LA CASA DE NIÑOS : COMENTARIOS SOBRE “IRINA”, DE EMPAR FERNÁNDEZ

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Acostumbramos a hablar de “Memoria Histórica” en referencia a los episodios de la guerra y posguerra española. El concepto es correcto en si mismo, pero debemos sustraerlo de su abstracción, de una idea genérica de lo “colectivo”, entendiéndolo más bien como una realidad compartimentada en diversas “memorias”, autónomas, pero interactivas en su significación. “Memorias” de la guerra civil lo son por ejemplo, el papel de las mujeres en este episodio histórico, tema recurrente por el que ha ido creciendo el interés  narrativo. Micro-memorias de la contienda española también se han visto constituidas por otros universos, entre ellos, el de la infancia y la adolescencia. Es precisamente  de estas  últimas que ha pretendido hacerse eco literario  Empar Fernández,( Barcelona, 1962) con  “Irina” ( Versátil, 2018), una obra que se suma a otras novelas suyas vertientes sobre el acontecer histórico más próximo y de la que “Hotel Lutecia” ( Suma de letras, 2017), ha sido una de las recientes entregas.

La cuestión de los “Niños de Rusia” ocupa un lugar importante en el imaginario político  de la guerra civil , pero suele ser abordada  desde  los interminables debates historiográficos  y las  crispadas controversias ideológicas en torno al papel de la URSS en nuestro conflicto civil. Sin embargo, es bien conocido que el episodio,  el acontecimiento colectivo y cronologizado,  el que aparece en los manuales de historia, acostumbra a sepultar la experiencia  individual concreta y más subjetiva de sus protagonistas anónimos. Es esa misma experiencia que pretende recuperar Empar Fernández a través de “Irina“, un personaje de ficción que pese a todo se revela de un terrible realismo.

Ya en el siglo XXI, Irina es una mujer en el otoño de su vida y que espera la muerte en la realidad social de la Rusia poscomunista. Viuda y en la soledad, mantiene amistad con una vecina, Oxana. Tras el fallecimiento de la anciana, la joven rusa, una madre soltera que  tiene que sacar adelante a su hijo con un sueldo como peluquera, va a cumplir el cometido que le ha pedido Irina antes de su adiós. Oxana viaja a Barcelona, donde se encontrará con Santiago, un agente inmobiliario desmotivado, arisco, divorciado y con síntomas de depresión. Ha de entregarle  un diario manuscrito de veinte paginas escritas por Asunción Cadavieco, que es el verdadero nombre de IrinaIrina, Asunción Cadavieco, ha sido  una niña del exilio, un ser  invisible que en la edad adulta va a convertirse, mediante su escritura,  en la testigo privilegiada de una experiencia colectiva, la de los “Niños de Rusia”.

A través de la retina de Santiago, el lector descubre el periplo de una niña de nueve años,  hija de mineros asturianos, poco agraciada, miope, asolada por la miseria y el hambre y que, llegado el año 1937 y el asedio de los “Nacionales” sobre Gijón, se ve abocada a ser separada de sus padres y enviada a tierras de Stalin. Empar Fernández nos cuenta a través de la voz de Asunción la trayectoria de unos niños de infancia truncada, enfrentados a todos los males históricos de su tiempo, desde la guerra civil española hasta la Segunda Guerra Mundial,  con un especial hincapié  en el contexto de la invasión nazi de Rusia y la larga Batalla de Leningrado. En la “casa de  niños” que los acoge, Irina va a compartir experiencia con otros  de su edad. El dolor ante la separación y la esperanza del retorno a España junto a sus seres queridos, son los ejes sobre los que se alza su cotidianidad repleta de sinsabores.

La novela de Empar Fernández no se limita a rescatar la “Memoria Histórica” de un acontecimiento vinculado a la guerra civil española, también nos habla de la nostalgia y  la pena, de la incertidumbre ante lo que pueda venir y de la perdida de identidad cuando somos arrancados de aquellos que han formando parte de  nuestra historia de vida. A través de Irina, de Asunción, Empar Fernández nos recuerda  la necesidad que tienen los seres humanos de reconstruirse a si mismos, de devolverles sentido  a su  existencia cuando ya nada del pasado tiene posibilidad de ser recuperado. La novela nos interpela sobre  la pérdida de nuestras raíces y del imperioso anhelo  que tenemos de rescatar las mismas cuando llama a la puerta el final de nuestra vida. Asunción ha  renunciado a reencontrarse con sus padres y hermanos y en la edad adulta, se convierte definitivamente en Irina,  en una ciudadana soviética, como si Asunción solo fuese un miraje, como si ese pasado en Asturias jamás hubiese existido. Es para ella la única manera de resistir a los golpes que las fuerzas conjugadas del recuerdo y la nostalgia asestan al alma. Pese a todo, al final de su periplo en este mundo, Irina no quiere irse sin   recordar a Santiago que Asunción existió de verdad.

         Empar Fernández  cuenta a través de una trama y subtrama el vivir de dos mujeres. El de Irina, que ha perdido una batalla en medio del efecto maligno de las circunstancias históricas y la de Oxana, que en cambio pretende no salir derrotada en su propia lucha. Mediante los dos personajes, la autora vuelve a un tema que ha sido central en sus otras obras : la relevancia de las relaciones de filiación y el enorme dolor que puede producirse cuando los hijos son separados de sus padres. Como no, la novela   recrea también los valores  de la amistad y la lealtad entre dos mujeres  generacionalmente separadas por un abismo. Pero  la verdadera esencia de la obra de Empar Fernández es el alegato contra el olvido, recordando que por cruel que sea la situación del presente, grande se revele la lejanía, imponente se imponga la renuncia, nunca desaparece del todo la memoria de nuestro pasado y sobre todo, el recuerdo de los seres amados que formaron parte de él. De esta manera, esa “casa de  niños” que describe Fernández  a  través de la escritura de Irina, no hace otra cosa que remitirnos a  la experiencia existencial de unos adolescentes que no entienden de la maldad humana y solo saben de sus propios sentimientos.

Novela escrita en un ritmo narrativo agradable y cuidado, donde el tono de la palabra se adapta a la correspondiente ambientación, Empar Fernández vuelve a confirmar su potencialidad como escritora más allá de un género negro en el que algunos pretenden encasillarla. No estaría mal que la autora siguiese por el camino tomado, que es el que le lleva al palco literario de los grandes nombres como Manuel Rivas, Ignacio Martínez  de Pisón, Almudena Grandes o Javier Cercas, sobre los que recae el mérito de haber renovado y actualizado la tradición narrativa en torno a la guerra civil española.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

experiencia colectiva  experiencia colectiva,     

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JAVIER HERNÁNDEZ VELÁZQUEZ : “LA “POST-VERDAD” CONSISTE EN QUE NUESTROS SENTIMIENTOS SUSTITUYAN A LA REALIDAD”

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De Javier Hernández Velázquez ( Santa Cruz de Tenerife,1968)  me pensaba que era asesor financiero, pero vine a enterarme de que en realidad es abogado y funcionario de una corporación municipal, aunque a decir verdad cualquiera podría pensar que es un detective privado de celuloide  afincado en Chicago, a sueldo de  señoras multimillonarias, intrigantes y manipuladoras. Apunto esto porque Javier Hernández Velázquez lleva el cine, el Spaghetti Western, el “Noir” en el ADN, los vive, los siente.

Tête pensante” del Festival “Tenerife Noir”, recibió una “Mención Especial” del Jurado del Premio Internacional de Novela Negra L’H Confidencial , por su novela, “Un camino a través del infierno” y con la que alumbró al personaje del detective Mat Fernández y  también es IV Premio Willis Collins, por su obra, “Los ojos del puente”,( M.A.R, 2014).  Aunque  autor de cabecera en el sello de Miguel Ángel Rus,  ha tenido su pasado por la casa de los hermanos Kerrigan, con la obra “Mientras mueres” ( Alrevés, 2017).

               A lo largo de esta entrevista hablamos de su última novela protagonizada por Mat Fernández , “Nunca bombardees Pearl Harbor” ( M.A.R,2018) una trama que se desarrolla en medio del “Procès” catalán. Hernández Velázquez es un autor que no ha ocultado su postura sumamente crítica respecto a la situación en Cataluña, pero reconoce que tampoco ha escrito una novela política, negándose  a que quede sujeta a  instrumentalización por parte de los “Constitucionalistas” o de los abanderados del anticatalanismo más militante, por un cierto,  entre los que un servidor tiene el honor de encontrarse.  Eso sí, en algo estuvimos de acuerdo : el efecto maligno de las obsesiones identitarias, las mentiras que las rodean y los delirios colectivos a las que pueden llevar.

 

Con “Nunca bombardees Pearl Harbor”, nos das cita con tu tercera novela protagonizada por el detective Mat Fernández. Si me permites el comentario, cuando te leo y sigo los pasos de Mat, me es imposible no imaginar las escenas en blanco y negro, en la más exquisita estética del “Noir” norteamericano de los 40.

 Hemos pasado de las verdes praderas del western americano a la escenografía resultante del crack del 29 hasta llegar a una realidad con tonalidades Sin City, pero seguimos con idéntica esencia y una misma conclusión: el noir no es más que una actualización del western. Los ambientes en los que se mueve Mat son muy grises dependiendo de la hora del día, la acción se aclara o se vuelve turbia. No intento calcar viejas fórmulas porque los que marcaron esos parámetros reflejaban una realidad muy diferente a la actual. Mat se enfrenta a una sociedad multicolor, sin embargo el alma del personaje si es blanca y negra y más cuando el caso a resolver lo saca de su zona de confort y traslada a un chicharrero a la Corte de la post-verdad.

He oído decir precisamente eso de tu novela, que trata sobre la “post-verdad”.  Si te soy franco, no hay nada que más me crispe que dicho término. Explícame como si fuese un escolar de tres años qué significa exactamente…

 La “Post-Verdad” es terminar convencidos de la veracidad de una situación en la que los sentimientos desplazan a una realidad. Como decía Soren Kierkegaard, podemos fingir “ ser”“ algo que “no somos” y aparentar que “ somos como”  los demás quieran que seamos, pero al final “somos”  lo que pensamos. No podemos afirmar que lo que pensamos sea siempre cierto, por eso es peligroso llegar a un punto en que las personas son capaces de matar y morir por sus creencias, aunque pudieran estar equivocadas.

¿ Quién es Mat y cuál es su verdadero ancestro literario?

 Mat regresa a sus orígenes que son el barrio santacrucero de la zona centro, llamado Duggi, un barrio que debe su nombre a un conocido esclavista propietario de esos terrenos a finales del siglo XIX. Su vivienda está en la calle Progreso nº 22, la calle se bautizó de esa manera porque Progreso se llamaba la empresa que urbanizó el barrio a principios del siglo XX. En este caso, barrio y calle, coinciden con la que fue vivienda desde su nacimiento del autor de la saga. Encuentra lugares comunes e influencias en Lew Archer, el personaje de Ross Macdonald. La diferencia más reseñable de la saga es la ambientación y la importancia que le doy a lo que considero el mayor patrimonio que tiene mi ciudad que es su memoria y al papel de las mujeres en la trama. Ellas son las que inclinan la balanza a un lado o a otro en las tramas.

” Podemos fingir ser algo que no somos y aparentar  que somos como los demás quieran que seamos, pero al final somos lo que pensamos” 

Las mujeres como vector determinante, vale, pero dime una cosa, Javi, no me vas a venir con el bla bla bla de que tus novelas son “feministas”, ahora que a todos los autores se le has dado por ponerse “políticamente correctos” No, por Dios…

 Ni mucho menos. Todo lo contrario. Lo que pretendo es poner sobre la mesa mujeres fuertes e independientes. Mujeres que son capaces de poner en aprietos a mi personaje y manipular los acontecimientos.

