelectual y académica. 

Y yo también los conocí en la izquierda…

El problema es la derecha política de este país.  Si  tuviese un gesto   condenatorio  respecto al franquismo, idéntico  al que demostró el Presidente  Jacques Chirac en relación al anti-semitismo  del régimen de Vichy,  entonces  dejaría de estar bajo constante sospecha ideológica .  

Tu ejemplo no me convence del todo. En Francia hubo muchos más “Colaboracionistas” de lo que se quiere reconocer, además de movimientos fascistas, pro-nazis, gente que, cómo ya te dije antes, procedía del socialismo. La mitad de los franceses estaban con el Mariscal Pétain y guardaron silencio sobre las deportaciones de los judíos. De hecho, los primeros campos de concentración se abrieron en Francia. Después, los nazis acabaron el trabajo.

Viví muchos años en Francia y es verdad que el siniestro periodo de la “Ocupación y el “Colaboracionismo” se revela como una piedra en la zapato para la memoria colectiva de nuestros vecinos. Pero no es menos cierto que los gaullistas liquidaron toda la tradición anti-republicana tras la Liberación del 44 y deshonraron públicamente al Mariscal Pétain y sus seguidores. La derecha francesa se dio una honorabilidad democrática que echo a faltar en la española. 

Es que la derecha abarca muchas cosas. No es lo mismo el PP,Ciutadans, Vox o la Falange. Les daré la razón a unos y otros cuando la tenga y no lo haré cuando me disguste lo que dicen. Si Vox mete la pata, yo le criticaré. Pero no se puede criticar a Vox, que es un partido constitucionalista, cuando el señor Sánchez estuvo gobernando con golpistas y terroristas.

               ” VOX no es un partido fascista, porque si lo fuese, contaría con todo mi desprecio. Es un partido de “orden”, católico y defensor de las tradiciones y la familia”

Bueno, bueno… Eso es una opinión que no comparto. Te recuerdo que Vox pretende suprimir el Estado de las Autonomías, lo que le sitúa tan fuera de la Constitución que los partidos independentistas…

No suprimirlo, sino reformarlo. El Estado de las Autonomías es financieramente insostenible y hay competencias que deberían ser devueltas al Estado Central.

¿ Y qué me dices de su discurso? Estarás de acuerdo conmigo en que su retórica contra Cataluña tiene bastante que ver con el delirio verbal sobre el rojo-separatismo que cundió en los años de la República y la guerra civil. O sea, una palabrería propiamente fascista sobre los “enemigos de España”. 

Vox no es un partido fascista, porque si lo fuese contaría con todo mi desprecio. Tampoco me atrevería a decir que es de extrema-derecha, pero  en cambio sí que lo es el partido de Albert Rivera. La formación de Abascal es un partido católico, con gente de buena fe,  defensora del orden, de las tradiciones y de la familia. Así de simple.

¿ Y lo de “Soy novio de la muerte”? Hombre, tú me dirás cuando se evoca una figura tan vómitiva como Millán Astray…El símbolo más macabro del ejercito franquista…

Jejee… Reconozco que  me sorprende el hecho de que un partido introduzca  elementos simbólicos que pertenecen a una institución castrense como La Legión. Vox es un partido formado por civiles, no por militares. Que entonen esa canción en sus mítines  me parece una auténtica estupidez. Qué se le va a hacer, nadie es perfecto.

Claro que no, pero  resulte una estupidez o no, lo cierto es que dan miedo y se lo oigo decir a gentes de las que no me consta que sean  marxistas peligrosas… 

Los que deberían darlo son Podemos, el PSOE, Rodríguez Zapatero, Sánchez y los separatistas, que son los que han vuelto a sacar los demonios de la guerra civil, alimentando unos odios que creíamos erradicados.

Esa es tu opinión. La respeto,  pero no la comparto.

Esos los valores de un católico como yo, el respeto hacia las ideas de los demás. Valores que no son los de la izquierda.

Vuelvo a no estar de acuerdo.

En eso consiste un dialogo…

Para mi lo importante es saber escuchar a aquellos con los que discrepamos.

Y lo suscribo…

Bueno, amigo, podríamos pasarnos horas y horas hablando sobre los dramas históricos que han acechado a nuestro país. Pero ya no tenemos tiempo. Lo esencial es agradecerte esta entrevista y felicitarte por tu novela, “ El correo de Tánger”, que de ella  habíamos quedado para hablar. Lo demás es secundario. 

El que te agradece esta entrevista soy yo y espero que me perdones este acento andaluz cerrado que tengo. Soy un sevillano de pura sangre…

Jejeje… Gracias y suerte, Fernando….

 

 

 

 

 

 

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AQUELLOS NIÑOS DEL 36 QUE SUPIERON SOÑAR : UN DIÁLOGO CON EL ESCRITOR MARTÍN ABRISKETA

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Martín Abrisketa 

Contaba Francisco Umbral con motivo  de su obra autobiográfica, “ Memorias de un niño de derechas”, que él había sido feliz durante la guerra civil española. La reflexión chirriaba en los oídos de toda una generación emocionalmente herida por ese mismo acontecimiento. La misma a la que le habían negado la experiencia  de la inocencia y puesto prematuramente frente a la crueldad del mundo adulto. En ese infierno de las inocencias truncadas, nunca hubo regla sin excepción. Martín Abrisketa tuvo a bien de recordárnoslo con su exitosa  novela, “ La  lengua de los secretos”,(Roca Editorial,2015) la historia  real de su padre, Martin, el periplo de un niño en el mundo rural vasco, que luchará a capa y espada a lo largo de la guerra civil para que nadie le usurpase lo que le pertenecía por derecho propio : su infancia.

Periodista y cámara de profesión, Martin Abrisketa (Bilbao,1967), es un  autor vasco que, muy equivocadamente, no se considera del todo un  escritor. Sin embargo, lo es. Fichado por el Grupo Planeta, acaba de publicar su segundo novela, “El país escondido”(Planeta,2018), la historia de una niña, hija de una toxicómana, a la búsqueda de una madre que le ha abandonado y  que intenta cambiar el mundo y la realidad a través del universo imaginario que plasma a través de sus dibujos. En ese sentido, no cabe duda que la producción narrativa de Martín, hasta ahora, modesta, pero profunda y con una prosa de una indudable calidad, bien puede ser concebida como una oda a la infancia, la fantasía y el sueño.

