FERNANDO DE ARTACHO, HISTORIADOR Y NOVELISTA : “DESENTERRANDO A LOS MUERTOS, DESPERTAMOS A TODOS LOS DEMONIOS DEL PASADO”

-ES3.JPG de Reporteros ABC-

 

Fernando de Artacho vive para la historia y con la pasión por ella incrustada en las mismas entrañas. Sevillano de pura cepa,  es un enamorado de su ciudad y un erudito conocedor de su pasado. Historiador, novelista y miembro de la Academia Andaluza de la Historia, arrastra una amplia labor investigadora de la que son una prueba sus cerca de treinta obras. Premio “Ateneu de Sevilla” de novela histórica, acaba de publicar “ El correo de Tánger” (Algaida,2018),una sugerente trama ambientada en la España de los primeros años 40 y con la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo. Híbrido de novela histórica, negrocriminal y de espionaje, Fernando de Artacho nos ilustra con su obra sobre los entresijos políticos en el entorno inmediato de Franco y la lucha entre “Neutralistas”“Germánofilos”.

A lo largo de nuestro intercambio conversamos sobre la naturaleza de los regímenes fascistas y las propias contradicciones internas del franquismo.  La cuestión de la guerra civil española, de la que Fernando de Artacho también nos brindó una singular versión ficcional en “ Las dos verdades” ( Almuzara,2005), no dejó de salir a colación. Nieto de un militar falangista, la Segunda República, los orígenes del 18 de Julio, la controvertida “Ley de  la Memoria Histórica” y el actual clima político caracterizado por la emergencia de una formación neofranquista como VOZ no podían ser obviados en nuestra charla.

Fernando de Artacho se reconoce conservador y católico practicante.  Sin embargo, el  estilo campechano y el  espíritu “humanista” de este  sin complejos ideológicos, han facilitado el diálogo y el mutuo esfuerzo de escucha desde nuestras muy alejadas posturas. Siempre he pensado que el sentido de la tolerancia ha de consistir precisamente en saber empatizar ante aquellos con los discrepamos en los temas esenciales.

Esta  entrevista c constituye la segunda entrega de la serie de conversaciones sobre la guerra y posguerra española que mantengo en mi sección sobre “Literatura y Memoria Histórica”.

Tánger

 

Hemos pasado el 75 Aniversario de la Segunda Guerra Mundial. La producción literaria y cinematográfica sobre este episodio histórico es amplísima.  Me gustaría preguntarte si ves algún cambio de enfoque narrativo entre lo que se hacía y lo que se está haciendo ahora.

Evidentemente, existe una evolución. Cambian las personas, cambian los contextos y cambian las visiones históricas. De todas maneras no se ha dado una visión definitiva de la Segunda Guerra Mundial, como tampoco se ha hecho con la guerra civil española.

¿Pero  no te da la impresión que  los grandes intereses comerciales tienden a una  frivolización de   ese  periodo histórico?

Yo te puedo decir que “El correo de Tánger” es una novela que escribí hace diez años. Después recibió el premio y estuvo, cómo se suele decir en mi tierra, “Un tiempo en barbecho”. Yo soy historiador y me esforcé  en que la novela estuviese muy bien documentada. Utilizarla con objetivos comerciales o incluso, políticos, era absurdo.

” No se ha dado una versión definitiva ni sobre la Guerra Civil ni sobre la Segunda Guerra Mundial”.  

Los comentaristas hablan de tu obra como de una novela histórica, pero si me permites el comentario, yo la veo más bien como una novela híbrida, donde se entremezclan el género histórico, el género de espionaje e incluso, si me apuras, el género negro…

Yo hago mía la reflexión de uno de mis amigos, que dice que está la novela histórica y la historia novelada. Es novela histórica cuando tú te sales de la época actual. Puede ser un tema auténtico o un caso inventado cómo es el caso efectivamente de mi novela, que tiene giros narrativos con hechos reales. Reconozco que hay algo de novela policial, pero teniendo en cuenta que se desarrolla en el pasado, creo que sí, que se puede considerar novela histórica más que historia novela, que es mucho más pesada.  De todas maneras, es la primera novela que escribo en primera persona e introduzco el tema policiaco. Escribir en primera persona me ha permitido acercar  mi personaje al lector.

Te oí en un determinado foro criticar la falta de rigor de la novela histórica y los muchos errores cronológicos, sociales, civilizatorios y contextuales en los que caen algunos autores…

Se comenten muchos errores, en efecto. Leí una novela ambientada en el siglo XIII donde comían patatas hervidas. Es de risa, puesto que todos sabemos que la patata no llegó a España hasta la Edad Moderna y que fue descubierta con las primeras colonizaciones en América. Los autores se informan muy mal y después, claro, cometen auténticas meteduras de  pata.

          ” Hay que distinguir entre lo que es la novela histórica y la historia novelada, que es mucho más pesada para el lector si no se hace bien”

Supongo que debe costar mucho encontrar el equilibrio entre la magia de lo ficcional, o sea, la parte más creativa y el rigor documental…

A mi no. Empecé a meterme en los archivos históricos de Sevilla desde que tenía catorce años y ahora tengo cincuenta y ocho. Me levantaba a las ocho de la mañana y me metía en los archivos arzobispales y leía mucho. Investigué las costumbres culturales y los hechos sociales, que son muy importantes.

¿  Cómo se te ocurrió hacer una novela ambientada en  Tánger?