¿“Sara, Bel e Irene son tres mujeres claves, pero que simbolizan en realidad?

 Sara, Bel e Irene no dejan de ser la representación de los tres ciclos temporales: pasado, presente y futuro. Situaciones que coinciden en un instante en la investigación de un caso. Los roles pueden parecer maniqueos, la diferencia es cómo se articulan las personajes e inciden sobre la trama de una manera directa y decisiva. Cuando lean la novela se darán cuenta que son estas tres estaciones del tiempo, pasado (Sara), presente (Bel) y futuro (Irene), las que hacen inclinar la balanza de los acontecimientos hacia uno u otro lugar.

¿ También está otro personaje femenino, que aparece poco, Marie Godard, a la que por cierto le has dado  una “allure” muy hitchcockiana?

 Con el personaje de Marie Godard he intentando mezclar los tintes inquietantes, que recrea Alfred Hitchcock en el film Rebeca, al presentarnos a la señora Danvers, con un crepúsculo de la belleza y capacidad de seducción que siempre tuvo pero que la ha conducido a ser una persona sin posibilidades de alcanzar una situación de paz y felicidad en sus últimos años. A pesar de su fortaleza mental, comienza a ser consciente de que su margen de influencia, manipulación y control de los hechos que inciden o pueden incidir en su vida han dejado de estar fuera de su mano. Tanto el margen de decisión de los asuntos familiares, como incluso el manejo de la información que siempre mantuvo en compartimentos estancos. En ella se acomoda a la perfección el dicho de “Cría cuervos y te sacarán los ojos”. Su hijo, es el Diablo, aceptar la situación origina que múltiples fantasmas del pasado sobrevengan de improviso al comprobar que éste ha decidido dejarla al margen. Sin embargo, ella se resiste a dejarse superar por la realidad. Quizá el único instante en que se  muestra cómo es y cómo quiso ser, es en la última conversación en el bar Atlántico que mantiene con Mat Fernández. Ahí, en esa cita está la esencia del personaje.

Visto lo cinéfilo que eres, me atrevo a pensar que el apellido que le das a tu personaje es un homenaje a Jean-Luc, uno de los grandes del cine negro francés.

 En efecto, es un homenaje a Jean Luc Godard crítico cinematográfico en Cahiers du Cinéma, en cuya publicación coincidiría con la plana mayor de la nouvelle vague: Truffaut, Rohmer, Chabrol y Rivette. Época dorada del cine francés y de una película que me impactó cuando la vi por primera vez: Alphaville. Una mezcla explosiva de ciencia ficción distópica como “Un mundo feliz” de Aldous Huxlee, 1984 de George Orwell y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. De hecho, el nombre de Mat Fernández, es otro homenaje al personaje de Lawrence Block, Matt Scudder.

 Antes me hablabas de lugares y de memoria y veo que en tu novela hay diversas ambientaciones geográficas, Santa Cruz, Barcelona, pero también urbanas y sociales. No sé, veo que te gusta ilustrar los contrastes de la vida colectiva…

 Las problemáticas son muy similares en ámbitos sociales a lo largo de toda la geografía de España. Santa Cruz y Barcelona tienen un nexo en común, y es su crecimiento a través del puerto. Son ciudades nacidas para ser libres porque el mar Mediterráneo y el océano Atlántico las dotan de una idiosincrasia y de una apertura hacia el exterior. El puerto representa la entrada y salida , no solo de viajeros, sino de ideas y de diferentes formas de ver la existencia e interpretarla. El modo de vida en el interior es más críptico, más cerrado, menos factible a ser cambiado o reinterpretado. El problema al que se enfrenta este país y Europa, en la primera parte de este siglo, es la voladura de la clase media que es la que dota de estabilidad a una sociedad. Y es el problema en Cataluña y en Canarias, no hay ese colchón social que aguante el derrumbe del sistema.

               “Santa Cruz y Barcelona son ciudades nacidas para ser libres porque el mar Mediterráneo y el océano Atlántico las dotan de una idiosincrasia y  apertura hacia el exterior”.

 

OPAS, grandes intereses económicos, confluencia entre el mundo empresarial catalán y los partidos, corrupción, el “Procès”. Uff, leyéndote, veo que te metes de pleno en una crítica política de la vida colectiva en Cataluña. ¿ Cómo te entró esa vena? 

 Es el ambiente y en entorno que le recibe a su llegada. Una visión externa, sin implicaciones de lo que observa, que siempre es más objetiva, principalmente porque está menos manipulada por el entorno. Es un razonamiento inocente creer que somos capaces de dar lecciones al sistema. Los grandes lobbys son los que marcan el camino social, cultural y económico. La situación que se encuentra Mat Fernández al llegar a Cataluña es un estado de histeria. Una sociedad sometida a un electro-schock permanente y sujeta a un estado de crispación y movilización insostenible. Y en medio de ese barullo es difícil discernir la verdad para resolver el caso. Si tenemos que quedarnos con la esencia de lo más valioso que tiene una persona, eso es su tiempo y Mat no se puede permitir que jueguen con él y se lo hagan perder. El caso al que se enfrenta intenta reescribir su historia. Son trazos de su identidad que se retoca y que no resuelve el problema, sino lo complica al enfrentar la situación real y contraponerla con un estado anímico, emotivo y de condensación de sentimientos, deseos y aspiraciones que puede que nunca se logren, o que al menos él no los vea. Su caso y  situación son, a escala, similares al ambiente que le recibe. El caso le hace replantearse su vida pero sin perder el norte de quién es ,y de dónde está para impedir que entre en una realidad virtual. Históricamente la mentira se rodea de una amalgama de verdades identitarias que le dan credibilidad. Todos los personajes que rodean esta historia están acostumbrados a aceptar las mentiras porque resultan más útiles para la manipulación.

Veo que te pones firme en tu crítica a los identitarismos…

 El gran problema es que la política, es decir los grupos de presión que están detrás de las siglas, han absorbido después de la Segunda Guerra Mundial, las corrientes de opinión ciudadana y los signos de identidad de los pueblos para utilizarlos en su propio beneficio. Nunca bombardees Pearl Harbor no pretende ser un panfleto, esa no es su intención. La Cataluña del “Procès” es el decorado en el que se integra una gran parte de la novela y las luchas por el control político y económico de muchos de los personajes,  que solo tienen una intención, continuar controlando los hilos del poder con independencia de la apariencia y vestimenta con que se arropen. Pero son personajes con una clara decisión de no eternizar la solución de los problemas. Pretende adaptar la situación a sus intereses modulando y adaptando el discurso. Para un extranjero, en el más estricto concepto de Camus, a la vista de lo que ha sucedido, sucede y sucederá en Cataluña, la pregunta que se hace es : ¿era necesario orquestar este conflicto? ¿Había necesidad de polarizar y enconar a una sociedad claramente dividida? Porque incluso los partidos que postulan una Cataluña independiente, lo único que les une es controlar el poder de las decisiones. En su ideario, esos partidos, una vez conseguido su fin último tiene tres o cuatro Cataluñas diferentes en su imaginario. Unas Cataluñas diferentes y dispares que generarán un segundo conflicto. Y en la situación en que nos encontramos, si las fricciones las trasladamos a una situación de guerra, siempre habrá vencedores y derrotados. Los personajes de la novela articulan un futuro para Cataluña que se ajuste a sus intereses, pero dan una solución tendiendo puentes, que en ocasiones son simplemente articular alianzas con enemigos potenciales ya que pragmáticamente es la única manera de sobrevivir.

“Históricamente la mentira se rodea de una amalgama de verdades identitarias que le dan credibilidad.”

 

La trama también trata de “Rastreadores”, de espionaje informático, de jackers. ¿ No hay algo desconcertante al ver a un mundo en el que convive a la perfección la más alta modernidad, eso que llamamos Era de la Información, con el más rudimentario y reaccionario identitarismo?

 Las normas que rigen a una sociedad evolucionan de manera más lenta que la regulación legal de la convivencia. Es lo que motiva que en pleno siglo XXI sigamos teniendo instituciones medievales como la Monarquía. La identidad nacional, de cualquier sentido, no es sino un regreso a una época superada de control tribal. La ideología debería estar por encima del territorio y superar el concepto feudal de fronteras y hechos diferenciales. Ya científicos alemanes en la década de los años treinta del siglo pasado trabajaron buscando el origen de los habitantes de las islas Canarias y concluyeron que el ADN guanche y el coeficiente mental estaba muy por encima de la media europea. Estamos hablando de supremacistas arios que buscaban una justificación a lo que pretendían y estaban haciendo.

Me han interesado personajes como Víctor Capdevilla, un hombre “conservador” e inquieto por el giro secesionista o Gilbert Leblanc, que para mi retrata a la perfección a la burguesía “convergente”, ayer franquista y hoy independentista. No te pido que me digas quiénes los inspiraron, pero veo que desde luego, te has nutrido de información política y social sobre la situación en Cataluña… 

 Son derivas. Aquí en Canarias la burguesía del puerto y los empresarios del sector agrícola fueron los que se sumaron a dinamitar la II República, los que montaron las Brigadas del Amanecer y se sumaron a esa unión entre Falange y tradicionalistas Carlistas que orquestó Franco en Burgos. Luego, con la llegada de la democracia, integraron la UCD y cuando vieron que aquella fórmula tenía los días contados se sumaron a un nacionalismo que simplemente era aglutinar con unas siglas molonas a la derecha y a los lobbys empresariales. Ya sabes, cambiar para que todo siga igual.

“La ideología debería estar por encima del territorio y superar el concepto feudal de fronteras y hechos diferenciales”.

 

Volvamos a Mat. Cuando llega a Cataluña se encuentra con un fantasma de su pasado que le va a cambiar la vida. ¿ Dime una cosa, los tiempos pretéritos siempre van a nuestro encuentro, por mucho que intentemos ignorarlos?

 El pasado es un muerto que tiende, tarde o temprano, a resucitar. Pasará siempre, así que conviene estar preparados.

 Si hay algo que me gustó en tu novela, es cómo ilustras la falta de escrúpulos y la bajeza humana cuando el poder está en juego y cómo somos capaces de sacrificar al que sea con tal de conservarlo…

 Es la pérdida de valores en la sociedad occidental después de una década, la de los sesenta del siglo pasado, en la que debimos dar respuestas a todos los problemas que se nos vinieran encima y que, sin embargo, dilatamos. De aquellas lluvias, estos lodos.

Sin hacer spoiler para aquellos que todavía no han leído tu novela. Por ella circula mucha filmografía emblemática del Western Spaghetti, pero hay una película, “ Por un puñado de dólares”, que es determinante en la trama. ¿ Por qué esa, dónde está su magnetismo?

 Porque rompe los esquemas del cine del oeste. Porque se suma a la contracultura cinematográfica en la Europa de los 60, de mano especialmente de los directores franceses e italianos y porque crea un género como el spaghetti western que, en sus obras claves, está a la altura del cine de grandes como John Ford.

¿ Nunca debemos molestar al “Gigante dormido”, por retomar una supuesta frase de los japoneses durante el bombardeo de Pearl Harbor?

 Si hay que molestar al gigante se molesta. No obstante, hay primero que valorar si vale la pena hacerlo, qué ganamos con ello y cuáles van a ser los efectos colaterales. No podemos embarcarnos en una empresa sin tener calibradas las consecuencias.

 ¿ Nos espera otra nueva aventura de Mat Fernández o vas a cambiar de registro?

 La siguiente novela, ya terminada, será una histórica con la que cierro la trilogía multigénero de la redención y va sobre el desastre de Annual y la España de ese entre acto entre 1921-1936. Luego Mat retornará en un Mad Mat con la educación como eje central de la trama.