A lo largo de esta entrada, conversamos sobre “La lengua de los secretos”, de  la experiencia del niño Martín durante la guerra civil y de la propia relación de Martín Abrisketa con su padre, pero también sobre, la memoria histórica y sobre todo, sobre  el valor del testimonio intergeneracional   Mi charla con él inaugura así una nueva sección de entrevistas  en torno al tratamiento narrativo de lo que vino a hacerse conocer como, el “drama de España”.

La lengua de los secretos

 

Dicen que los niños de la guerra encarnan a una generación a la que le cayó como una losa toda la historia de su país, de  ese “Laberinto español” del que nos hablaba Gerarld Brenan…

 Yo creo que cualquier guerra cae como una losa, en especial sobre los que la padecen y más en particular, sobre los niños, que no saben lo que es una guerra, ni nadie se lo ha explicado. Lo que cayó sobre esos niños fue una losa de incomprensión hacia un mundo de adultos que se destruía a si mismo.

“ La lengua de los secretos” es la infancia de tu padre  durante la Guerra Civil, narrada por él y escrita por ti. No sé si esa relación entre vosotros confirma la verdadera esencia de lo que es un escritor. Es decir, alguien capaz de poner sobre el papel la experiencia existencial de individuos que no sabrían ellos mismos cómo escribir, ni contar.

Yo no era escritor y tampoco hoy tengo claro si lo soy. Lo que tenía es una herida con mi padre, quizás no muy grande, pero una herida a fin de cuenta. No nos entendíamos, había un muro de incomprensión entre nosotros. Ocurrió que la literatura nos unió para siempre. Él guardaba una historia que me parecía imprescindible rescatar. Esa historia salvó a mi padre y me ayudó a recuperarle. “La lengua de los secretos”  no es mi novela, sino la de los dos. Mi padre aportó la historia y yo, gracias a mi profesión de periodista, puse la palabra, organicé la narración y el desenlace de la trama.  Nunca hay una novela sin historia y fue mi padre el que le dio sentido a mi escritura. Pero lo que quiero decir sobre todo, es que  no es  solo su historia, sino la de muchos niños como él.

Comentas en una parte de tu novela  que el hecho de que te contase su infancia había cambiado tu percepción sobre él.

Lo bueno de asomarnos juntos a su pasado,es que descubrí lo mejor de mi padre. Con ese pasado y lo que tenía de más bonito , limamos asperezas. En nuestro caso, el pasado nos abrió la puerta del presente…

“Entre mi padre y yo había había una herida y un muro de incomprensión, pero ocurrió que la literatura nos unió para siempre”

 

Si me permites el comentario personal, yo también tuve un padre que vivió la guerra civil y después de presenciar con siete años cómo asesinaban a mi abuelo unos días después del 18 de Julio. Sin embargo, nunca habló de ello y se colocó la mascara de un hombre severo y apático respecto a nuestro propio mundo de niños. Me planteo si muchos de esos niños de la guerra se limitaron a interiorizar el dolor,  impotentes para expresarlo,  incluso en la edad adulta…

Sí, en la mayoría de los casos. El de mi padre es excepcional. Mi padre era un niño muy fantasioso y para él, la guerra se convirtió en una aventura, en una guerra de mentira. A pesar del drama que vivía, no ocurrió nada irreversible, al contrario de  lo que sucedió con tu padre. La mayoría de la gente  no quiere recordar su niñez durante la guerra civil, precisamente porque hubieron muchas cosas irreversibles en sus existencias.

Tu padre cuenta una vivencia personal,  pero mi  pregunta es si estamos realmente ante una mera historia individual que Martín necesita dar a conocer a través de ti o si en realidad, detrás de ella, hay en verdad un alegato contra la desmemoria colectiva…

Por supuesto. Mi padre hizo que otra gente de su generación se decidiese a recordar. Recuerdo que me escribió una mujer casi centenaria a través de su hijo, contándome una historia muy parecida a la de mi familia y que jamás había explicado a nadie. Eso tiene la literatura, que es buena para el que escribe las historias, pero también para los que las reciben. Nos hace ver nuestra propia realidad y superar muchas cosas de ella. Muchos niños de la guerra se volvieron personas introvertidas y creo que la historia de mi padre les ayudó a gestionar sus sentimientos y sobre todo, a expresarlos. Me paró mucha gente en la calle para decirme que la historia de Martín Abrisketa también era la suya.

Aunque la historia de tu padre es la de los “vencidos” , compruebo que en la novela no subyacen sin embargo grandes proclamas ideológicas, ni rencor, ni tampoco revanchismo…

 Es que no desprende odio, solo se limita a recordarnos lo que no debe volver a ocurrir. Habla de las cosas buenas que también hay en los dramas colectivos. A mi me preocupan los odios y cómo se están volviendo a alentar en muchos ámbitos de la vida colectiva y respecto a numerosos temas. Para mi, es bueno que sepamos lo que ocurrió y para qué ocurrió, que fue para nada, a parte de que para que hubiese mucha gente inútilmente muerta.

“Muchos niños de la guerra  se volvieron personas introvertidas y creo que la historia de mi padre les ayudó a gestionar sus sentimientos y sobre todo, a expresarlos”

En muchos aspectos, veo en tu novela y en el periplo de Martin, una oda a la inocencia y a la fantasía, a esa tierra mágica que es la infancia, pero al mismo tiempo percibo  también en la narración una lucha encarnizada entre lo fantástico  y el infierno de la realidad.

 Mi padre cuenta una historia casi bonita.Él mismo disfrutó con los bombardeos, de tener que buscar comida para alimentar a sus hermanos. Saludaba a los pilotos y veía caer las bombas como si fuesen hojas de un árbol. Lo único que le protegía era su fantasía, que era como un escudo frente a aquel drama. De hecho, cuánto peor se ponían las cosas, más jugaba con su imaginación…

¿ Pero ese juego con la fantasía no volvía opaco el verdadero drama, no banalizaba la realidad y el sufrimiento?