Fue cuando empecé a estudiar la realidad de Marruecos. Mi abuelo había sido militar en África y debo reconocer que me fascinó todo ese contexto. Todos los militares españoles destinados allí acababan enamorados del lugar. De hecho, al principio de la novela introduje algo de la biografía de mi propio abuelo. Tánger estaba administrado por cuatro potencias,Francia, Inglaterra, Italia y nosotros. Pero los estatutos establecidos determinaban de que en caso de guerra entre algunas de esas potencias, la administración debía  recaer sobre una de ellas que fuese neutra, que era España. El ambiente de Tánger me interesó porque durante buena parte de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en un nido de espías.

“Los falangistas no tenían nada que ver con las ideologías fascistas “puras” y filonazis cómo las que encarnaron figuras como Ramiro Ledesma”

Hay algo que me sorprendió y es que, si extraemos a tu personaje del contexto histórico, es muy difícil verle como un capitán franquista, destila una dimensión humana que no me cuadra con el temperamento de los falangistas de los años cuarenta…

Realmente es así. Yo tuve ocasión de leer muchas cartas de militares importantes y por el contenido, se les ve muy avanzados en sus ideas. Tenían dilemas muy importantes. Había falangistas que no tenían nada que ver con las ideologías fascistas “puras” y “filonazis”, cómo podía representarlas  Ramiro Ledesma, solo por mencionar a una de las principales figuras de aquella época. Mi personaje no es un hombre de ideas excluyentes. Francisco tampoco es un bonachón, es sobre todo un militar que está a las ordenes de un superior y al que le asignan una misión.  Pero también es muy crítico con los  falangistas oportunistas, arribistas, chaqueteros y  sobre todo, con aquellos  cobardes que durante la guerra civil se pegaban un tiro en el pie para no tener que ir al frente.  La Falange no tenía nada que ver con lo que se pretende.

¿Quiénes?

Ya sabes. Desde la izquierda se demoniza  a los falangistas, pero se olvida que los movimientos fascistas se alimentaron sobre todo de las ideologías socialistas. Hitler y Mussolini fueron socialistas, un socialismo nacionalista y excluyente.

“En 1940, la división entre “neutralistas” y “germanófilos” estaba muy equilibrada, pero Franco inclinó la balance hacia los primeros”

¿  Pero entonces, cuál fue la verdadera singularidad de la falange y que parece encarnada en la personalidad de tu protagonista, Francisco?

Se han dicho muchas tonterías acerca de ella, pero  su marca esencial fue la dimensión social y la “Revolución pendiente”. De hecho, un tío abuelo mío fue un falangista de primera hora y fundador del SEU, que cuando Franco decreto la unión con los tradicionalistas, se negó rotundamente a aceptarlo. Franco le condenó a muerte. Mi tío era médico y se dedicó toda la vida a los barrios pobres de Madrid. Esos eran los falangistas de primera hora, gente con un espíritu muy social. Si te fijas, la bandera de Falange es muy similar a la de la C.N.T.

La trama de tu obra gira entorno a un  informe secreto a Franco sobre la idoneidad de una intervención en la guerra europea. ¿ Pero cuál era la correlación real de fuerzas entre “neutralistas” y germanófilos en el entorno más inmediato del dictador?

“Elegí Tánger como ambientación porque es una ciudad que se convirtió en un nido de espías durante toda la Segunda Guerra Mundial” 

 

Estaban repartidas a partes iguales. Habían los seguidores de Serrano Suñer, que eran los más pro-germanistas. Después se encontraba una corriente monárquica y tradicionalista, sobre todo entre los militares, que era neutralista.  Franco cortó de raíz esa división. De hecho, el “atentado de Begoña”, perpetrado en Sevilla  por un grupo de falangistas contra los Carlistas, llevó a Franco a cortar de raíz las  fricciones entre esas dos tendencias. La pérdida de influencia de los pangermanistas determinó la política exterior del régimen.

Hay muchas leyendas e ilustraciones ficcionales sobre ese atentado,¿No?

Se ha dicho muchos disparates sobre esos acontecimientos. El único y verdadero archivo sobre el mismo lo tengo yo.

El encuentro de Hendaya de 1940 es uno de los contextos de tu novela. ¿ Me pregunto qué hay de mito, de realidad e incluso de leyenda, en torno a esa reunión entre Franco y Hitler?

Es que cada uno tiene su versión. Serrano Suñer tenía la suya, mientras los interpretes de Franco y Hitler brindaban otra. Hubo muchas mentiras sobre los hechos e incluso se exagera sobre el retraso del tren de Franco y la impaciencia de Hitler.  El caso es que España no entró en la guerra, porque habría sido un desastre. Los militares  no querían otra contienda, sobre todo después de los tres años de guerra civil. Incluso en Sevilla había un cierto miedo de que los alemanes nos acabasen invadiendo ante la negativa de Franco de sumarse a las fuerzas del Eje.

“Hitler salió muy insatisfecho de la reunión de Hendaya. No le gustaba que Franco hiciese bolillos con tal de no entrar en la guerra”

Dicen que Hitler consideraba a Franco como un simple militarucho…

Mira, ahí hay varias versiones por parte de los que estuvieron en Hendaya. Yo conocí al hijo del embajador de Portugal en Berlín. Me contó que su padre había hablado con el mismísimo interprete de Franco. Según lo que me comentó, parece ser que Hitler salió muy molesto de su reunión con Franco, que hacía bolillos con tal de no entrar en la guerra. Pero el caso es que Hitler no era tonto, sabía que nuestro ejercito estaba opuesto a la entrada en la guerra, como también sabía que habían excelente militares en nuestro país. A pesar de la altura logística de nuestro ejercito, era una locura meterse en esa contienda. España acababa de salir de su propia guerra, una guerra tremenda.