¡1921, 1936! Algo me dice que me va a gustar…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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ENRIQUE LASO : “LA SAGA DE ETHAN BUSH REFLEJA EL LADO BUENO Y MALO DE LA SOCIEDAD NORTEAMERICANA”

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Enrique Laso ( Badajoz, 1972)  es todo un fenómeno dentro del llamado “libro digital”, puesto que ha logrado convertirse en un superventas y alcanzar una inimaginable proyección internacional, gracias a su saga sobre el Agente del FBI, Ethan Bush, que va ya por su novena y última entrega.

Es sabido que la autoedición en el portal de Amazone goza de mala prensa, en especial por la ausencia de filtros de evaluación  y la proliferación de obras de nulo interés narrativo y escasa calidad literaria. Pero como dicta el refrán, “Nunca hay regla sin excepción” , siendo Enrique Laso   sin lugar a dudas una de ellas. Fichado en su momento por Planeta, acaba de serlo también por la editorial Umbriel,  Al contrario  de lo que pretenden algunas malas lenguas, Laso no es el frívolo constantemente posteandos  en las redes sociales, sino un autor con excelente bagaje que ha sabido hacerse reconocer.  Sin palco  en las herméticas  peñas del “Noir”  y siempre ausente en los dichosos festivales de novela negra ( salvo muy notorias excepciones, muchos y malos), Enrique Laso  es un autor que ha conseguido sin embargo conquistar el favor de los lectores.A lo largo de esta entrevista hablamos de su novela, ” Crímenes Azules” ( Umbriel,2018), la primera entrega de la saga “Ethan Bush“, hoy publicada en papel, un trepidante thriller ambientado en la América profunda.  Conversamos también sobre el personaje de Ethan Bush , así como sobre las luces y sombras de esa sociedad  norteamericana frente a la que solemos mostramos ambivalentes, desgarrados entre el rechazo y la fascinación frente a ella.

Me pregunto si tu éxito en Amazone no genera un cierto miraje en aquellos jóvenes autores que aspiran a ser descubiertos a través de esta red. Hago el comentario porque tu proyección es una “excepción”, no la regla…

En parte puede ser así. En muchas entrevistas me gusta recordar que comencé a escribir con 8 años en serio y que me di de alta en Amazon KDP a finales de 2008; es decir, esto ha sido una carrera de fondo. Por otro lado, también es verdad que es posible y que la constancia y la ilusión pueden lograr lo que parece imposible.

 

En principio,  Amazon era pensado como un escaparate de cara a las editoriales y agentes literarios, pero parece que la calidad es cada vez menor y se publica en ella todo y cualquier cosa. ¿ No debería haber un poco más de filtros antes de permitir a alguien autoeditarse allí?

 Bueno, yo opino que el filtro son los lectores. Las novelas que tienen éxito durante meses e incluso años son muy buenas. Creo que el más perjudicado de no cuidar lo que ofrece es el autor. Tarde o temprano lo pagará muy caro.

     “Creo que el más perjudicado de no cuidar lo que ofrece es el autor” 

 

¿ Tú te has ganado precisamente el favor de tus lectores, pero cómo se hace eso cuando no se tiene una formidable política promocional detrás y todo te recae encima? Porque veo que, antes de que  Umbriel apostase por ” Crímenes azules”, lo que hiciste fue “venderte” tú con tus propios medios. Supongo que eso no debe ser fácil, vista la mala fama que tiene la autoedición… 

 Bueno, hay que puntualizar aquí. Por un lado yo soy experto en marketing y me he dedicado a esa profesión dos décadas. Algo me ha servido. Por otro lado, siempre he tenido muy buena acogida en los medios de comunicación. Ya sea por los proyectos, por algunos logros, por el apoyo de las editoriales -mucho antes publiqué con Planeta “El Rumor de los Muertos”, otro gran éxito en digital- o por mi buena relación con algunos periodistas.Todo suma,  todo hay que aprovecharlo. La fama de la autoedición depende, como comenté anteriormente, del producto que ofrezcas. Ningún periodista o medio se ha quejado jamás de la calidad de mis novelas autoeditadas. Creo que si nos esmeramos, podemos hacerlo igual o mejor que cualquier editorial.

Me hablas de tu buena relación con los medios de comunicación, pero qué me dices de tu trato con los ambientes literarios, sobre todo con esa “burbuja” de la novela negrocriminal, donde los camarillismos, los jefes de “tribu” y el ninguneo a los “no amigos” abundan por todas partes….

 Jajaja… Bueno, no entraré en detalles. Sólo diré que salvo excepciones mi relación con ese ambiente es nula. Aquí has tocado un tema delicado.

Jejeje… Dime por lo menos qué balance haces del “Noir” español…

 Pues que hay autores muy buenos, a los que admiro, y otros muy malos. Pero no voy a dar nombres, jajaja…

Hombre, algún referente tendrás, aunque solo sea entre los clásicos de la novela negrocriminal…

 Tengo muchos, y son muy evidentes en mi saga Ethan Bush. Pero son norteamericanos : Ellroy, Harris, Connelly…

Volvamos a tu personaje, compruebo que Ethan Bush es un joven investigador  muy formado en análisis de perfiles criminológicos, pero en cambio, algo inseguro…

 Ethan es una persona con altas capacidades intelectuales pero con varios problemas : rasgos de Asperger, rasgos de sociopatía, problemas emocionales -sobre todo la no aceptación de la muerte de su padre- y no asumir las normas. Es bastante imperfecto.

¿ Es difícil crear un personaje que no sea plano y sin caer sin embargo en los tópicos del “poli” borracho, violento, solitario, traumatizado y de virilidad herida, un tipo de personaje, por cierto, muy difundido en la novela negrocriminal? 

 Es complicado. El mío al menos no es un borracho, jajaja; todo lo contrario, practica bastante deporte. Pero sí arrastra traumas. Intenté ser original y veraz, y lo mejor que se me ocurrió fue crear un personaje que pertenece la UAC, que escribe sus memorias desde la madurez y que era bastante necio de joven. El asesoramiento de agentes del FBI pusieron la guinda al pastel.

¿ Se puede decir que es un anti-héroe?

 En parte sí. Sin la colaboración de sus colegas y otros agentes -es algo que el propio Ethan maduro señala desde la primera entrega- no llegaría a ningún lado. Pero por otro tiene altas capacidades intelectuales y una formación muy exclusiva, lo que le permite llegar a deducciones sobresalientes.

“Los crímenes azules” es la primera entrega de una larga saga con Ethan como protagonista y que acabas de publicar en Umbriel. ¿ Pero para aquellos que no te han seguido en Lindkle y esperan las próximas entregas en papel, en qué va a consistir la evolución personal de tu agente del FBI?

 Bueno, justo ahora se cumplen tres años de la salida de  The Blue Crimes en digital -en castellano salió dos meses después-, por lo que el desfase digital/papel es notable. En verano de 2018 sale la novena entrega de la saga. Los lectores encontrarán a un Ethan que madura poco a poco, a fuerza de duros golpes y experiencias. También se consolidan personajes más queridos por los lectores que el propio Bush: Tom, Worth, Clarice, Mark o Liz. En cada entrega hay también personajes ocasionales que tienen mucho peso, como Young o Yenkins, mujeres con una fuerza y un sentido común sin los que Ethan estaría perdido.

 Sin hacer spoiler, Enrique, “Crímenes azules” es la historia de tres mujeres encontradas muertas en el lago de un condado de la América “profunda”, Jefferson.  ¿ Por qué eliges ese contexto, qué pasa, que lo “americano” es lo único que posee ganche, no tenemos una “España negra” que también podría ser fuente de inspiración de muy buenas novelas negrocriminales?

 Bueno, hay varias razones que explican la localización de la novela -además, desde luego, del aspecto comercial; no olvidemos que esta novela va camino de las seiscientas mil copias vendidas en 5 idiomas-.

La primera es que los casos de asesinos en serie son algo que apenas se dan fuera de los Estados Unidos -que concentra más de noventa y cinco por ciento de los casos de todo el planeta-. Me fascinan la cantidad de asesinos en serie que hay en la novela negra española, francesa, escandinava… cuando hace falta tirar de décadas para ir contando los escasos crímenes de ese tipo que se dan -aunque en la ficción uno puede plantear lo que le venga en gana-.

  ” El caso de asesinatos en serie apenas se dan fuera de los Estados  Unidos”                                                 

 

La segunda, y muy importante, es que mientras que aquí nadie estaba dispuesto a echarme una mano -ahora sí-, desde el principio un agente del FBI me ayudó y me asesoró. En la actualidad son cuatro. No sólo me apuntan los aspectos que debo corregir, también me facilitan expedientes e información acerca de los procedimientos, algo de un valor incalculable.

La tercera, son zonas que conozco bien y que he pisado muchas veces. Encontrar un entorno que sea peculiar y a la vez familiar es muy relevante para atraer al lector.

La cuarta, por mi formación yo no podía tener como protagonista a un detective, precisaba que fuese un psicólogo. Aunque aquí en España tenemos ya una división parecida, estamos muy, muy lejos, en todos los aspectos, de la Unidad de Análisis de Conducta del FBI.

Y sí, tenemos una ‘España negra’ que puede ser fuente de fantásticas novelas, y de hecho así sucede, pero a mí no me atraen ni los asesinos múltiples, ni las mafias, ni los crímenes por rencillas familiares o machistas; y esos son los habituales en nuestro país.

En Europa tenemos un sistema educativo y un entorno que impiden que se desarrollen -por suerte- las fantasías que acaban desencadenando el horror que desata un asesino en serie. Este aspecto me sirve para ser muy crítico -usando el punto de vista de Ethan– con la sociedad norteamericana, en muchos ámbitos. Y eso que yo en términos generales los admiro mucho.

Eso es algo que he apreciado en tu novela, la verosimilitud de todo el procedimentalismo de la investigación…

Bueno, baste señalar que en “ Los crímenes azules”  una prueba de ADN tarda varios días en llegar. Y así hay multitud de ejemplos a lo largo de la saga. También tiene ‘truco’: aunque es ficción, cada entrega de la saga parte de tres o cuatro casos reales. Ya saqué uno de ellos:”Miradas infinitas”. Cosas que la gente pensaba que eran imposibles resultaba que yo… las había ‘copiado’ de la cruda realidad.

¿ No hay una parte “plomiza” en los detalles de la investigación? Yo quiero que me cuenten una historia, no que me hagan una disertación de antropología forense y eso es un vicio en el que caen algunos autores de novela policial…

 En mi saga los aspectos forenses juegan un papel importante, pero no les dedico páginas y páginas. En efecto, resulta muy aburrido. Sólo en “ Los cadáveres no sueñan” o en “Niños sin ojos”, por la particularidad del modus operandi, entro más en detalle. Pero siempre sin caer en el morbo.

 Me da la impresión  que reflejas a través de tus personajes esas ” Dos Américas” tan conocidas, la del Ethan, que es un policía “ilustrado”, liberal, laico, nacido  en la Costa Oeste; la del Sherif Steven, que simboliza los aspectos más reaccionarios de la tradición política y cultural norteamericana y la de Liz, que parece situarse a caballo entre esos dos universos. 

 Es que esa dos Américas existen. He tenido la suerte o la desgracia de pasar temporadas en las costas -progresistas, ricas, elitistas y cultas- y en interior -conservador y con problemas sociales y de desempleo que no se comprenden desde las formidables Boston o San Francisco-. En la saga Kansas aparece cinco veces, pero también Nebraska, Arizona o Montana. Me da la oportunidad de abordar temas complejos y de describir paisajes muy diferentes. Yo soy un poco Ethan, pero en algún lugar de mis entrañas habita Liz.