 Esa fue una de mis preocupaciones cuando me puse a escribir, temía que la realidad se quedase sepultada por las fantasías de mi padre. Finalmente, me di cuenta que el reto consistía en contar la realidad y crudeza de aquella guerra a través de la imaginación de un niño. Te pongo un ejemplo : las evacuaciones de los refugiados fueron terribles, cuando Euskadi estaba siendo asolada por los “Nacionales”. Los refugiados se iban en cargueros británicos, en unas condiciones lamentables, con la muerte persiguiéndoles. Mi padre vivió esos episodios. Se imaginaba que el barco era una ballena asesina y que habían sido devorados por ella. Cuando le enseñé el borrador del capítulo, me dijo que esa había sido su vivencia. Yo, por mi parte, pude meterme en su cabeza de niño y comprobar cómo la fantasía era su único instrumento de supervivencia, la única manera de no perder su infancia, de salvarse…

Sí, de acuerdo, pero lo que también veo en tu novela es que Martin va encontrándose de frente con la realidad, sobre todo después de la muerte de su hermano Juan en el frente. A ese respecto, me interrogo sobre si la pena y el dolor no son la verdadera puerta salida de la infancia, el signo del fin de la misma…

 Claro, pero la novela pretende ser también una historia sobre el crecimiento, sobre el transito hacia la edad adulta. Cómo ya hemos comentado, Martin vive en una lucha entre la fantasía y la realidad, entre crecer o no, pero al final se da cuenta que tiene que hacerlo. Eso es bueno, porque crece en todo y para todo.  Tuvo que enfrentarse a la realidad, sobre todo en los años de la posguerra. Pero es porque supo ser niño que en su vejez también fue capaz de comprender a sus propios nietos y su mundo. Es porque mi padre logró seguir siendo un niño, que en la edad adulta, en la madurez y en la propia vejez, supo tener una visión positiva de la vida y nunca perder la ilusión. Eso le diferenció de otra gente de su generación, que siempre vivió con el alma herida.

“Pude comprobar cómo mi padre encontró en la fantasía su único instrumento de supervivencia, la única manera de no perder su infancia, de salvarse frente al drama que estaba viviendo” 

 

Lo que me cuentas me hace pensar en obras cinematográficas importantes de los últimos años  como ” La vida es bella” de Roberto Benigni  y “El laberinto del fauno”  de Guillermo del Toro, que también tratan del juego y de la fantasía en medio de la realidad atroz de los totalitarismos. No sé si preguntarte qué hay también de Martín en esas dos magnificas historias…

Me han  preguntando muchas veces por esas dos películas en las entrevistas que me han hecho. En “La vida es bella” es el padre que el mete a su hijo en un juego para hacerle creer que no están en un campo de concentración nazi. En el caso de “La lengua de los secretos”, es Martín que se inventa su propio mundo para evadirse de la realidad de la guerra civil. Pero tengo que decirte que cuando escribí mi novela no pensaba tanto en  las obras de Benigni y del Toro. Si tengo algún referente cinematográfico sería más bien ” Big Fish de Tim Burton. Un día la vi, después de haber acabado la novela y me recordó mucho mi historia, puesto que habla del reencuentro entre un padre fantasioso y un hijo que habían permanecido muy alejados el uno del otro. Pero en general procuro mantener mi punto de vista, no dejarme influir, mantener en el proyecto original que tengo.

Entonces no sueles apoyarte en el cine, a diferencia de lo que hacen otros autores, sobre todo en estos momentos, en los que lo visual a adquirido semejante importancia frente a lo literario, en los que nos gusta mirar, pero nos cuesta leer…  

Me apoyó en el cine cuando escribo, pero no tanto en las películas en sí y en sus tramas, sino en la realización. Soy  cámara de televisión profesión y le doy mucha importancia a los planos, que son los que me  inspiran cuando escribo. Creo cámaras imaginarias cuando describo una escena y eso me permite apreciar los detalles que a veces se te escapan. Yo necesito pensar en las imágenes y luego trasladarlas a la escritura. Es una cámara subjetiva.  Con los planos consigo acercarme o alejarme de los personajes y situarlos en cada contexto y situación.

Lo que compruebo es que, más allá de la parte verídica de la historia y centrándome en lo literario en el sentido estricto, rompes con ese estilo narrativo tremendista que caracterizó, por ejemplo, a la generación del 50, y con matices, a la propia producción literaria y cinematográfica sobre la guerra civil que vino a surgir tras la Transición. Parece que optas más bien por lo trágico-cómico…

 No puedo darte mucha opinión sobre esa cuestión, en parte también porque mientras escribía procuraba evitar demasiadas lecturas sobre la guerra civil, sobre todo para que no influyesen en mi propia escritura y forma de contar las cosas. Solo puedo decirte de que en “La lengua de los secretos” recreé una gran cantidad de sucesos de humor, sucesos reales. Te cuento uno de ellos. A mi padre le habían dicho que los franquistas eran diablos, a pesar de que nunca había visto a ningún “Nacional”. Tenía mucho miedo,sobre todo cuando regresó de Francia y cruzó la frontera de Irún. Los niños estaba aleccionados, a igual que los del bando contrario, donde los diablos eran los “Rojos”. Para mi padre, un diablo era alguien con cuernos y rabo. Como los “Nacionales” llevaban gorra, pensaba que debían tenerlos escondidos debajo. Un día le tocó el culo a uno de ellos para comprobar si  tenía escondido el rabo.

Jejejejeje… ¡Me cuesta imaginármelo!

 Jejejeje… Te aseguro que es cierto…

Cambiando de tema, si me permites, hay algo que también es emocionante en tu novela y es la ingenuidad con la que los niños descubren las palabras y su significado, palabras que hablan de una realidad muy cruel…

 Sí, por ejemplo la palabra “enemigo”. ¿Quién es el enemigo? Es una palabra en la que todo depende de quién la pronuncia. En uno de los bombardeos, los pilotos les lanzaron octavillas. Algunas de ellas les cayeron en la cara, en las que leían la palabra “enemigo” en referencia al gobierno de la República, cuando en realidad para ellos los enemigos eran los franquistas. Eso les generaba un tremendo conflicto interno, al comprobar cómo las mismas palabras cambiaban de significado según el caso. Fueron niños que  descubrieron las palabras envenenadas de los adultos y su mala intención. Pero las pronunciase quien las pronunciase, siempre había una esencial que significaba lo mismo para todos : “horror”.

¿Y hablando de significados, qué me dices de Guernica, qué significaba para esos niños y qué significa para la gente de hoy y sobre todo, para la memoria colectiva de Euskadi?