“El correo de Tánger” tiene un tono “memorístico”,  puesto que los hechos son contados  por un anciano, que se supone que fue al que le tocó recuperar esos documentos comprometedores para el régimen de Franco y que habrían provocado una declaración de guerra por parte de los Aliados. Pero en cambio no nos dices nada de Francisco en su vejez. 

Es simplemente un militar retirado, un antiguo falangista, un hombre que cuenta sus recuerdos sobre una misión de la que dependían el futuro de España.  Un hombre que evitó que nuestro país se viese envuelto en una locura.

“En 1934, a la República la salvaron las derechas contra el golpe de Estado que pretendían dar la izquierda y los separatistas” 

Puesto que eres nieto de militares, hablemos del ejercito español.  Hoy tenemos un ejercito moderno, pero no ha desaparecido del todo el espíritu  de los “Africanistas”, entendiendo por tal su facción más reaccionaria y pro-golpista.

Los “Africanistas” desaparecieron con el fin de la campaña en África en el primer tercio del siglo XX. Eso es lo que yo entiendo por “Africanistas”. Lo demás es tontería.

Me estoy refiriendo al famoso manifiesto de esos militares retirados  que se pronunciaron contra la Ley de Memoria Histórica y la exhumación de Franco. Unos señores que hacen apología de un dictador que dio un golpe de Estado contra un régimen legitimo y democrático…

Hoy estamos en el parlamento reivindicando a la República, cuando no tenía nada de idílica. En 1934, a la República la salvaron las derechas contra el golpe de Estado que pretendían dar las izquierdas y los separatistas. Hubo mucha gente de derechas que era republicana. La CEDA era republicana. Por no hablar de intelectuales liberales y republicanos como Ortega y Gasset, Gregorio Marañón o Pérez de Ayalà, que terminaron apoyando a Franco en un clima de polarización y en el que cada uno optaba por el bando que consideraba menos malo.

Eso huele a “revisionismo”  a la “Pío Moa”…

Todo lo que venga documentado y refrendado por datos fehacientes, me parece bien. Estamos viendo a autores y ensayistas que dicen cosas que precisamente no vienen documentadas. Creo  que las tesis de Pío Moa, en cambio, están muy bien apoyadas por el trabajo de archivo. Pío Moa era un antiguo miembro del GRAPO  y ex- teórico marxista. Por eso muchos miraron su obra con lupa, que a mi me parece muy rigurosa. Yo lo que veo es que hay muy poca gente buena que investiga, solo con interpretaciones a su conveniencia y de acuerdo con sus posturas ideológicas.

Bueno, supongo que no te creerás ese mito weberiano sobre las ciencias sociales sin juicios de valor… Hemos tenido a dos grandes sumos sacerdotes de  la ciencias históricas, el maxista Manuel Tuñón de Lara y el conservador Ricardo de la Cierva, Ninguno de los dos ocultaron sus posicionamientos.

Claro que hay juicios de valor, pero una cosa es el juicio de valor y otra bien diferente el que éste prime sobre el trabajo de investigación. Me acuerdo que durante los años 70 y 80 todo era política en las facultades de historia y hoy, lo sigue siendo. Las cosas son como son y no cómo nos gustaría  que fuesen. No se puede presentar la historia de forma maniquea, dividiéndolo todo entre “buenos” y “malos”. Hubo gente magnifica como Julían Besteiro, un socialista reformista y moderado, que durante la guerra civil salvó a muchas personas favorables a los “nacionales”  Impera el rencor. Yo mismo vengo de una familia de militares y conozco a muchos a los que no les gustaba la guerra. Muchos de ellos no querían volver a oír hablar de ella.

“Hubo intelectuales republicanos como Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Pérez de Ayala, que terminaron apoyando a Franco en un clima de polarización en el que cada uno optaba por el bando menos malo”

Hombre, si nos ponemos a hablar de tendenciosidad política e ideológica, creo que Pió Moa es el que mejor la encarna. Para mi, Moa es  un simple “opinador” vinculado a la caverna  mediática,  sin ningún reconocimiento académico.  De hecho, dicen que su “revisionismo” pseudo- científico solo ha servido para legitimar históricamente el Alzamiento del 18 de Julio…

La izquierda no tiene ninguna legitimidad para hablar del 18 de Julio, porque cómo ya te acabo de comentar, ella es la responsable de los acontecimientos del 34. La historia es como una soga. Los hechos son los que son. Eso no se puede destruir por mucho que se intente. Cómo se dice en mi tierra, “Cada uno cuenta la historia según cómo le haya ido en ella”. En todas las familias ha habido de todo, gente de derechas, de izquierdas, católica y cada una tiene su visión de las cosas. Pero lo que es cierto e irrefutable, fue la situación de inseguridad que generó la República, sobre todo debido a su anticlericalismo y a la quema de iglesias y ataque a la gente creyente.Había asesinatos diarios. Sin olvidar los atropellos que se cometieron una vez estallada la guerra.Eso fue tremendo.

Los mismos que se cometieron en zona “nacional”…

Yo, en todo lo que he escrito sobre la guerra civil, me baso en fuentes de la zona republicana y no de la zona “nacional” y lo mismo puede decirse respecto a Pío Moa. Creo que el rigor debe estar por encima de las ideologías. A mi me gusta mucho la política, pero creo que no debe interferir en la investigación historiográfica.

Supongo que no lo estás diciendo por la exquisita imparcialidad de los miembros de la Real Academia de la Historia, que durante el mandato del Partido Popular en el gobierno llegaron a decir auténticas barbaridades sobre la naturaleza política del  franquismo.