Hablando precisamente de contexto y ambientaciones. Todos dicen que “Crímenes Azules” tiene mucho de la estética de esa serie entrañable que emitían hacen veinte años, “Twin Peaks”, que marcó  todo un hito en la historia de la televisión y batió records de audiencia. ¿Hoy, vista desde la distancia, dónde estaba el magnetismo de aquella serie? 

 Bueno, lo  primero a señalar es que no oculto las influencias de novelas y series a lo largo de la saga. El sub-título de la tercera entrega es una muestra: ¿Quién mató a Sharon Nichols? Vista con los ojos de hoy es complicado comprenderlo, porque ha resistido mal el paso del tiempo. Pero Lynch cambió por completo la manera de afrontar una serie de televisión. Creó un lenguaje nuevo que sigue sintiéndose en las series más recientes. Pero el ritmo pausado de Twin Peaks hoy no lo soporta ya nadie. Para mí es junto a Mash la mejor serie de la historia.

Por cierto, dicen que las novelas actuales, de género o no,  se basan mucho en las pautas de lo audiovisual y sobre todo, en las reglas del guión  cinematográfico o televisivo. ” Crímenes Azules” tiene precisamente mucho dialogo, con un protagonista, Ethan, que narra en primera persona, pero en cambio, con pocas descripciones…

Yo tengo novelas muy descriptivas, que por cierto pese a estar traducidas a muchos idiomas apenas venden, como “ El Taxidermista”  o  “El abismo de Camille”; pero el lector de hoy día tiene ya muchas referencias visuales, apenas necesita datos para activar su imaginación. De tal suerte, en efecto, cuando quiero llegar a decenas de miles de lectores escribo de un modo que se asemeja al estilo de un guión. Funciona.

Tus victimas son femeninas y algunas autoras, críticas literarias o simplemente, lectoras de a pie, puede que te formulen el mismo reproche que a muchos otros escritores de género negrocriminal. O sea, la tendencia que tenemos los varones a brindar una imagen de la mujer, bien como “Femme fatale” y perversa, bien como simple sujeto “victimizado”…

El setenta por ciento son lectoras y no sólo no se quejan: me felicitan. El papel que juegan las mujeres es crucial. Está plagada de guiños feministas -como es Ethan y como soy yo-. Y hay víctimas femeninas y masculinas a lo largo de las ocho entregas. No encaja para nada con esos clichés, está en el extremo opuesto. Es algo que me tomo muy en serio.

        “Mis novelas están plagadas de guiños feministas” 

 

No entiendo ese empeño que tenéis algunos autores en presentaros como “feministas”. A riesgo de resultar políticamente incorrecto,  yo no lo  soy, incluso tengo que decir que las feministas me agobian, pero reconozco que hay que enmendar ciertos sistemas simbólicos e imaginarios colectivos que el mundo ficcional contribuye a perpetuar…  

 Bueno, yo me empeñó en ser feminista porque eso significa: igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Nada más. Es complicado no ser feminista. Suele confundirse con el hembrismo, lo que no defiende. Hay gente que dice no ser feminista y cuando le preguntas si cree que hombres y mujeres debemos tener los mismos derechos te responden que sí; ergo… son feministas.

Yo, lo que veo en tu protagonista, es efectivamente un hombre empático respecto a las mujeres. La pregunta que me hago gira en torno a la verosimilitud. Machismo, homofobia, racismo son vicios muy arraigados en los Cuerpos policiales, incluso en los de élite, como es el caso del FBI. Me cuesta creerme la figura del policía culto y “humanista” y menos en Estados Unidos…

 Volvemos a aspectos que se abordan en la saga: en “Niños sin ojos”, “Los cadáveres no sueñan o “La nieve más oscura”, aparecen esos comportamientos que señalas. Respecto a Ethan Bush no olvidemos que él no es un detective, ni siquiera quería trabajar en el FBI. Es un psicólogo, graduado por Stanford -la mejor universidad del planeta-, N°1 de su promoción y que se ha criado en un ambiente elitista en San Francisco. Trabaja en una división del FBI muy particular -Análisis de la Conducta- en la que abundan matemáticos, psicólogos, psiquiatras, informáticos… Cuesta encontrar algo parecido en cualquier otro país -de hecho lo que hacen es imitarla a pequeña escala-. Ethan ni siquiera lleva un arma. No es muy culto, ni lee demasiado, pero cuenta con altas capacidades intelectuales. Es más que verosímil. Como Mark, otro genio que era hacker y ahora está empleado por el FBI. Para ciertos puestos buscan gente muy brillante. No es la oficina del sheriff de un pueblo perdido en mitad de la nada.

 Si me permites la comparación, a veces me recuerda a Wallander, que es un hombre inteligente,pero muy inseguro, perseguido por dudas y dolores personales, como Ethan… 

 Sí, se trae un aire. Aunque Ethan es menos culto y desde luego… un mentiroso compulsivo -algo que yo detesto, pero que consideré que dotaría de más fuerza al personaje; cuenta con muchas virtudes y había que equilibrar la balanza con varios defectos-.Como hablamos al principio no deseaba ni que fuese un detective -además, me complicaba las cosas, y ya bastante reto es escribir novela negra en primera persona del pasado-, ni un borracho ni alguien violento. Los rasgos de Asperger y de sociopatía ya terminan de hacerlo por momentos inaguantable.

 Una importante saga de novelas con distintas tramas, contextos y ambientaciones. ¿ A qué lugar recóndito de los Estados Unidos nos llevará Ethan en la próxima entrega?

 Pues por quinta vez regresa a Kansas. Esta vez en las inmediaciones de la pequeña ciudad de Manhattan. Un caso difícil para Ethan, que ya se adelantaba en la octava entrega: el asesinato de varios agentes de la ley, entre ellos el detective Jim Worth. El título ya indica mucho:  “Este otoño acaba nunca”. Sale en verano de 2018.

 ¿ Qué longevidad literaria le espera a Ethan?

Dependerá de mi hija, que hereda los derechos universales de la propiedad intelectual de mi obra. La novena será la última que yo escriba.

Uff, Enrique… ¿ No me digas que Ethan Bush caerá bajo el “Síndrome Larsson”? Los personajes solo tienen un padre, su creador, creo que no se les pueden dar vida más allá de él…   

Yo tampoco deseo que mi personaje siga más allá de lo que yo he llegado. Pero es algo que le he dado la libertad de escoger a mi hija. El día que yo no esté no sé si va a necesitar de algún modo esa ayuda ella, o sus hijos… Dependerá de ellos. Mi hija puede elegir, pero conoce mi opinión.

“Por un lado el éxito de esta saga ha supuesto una gran satisfacción, pero por otro ha ensombrecido el resto de mi obra”

 ¿ Justamente y ya acabando, sobre qué otra cosa te gustaría escribir o piensas mantenerte como autor de novela de género? 

Ahora la gente me conoce -he sido Nº1 mundial en versión digital en 4 idiomas y con varias entregas de la saga- por ser escritor de novela negra, cuando yo la primera que escribí fue “Los crímenes azules”, en 2014; sin embargo llevo escribiendo desde los 8 años.

Por un lado el éxito de esta saga ha supuesto una gran satisfacción, pero por otro ha ensombrecido el resto de mi obra. Tengo novelas de terror, relatos de toda índole, novelas psicológicas como  “ El Taxidermista” o con base histórica como “El abismo de Camille”; y no hablemos de la infinidad de poemarios. Pese a que todos esos libros están traducidos a muchos idiomas, apenas se venden. Sólo “ El Rumor de los muertos” -mi primer gran éxito, cuyos derechos, salvo los cinematográficos, posee Planeta en la actualidad- puede compararse en ventas a los libros de la saga Ethan Bush, y pese a ello está por detrás.

No, no pienso mantenerme como autor de género. Este mismo año lanzaré un poemario, “Epitafio” y una novela psicológica inclasificable y muy dura: “ Cataclismo”.

Pues mucha suerte en esa nueva etapa…

Millones de gracias…

 

 

 

 

 

 

 

 

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CARLOS AUGUSTO CASAS : ” NO PODER SER EL QUE FUISTE ES LA ÚLTIMA GRAN PUTADA QUE TE HACE LA VIDA”

 

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Oí comentar a un editor vinculado al mundillo del “Noir”, que la obra de un autor novel apenas si que conseguía durar en las librerías más de un mes, sobre todo tratándose de un sello independiente. Todo parece que Carlos Augusto Casas ha conseguido convertirse en la excepción que confirma la regla con su novela, “Ya no quedan junglas adonde regresar” (M.A.R Editors,2017) , que va por su quinta edición. Un éxito merecido por lo que tiene de novela innovadora, en especial respecto a los sistemas simbólicos y representacionales, originales y rompedores en relación a los tópicos del “Noir”.  En efecto, el personaje de “Teo”, un anciano en el otoño de su vida y protagonista de la novela,  se basa en una mezcla de drama y entrañabilidad que le ha dado un terrible magnetismo a la obra de Carlos Augusto Casas.   Premio Ciudad de Santa Cruz de Tenerife (2018), conversamos sobre ello.    

 

Empezaste  tu trayectoria como periodista en Diario16, un rotativo entrañable, que a pesar de los zigzag ideológicos en su línea editorial , fue un referente de la prensa  escrita de la Transición. ¿ Dime una cosa, Carlos, qué recuerdos conversas de tu paso por ese periódico?

Allí me enseñaron el oficio de periodista. A echarle imaginación para competir con los grandes periódicos con pocos medios. A sentir el periódico como algo mío. A disfrutar de esa parte canalla del periodismo que ya se ha perdido. Esa redacción en la que todo el mundo fumaba, donde a las 11 de la mañana alguien decía que era su cumpleaños y las botellas brotaban de los cajones. A Andy Chango saltando desnudo de mesa en mesa a la hora del cierre sin que nadie tuviera tiempo para prestarle atención. Fue el trabajo más divertido que he tenido nunca. Lo echo de menos, aunque igual lo que echo de menos es tener 25 años. La memoria es casi tan mentirosa como un periodista.

¿Y qué me dices de Televisión?

Es el medio más divertido para trabajar, siempre que seas consciente de que hace tiempo que ya no tiene nada que ver con el periodismo y sí con el entretenimiento. Cuando a estas alturas sigo escuchando a gente que dice “es cierto, lo he visto en la tele” no sé si reír o llorar. Tal vez lo mejor sea hacer las dos cosas.

También te dedicaste al periodismo de investigación. Parece que ahora el morbo y la búsqueda de audiencia han relevado la vocación de compromiso y denuncia que tenía en el pasado este género periodístico…

Totalmente cierto. Pero no pensemos que la responsabilidad es solamente de los medios. Hacer buen periodismo de investigación es caro. Y muchas veces (la inmensa mayoría) la audiencia prefiere ver programas tontos que no les hagan pensar, ligeros, inofensivos. Como si dijeran: “vale, ya sé que el mundo es una mierda, no me lo repitas más. Yo lo que quiero es entretenerme, evadirme”. Es la audiencia la que marca las tendencias de los programas y no al revés.

En tu ficha de autor he podido leer que te dedicaste en un momento de tu vida a los infra-job, los “Petits Boulots” y toda suerte de actividades laborales para “supervivientes”. A diferencia de otros autores, que suelen ocultar las “sombras” de su pasado, veo que tú no te cortas un pelo y hablas con cierta ironía y guasa de esa etapa tuya, por cierto, que también fue la de toda una generación asolada por las sucesivas crisis económicas, la precariedad y la falta de oportunidades…

No veo por qué tendría que ocultarlo. Al revés. Tengo claro que todas esas vivencias me han hecho lo que soy y me sirven para conocer distintas realidades que luego puedo introducir en mis novelas. Lo mismo ocurre con el periodismo. Hay pocos trabajos en los que un día estés en una rueda de prensa con el presidente del gobierno y al siguiente comprando droga en Cañada Real con una cámara oculta. Desde el punto de vista de autor de novela negra estas experiencias son impagables.