  Te voy a contar una experiencia personal. Cuando era pequeño y vivíamos en Bilbao, mi padre me llevó a Guernica. Cada vez que veía un árbol, le preguntaba “¿Ese es el árbol de Guernica”? Todos los árboles que veía por la calle, para mi eran el “Árbol de Guernica”. Me contestaba a cada vez que ese no era y cuando llegamos a él, me dijo que era ese y me explico un poco. No entendía muy bien y lo que hice en la novela fue explicarlo al nivel de un niño. Ahora mismo, Guernica es un símbolo de la guerra o de la paz, pero sobre todo una premonición de lo que ocurriría. Con Guernica, el verdadero enemigo era la población y se iba a por ella, sembrándole el miedo. Esa memoria la tenemos todos los vascos, gracias a Picasso y todos los periodistas extranjeros que denunciaron aquello y lo trasmitieron al mundo entero. Creo que los periodistas jugaron un papel fundamental, porque sino aquello habría pasado desapercibido, como muchos otros crímenes de guerra. El ´”Árbol de Guernica” tiene una historia ancestral. La gente se reunía alrededor de él para deliberar los asuntos del pueblo, era como una democracia primitiva y es por eso que Guernica produjo tanto temor a los fascistas, porque  significaba democracia.  Por lo tanto, la única arma que tenían  era sembrar el terror y el miedo.

“Los niños de la guerra descubrieron las palabras envenenadas de los adultos, pero las pronunciase quien las pronunciase, siempre significaban lo mismo para todos :”Horror”

¿Ahora que lo mencionas, el miedo también persistió en tu padre, a pesar de que, cómo me has dicho, fue un hombre que supo mantener la ilusión y la esperanza? Te lo comento porque es precisamente el miedo vivido por la gente de su generación el que determinó las condiciones de la Transición Democrática.

 Creo que el miedo es lo último que pierden los seres humanos cuando son viejos, es el sentimiento que persiste por encima de otros, como el amor o la amistad. Recuerdo que cuando se produjo el 23-F mi padre lo experimentó, fue la primera vez que lo vi en él, cuando nunca me había dado la impresión de que fuese un hombre cobarde. El miedo siempre estuvo presente en Euskadi y en la generación de mi padre. Nosotros, más jóvenes, lo vivimos de otra manera, pero yo vi el temor de mi padre ante la posibilidad de que todo aquello que ocurrió en su infancia volviese a producirse. Temía por nosotros, por sus hijos. Ya sabes que los ancianos suelen recordar las primeras etapas dsus vidas. Mi padre, con noventa años, quizás no tenía memoria de lo que le había sucedido el año anterior, pero si la tenía  a la perfección sobre su infancia. Recordaba la guerra y ahí estaba el origen de muchos de sus miedos al  final de su vida.

Tú y yo sabemos que la gente de nuestra generación aprendió sobre la guerra civil mucho más que través  del testimonio transmitido inter-generacionalmente por nuestros mayores, que de los libros de historia. Sin embargo, los jóvenes de hoy solo conocen el acontecimiento del 36 como un hecho puramente cronológico, para ellos solo es una fecha…

 Me parece una pena. A mis sobrinos les hablan de la guerra civil en el colegio, saben quién era Franco y poco más. Se traslada un hecho histórico en la que no hay sentimiento.

¿Cómo ves el papel de la literatura en tanto que instrumento de transmisión de la memoria histórica?

 Lo que veo es que están triunfando las pequeñas historias, las de gentes que no fueron protagonistas de la guerra, gentes anónima. Las víctimas. La literatura tiene la facultad de dibujar emociones. Yo lo que intento es dibujar esas emociones de gentes desconocidas, que son los verdaderos protagonistas de las guerras y que no aparecen en los libros. Por eso creo en el papel de la literatura como vía para  transmitir la historia. La que transmiten los manuales es historia política. El relato perfecto y único no existe, existen una suma de relatos.  Me interesa lo que le ha ocurrido a gente intrascendente, que es como de verdad podemos entender una guerra. De hecho, uno de mis proyectos es  convertir “La lengua de los secretos” en una historia gráfica destinada a las aulas, a los más jóvenes. Hay que adaptar la literatura al lenguaje de los niños y sobre todo de unos niños que recepcionan muchas cosas en su mente y que no pueden concentrarse con una novela larga y complicada. Mi tía les explicó en una ocasión a unos niños algunos capítulos de mi novela y lo entendieron perfectamente. Incluso algunos de ellos me vinieron a preguntar cosas de la novela, en base a lo que les había explicado mi tía.

“Mi padre todavía recordaba la guerra a sus noventa años y creo que eso fue el origen de muchos de sus miedos al final de su vida” 

 

Entiendo entonces que concibes la literatura como un material didáctico alternativo al abstraccionismo de las ciencias sociales…

 Sí, yo creo que en los libros de historia faltan personas. La guerra civil es lo último del temario y lo último en preferencias del sistema educativo. Nos explican no sé qué sobre los Reyes Católicos  y la manipulación de sus figuras, pero no explican lo esencial. Creo que hay que devolver protagonismo a los que fueron las verdades protagonistas de aquella guerra, o sea, las víctimas. De esas personas que sufrieron la guerra, sí que tenemos algo que aprender, de lo otro no. Bueno, sí, a través de los libros de historia se aprenden cosas, pero el verdadero humanismo se adquiere a través de lo que dicen y piensan las personas, las de esas “pequeñas historias” que te comentaba.

Puesto que hablas de que la historiografía transmite en realidad una historia política que no coincide precisamente con esas pequeñas historias que tú reivindicas, ¿qué te parecen las tesis “revisionistas” que han ido surgiendo durante los últimos años, que relantivizan la maldad del franquismo y en cambio cargan toda las culpas sobre la Segunda República?

 Pues me quedo con ojos como platos, por lo atrevido que es el desconocimiento y bueno, además, yo creo que es un desconocimiento voluntario porque no hay mayor  ciego que el no que no quiere ver. Hace poco, no recuerdo quién y ni quiero recordarlo, alguien estaba hablando del golpe de Estado en referencia a los hechos de octubre del 34 en Asturias. Yo creo que, frente a esas manipulaciones, lo que  hay que hacer es proponer historias bonitas y contadas con el corazón, para recordar bien las cosas. Las personas tendemos a querer a contar las cosas con tendenciosidad, queriendo que los demás piensen como nosotros. Manipulamos los hechos para convertirlos en otros hechos y así poderlos tergiversarlos. Frente a eso, lo que no tiene vuelta de hoja son los testimonios de los niños de la guerra, de los que todavía están vivos. Es de ellos que debemos aprender y de esos mismos testimonios que debemos adquirir  humanismo.