Creo que la política y las ideologías no deberían interferir en la búsqueda de la verdad histórica. Si los miembros de la Real Academia de la Historia están politizados, es algo que me parece muy mal. No hay que olvidar que las instituciones viven del dinero público que da el gobierno de turno y eso hace que no sean neutras. De todas maneras, la Real Academia de la Historia empezó a convertirse en una institución al servicio del poder político hace mucho tiempo, más en concreto, desde la Segunda República y bajo las presiones de Manuel Azaña, que fue el primero en politizarla. Esa falta de neutralidad de la Real Academia no es un fenómeno reciente. A la izquierda no le ha sentado bien la postura de la Academia sobre la Ley de Memoria Histórica de Rodríguez Zapatero. Ese es el verdadero trasfondo del asunto.

 

“Había de todo en las familias, gente de derechas, de izquierdas, católica o atea, pero el hecho irrefutable es que la Segunda República  generó una terrible inseguridad. Había asesinatos y quema de conventos todos los días”

Deduzco que tú también eres un gran crítico de la misma…

Es que no hay memorias colectivas e históricas, sino memorias individuales. Esa ley votada por la izquierda me parece un auténtico despropósito. Estuvimos durante cuarenta años escuchando una historia oficial, que era la de los “vencedores” y ahora llevamos otros cuarenta años escuchando la de los “vencidos”, que cuentan su verdad, cuando en realidad hubo de todo durante esa guerra. Creo que se rompe con el espíritu de la Transición. La Ley de Memoria Histórica está declarando ilegal a la propia monarquía y poniendo en peligro la estabilidad del sistema. La monarquía constitucional no es una “Restauración”, sino una “Instauración” consensuada. Esa ley es muy peligrosa para España, porque vuelve a sembrar la división y durante la guerra, la verdad es que hubo grados de culpa en ambos bandos. El régimen de Franco fue un sistema autoritario, está claro, pero no se puede estar insultando a la gente, porque, evidentemente, se produce un efecto rebote en la otra parte. Si desenterramos a Franco, desenterramos lo peor del pasado, cuando evocamos los demonios del pasado, resurgen, no los de unos, sino los de todos. Yo a  mi abuela y a mi madre nunca les oía hablar mal de nadie y que  conste que mi abuela estaba casada con un militar y se quedó viuda en el 37. Nunca le oí decir nada sobre nadie, ni siquiera sobre Carrillo o “ La Pasionaria”.   Hay que dejar  que los muertos descansen en paz y ya está…

“No hay memorias colectivas, sino memorias individuales. Es por eso que la Ley de Memoria Histórica de Rodríguez Zapatero me parece un auténtico despropósito y peligrosa para España, porque vuelve a sembrar la división”.

Te recuerdo que  el alzamiento del 18 de Julio fue una rebelión militar contra el gobierno legítimo del Frente Popular. No se puede estar en la equidistancia…

Yo no estoy en la equidistancia. Tengo un pensamiento muy claro y lo digo. Una cosa es no ser maniqueo y otra cosa es la equidistancia. Me queda muy claro que la República idílica no existió. Lo que podía haber sido una solución para España fue destruida por los socialistas, los comunistas, los anarquistas y los separatistas. Fueron ellos los que acabaron con la República. Fue un proyecto que se abortó por culpa del egoísmo de estos movimientos y partidos. Ya te lo dije, todo esto tiene su origen en el 34. Eso no lo digo yo, está ahí, en las hemerotecas y en los archivos. ¿ Qué pasa? Pues que por desgracia en una guerra pierde todo el mundo. Pero lo que yo tengo claro es la historia, porque soy historiador de formación.

¿Cómo ves la situación actual, sobre todo a la vista del fenómeno Vox,con un discurso que recuerda la más siniestra retórica fascista de los años 30?

A España la veo más o menos cómo en el año 32 y 34. Todo muy revuelto. Los separatistas intentando irse, la izquierda volviendo al tema de la guerra civil y las derechas reaccionando. Estamos volviendo al guerracivilismo, aunque con otro tipo de sociedad y mentalidad, en el que la gente es más culta y preparada, donde no hay hambre y sí progreso y eso creo que neutraliza la situación política, que me recuerda mucho la del 36. Todo esto se lo debemos a Rodríguez Zapatero y su empeño a sacar a los muertos. Yo soy nieto de los que ganaron esa guerra, pero también de los que la perdieron. La historia para los historiadores, no para utilizarla como arma arrojadiza, que puede traer consecuencias muy graves y eso a corto plazo. Creo que hay que perdonar. Soy  un conservador católico y practicante y  no me da vergüenza decirlo.  Pero soy sobre todo un historiador y los hechos son los hechos.

Soy nieto de los que ganaron la guerra, pero también de los que la perdieron.La historia para los historiadores, no para utilizarla como arma arrojadiza. Creo que hay que perdonar”

 

Para mi eso no es el problema. Conocí a muchos sociólogos e historiadores conservadores con una gran estatura humana, ética, intelectual y académica. 

Y yo también los conocí en la izquierda…

El problema es la derecha política de este país.  Si  tuviese un gesto   condenatorio  respecto al franquismo, idéntico  al que demostró el Presidente  Jacques Chirac en relación al anti-semitismo  del régimen de Vichy,  entonces  dejaría de estar bajo constante sospecha ideológica .  

Tu ejemplo no me convence del todo. En Francia hubo muchos más “Colaboracionistas” de lo que se quiere reconocer, además de movimientos fascistas, pro-nazis, gente que, cómo ya te dije antes, procedía del socialismo. La mitad de los franceses estaban con el Mariscal Pétain y guardaron silencio sobre las deportaciones de los judíos. De hecho, los primeros campos de concentración se abrieron en Francia. Después, los nazis acabaron el trabajo.