¿Dime una cosa, Carlos, cuándo decides dar el paso del periodismo a la ficción?

Siempre me he inventado historias. La realidad, la mayor parte del tiempo, es aburrida. Las inventaba para mí, daban vueltas y vueltas en mi cabeza. Así que un día decidí probar para ver como reaccionaba la gente al leer lo que escribía. Pero no siento que mis historias tengan relación con el periodismo. No nacen, como he leído que les ocurre a otros periodistas, de sucesos que no han podido contar en los medios, que se les quedan dentro y necesitan contarlo. No es mi caso.

A veces, a los autores que habéis forjado tablas en el ámbito del periodismo, se os reprocha de confundir la “crónica” con la narración literaria, que no son exactamente la misma cosa…

Mi estilo literario es diametralmente distinto a la crónica periodística. Mi novela se basa en los diálogos y en la creación de personajes. Que sea el lector, leyendo como hablan y como actúan los que saque sus conclusiones. Al periodismo le debo el hábito de escribir todos los días y el conocimiento de cómo funcionan y cómo son determinados ambientes. Pero no creo que mi novela tenga nada que ver con la crónica. Ya he escrito demasiadas como para también hacerlo en la novela.

Siempre dividimos las tramas entre héroes y villanos y al leer tu novela, me pregunto si las fronteras entre unos y otros no son en realidad borrosas y confusas, porque para mi el personaje de “Teo” es un villano que en realidad se revela un héroe…

No me interesan esa división entre buenos y malos, entre blancos y negros. Mis personajes tienen parte de ambos lados. Prefiero que muestren distintas tonalidades del gris. Los hace más creíbles, más verosímiles, más reales. Además, eso me permite jugar con la empatía del lector. Hacer que se identifique con un  asesino o que aborrezca a un policía.

¿ Por qué eliges como protagonista a un anciano, un hombre en la degradación física, en el otoño de su vida, repleto de nostalgia y dudas sobre su existencia? Porque eso sí que es romper moldes respecto a la tradicional representación de la masculinidad  y la hombría en la novela negra.

Esa ruptura de la que hablas ha sido totalmente premeditada. Creo que hay demasiadas novelas protagonizadas por detectives, policías o periodistas. Quería huir del cliché, demostrar que hay historias negras que no tienen a este tipo de personajes como protagonistas. Elegía a un anciano porque es la representación perfecta de quien lo ha perdido todo. En este caso no sólo lo ha perdido sino que la vida se lo ha ido arrebatando. Mujer, amigos, juventud… y a cambio solo le deja soledad. Ese es uno de los grandes temas de mi novela, la soledad. Como hemos creado una sociedad en la que los ancianos no cuentan.

Permite la indiscreción, ¿ Aunque eres un hombre joven, has llegado en algún momento a plasmar a través de “Teo” algunos de tus propios miedos personales ante esa vejez que, por incierta, todos tememos?

Escribiendo “Ya no quedan junglas adonde regresar” me he dado cuenta de que es un tema que me obsesiona y me aterroriza. El deterioro físico, dejar de ser quien siempre has sido, ya no poder hacer las cosas que hacer normalmente. Me parece la última gran putada que te hace la vida.

“Teo” es un hombre “tocado” emocionalmente, cuya relación con Olga, la prostituta con la que se reúne todos los jueves, es especial. No quiere follar, sino hablar. No sé si querías romper con el mito del “viejo verde”….

No, fue la realidad la que me dio la idea. Yo trabajaba en la Gran Vía de Madrid, muy cerca de la calle Montera. Salía todas las mañanas del metro y me encontraba con las prostitutas ya trabajando, a esas de las 8:30 o 9:00. No me llamaba la atención porque como periodista de investigación había realizado muchos reportajes sobre la prostitución. Pero sí me resultó curiosos que a aquellas horas la mayoría de sus clientes eran hombres de la tercera edad. Un día hablé con una de ellas y me confesó que la mayoría no pagaba por mantener relaciones sexuales sino para hablar. Pagaban para que alguien les escuchara, por tener la atención de una mujer durante media hora, un hora.

¿ Hay una razón especial por la que eliges la muerte de una prostituta como el eje central de la trama y no a una mujer, digamos, en la “normalidad social”?

Para tratar el tema de la justicia. Creo que a nadie se le escapa a estas alturas que la justicia te trata de diferente forma según el volumen de tu cartera. Y con los delitos pasa algo similar. No es lo mismo que asesinen a una chica de buena familia, con contactos que a una prostituta. No pongo en duda la profesionalidad de los agentes, pero no se destinan los mismos medios y se le da la misma prioridad. Era algo que quería mostrar en la obra.

La soledad, los sueños incumplidos, la frustración, el odio, la sed de venganza también son temas que envuelven la historia. Veo que has profundizado en muchas cuestiones existenciales relacionadas con la condición humana…

Son elementos fundamentales en la novela negra que me interesa. Me gusta hurgar en el interior del ser humano. En esa parte oscura que tenemos todos.

Siempre vemos al anciano como un ser débil, vulnerable, inseguro, miedoso y sin embargo, “Teo” se revela todo lo contrario, rompe con los imaginarios en torno a la vejez y va a acometer muchas cosas que nadie esperaría de un hombre como él. ¿ Mi pregunta es si en realidad la “voluntad”  es la verdadera esencia de la valentía?

La voluntad y la inconsciencia. La prudencia es una forma de cobardía, pero los cobardes viven más años que los valientes. Y no estoy muy de acuerdo con esa visión de los ancianos. No hay más que salir a la calle y ver como se están manifestando para defender sus pensiones y las nuestras. Nos están dando una lección de valentía y compromiso.

Uno de tus personajes, “Turón”, un capo malvado, cruel y físicamente grotesco, comenta en una escena algo así como que, “ el verdadero poder está en el miedo que inspiramos”. Al hilo del asunto, decía el gran Jean-Patríck Manchette que el crimen organizado y el propio “Noir” como género, eran herencias directas de la experiencia de los totalitarismos. No sé qué opinas…

Yo no lo veo así. Al menos desde el punto de vista de mis personajes. Turón es un capo que siempre se ha dedicado a actividades ilegales al que, de repente, el sistema ha asimilado. Porque como digo en otra frase del libro ya no hay negocios legales o ilegales, solo rentables o no rentables. Ya no importa de donde proceda la pasta, solo importa la pasta. El comportamiento de Turón con sus subordinados puede ser totalitario pero no creo que se diferencie mucho al del director de un banco o al del consejero delegado de un canal de televisión. Las empresas aceptan e incluso consideran una virtud este tipo de comportamientos.

Uno de tus personajes, “Turón”, un capo malvado, cruel y físicamente grotesco, comenta en una escena algo así como que, “ el verdadero poder está en el miedo que inspiramos”. Al hilo del asunto, decía el gran Jean-Patríck Manchette, que el crimen organizado y el propio “Noir” como género, eran herencias directas de la experiencia de los totalitarismos. No sé qué opinas…

Yo no lo veo así. Al menos desde el punto de vista de mis personajes. Turón es un capo que siempre se ha dedicado a actividades ilegales al que, de repente, el sistema ha asimilado. Porque como digo en otra frase del libro ya no hay negocios legales o ilegales, solo rentables o no rentables. Ya no importa de donde proceda la pasta, solo importa la pasta. El comportamiento de Turón con sus subordinados puede ser totalitario pero no creo que se diferencie mucho al del director de un banco o al del consejero delegado de un canal de televisión. Las empresas aceptan e incluso consideran una virtud este tipo de comportamientos.

También hay otro personaje interesante, Bustos, un criminal a sueldo que lleva una doble vida y al que le gustaría tener una existencia normal.¿ Eso no confirma que las personas tenemos posibilidad de elegir, que la maldad no es forzosamente algo inherente a la condición humana?

Evidentemente podemos elegir, pero creo que la maldad está en nosotros. “El hombre que se hacía llamar Pedro Bustos”, porque nunca sabemos su nombre real en toda la novela, desea tener una vida normal porque acaba de vivir un hecho traumático en Italia. Siempre deseamos lo que no tenemos, lo que no somos. Pero creo que si formara una familia no aguantaría ni un año ese tipo de vida. Él no es malo, es un profesional. En cuanto a si la maldad es algo inherente a la condición humana, creo que cada día tenemos más muestras de que eso es cierto. A mayor o menor escala, pero todos tenemos el mal dentro.

El mundo policial está presente, pero ocupa un lugar secundario en la trama.Aquí también nadas a contracorriente y nos das un respiro respecto a la multitud de héroes policiales que están surgiendo en estos últimos tiempos…

Como te comentaba antes, es algo pensado. La historia de la investigación policial es una subtrama dentro de la novela. Me parecía mucho más atractiva la historia de Teo. No me interesan las novelas de quién a matado a quién.

El alcoholismo es un tópico del “Noir”, pero esta vez, en tu novela, la alcohólica es una Inspectora, no sé si a lo mejor querías “invertir” las representaciones y universos simbólicos establecidos en la novela negra, en la que el alcohólico siempre es el varón, solitario y de virilidad herida…

No, me apetecía que el policía fuese una mujer pero no para contraponerla con el detective clásico. El alcohol en mi novela está presente por dos motivos. El primero para ser políticamente incorrecto. Mis policías beben a todas horas y estando de servicio. Es más, si pueden no pagan. Y el segundo motivo es que, a diferencia del mundo anglosajón donde los detectives clásicos beben cuando tiene un problema, mis policías beben porque les gusta beber, sin más. Son alcohólicos porque disfrutan del placer de emborracharse. Sin más psicoanálisis.

La inspectora Iborra es un personaje que podría resultar agrio, antipático, pero que en el fondo oculta la decepción sentimental , la soledad… ¿ Por qué ese empeño por crearnos caparazones, será porque, efectivamente, lo que nos caracteriza a los seres humanos es el miedo ante los demás?

Iborra es una mujer profundamente enamorada a la que la vida, como a Teo, le ha robado lo que más quería. Ella se crea caparazones porque es policía y vive en un mundo de hombres que no le gusta e intenta cambiar, a su manera. No sabes cuánta gente se ha identificado con ella. De hecho, en la recomendación de mi novela que se publicó en El País solicitaban que fuera la protagonista de una saga. Algo que no descarto.

En tu obra hay muchos asesinatos, violencia y crueldad, pero otro tanto de sentimiento y dolor, así como de bondad. ¿Es una obra que nos habla de esas dos mitades que somos los seres humanos, esa lucha entre el “bien” y el “mal” que desgarra nuestra alma?

Sí, así somos. Horribles y maravillosos al mismo tiempo. Por eso somos tan complejos y por eso las novelas negras son tan interesantes.

No me gustan las etiquetas y supongo que a ti tampoco, pero puesto a definirnos, dirías que tu novela es hardboiled o no?

Yo creo que sí, quizás me diferencie del hardboiled puro porque yo sí que le doy importancia a la trama, algo que los clásicos del género no hacían. Desde luego son el tipo de novela que me gusta leer. Cada vez me interesan menos las novelas que plantean un crimen que hay que resolver. En  mi novela sabes quien es el asesino desde el principio.

Hay otro autor, Carlos Bassas del Rey, que a través de su obra, “Justo”, también nos habla de la vejez a través de un personaje que tiene mucho en común con “Teo”. No sé si ambos habéis querido alegar contra la muerte social de los viejos…

Sí, yo creo que es en lo único en lo que coinciden ambos personajes. Justo y Teo han pasado de los 70 pero aún tienen muchas cosas por hacer. La sociedad les da de lado principalmente porque en general tiene poco nivel adquisitivo. Y actualmente, o eres consumidor o no eres nada. Pero estamos viendo, como señalaba antes, que socialmente tienen mucho que decir.