“Creo que hay que devolver su lugar a los verdaderos protagonistas de la guerra civil, que son los seres anónimos, las víctimas…”

¿La literatura puede ayudarnos a recuperar el sentido ético de la existencia?

 Sí, claro. La buena literatura, trate del tema que trate, nos habla de la humanidad, de la bondad, del amor, de los sentimientos y valores universales. A mi me ha formado y me sigue formando. Ahora lo hace desde el otro lado, desde mi faceta como escritor. La escritura me ha ayudado a escarbar dentro de mí,  a compartir mis sentimientos con otros.

¿Cómo escritor, te planteas buscar otra de esas “pequeñas historias” y escribir otra novela sobre la guerra civil?

 En torno a la guerra civil no lo sé, no lo tengo claro. Metí tres años en escribir “ La lengua de los secretos”, lo mismo que duró la guerra y lo experimenté también como una guerra, porque sentí cada bomba que le caía a mi padre. Fue muy muy duro. No descartó volver sobre ello y de hecho, para mí sería lo fácil, de todas las historias que me han llegado sobre aquella época, podría sacar veinte novelas. El caso es que no me veo capaz ahora mismo de volverme a sentar frente a esa guerra. Es muy duro asomarte al pasado.

“Yo tenía necesidad de contar la historia de mi padre y en realidad conté la de más personas, las de la gente de su generación” 

 

¿ Te esperabas a la buena acogida que ha tenido tu  primera novela, publicada por un sello con cierto caché y que ha tenido magnificas críticas en muchos medios importantes? Te lo digo porque siempre se está comentado que la guerra civil es un tema saturado, de cada vez menos ganche comercial…

 Sabes lo que pasa, es que yo escribí por necesidad, aunque no te ocultaré que deseaba que ocurriera eso que comentas, la buena acogida entre el público. Pero más allá de eso, yo ya tenía mi recompensa. Había recuperado la memoria de mi padre y la había publicado. Aunque no lo que no esperaba era la ola de cariño y de empatía que recibí por parte de los lectores. Sabía que mi historia tenía potencial, pero necesita hacerlo bien, porque hasta la fecha yo nunca había escrito literatura. Escribí la novela en dos años y después, tuve que volver a empezar. Volví a reescribirla durante otro año más. Mi padre estaba muy enfermo y se me podía ir en cualquier momento. Era como una carrera contra su muerte. Pasé tres años sin vacaciones, dedicándome a escribir, porque pensaba que la historia de mi padre merecía ser conocida. Para mi ha sido un orgullo y que conste que no suelo hablar de mi, que soy muy crítico conmigo mismo y una persona modesta, pero me ha alegrado que esa historia llegase a mucha gente. Yo tenía necesidad de contar la historia de mi padre y en realidad conté la de más personas, las de su generación.

La gente ha sido muy participativa, ¿no? Sobre todo en las escuelas en las que has sido invitado para hablar de tu libro…

 Una de las experiencias que hemos tenido ha consistido a pedirles a los niños que preguntasen en sus casas por la guerra civil. Todos ellos descubrieron que en sus casas también hubo un protagonista y una historia desconocida sobre esa época. Les pedimos que hiciesen una redacción sobre la experiencia en sus familias. Hemos descubierto decenas de historias increíbles y bonitas. Los niños no escriben, ni cuentan las cosas tendenciosamente. Hablan de sus bisabuelos y de lo que han descubierto de ellos. Es un patrimonio precioso  Ahora tenemos un acuerdo con el Archivo Histórico de Euskadi para crear una base de datos en la que figuren esas historias. Son historias de niños de los dos bandos. También tenemos a niños que no tienen esas historias, pero que han ido a una residencia de ancianos para que los mayores les contasen cosas sobre la guerra civil. Es una cosa muy bonita.

Desde luego que sí, Martín, a mi solo me queda felicitarte por tu novela y sobre todo, por tu contribución a la memoria histórica a través de esas “pequeñas historias”, como la de tu padre, Martín Abrisketa.  

Abrisketa (1)

El niño Martín, en su ancianidad, junto a su hijo, Martín Abrisketa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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SUSANA RODRÍGUEZ LEZAUN : ” MIS NOVELAS SON UN ALTAVOZ CONTRA LAS INJUSTICIAS MÁS FLAGRANTES DE LA SOCIEDAD ACTUAL”

Lezuan

 

Susana Rodríguez Lezaun ( Pamplona,1967), es uno de los principales valores en el género negro y  una de las musas del grupo  Random House, gracias sobre todo al éxito de sus tres novelas protagonizadas por el personaje del Inspector David Vázquez : “Sin retorno”(2015), “Deudas del frío”(2017) y ahora, “Te veré está noche” (2018); una historia trepidante de violencia y venganza familiar  con la que Susana reconoce haber plasmado lo más profundo de si misma. Ademas de escritora y  periodista de formación y profesión,  a Susana Rodríguez Lezaun le toca en el próximo 2019 tomar el relevo a Carlos Bassas del Rey como comisaria de Pamplona Negra. Dada la proximidad del evento, era ocasión de hablar con ella e indagar en su perfil.

Autora comprometida con los derechos de las mujeres, no parece sin embargo muy devota de los debates teóricos a los que se ha prestado el feminismo académico, ni  de los gestos simbólicos, ni de las comedias de la corrección política, sino que prefiere alzar la voz a favor de políticas y medidas objetivas en la igualdad de género. En lo literario también es una mujer de convicciones firmes. Aunque crítica con la tendencia a que se convierta la literatura en un mero producto comercial para el consumo, no suscribe por igual los diagnósticos apocalípticos sobre el definitivo triunfo de la mediocridad en la oferta editorial. A pesar de que defiende el rigor  en la escritura y aprecia la  “Literatura de expresión”, se le intuye hostil hacia el  elitista aristocratismo intelectual    de la critica y teoría literaria, creyendo más bien  en el criterio y los diversos  gustos de los lectores.