Viví muchos años en Francia y es verdad que el siniestro periodo de la “Ocupación y el “Colaboracionismo” se revela como una piedra en la zapato para la memoria colectiva de nuestros vecinos. Pero no es menos cierto que los gaullistas liquidaron toda la tradición anti-republicana tras la Liberación del 44 y deshonraron públicamente al Mariscal Pétain y sus seguidores. La derecha francesa se dio una honorabilidad democrática que echo a faltar en la española. 

Es que la derecha abarca muchas cosas. No es lo mismo el PP,Ciutadans, Vox o la Falange. Les daré la razón a unos y otros cuando la tenga y no lo haré cuando me disguste lo que dicen. Si Vox mete la pata, yo le criticaré. Pero no se puede criticar a Vox, que es un partido constitucionalista, cuando el señor Sánchez estuvo gobernando con golpistas y terroristas.

               ” VOX no es un partido fascista, porque si lo fuese, contaría con todo mi desprecio. Es un partido de “orden”, católico y defensor de las tradiciones y la familia”

Bueno, bueno… Eso es una opinión que no comparto. Te recuerdo que Vox pretende suprimir el Estado de las Autonomías, lo que le sitúa tan fuera de la Constitución que los partidos independentistas…

No suprimirlo, sino reformarlo. El Estado de las Autonomías es financieramente insostenible y hay competencias que deberían ser devueltas al Estado Central.

¿ Y qué me dices de su discurso? Estarás de acuerdo conmigo en que su retórica contra Cataluña tiene bastante que ver con el delirio verbal sobre el rojo-separatismo que cundió en los años de la República y la guerra civil. O sea, una palabrería propiamente fascista sobre los “enemigos de España”. 

Vox no es un partido fascista, porque si lo fuese contaría con todo mi desprecio. Tampoco me atrevería a decir que es de extrema-derecha, pero  en cambio sí que lo es el partido de Albert Rivera. La formación de Abascal es un partido católico, con gente de buena fe,  defensora del orden, de las tradiciones y de la familia. Así de simple.

¿ Y lo de “Soy novio de la muerte”? Hombre, tú me dirás cuando se evoca una figura tan vómitiva como Millán Astray…El símbolo más macabro del ejercito franquista…

Jejee… Reconozco que  me sorprende el hecho de que un partido introduzca  elementos simbólicos que pertenecen a una institución castrense como La Legión. Vox es un partido formado por civiles, no por militares. Que entonen esa canción en sus mítines  me parece una auténtica estupidez. Qué se le va a hacer, nadie es perfecto.

Claro que no, pero  resulte una estupidez o no, lo cierto es que dan miedo y se lo oigo decir a gentes de las que no me consta que sean  marxistas peligrosas… 

Los que deberían darlo son Podemos, el PSOE, Rodríguez Zapatero, Sánchez y los separatistas, que son los que han vuelto a sacar los demonios de la guerra civil, alimentando unos odios que creíamos erradicados.

Esa es tu opinión. La respeto,  pero no la comparto.

Esos los valores de un católico como yo, el respeto hacia las ideas de los demás. Valores que no son los de la izquierda.

Vuelvo a no estar de acuerdo.

En eso consiste un dialogo…

Para mi lo importante es saber escuchar a aquellos con los que discrepamos.

Y lo suscribo…

Bueno, amigo, podríamos pasarnos horas y horas hablando sobre los dramas históricos que han acechado a nuestro país. Pero ya no tenemos tiempo. Lo esencial es agradecerte esta entrevista y felicitarte por tu novela, “ El correo de Tánger”, que de ella  habíamos quedado para hablar. Lo demás es secundario. 

El que te agradece esta entrevista soy yo y espero que me perdones este acento andaluz cerrado que tengo. Soy un sevillano de pura sangre…

Jejeje… Gracias y suerte, Fernando….

 

 

 

 

 

 

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AQUELLOS NIÑOS DEL 36 QUE SUPIERON SOÑAR : UN DIÁLOGO CON EL ESCRITOR MARTÍN ABRISKETA

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Martín Abrisketa 

Contaba Francisco Umbral con motivo  de su obra autobiográfica, “ Memorias de un niño de derechas”, que él había sido feliz durante la guerra civil española. La reflexión chirriaba en los oídos de toda una generación emocionalmente herida por ese mismo acontecimiento. La misma a la que le habían negado la experiencia  de la inocencia y puesto prematuramente frente a la crueldad del mundo adulto. En ese infierno de las inocencias truncadas, nunca hubo regla sin excepción. Martín Abrisketa tuvo a bien de recordárnoslo con su exitosa  novela, “ La  lengua de los secretos”,(Roca Editorial,2015) la historia  real de su padre, Martin, el periplo de un niño en el mundo rural vasco, que luchará a capa y espada a lo largo de la guerra civil para que nadie le usurpase lo que le pertenecía por derecho propio : su infancia.

Periodista y cámara de profesión, Martin Abrisketa (Bilbao,1967), es un  autor vasco que, muy equivocadamente, no se considera del todo un  escritor. Sin embargo, lo es. Fichado por el Grupo Planeta, acaba de publicar su segundo novela, “El país escondido”(Planeta,2018), la historia de una niña, hija de una toxicómana, a la búsqueda de una madre que le ha abandonado y  que intenta cambiar el mundo y la realidad a través del universo imaginario que plasma a través de sus dibujos. En ese sentido, no cabe duda que la producción narrativa de Martín, hasta ahora, modesta, pero profunda y con una prosa de una indudable calidad, bien puede ser concebida como una oda a la infancia, la fantasía y el sueño.