¿ La dignidad es lo último que debemos perder, cómo pretende “Teo”?

 Sin ella nos transformamos en otro, en lo que quieren otros que seamos.

Supongo que la buena acogida de tu novela y ahora, el Premio en Tenerife Noir, te ha dado un soplo de nueva energía para más obras. ¿ En qué proyectos estás ahora?

Ya estoy metido de lleno en mi segunda novela. No te adelanto nada porque se estropea.

¿El “Noir” es solo una etapa o el camino definitivo que has decidido tomar?

Tengo la sensación de que el Noir va a ser mi vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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LA HERIDA ABIERTA POR LA QUE ENTRA LA LUZ DEL DOLOR : SOBRE “JUSTO” DE CARLOS BASSAS DEL REY

 

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Estamos acostumbrados a los tradicionales sistemas simbólicos y representacionales con los que se configuran las ambientaciones y construyen los protagonistas de la novela negra. No me cansaré de repetir que ese molde, heredado de los autores del género negro “clásico” y  que muchos novelistas actuales suelen rellenar con toques más o menos personales, es precisamente lo que termina por volver repetitivo, clónico y cansino al propio género. Siempre he dicho que la cuestión esencial no es guiarse ortodoxa y acríticamente  por las reglas que establecieron los llamados “maestros” del “Noir”  , condicionados por un determinado contexto histórico, social y político, sino en saber renovar las formas de transmitir el espíritu del género negro : es decir, las cuestiones sociales y civilizatorias, así como las grandes problemáticas éticas y morales en torno a la condición humana .  Y no cabe duda que Carlos Bassas del Rey es uno de los autores que lo han entendido. Así lo demuestra su última obra, ” Justo” (Alrevés,2018), novela con la que no sorprende, ya no solo por la trama, sino por sus protagonistas y la ambientación y contexto en el que se mueven.

Justo es un anciano que vive en un conocido y emblemático barrio popular de Barcelona. Tiene setenta años, en el otoño de su vida y degradado físicamente, le invaden muchas dudas sobre su existencia, sobre lo que podía haber sido y no fue, sobre sus sueños y fracasos. Su propio ambiente y las gentes que lo habitan ya no son tampoco las que eran. Justo comprueba el paso implacable del tiempo. Solo quedan algunos vestigios de aquel pasado revoluto que él conoció. El bar del barrio, propiedad de su amigo Damién y Remedios, la antigua farmacéutica,  una mujer de su misma edad con la que mantiene relaciones sexuales periódicas y gracias a las que Justo consigue mantener viva una virilidad menguante. De repente, en aquel barrio, signo de toda una cultura popular y obrera, pero que ha perdido su identidad social y colectiva en medio de los grandes cambios de principios del siglo XXI, de la lumpemproloterización y de la proliferación de la delincuencia, se produce un hecho anodino : el asesinato del “Milongas” , un delincuente maltratador de mujeres  que ha tenido hasta la fecha a los habitantes atemorizados. El acontecimiento cambia la vida de un espacio urbano que se ha ido  muriendo a la par de toda la generación que vivió en él. El asesinato del Milongas da lugar a toda suerte de especulaciones, pero su muerte en extrañas circunstancias  no va a ser la única en acontecer. A lo largo del tiempo se van produciendo una serie de asesinatos que hunden sus orígenes en un tremendo y cruel acontecimiento del pasado  sobre el  que toca ajustar cuentas.  En el desarrollo de la historia, Carlos Bassas del Rey nos va a ir descubriendo a un hombre que no es el que aparenta, un viejo degradado y débil, sino a un ser de una profunda valentía,  un villano que en realidad es un verdadero héroe.

Hay que decir que Carlos Bassas del Rey ha creado un protagonista singular, atípico en relación a los habituales personajes de la novela negra.  En efecto, Bassas nos ha librado del macho “alfa” y joven, para regalarnos un personaje que simboliza la memoria de toda una generación  para la que la muerte se va asomando amenazante en el horizonte. Pero sobre todo, la figura de Justo es una oda a la dignidad de la vejez  y un alegato contra la muerte social del anciano. Justo mantiene estrechos vasos comunicantes con el personaje de “Teo”, el protagonista de la obra de Carlos Augusto Casas, “Ya no hay junglas adonde regresar” ( M.A.R,2017)  y es indiscutible que ambos autores han sabido ilustrar  con un toque de originalidad el periplo de los grandes olvidados de nuestra sociedad.

La crítica política y social no falta a la cita. Carlos Bassas del Rey no es un autor que se suela significar con vehemencia sobre las polémicas que dominan actualmente la vida colectiva, sobre todo las relacionadas con el “Procès” catalán  Aunque no se identifica en absoluto con el nacionalismo, tampoco puede decirse de él que sea un anticatalanista militante. Pero no es menos cierto que su obra formula una buena crítica contra la podredumbre que han generado en Cataluña los nacionalistas en general y los independentistas en particular.  A través del personaje de Justo, Bassas canaliza cierta nostalgia por esa Barcelona plural y entrañable, la de la convivencia, la de la inmigración, la de los barrios populares a las que llegaron las gentes de fuera; “Els altres catalans”. La misma que el independentismo ha liquidado en nombre de no se sabe qué delirio identitario. Me habría gustado algo más de valentía y agresividad en  Carlos Bassas del Rey respeto a este tema, pero todos sabemos que la moderación y la equidad son dos de sus virtudes. Lo que no impide reconocer  que Bassas, en ese estilo sereno y pausado que le caracteriza, ha sabido denunciar a través  de “Justo”, el abuso de poder y  la arbitrariedad en la que han caído la clase dirigente nacionalista y sus cómplices.

Al margen de la contextualización,  Carlos Bassas del Rey va a la esencia misma del género negro, o sea, la indagación en la condición humana y  los caminos inescrutables de la maldad. La violencia y la crueldad están presentes en el desarrollo de su obra,  pero el autor guarda el mérito de no abrumarnos con esa morbosa “estética de lo sangriento” que tanto abunda en el “Noir”  más barato e infumable.   El alma torturada y la necesidad de saldar las deudas del pasado son el auténtico tema central de la trama. Por decirlo con las palabras del poeta árabe, “Las heridas abiertas es el lugar por donde entra la luz de nuestro dolor” y Justo no tiene intención de irse de este mundo antes de haberlas cerrado.

Se trata de una nueva etapa en la trayectoria de Carlos Bassas del Rey como escritor. Novela narrada en primera persona y con el recurso a un cuidado y difícil de manejar  presente continuo, Bassas parece ir marcando lo que la  crítica literaria llama “estilo” y que un servidor preferiría denominar, identidad. Su opción narrativa  adolece quizás de un exceso de frases cortas y puntos y aparte, generosa con un público de comprensión lectora “simple”, pero fatigosa por momentos para  aquel otro  con arraigados hábitos de lectura y acostumbrados a los ritmos narrativos más rebuscados. En cualquier caso, no cabe duda de que, no solo nos enfrentamos a la faceta más intelectualizada de este autor, al género negro más “culto”, pero además, a lo que es sin duda su mejor novela hasta la fecha.

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SOBRE LENGUA, CULTURA E IDENTIDAD : CARTA ABIERTA A MONTSE SANJUAN

Montse_Sanjuan

 

Montse Sanjuan es una conocida y reconocida escritora catalana de género negro con la que tuve ocasión de establecer relación intelectual hace un tiempo, por cierto, muy fructífera y enriquecedora, pero  que se fue enfriando bajo el efecto de  la situación política y la polarización social en la que ha caído la sociedad catalana a raíz del “Procès”.  Mi abierta postura a favor del artículo 155, la destitución del gobierno de Carles  Puigdemont y las actuaciones judiciales contra los principales artífices del “Procès” , llevaron a la mayoría de los autores del género negro en catalán a una total ruptura conmigo. Particularmente, hace tiempo que he comprendido que cualquier dialogo con los independentistas es imposible, sobre todo cuando la ofuscación y la visceralidad triunfan sobre la racionalidad y la fuerza de los argumentos y contra-argumentos. Profesora de enseñanza secundaria y escritora de profundas convicciones catalanistas, Montse Sanjuan es sin embargo alguien hacia la que me mueve la ambivalencia. Me he creído en la obligación de guardarle respeto, sobre todo a raíz de una personalidad y un talante que dista mucho del sectarismo en el que ha caído la porción catalana-catalanista del mundillo “Noir”.

Estimada Montse Sanjuan, para que veas de que ” No todo el monte es orégano” y  que mi combate sin tregua contra el independentismo   no es equivalente a  ningún odio hacia Cataluña, ni a  su identidad, (contrariamente a las acusaciones  que me ha vertido hace poco Sebastià Bennasar),   hoy me siento muy próximo de ti, como profesora de enseñanza secundaria y por supuesto, también de muchos catalanes de bien. Esta carta  que te  dirijo públicamente viene condicionada por una noticia política que, muy a pesar del “nacionalismo español” que se me atribuye, me dejo del todo desconcertado.   Me refiero, claro está, a la  decisión del Ministerio de Cultura  de derogar la inmersión lingüística en las escuelas públicas catalanas y esto al amparo del propio artículo 155. Si  he apoyado  todas las iniciativas que detengan la locura de un proceso secesionista que está conduciendo a Cataluña a la catástrofe, no por igual considero que todo valga.

Vayamos por partes.  Parece que el gobierno central está dispuesto a aprovechar el actual vacío político e institucional en Cataluña para imponer una opción harto cuestionable, satisfaciendo de paso  los intereses y demandas de determinados sectores,  en mi opinión, ideológicamente bastante sospechosos.  Hablamos  de grupos de presión que,   ya desde  mucho antes del inicio del “Procès” y cuando  todavía imperaba un amplio consenso en Cataluña sobre la cuestión de los usos lingüísticos, se pusieron en pie de guerra contra  la política de normalización lingüística arrancada por CiU en los años ochenta . Recordarás, estimada Montse, que esos mismos grupos enarbolaron  la bandera de la supuesta vulneración de  los derechos de una población castellano-parlante  a la que, todo hay que matizarlo, estaban muy lejos de representar. Sin real capacidad de convocatoria ni siquiera entre el anti-pujolismo más militante  y las corrientes llamadas, españolistas, da  la impresión que la  aplicación del articulo 155 les está dando hoy la ocasión de tomar su revancha. Si en algo coincido con el catalanismo político ( y que no sirva esto de precedente) es que, de prosperar en sus pretensiones, echaríamos abajo un modelo educativo catalán que, por lo menos hasta el inicio del Procès, se revelaba bastante aceptable.

Como ya debes de saber, estimada Montse Sanjuan, la cuestión  de la lengua  tiene una amplia crónica política y social que tomó cuerpo durante la Post-Transición  con la aprobación de la Ley de Normalización Lingüística de 1983.  Con anterioridad, ya se habían producido sendos debates sociales e intelectuales sobre la lengua, desatados en muchos casos por la aparición del famoso libro de Francesc Candel . “Els altres catalans” ; Una obra que vino a responder al fenómeno inmigratorio conocido por Cataluña a partir de los años 60. Era una evidencia que el mapa social de la Cataluña de la Transición no tenía  exactamente la misma configuración  que el de la Segunda República.  La problemática de la convivencia entre dos comunidades de distintos usos lingüísticos se situó en el corazón de los debates. De ahí el amplio consenso al que dio lugar  la Ley de Normalización Lingüística del 83, dado que el reto consistía en alcanzar, a través del debate democrático, un adecuado equilibrio entre los derechos colectivos ( reconocidos por el Estatut) y las libertades individuales ( amparadas por la universalidad del Derecho).  Se trato de dar cabida, no solo a las diversas sensibilidades respecto a los usos lingüísticos, sino también de poner en marcha un modelo educativo integrador. Frente a la propuesta de la “doble red escolar” por la que se optó en Euskadi, Cataluña tomó el camino de un modelo “universalista” históricamente muy arraigado en la tradición pedagógica catalanista y que encontró sus referentes intelectuales en los ideales de grandes reformadores como Francisco Ferrer Guardia y  Rosa Sensat. La enorme influencia de la “Associació de Mestres Rosa Sensat” y de pedagogas progresistas vinculadas al PSC, como fue el caso de la llorada Marta Mata, determinaron en gran medida la decisión política sobre el modelo educativo catalán.  Los sectores ideológicos arriba mencionados y a los que el Partido Popular pretende hoy darle grano a moler, se quedaron al margen de ese mismo consenso en su calidad de último residuo de la caverna nostálgico-franquista.