Si algo tengo que resaltar de Susana Rodríguez Lezaun,  es que evita  las exageraciones y  en cambio apuesta  por los matices. Es suma, Susana se caracteriza por su  espíritu ponderado y cordura en el momento de valorar cualquier cuestión. Así queda reflejado a lo largo de nuestra charla.

Dime una cosa Susana, para disipar rumores o confirmar certezas, con “Te veré esta noche” ¿de verdad pones fin al periplo literario del inspector David Vázquez?

Como dicen en mi tierra, ni sí, ni no, sino todo lo contrario. El corazón me pide una nueva historia, incluso me la dicta, pero la cabeza me dice que lo deje tranquilo. No soy muy amiga de las sagas eternas, salvo que te salgan tan bien como a Alicia Giménez Bartlett, Manuel Vázquez Montalbán, Jo Nesbo o Michael Connelly. Lo único cierto es que en ninguno de mis dos próximos proyectos literarios está David Vázquez.

¿ La trilogía es la dosificación justa para no tornase en rehén del personaje creado?

Es posible. Con tres libros puedes narrar una historia en detalle, recreándote en el pasado, el presente y el futuro, y no te arriesgas a “aburrir” al lector. En cualquier caso, creo que es una cuestión de modas. Las trilogías son tendencia.

Algunos comentaristas dicen que detrás de David Vázquez está la sombra de Pepe Carvalho y que de Susana Rodríguez, la del propio Vázquez Montalbán…

Detrás de David Vázquez hay un homenaje nada disimulado a Manuel Vázquez Montalbán, para mí el mejor escritor de novela negra que ha dado este país, pero desde luego, yo no le llego ni a la suela de los zapatos. Tengo mucho que aprender, un camino larguísimo que recorrer, antes de atreverme siquiera a compararme con él.

” En “Te veré esta noche” dejo ver algunos de mis miedos más personales y pesadillas más reiterativas respecto a la pérdida de mis hijos” 

Montalbán plasmó a través de Carvalho su decepción ante la realidad política y social de los 80. A título de confidencia, ¿Susana Rodríguez también está expresando por voz de David Vázquez algunas de las suyas sobre esta época en que vivimos?

Sin duda, y también sin disimulo. He utilizado a mis personajes y las tramas de mis novelas a modo de altavoz para denunciar algunas de las injusticias más flagrantes de la sociedad actual, como el terrorismo machista o la corrupción política y financiera. Además, sobre todo el “Te veré esta noche”, dejo ver algunos de mis miedos más personales. Mi pesadilla más reiterativa cuando mis hijos eran pequeños era que los perdía y no podía encontrarlos. Ese es el germen de la tercera novela. Y puestos a confesar, te diré también que escribí “Sin retorno” con el rostro de Ana Orantes en la mente y que “Deudas del frío” nació de la estupefacción ante el zarpazo que la crisis nos dio a todos, los saltos al vacío de personas que iban a ser desahuciadas y la necesidad de abrir nuevos comedores sociales porque los existentes no daban abasto.

” Detrás de David Vázquez hay un homenaje nada disimulado a Manuel Vázquez Montalbán, para mi el mejor escritor de novela negra que ha dado este país” 

Debe ser complicado crear un personaje sin caer en los estereotipos del “Noir” o practicar la clonación. Te lo digo porque, con esta sobreoferta de detectives y policías y la evidente saturación del género, poco más se puede extraer ya de la cantera…

Hay una cosa en la que mi detective, el inspector Vázquez, es diferente a la mayoría: carece de traumas previos, no ha tenido una infancia terrible, ni nadie ha asesinado a sus padres o a su esposa e hijos. Es un personaje “limpio”, y será la vida, lo que le ocurre ante los ojos del lector, lo que vaya forjando su personalidad. Me la jugué en el primer libro, el lector podía hacerse aburrido con un personaje tan poco “traumatizado”, pero tuve suerte y me han seguido hasta el final.

Aunque hay algunas puntuales escenas estrambóticas y macabras, constato que juegas mucho más con la angustia, el suspense, la duda, la incertidumbre, o sea, con lo emocional, lo cual debe ser más complejo que hacerlo con la siempre facilona y “deja vu” estética de lo sangriento…

Transmitir miedo, angustia, incluso horror, es mucho más complicado que describir una escena sangrienta. Tardé casi un mes en escribir las veinte páginas más angustiosas de mi última novela, y sólo cuando mi agente me reconoció que se había agobiado al leerlas las di por buenas. La angustia duele más que muchas heridas. La incertidumbre, la ignorancia, el no saber qué pasará después del siguiente paso o si abres esa puerta es un juego al que me divierte jugar, pero reconozco que es complicado hacerlo bien.

Dice nuestro buen amigo Juan Ramón Biedma, que los giros narrativos bruscos y el empeño de los autores en darles tumbos a los lectores empiezan a estar un poco “demodé”. Compruebo que en tu novela, aunque hay giros importantes, también eres muy “ligth”, no zarandeas al lector, ni le das sustazos…

Cierto, la historia no da bandazos. Lo que ocurre es que la tensión se mantiene desde el principio. En “Te veré esta noche”, por ejemplo, la historia se articula como una cuenta atrás de diez a cero, cada capítulo es un día completo, veinticuatro horas. Quiero que el lector viva la tensión, y si lo consigo, no es necesario zarandearlo, porque no quiero que cierre el libro, sino que siga conmigo todo el camino.

“La incertidumbre, la ignorancia, el no saber qué pasará después del siguiente paso o si abres esa puerta es un juego al que me divierte jugar.”

Volviendo a los personajes, hay uno de ellos que a mí me ha resultado muy magnético: Irene Ochoa. Sin querer ser indiscreto, Susana, pero ¿a ti también te ha ocurrido eso de verte sembrada por la duda respecto a personas en las que depositabas una confianza ciega?

¿A quién no le ha salido rana una persona, un amigo o amiga en el que confiaba ciegamente? A mí me han defraudado en un par de ocasiones, y aunque siempre dices que es la última vez, tengo la costumbre de seguir confiando en mis semejantes, así que el día menos pensado me la volverán a dar.