A lo largo de esta entrada, conversamos sobre “La lengua de los secretos”, de  la experiencia del niño Martín durante la guerra civil y de la propia relación de Martín Abrisketa con su padre, pero también sobre, la memoria histórica y sobre todo, sobre  el valor del testimonio intergeneracional   Mi charla con él inaugura así una nueva sección de entrevistas  en torno al tratamiento narrativo de lo que vino a hacerse conocer como, el “drama de España”.

La lengua de los secretos

 

Dicen que los niños de la guerra encarnan a una generación a la que le cayó como una losa toda la historia de su país, de  ese “Laberinto español” del que nos hablaba Gerarld Brenan…

 Yo creo que cualquier guerra cae como una losa, en especial sobre los que la padecen y más en particular, sobre los niños, que no saben lo que es una guerra, ni nadie se lo ha explicado. Lo que cayó sobre esos niños fue una losa de incomprensión hacia un mundo de adultos que se destruía a si mismo.

“ La lengua de los secretos” es la infancia de tu padre  durante la Guerra Civil, narrada por él y escrita por ti. No sé si esa relación entre vosotros confirma la verdadera esencia de lo que es un escritor. Es decir, alguien capaz de poner sobre el papel la experiencia existencial de individuos que no sabrían ellos mismos cómo escribir, ni contar.

Yo no era escritor y tampoco hoy tengo claro si lo soy. Lo que tenía es una herida con mi padre, quizás no muy grande, pero una herida a fin de cuenta. No nos entendíamos, había un muro de incomprensión entre nosotros. Ocurrió que la literatura nos unió para siempre. Él guardaba una historia que me parecía imprescindible rescatar. Esa historia salvó a mi padre y me ayudó a recuperarle. “La lengua de los secretos”  no es mi novela, sino la de los dos. Mi padre aportó la historia y yo, gracias a mi profesión de periodista, puse la palabra, organicé la narración y el desenlace de la trama.  Nunca hay una novela sin historia y fue mi padre el que le dio sentido a mi escritura. Pero lo que quiero decir sobre todo, es que  no es  solo su historia, sino la de muchos niños como él.

Comentas en una parte de tu novela  que el hecho de que te contase su infancia había cambiado tu percepción sobre él.

Lo bueno de asomarnos juntos a su pasado,es que descubrí lo mejor de mi padre. Con ese pasado y lo que tenía de más bonito , limamos asperezas. En nuestro caso, el pasado nos abrió la puerta del presente…

“Entre mi padre y yo había había una herida y un muro de incomprensión, pero ocurrió que la literatura nos unió para siempre”

 

Si me permites el comentario personal, yo también tuve un padre que vivió la guerra civil y después de presenciar con siete años cómo asesinaban a mi abuelo unos días después del 18 de Julio. Sin embargo, nunca habló de ello y se colocó la mascara de un hombre severo y apático respecto a nuestro propio mundo de niños. Me planteo si muchos de esos niños de la guerra se limitaron a interiorizar el dolor,  impotentes para expresarlo,  incluso en la edad adulta…

Sí, en la mayoría de los casos. El de mi padre es excepcional. Mi padre era un niño muy fantasioso y para él, la guerra se convirtió en una aventura, en una guerra de mentira. A pesar del drama que vivía, no ocurrió nada irreversible, al contrario de  lo que sucedió con tu padre. La mayoría de la gente  no quiere recordar su niñez durante la guerra civil, precisamente porque hubieron muchas cosas irreversibles en sus existencias.

Tu padre cuenta una vivencia personal,  pero mi  pregunta es si estamos realmente ante una mera historia individual que Martín necesita dar a conocer a través de ti o si en realidad, detrás de ella, hay en verdad un alegato contra la desmemoria colectiva…

Por supuesto. Mi padre hizo que otra gente de su generación se decidiese a recordar. Recuerdo que me escribió una mujer casi centenaria a través de su hijo, contándome una historia muy parecida a la de mi familia y que jamás había explicado a nadie. Eso tiene la literatura, que es buena para el que escribe las historias, pero también para los que las reciben. Nos hace ver nuestra propia realidad y superar muchas cosas de ella. Muchos niños de la guerra se volvieron personas introvertidas y creo que la historia de mi padre les ayudó a gestionar sus sentimientos y sobre todo, a expresarlos. Me paró mucha gente en la calle para decirme que la historia de Martín Abrisketa también era la suya.

Aunque la historia de tu padre es la de los “vencidos” , compruebo que en la novela no subyacen sin embargo grandes proclamas ideológicas, ni rencor, ni tampoco revanchismo…

 Es que no desprende odio, solo se limita a recordarnos lo que no debe volver a ocurrir. Habla de las cosas buenas que también hay en los dramas colectivos. A mi me preocupan los odios y cómo se están volviendo a alentar en muchos ámbitos de la vida colectiva y respecto a numerosos temas. Para mi, es bueno que sepamos lo que ocurrió y para qué ocurrió, que fue para nada, a parte de que para que hubiese mucha gente inútilmente muerta.

“Muchos niños de la guerra  se volvieron personas introvertidas y creo que la historia de mi padre les ayudó a gestionar sus sentimientos y sobre todo, a expresarlos”

En muchos aspectos, veo en tu novela y en el periplo de Martin, una oda a la inocencia y a la fantasía, a esa tierra mágica que es la infancia, pero al mismo tiempo percibo  también en la narración una lucha encarnizada entre lo fantástico  y el infierno de la realidad.