Si no me equivoco, estimada Montse, la política de Normalización Lingüística se inscribió en el espíritu que impuso la Transición y el propio Estatut. Es decir, la voluntad de hacerle reparación a una sociedad sujeto de largos años de represión franquista y de devolver a la lengua y la cultura catalana el lugar ostentado con anterioridad a la Guerra Civil española. Era cuestión, no solo de recuperar a una tradición literaria, filológica, filosófica, lírica estrictamente catalana y sujeta a los cánones del catalanismo político democrático, sino de devolverle al catalán su condición de lengua vehicular en todos los ámbitos de la vida colectiva y en base a la co-oficialidad de las lenguas del Estado. Se reconocía, sin embargo, que la lengua catalana, era la “propia” de Cataluña. Había además acuerdo sobre la necesidad de renivelar la difusión de los productos culturales en la lengua propia, sobre todo frente a unas pautas de consumo  mayoritariamente en lengua castellano. La ley del 83 suscitó ciertas resistencias,  muy bien ilustradas por el famoso Manifiesto de los 2300 que impulsaron figuras militantes del anticatalanismo más agresivo, como fue el caso del periodista  Federico Jiménez Losantos y el sociólogo Amando de Miguel y que encontró  la reacción de la famosa  “Crida a la Solidaritat”, iniciativa  de los sectores catalanistas. En aquel momento, no existía una oposición real de la sociedad castellano-parlante a la normalización lingüística y es un hecho que imperó una exquisita convivencia cívica en Cataluña, que se convirtió en sujeto de orgullo en todos los ámbitos políticos y sociales, catalanistas o no.  Bien que tú y yo no fuimos contemporáneos de aquellos acontecimientos, ( con esto no te estoy envejeciendo, estimada Montse), mi mirada histórica sobre los mismos es positiva, sobre todo en lo que respecta a la exigencia de muchos ciudadanos  de que se le devolviese su antiguo lugar a la lengua propia de Cataluña. Era una evidencia que el sistema educativo iba a jugar un papel determinante.

El decreto de 1992 sobre  Inmersión Lingüística en la escuela pública, recurrido al Tribunal Constitucional y finalmente avalado por el mismo, fijaba el objetivo de normalizar el uso social del catalán entre las nuevas generaciones como lengua vehicular en todos los aspectos de la vida colectiva :  laboral económica y cultural. La inmersión no fue realmente cuestionada, primero,  raíz de su aplicación progresiva, segundo, por su eficacia pedagógica, que se desarrolló en el espíritu de la medidas de adaptación curricular de los alumnos a los usos lingüísticos  y la “atención a la diversidad” contemplada por la propia reforma educativa de los años noventa.  Es en este punto que quizás más pueda coincidir contigo, sobre todo por tu condición de profesora de enseñanza secundaria.

Recordarás, estimada Montse, que los despropósitos y  falsedades sobre las consecuencias de la inmersión lingüística fueron abundantes y cada uno más descabellado que el otro. Me refiero, como podrás imaginar, a  los argumentos sobre la supuesta desigualdad entre los alumnos “autóctonos” ( con el catalán como lengua materna) y los de origen inmigrante ( con el castellano como lengua de origen). Según algunos, el fracaso escolar, sobre todo entre la población escolar no autóctona,  tenía un único responsable :  la inmersión. Personalmente, tuve una efímera experiencia en la enseñanza secundaria como profesor sustituto, que sin embargo se reveló suficiente para comprobar que eso no era cierto.  Habría que recordar que los indices de fracaso escolar, repartidos casi por igual entre alumnos autóctonos y extranjeros, vinieron  condicionados por factores estructurales :   las desigualdades sociales en el tejido social,  una reforma educativa progresista como la LOGSE que sin embargo  no dio los frutos esperados y la constante desfinanciación de la educación pública, fueron variables absolutas. Siempre me indignó la demagogia con la que se instrumentalizaba a los alumnos más desfavorecidos y nunca compartí las  tesis de asociaciones como “Profesores por el Bilingüísmo”, que utilizaban el vacío argumento de la co-oficialidad de las lenguas para saltarse a la torera la legitima exigencia de un conocimiento del catalán a todo empleado público.

Recordarás, estimada Montse Sanjuan, que por aquellos años, estamos hablando de finales de los 90, surgió el famoso Manifiesto del Foro Babel, cuyos promotores, empezando por el plomizo Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional, se lucieron por las barbaridades que llegaron a decir sobre la escuela. Entre los firmantes estaban gente como Eugenio Trías, Felix de Ázua, Victoria Camps, Esther TusquetsAna María Moix, Rosa Regás y otros intelectuales castellano-parlantes vinculados al PSC y Iniciativa Per Catalunya. Los promotores del Manifiesto vinieron a hacer piña, desde la izquierda, con el energúmeno Alex Vidal- Quadras, que defendía las posturas más carpetovetónicas y desató quijotescas polémicas en torno al catalán que no respondían al sentir de la mayoría de la ciudadanía, ni tampoco de los madres. No estás sin saber, al igual que yo, que los argumentos grandielocuentes sobre la libertad de enseñanza, la libre elección de la educación de los hijos, la lengua y no se qué parrafadas más, se convirtieron en la bandera ideológica de los grupos de presión adscritos a las corrientes más reaccionarias del sistema educativo.

Por aquel entonces, yo era colaborador de El Viejo Topo, cuyo director, Miguel Riera, también había estado entre los promotores del Manifiesto. A pesar de mi afirmada postura “españolista”, nunca me identifiqué del todo con la postura de estos intelectuales, hijos de los “vencedores”,  que solían confundir el tocino con la velocidad. En efecto, había entre estos ellos  una legitima y muy pertinente crítica a la política cultural del pujolismo, que hizo amalgama entre “Lengua” y “cultura” y dio por “no catalana” toda la producción en castellano. Lo cual era una auténtica estupidez y un insulto a un mundo intelectual que, aún habiendo escrito en castellano, contribuyó con creces al prestigio y  cosmopolitismo de la vida cultural catalana. Siempre he pensado que no debemos confundir “lengua y cultura” catalana. ¿ Dime una cosa, estimada Montse, qué es Víctor del Árbol, un escritor catalán o español? ¿ La sargento Anna Grimm es una figura del género negro catalán o también del género negro español?

Podrías replicarme, estimada Montse, que lo que necesitaba y siempre necesitó apoyo institucional, era la producción en catalán, dado que la realizada en castellano ya disfrutaba y disfruta de amplios recursos para su difusión. Estoy de acuerdo contigo y particularmente, siempre  he defendido el libro en catalán, en especial en el campo de las ciencias sociales, que es mi formación de origen. No puede dejarse de  lado, sin embargo, el hecho de que el pujolismo solo incentivo lo que podía manipular políticamente. Cabe recordar las redes clientelistas que se tejieron alrededor del Departament de Cultura, de las que solían aprovecharse los mediocres de turno y los vividores de la “sopa boba“.  Como profesora de enseñanza que eres, te debe constar la ignorancia imperante entre las nuevas generaciones sobre la rica tradición cultural e intelectual catalanista. De hecho, no hay nada más desconcertante que ver a ciertos jóvenes sin otro referente sobre la identidad colectiva  de Cataluña que el Barça, las sardanas, la lengua ( sobre la que ni siquiera tienen un correcto dominio en la expresión escrita y la comprensión lectora) y algún episodio histórico mal explicado  e instrumentalizado  por el nacionalismo. Esa fue la consecuencia de la política cultural del pujolismo. En esas condiciones, no es de extrañar que  los independentistas  lo hayan tenido tan fácil para jugar con los aspectos más viscerales e irracionales  de esas mismas y jóvenes generaciones  que se arropan en la bandera y a las que nunca nadie ha explicado la historia política e intelectual de un catalanismo regeneracionista que se negaba a darle la espalda al resto de España,

Retomando el hilo de mi carta, querida amiga, nunca me ha parecido pertinente  que la crítica a la política “no cultural” del nacionalismo se convirtiese en pretexto para atacar a la política lingüística y la propia inmersión, que hasta la fecha, no había insultado a nadie. Dejemos de lado el debate sobre si la nueva Ley del Catalán de 1995 y que el pujolismo se sacó de la manga en su infrenable manipulación política de las cuestiones simbólicas e identitarias, era de verdad necesaria. Una ley con vocación coercitiva y que, paradoja de las cosas, no logró mejorar de forma sustancial la situación del catalán, pero sí ir resquebrajando poco a poco los consensos que se impusieron en 1983.

A la vista de lo expuesto, estimada Montse Sanjuan, no tengo empacho en reconocer las virtudes de una inmersión lingüística que, con sus luces y  sombras, funcionó bastante bien y aseguró un modelo educativo ejemplar. La cuestión está en saber porqué hemos llegado aquí  y la razón por la cual, al amparo del famoso Articulo 155, el gobierno de la nación pretende ahora dar una vuelta de tuerca e imponer una auténtica regresión respecto a la lengua propia de Cataluña.

Los responsables de esta demostración de fuerza que aspira a materializar el Estado, tienen nombre y apellido: el independentismo. No tengo ninguna sombra de dudas, a ese respecto, que muchos aprovecharan la polarización de la sociedad catalana en torno al secesionismo, para ganarse adeptos a su causa y vincular la inmersión lingüística a los males del “Procès”, cuando en realidad siempre estuvo relacionada con el debate democrático y el consenso. Evidentemente, la actitud vergonzosa de ciertos sectores del cuerpo docente ,  que parecen querer erigirse en los guardianes de la versión catalana de la “formación del espíritu nacional”, no han ayudado en nada. Sin olvidar  que el hartazgo frente al papanatismo discursivo del independentismo está terminando  por repercutir en la percepción sobre todo “lo catalán” y fomentando desafectos incluso hacia las cosas más positivas que se han hecho en Cataluña, entre ellas, el mencionado modelo educativo.

Quién nos iba a decir, estimada Montse Sanjuan, que aquellos que más se llenan la boca hablando de Cataluña y le prometen una “Arcadia” que solo existe en su delirio político, sean los mismos que más están contribuyendo que el país vaya perdiendo a poco a poco lo conseguido. La intención del Estado con la inmersión lingüística es otra prueba suplementaria del terrible daño que el independentismo le lleva infligiendo a Cataluña. Con esto, acabo esta carta y que ha pretendido hablarte de las relaciones entre lengua, cultura e identidad en esta Cataluña que hoy me duele.  Saludos cordiales.