Sin hacer spoiler, Irene tiene que cambiar su identidad obligada por las circunstancias, pero perseguida y torturada por la sombra del pasado. Dime una cosa, ¿qué es lo que más nos marca de los tiempos pretéritos, los acontecimientos vividos o los seres que formaron parte de él?

Ambas cosas, cada una de una forma. Además, en los acontecimientos vividos siempre hay seres que te acompañan. A mí me gusta la gente, conocer personas, charlar, interactuar y comunicarme, así que mi vida está más llena de seres que de acontecimientos. Cada persona que ha pasado por mi vida me ha aportado algo, no siempre positivo, que conste, pero de todo se aprende. En cuanto a los acontecimientos, no soy partidaria de vivir de recuerdos, creo que hay que llevar un equipaje ligero y mirar siempre hacia adelante. El pasado, si no sirve para aprender, no vale para nada.

Uno de tus personajes vive dominado por una inquietud intelectual hasta el punto de caer en la locura. Para aquellos que apreciamos la erudición y el mundo del saber, ¿dónde está la frontera entre la pasión y la obsesión?

Una pasión es algo que te llena, que te hace feliz. Yo adoro los libros, leer, conocer y descubrir autores de todas las épocas y estilos. Es algo que me satisface. Una pasión. La obsesión te enloquece, te roba la cordura y deja de ser grato. No es bueno obsesionarse con nada, ni con la cultura, ni con la salud, ni con la educación…

“No soy partidaria de vivir de recuerdos, creo que hay que llevar un equipaje ligero y mirar siempre hacia adelante. El pasado, si no sirve para aprender, no vale para nada.”

 

Veo que en “ Te veré esta noche” también juegas con las máscaras, sobre todo las masculinas. Hay personajes aparentemente áridos, viriles, muy metidos en sus roles tradicionales de hombres, pero que en realidad resultan más sensibles y vulnerables de lo que aparentan, como es el caso de David Vázquez. En cambio, hay otros personajes varones “sin brío”, apocados, planos, pero que sin embargo parecen sacar lo peor de ellos…

Huyo de los estereotipos, siempre lo he hecho, y creo que eso se refleja en mi forma de escribir y describir. Los hombres no son “hombres” ni las mujeres son “mujeres”, todos son personas que se comportan en función de sus relaciones, sus sentimientos y las circunstancias, independientemente de que sean hombres o mujeres y de lo que se espere de ellos.

¿Lo más peligroso que hay es precisamente un hombre con la virilidad herida?

Espero que no, porque entonces vamos apañados. La virilidad, tal como se entendía hasta ahora, tiene los días contados (por suerte). Lo peligroso son las personas heridas, menospreciadas, humilladas repetidamente y que, de pronto, encuentran en el fuego de la venganza la fuerza necesaria para seguir adelante. El problema es que ese fuego quema todo lo que les rodea, incluidos a sus seres queridos.

“La violencia de género se aborda casi con resignación, pero nadie exige medidas concretas para intentar erradicar lo que ya es una forma de terrorismo.”

 

Dime una cosa, Susana, tú que estás vinculada al mundo de la prensa, ¿cómo valorarías el tratamiento que hacen los medios de comunicación de algunos temas que aborda precisamente tu novela, como la violencia de género y la violencia contra los menores?

Entre mal y muy mal. La violencia de género se aborda casi con resignación, pero nadie exige medidas concretas para intentar erradicar lo que ya es una forma de terrorismo. Se cancela el presupuesto para combatirlo y los medios apenas dicen nada. El peinado de Cristiano Ronaldo ocupa más espacio que las mujeres asesinadas. Eso, por no hablar de los titulares que suelen utilizarse en estos casos, tan políticamente correctos, como si no quisieran ofender a nadie. Como ves, es un tema que me enciende…

No sé cuál es tu compromiso respecto a estos temas, pero por retomar una cuestión recurrente de la teoría y crítica literaria vinculada precisamente al “feminismo de la diferencia”, sí me gustaría preguntarte si piensas que hay una escritura “femenina” y por extensión, una manera de entender el género negro criminal que se distingue de la de los varones.

El absoluto, para nada. No es que los hombres y las mujeres escriban igual o diferente, es que cada persona tiene su propio estilo, independientemente de su género. Hay hombres que eligen personajes femeninos como protagonistas y viceversa; mujeres que describen con crudeza escenas de sexo y violencia, y hombres que se recrean en los sentimientos. Si eliges una serie de textos de novela negra, eliminas el título y el nombre del autor y le pides a un lector que diga si lo ha escrito un hombre o una mujer, estoy convencida que no lo sabrá a ciencia cierta, y que si atina, seguro que lo hace al tuntún.

” El lenguaje inclusivo” puede no ayudar a visibilizar la presencia femenina en la sociedad y provocar cierto rechazo y mucha sorna.” 

Déjame ser un poco provocador, Susana : “El inspector y la inspectora acudieron a la escena del crimen”. ¿Vulneración de la economía del lenguaje, despropósito lingüístico, visibilidad de género, con qué te quedas?

Todo el que me conoce sabe que soy una defensora a ultranza de los derechos de las mujeres. Sin embargo, creo que utilizar un duplicado de los sustantivos, en masculino y femenino, puede tener el efecto contrario en el lector, y en lugar de ayudar a visibilizar la presencia femenina en la sociedad puede provocar cierto rechazo y mucha sorna. Yo no uso el lenguaje de género en mis novelas. Creo que la visibilidad tiene que darse de otra forma, con mujeres en los puestos de poder, en las empresas, en profesiones hasta ahora “masculinas”, y, por supuesto, con hombres en los patios de los colegios, como cuidadores de ancianos o niños, limpiando edificios o bares… No creo que la igualdad sea una cuestión lingüística, al menos no en este momento.

Hasta ahora hemos hablado de tu faceta como autora, pero también tienes otra por la que eres conocida en el mundillo “Noir” y es la de editing. Pero aclárame una cosa, ¿cuál es exactamente el perfil profesional de esta figura y en qué consiste su contribución al producto final que encontramos en las librerías ?

Lo que las editoriales buscan sobre todo son personas con formación en Humanidades, una buena cultura general y lectores empedernidos. Con esa base, mi trabajo consiste en intentar mejorar el texto en lo posible, respetando siempre al máximo la intención del autor. Busco reiteraciones, contradicciones, desconexiones en la historia… Y por supuesto, faltas de ortografía, discordancias verbales y cualquier otro atentado contra la lengua. Creo que la labor del corrector y editor es muy importante, pero nunca debe notarse. Limar errores no es corregir el estilo del autor.