 Mi padre cuenta una historia casi bonita.Él mismo disfrutó con los bombardeos, de tener que buscar comida para alimentar a sus hermanos. Saludaba a los pilotos y veía caer las bombas como si fuesen hojas de un árbol. Lo único que le protegía era su fantasía, que era como un escudo frente a aquel drama. De hecho, cuánto peor se ponían las cosas, más jugaba con su imaginación…

¿ Pero ese juego con la fantasía no volvía opaco el verdadero drama, no banalizaba la realidad y el sufrimiento?

 Esa fue una de mis preocupaciones cuando me puse a escribir, temía que la realidad se quedase sepultada por las fantasías de mi padre. Finalmente, me di cuenta que el reto consistía en contar la realidad y crudeza de aquella guerra a través de la imaginación de un niño. Te pongo un ejemplo : las evacuaciones de los refugiados fueron terribles, cuando Euskadi estaba siendo asolada por los “Nacionales”. Los refugiados se iban en cargueros británicos, en unas condiciones lamentables, con la muerte persiguiéndoles. Mi padre vivió esos episodios. Se imaginaba que el barco era una ballena asesina y que habían sido devorados por ella. Cuando le enseñé el borrador del capítulo, me dijo que esa había sido su vivencia. Yo, por mi parte, pude meterme en su cabeza de niño y comprobar cómo la fantasía era su único instrumento de supervivencia, la única manera de no perder su infancia, de salvarse…

Sí, de acuerdo, pero lo que también veo en tu novela es que Martin va encontrándose de frente con la realidad, sobre todo después de la muerte de su hermano Juan en el frente. A ese respecto, me interrogo sobre si la pena y el dolor no son la verdadera puerta salida de la infancia, el signo del fin de la misma…

 Claro, pero la novela pretende ser también una historia sobre el crecimiento, sobre el transito hacia la edad adulta. Cómo ya hemos comentado, Martin vive en una lucha entre la fantasía y la realidad, entre crecer o no, pero al final se da cuenta que tiene que hacerlo. Eso es bueno, porque crece en todo y para todo.  Tuvo que enfrentarse a la realidad, sobre todo en los años de la posguerra. Pero es porque supo ser niño que en su vejez también fue capaz de comprender a sus propios nietos y su mundo. Es porque mi padre logró seguir siendo un niño, que en la edad adulta, en la madurez y en la propia vejez, supo tener una visión positiva de la vida y nunca perder la ilusión. Eso le diferenció de otra gente de su generación, que siempre vivió con el alma herida.

“Pude comprobar cómo mi padre encontró en la fantasía su único instrumento de supervivencia, la única manera de no perder su infancia, de salvarse frente al drama que estaba viviendo” 

 

Lo que me cuentas me hace pensar en obras cinematográficas importantes de los últimos años  como ” La vida es bella” de Roberto Benigni  y “El laberinto del fauno”  de Guillermo del Toro, que también tratan del juego y de la fantasía en medio de la realidad atroz de los totalitarismos. No sé si preguntarte qué hay también de Martín en esas dos magnificas historias…

Me han  preguntando muchas veces por esas dos películas en las entrevistas que me han hecho. En “La vida es bella” es el padre que el mete a su hijo en un juego para hacerle creer que no están en un campo de concentración nazi. En el caso de “La lengua de los secretos”, es Martín que se inventa su propio mundo para evadirse de la realidad de la guerra civil. Pero tengo que decirte que cuando escribí mi novela no pensaba tanto en  las obras de Benigni y del Toro. Si tengo algún referente cinematográfico sería más bien ” Big Fish de Tim Burton. Un día la vi, después de haber acabado la novela y me recordó mucho mi historia, puesto que habla del reencuentro entre un padre fantasioso y un hijo que habían permanecido muy alejados el uno del otro. Pero en general procuro mantener mi punto de vista, no dejarme influir, mantener en el proyecto original que tengo.

Entonces no sueles apoyarte en el cine, a diferencia de lo que hacen otros autores, sobre todo en estos momentos, en los que lo visual a adquirido semejante importancia frente a lo literario, en los que nos gusta mirar, pero nos cuesta leer…  

Me apoyó en el cine cuando escribo, pero no tanto en las películas en sí y en sus tramas, sino en la realización. Soy  cámara de televisión profesión y le doy mucha importancia a los planos, que son los que me  inspiran cuando escribo. Creo cámaras imaginarias cuando describo una escena y eso me permite apreciar los detalles que a veces se te escapan. Yo necesito pensar en las imágenes y luego trasladarlas a la escritura. Es una cámara subjetiva.  Con los planos consigo acercarme o alejarme de los personajes y situarlos en cada contexto y situación.

Lo que compruebo es que, más allá de la parte verídica de la historia y centrándome en lo literario en el sentido estricto, rompes con ese estilo narrativo tremendista que caracterizó, por ejemplo, a la generación del 50, y con matices, a la propia producción literaria y cinematográfica sobre la guerra civil que vino a surgir tras la Transición. Parece que optas más bien por lo trágico-cómico…

 No puedo darte mucha opinión sobre esa cuestión, en parte también porque mientras escribía procuraba evitar demasiadas lecturas sobre la guerra civil, sobre todo para que no influyesen en mi propia escritura y forma de contar las cosas. Solo puedo decirte de que en “La lengua de los secretos” recreé una gran cantidad de sucesos de humor, sucesos reales. Te cuento uno de ellos. A mi padre le habían dicho que los franquistas eran diablos, a pesar de que nunca había visto a ningún “Nacional”. Tenía mucho miedo,sobre todo cuando regresó de Francia y cruzó la frontera de Irún. Los niños estaba aleccionados, a igual que los del bando contrario, donde los diablos eran los “Rojos”. Para mi padre, un diablo era alguien con cuernos y rabo. Como los “Nacionales” llevaban gorra, pensaba que debían tenerlos escondidos debajo. Un día le tocó el culo a uno de ellos para comprobar si  tenía escondido el rabo.