 

 

 

 

 

 

 

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EL “AÑO PEDROLO”, LA LITERATURA POPULAR Y LA POLÍTICA : CARTA ABIERTA A DOLORS SÀRRIES

pedrolo

 

Este año   se celebra el “Año Pedrolo” bajo el comisariado de Anna María Villalonga,  con motivo del centenario del famoso autor catalán de género negro, Manuel de Pedrolo (1918-1990). Coincidiendo con tan señalada fecha, también acaba de aparecer la obra de Sebastià Bennasar,Manuel de Pedrolo. Manual de supervivencia” ( Meteora, 2018)

En principio, no hay nada   que objetar a que se le hagan   homenajes y honre  la memoria de un autor.   Todo país, pequeño o grande, nación o no, tiene el legitimo derecho de rendir tributo a su tradición cultural y literaria, realizar las ceremonias que considere pertinente, darla a conocer e incluso, mostrarse orgulloso de la misma. Manuel de Pedrolo es una figura fundamental en el ámbito del género negro en catalán y parece normal que el mundillo del “Noir” vinculado a la producción literaria en esa lengua, quiera recobrarlo y extraerlo de la amnesia colectiva.  Según contó en una ocasión su propia hija, Pedrolo murió en la más absoluta soledad, tristeza y decepción.  Es de cortesía respetar a aquellos que le lloran y admiran, luchando contra la falta moral de la ingratitud y el olvido.   Es más, estos tipos de eventos deberían cundir con más frecuencia, sobre todo en un momento en el que la mercantilización de la cultura y el imperio del libro “basura” dominan el panorama al amparo de políticas  puramente comerciales y rapiñeras.   En España hemos conocido un vergonzoso espectáculo en el que una analfabeta funcional ha  vendido más ejemplares que un Premio Nobel de literatura.Dicho esto,  no es menos cierto que en Cataluña, como en el resto de España, tendemos a la exageración cuando nos ponemos a rendir duelo a los difuntos, atribuyéndoles méritos que no ostentaban en vida. Un vicio extendido por igual en el ámbito político como en el cultural.

           Manuel de Pedrolo  es una personalidad que siempre suscitó debate sobre el lugar que debía asignársele en la babelia cultural catalana. Por un lado,   nunca gozó de gran reconocimiento entre el mundo de la alta intelligentsia catalanista, en algunos casos, por la evidente altanería que la caracterizaba y en otros, por su legitima voluntad de restituir y exaltar el prestigio del catalanismo intelectual frente a la cultureta, de claro tufillo provinciano Desde el tardofranquismo y los primeros años de la Transición, la pretensión fue  recuperar lo mejor de la vida cultural y literaria catalana, esto desde la época del Noucentisme hasta la guerra civil. De ahí la postura crítica frente a la política cultural del pujolismo incluso desde la órbita catalanista y esto después del estrepitoso fracaso del ” Pacte Cultural” ideado por Rigol, No hace falta recordar cómo el pujolismo premió un sinfín de obras mediocres,  tanto en el ámbito de la producción ficcional como de las ciencias sociales y humanísticas, obsesionado por una política lingüística en la que los criterios de calidad eran subordinados a los objetivos de la (re)normalización del uso del catalán como lengua vehicular.  Lo que hizo que el Departament de Cultura despilfarrase fondos públicos subvencionando todo y cualquier cosa y ello en base a una amplia red clientelista que amortiguaba la falta de apoyos objetivos a CiU entre la intelectualidad catalanista más prestigiosa. Explico todo este contexto político,  social y cultural, porque sin él, difícilmente podrían entenderse las razones a raíz de las cuales  la figura de Pedrolo fue excluida de agenda por aquellas vanguardias literarias y académicas que manejaban los hilos de lo que, de forma redundante, vino a denominarse, la “Alta cultura”.  Justificadamente o no, para algunos, Manuel de Pedrolo también era un heredero y representante de la cultureta.  Ese “no reconocimiento” entre el mundo “sabio” del catalanismo intelectual se vio compensado con creces por el amplio apoyo de un público lector , en general, de bagaje cultural medio, que rindió culto a Pedrolo, no solo como el padre fundador de “Noir” en lengua catalana, sino  también como el máximo exponente de una “Literatura popular” propiamente autóctona.

Particularmente, no albergo ningún prejuicioso a priori  contra esta clase de literatura, llamada,  de “entretenimiento”. Como sociólogo de la cultura que soy, siempre he tenido en cuenta los factores estructurales que condicionan las prácticas del consumo cultural. Es más, nunca he  dejado de pensar que la “literatura popular”, de género,   ha contribuido, no solo a incentivar el hábito de la lectura, sino  también el acceso al ocio de los estratos con menos posibilidades  de disfrute  de los bienes y productos culturales denominados, de “élite”. Las “novelillas” del Oeste de  Gonzalez Ledesma  son un  ejemplo de la participación de los sectores menos favorecidos en el universo del ocio y del tiempo libre, que como ya sabemos, tiene reconocido el estatuto de derecho humano. Mérito que, por supuesto, es extensible a una figura como Manuel de Pedrolo, que también hizo feliz a mucha gente de comprensiones lectoras “simples”.

Apuntado esto, lo que resulta absurdo es que pretendamos confundir los paradigmas analíticos sobre un fenómeno social ( y no cabe duda que Pedrolo lo era), con los de la teoría, crítica y hermenéutica literaria. De hacerlo, entonces tendríamos que dar por sentada la idea de que Corin Tellado, ( que también lo fue durante la segunda mitad del franquismo), se revelaba una buena escritora. Con esto quiero decir que , todavía reconociendo  la importancia de Pedrolo en las laderas del consumo del libro de masas, nada obliga  a dar por sentado el valor estrictamente literario y estético de su obra.   En fidelidad a esos mismos gustos literarios y estéticos que me son propios, supongo que gozó del derecho a afirmar  que la obra del escritor catalán es tan basta como de cuestionable calidad estilística y narrativa. Lo digo siendo un simple devorador de libros, pero con el suficiente hábito de lectura como para distinguir entre el blanco del negro.  Resulta obvio que no es necesario  ostentar el estatuo de  crítico literario en el New-Yorker o en el Magazine Littéraire para llegar a semejante conclusión.

Claro está, mi opinión puede ser debatible y “rebatible”. Hasta el momento, lo único que me han dicho es que responde a un supuesto “nacionalismo español” o en palabras de Sebastià Bennasar, a un pretendido “odio” hacia lo “catalán”. Lo cual, como argumento, tiene lo suyo,viniendo de un autor que está lejos de ser un frívolo.  Maria Dolors Sarriès, directora del sello Meteora, ( a la que está dirigida esta carta), también ha tenido ocasión de formalizarse por el hecho de haber expresado mis reservas respecto a la obra de Pedrolo, repito, cuestionables o no, compartibles o no, pero sin por ello resultar ilegitimas, ni forzosamente censurables. A ese respecto, me sorprende que  se me acuse de no haber leído a Pedrolo, cuando si algo me caracteriza, es no emitir juicios de valor sin conocimiento de causa. Puede que no tenga un conocimiento de “toda” la obra de Pedrolo, pero es bien sabido que solo con recorrer tres, cuatro o cinco obras de un autor, ya se puede uno hacer un criterio, por decirlo coloquialmente, sobre de “qué palo va”.

Pero lo que es todavía más desconcertante, es que individuos que  reconocen no haber ojeado ni una sola linea de lo escrito por Pedrolo, me reprochen de estar equivocado,  ser deshonesto y tendencioso.  Todos sabemos que el borreguismo intelectual es un vicio común a los catalanes y castellanos y que, según lo que se diga y la persona  que lo haga, se sigue la pauta con tal de quedar bien. Y no cabe duda que lo de elogiar a Pedrolo está relacionado con no molestar a los que exaltan a su figura, más que  con la fidelidad a  criterios propios y razonados. Volvemos a lo mismo de siempre y que nunca me cansaré de poner en jaque : la lógica del amiguismo, el camarillismo, el principio del estar a bien con todos y a mal con nadie. En suma y perdón por la grosería, la practica del “chupapollismo” a los que se prestan los mediocres de turno.

Como tengo por principio la honestidad intelectual, la equidad y la ponderación, debo  decir que no he leído la obra de Sebastià Bennasar y por lo tanto, me abstendré de cualquier juicio de valor sobre la misma. Solo me he limitado a expresar una opinión sobre el autor objeto de su trabajo ensayístico. Tampoco creo haber descalificado a Dolors Sarriès como editora, cuyos títulos en algunas de sus colecciones he tenido ocasión de elogiar. Nada tengo que objetar  que, como empresaria de un negocio que debe hacer funcionar, se muestre empática con “l’air du temps” por criterios de cálculo comercial, aunque no albergando  tampoco ninguna duda de que su apuesta por la figura de Manuel de Pedrolo y en este caso, por un ensayo dedicado a ella, es  intelectualmente honesta. Pero supongo que la editora  no pretende obligar a nadie a compartir su criterio.

He ahí lo esencial de la cuestión, dado de que pocos se habrían formalizado tanto por no mostrarme devoto de Pedrolo, si no imperase una coyuntura política en la  que se confunde literatura e ideología. Por parafrasear a los tálibanes intelectuales del “procès”, “Pedrolo es un buen escritor porque es de los nuestros”. Manuel de Pedrolo era conocido por sus convicciones profundamente catalanistas y según los que le conocieron,  una entrañable personalidad. Sin embargo, habría que recordar que la estatura humana no debe ser confundida con la literaria , dado que es conocido y notorio que las dos virtudes, ni son equivalentes, ni suelen coincidir. Sin olvidar que los compromisos públicos de un autor tampoco informan de la calidad o no de su producción narrativa. Se puede tener una obra grandiosa y un compromiso político lamentable, como ser un hombre de corazón generoso y escribir auténticos bodrios.

Lo expuesto brinda una meridiana información sobre la situación a la que ha llegado la vida intelectual y cultural catalana, sobre todo a manos del independentismo, que no contento con llevar la política y las instituciones de este país a las más inmundas cloacas, pretende imponer su fundamentalismo en un ámbito que debería ser el de la libertad. Durante el franquismo, era tabú cuestionar a  José María Pemán por su estatuto de autor del régimen, cuando objetivamente se antojaba una figura secundaria y bastante mediocre en comparación a lo que habían sido los intelectuales de la Segunda República.  Algo similar está ocurriendo en Cataluña.  Decir que no te gusta Pedrolo, es “odiar” a la cultura catalana, cuando es una obviedad que el escritor permanece, no como una personalidad insignificante, pero sí como un nombre “menor” en el marco de la historia cultural del catalanismo intelectual  y literario. A riesgo de resultar reiterativo, vuelvo a reincidir que Pedrolo fue un fenómeno social y un mago de la literatura popular, pero solo eso. Lo que resulta ridículo es que, solo por un criterio ideológico, que no literario, se pretenda ponerle a la altura de Pla o de Espriu, o sea, hacerle pasar por lo no que no era.  Como igual de ridículo   sería pretender que Vázquez Montalban, un escritor malo, pero carismático y con un fino olfato comercial, resulta ser exactamente lo mismo que  Ana María Matute o Miguel Delibes. ¿De prestarnos a esa dinámica del “todo vale”, por qué no afirmar que los bloguers con bagaje literario y cultural de “andar por casa” ( que suelen ser multitud tanto en el ámbito catalán como castellano), son equivalentes a un Joaquim Molas, Martin de Riquer o José María Valverde ? ¡ Un poco de seriedad, Dolors Sàrries!

Cualquier argumento que he podido exponer respecto a esta cuestión, o sea, a la necesidad de no vender gato por liebre y no presentar a Pedrolo como el genio que no era, ha sido llevado automáticamente al terreno político y vinculado a una pretendida “catalanofobia”.  No cabe duda que esta lógica o mejor dicho, ilógica de las cosas, revela una ligera idea de aquello en lo que se está convirtiendo Cataluña. Es decir, una sociedad donde se pretende imponer el pensamiento único del secesionismo y en la que la libertad intelectual es relevada por el “delito de opinión”, sobre todo cuando alguien se atreve a cuestionar  cualquier  figura vinculada al llamado “ hecho diferencial catalan“.En esas condiciones, estimada Maria Dolors Sàrries, mal vamos.

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