Dicen que la impaciencia es el demonio al que debemos impedir que nos susurre al oído. ¿Ese dominio lo encuentras a menudo en los manuscritos que te entregan?

Claro que tengo que corregir textos que no son de mi agrado como lectora, libros que quizá nunca estarían en mi biblioteca, pero tienen su público y los respeto, así que, aunque pueda resultarme poco interesante, siempre pongo el cien por cien de mi atención en cada palabra.

“Vivimos en una sociedad de consumo en la que la gente busca productos que no le cueste digerir, y me me temo que la literatura se está plegando a esos gustos”

Supongo que los autores que os dedicáis a estos menesteres sois sujetos con “información privilegiada” sobre lo que planea editorial y comercialmente en “L’air du temps”, a diferencia de otros, que vamos dando palos de ciego

Yo leo libros que tardarán unos seis meses en publicarse. Me siento muy orgullosa cuando entro en una librería y digo “ese lo he corregido yo, y ese, y aquel”. Pero tengo un contrato de confidencialidad que cumplo a rajatabla. Y hasta aquí puedo leer.

Me comentaba una amiga, autora vinculada precisamente a Random House, que era muy posible que a los “grandes” de la literatura española, estilo Galdós o Azorín, hoy nadie les publicaría, sobre todo a la vista de una masa de lectores adictos al lenguaje simple y las tramas facilonas…

Quizá tanto como no publicarles, no, pero que tendrían un público más reducido que otros autores con mucha peor prosa, eso seguro. Vivimos en una sociedad de consumo en la que prima la rapidez. La gente busca productos que no le cueste digerir, y me temo que la literatura se está plegando a esos gustos. Sin embargo, siempre quedamos algunas rara avis que disfrutamos con libros de narrativa pausada.

Todos comentan que ya no hay editores de raza y agentes literarios con verdadera vocación, sino meros hombres de negocios y “managers” de vedettes mediáticas…

No estoy de acuerdo en absoluto. Yo tengo una agente literaria, Sandra Bruna, que mima a todos y cada uno de sus representados, que se preocupa por buscar la mejor editorial para el manuscrito que le envían y que pelea por el mejor contrato. Y en cuanto al editor, jamás pensé que pudiera aprender tanto como lo hice con la primera editora que tuve en Random. Fue como hacer un curso acelerado de creación literaria. Creo que el salto es evidente entre mis dos primeras novelas, e incluso en la tercera. Es una editora fantástica, igual que mi segundo editor, preocupado por los detalles y por lograr el mejor resultado posible.

“Si vuelve la novela histórica, bienvenida sea. Si está bien escrita, a mí me encanta.”

Algunas dicen que lo importante es que la gente lea, aunque sean bodrios. Pero ¿no sería bueno que además de fomentar el hábito de lectura, también educásemos en el gusto estético y literario?

¿En el gusto estético y literario de quién? ¿En el tuyo? ¿En el mío? A mí no me gusta el género de terror, por ejemplo, o el romántico, pero no me parece mal que la gente lo lea. Piensa en Stephen King y en Danielle Steele. Son superventas, tienen millones de lectores. ¿Dan Brown es un bodrio? ¿E.L. James es un bodrio? ¿En opinión de quién? Que a mí no me guste no lo convierte en un mal libro. Cada lector debe encontrar su libro, su género, su autor… y disfrutar, perderse en la historia, en la trama o en las palabras. Lo demás es pura demagogia y ganas de fastidiar. Y un poco de envidia…

“Carlos Bassas del Rey dejó el listón muy alto, ha dirigido cuatro ediciones fantásticas que han colocado Pamplona Negra a la altura de los mejores festivales nacionales” 

¿Los grandes premios comerciales determinan las tendencias? Te hago el comentario porque se rumorea que el Premio Planeta a Santiago Posteguillo presagia un retorno comercial de la novela histórica en detrimento del género negro.

No tengo datos para decirte que sí ni que no, pero no me extrañaría. Si lo piensas, en los recientes premios Planeta que tú has citado han predominado los autores de novela negra, como Lorenzo Silva o Alicia Giménez. Si vuelve la novela histórica, bienvenida sea. Si está bien escrita, a mí me encanta.

Ya para ir acabando, se avecina “Pamplona Negra” y a ti, cogerle la antorcha a Carlos Bassas del Rey. ¿ Nerviosa?

Mucho. Mentiría si dijera lo contrario. Carlos dejó el listón muy alto, ha dirigido cuatro ediciones fantásticas que han colocado Pamplona Negra a la altura de los mejores festivales nacionales. Lo único que puedo decir de momento en mi favor es que, al menos, tengo las mismas ganas y la misma ilusión que él, y que me estoy dejando la piel para dar al público el festival que se merece.

Me comentaba Carlos que él siempre se había esforzado en que el festival no fuese una cosa personalista y no quedase vinculada a su nombre. Seguro que eres del mismo espíritu, pero alguna huella particular supongo que querrás acuñar con este nuevo comisariado.

No es que yo quiera hacerlo, pero creo que es inevitable. Supongo que, aunque siga su estela, los festivales que ha dirigido Carlos serán de alguna manera diferentes a los que yo dirija. Desde luego, dije desde el principio que yo llego aquí con fecha de caducidad y que mi única intención es hacer un buen festival, el mejor que sea posible. La huella serán los comentarios del público al finalizar cada edición.

Aunque imagino que no me dirás nada sobre lo que se cocina en Pamplona para 2019, supongo que algún aroma querrás hacernos llegar, así como para abrir el apetito…

Tienes razón, ¡no voy a decirte nada! Falta muy poco para desvelar el programa, así que la espera va a ser muy breve… Y sí, hay alguna que otra sorpresa.

Ahora, ¿te vas a ver desgarrada entre la escritura y el festival o vas a conseguir ser la amante de ambos, sin provocar los celos de ninguno de los dos?

Espero ser capaz de convertirme en una mujer multifunción. No concibo la vida sin escribir, y el festival es una continua inyección de adrenalina, y ya sabes que dicen que la adrenalina es adictiva… Escribo menos que antes, pero lo que me roba el tiempo me satisface tanto que no me quejo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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