Jejejejeje… ¡Me cuesta imaginármelo!

 Jejejeje… Te aseguro que es cierto…

Cambiando de tema, si me permites, hay algo que también es emocionante en tu novela y es la ingenuidad con la que los niños descubren las palabras y su significado, palabras que hablan de una realidad muy cruel…

 Sí, por ejemplo la palabra “enemigo”. ¿Quién es el enemigo? Es una palabra en la que todo depende de quién la pronuncia. En uno de los bombardeos, los pilotos les lanzaron octavillas. Algunas de ellas les cayeron en la cara, en las que leían la palabra “enemigo” en referencia al gobierno de la República, cuando en realidad para ellos los enemigos eran los franquistas. Eso les generaba un tremendo conflicto interno, al comprobar cómo las mismas palabras cambiaban de significado según el caso. Fueron niños que  descubrieron las palabras envenenadas de los adultos y su mala intención. Pero las pronunciase quien las pronunciase, siempre había una esencial que significaba lo mismo para todos : “horror”.

¿Y hablando de significados, qué me dices de Guernica, qué significaba para esos niños y qué significa para la gente de hoy y sobre todo, para la memoria colectiva de Euskadi?

  Te voy a contar una experiencia personal. Cuando era pequeño y vivíamos en Bilbao, mi padre me llevó a Guernica. Cada vez que veía un árbol, le preguntaba “¿Ese es el árbol de Guernica”? Todos los árboles que veía por la calle, para mi eran el “Árbol de Guernica”. Me contestaba a cada vez que ese no era y cuando llegamos a él, me dijo que era ese y me explico un poco. No entendía muy bien y lo que hice en la novela fue explicarlo al nivel de un niño. Ahora mismo, Guernica es un símbolo de la guerra o de la paz, pero sobre todo una premonición de lo que ocurriría. Con Guernica, el verdadero enemigo era la población y se iba a por ella, sembrándole el miedo. Esa memoria la tenemos todos los vascos, gracias a Picasso y todos los periodistas extranjeros que denunciaron aquello y lo trasmitieron al mundo entero. Creo que los periodistas jugaron un papel fundamental, porque sino aquello habría pasado desapercibido, como muchos otros crímenes de guerra. El ´”Árbol de Guernica” tiene una historia ancestral. La gente se reunía alrededor de él para deliberar los asuntos del pueblo, era como una democracia primitiva y es por eso que Guernica produjo tanto temor a los fascistas, porque  significaba democracia.  Por lo tanto, la única arma que tenían  era sembrar el terror y el miedo.

“Los niños de la guerra descubrieron las palabras envenenadas de los adultos, pero las pronunciase quien las pronunciase, siempre significaban lo mismo para todos :”Horror”

¿Ahora que lo mencionas, el miedo también persistió en tu padre, a pesar de que, cómo me has dicho, fue un hombre que supo mantener la ilusión y la esperanza? Te lo comento porque es precisamente el miedo vivido por la gente de su generación el que determinó las condiciones de la Transición Democrática.

 Creo que el miedo es lo último que pierden los seres humanos cuando son viejos, es el sentimiento que persiste por encima de otros, como el amor o la amistad. Recuerdo que cuando se produjo el 23-F mi padre lo experimentó, fue la primera vez que lo vi en él, cuando nunca me había dado la impresión de que fuese un hombre cobarde. El miedo siempre estuvo presente en Euskadi y en la generación de mi padre. Nosotros, más jóvenes, lo vivimos de otra manera, pero yo vi el temor de mi padre ante la posibilidad de que todo aquello que ocurrió en su infancia volviese a producirse. Temía por nosotros, por sus hijos. Ya sabes que los ancianos suelen recordar las primeras etapas dsus vidas. Mi padre, con noventa años, quizás no tenía memoria de lo que le había sucedido el año anterior, pero si la tenía  a la perfección sobre su infancia. Recordaba la guerra y ahí estaba el origen de muchos de sus miedos al  final de su vida.

Tú y yo sabemos que la gente de nuestra generación aprendió sobre la guerra civil mucho más que través  del testimonio transmitido inter-generacionalmente por nuestros mayores, que de los libros de historia. Sin embargo, los jóvenes de hoy solo conocen el acontecimiento del 36 como un hecho puramente cronológico, para ellos solo es una fecha…

 Me parece una pena. A mis sobrinos les hablan de la guerra civil en el colegio, saben quién era Franco y poco más. Se traslada un hecho histórico en la que no hay sentimiento.

¿Cómo ves el papel de la literatura en tanto que instrumento de transmisión de la memoria histórica?

 Lo que veo es que están triunfando las pequeñas historias, las de gentes que no fueron protagonistas de la guerra, gentes anónima. Las víctimas. La literatura tiene la facultad de dibujar emociones. Yo lo que intento es dibujar esas emociones de gentes desconocidas, que son los verdaderos protagonistas de las guerras y que no aparecen en los libros. Por eso creo en el papel de la literatura como vía para  transmitir la historia. La que transmiten los manuales es historia política. El relato perfecto y único no existe, existen una suma de relatos.  Me interesa lo que le ha ocurrido a gente intrascendente, que es como de verdad podemos entender una guerra. De hecho, uno de mis proyectos es  convertir “La lengua de los secretos” en una historia gráfica destinada a las aulas, a los más jóvenes. Hay que adaptar la literatura al lenguaje de los niños y sobre todo de unos niños que recepcionan muchas cosas en su mente y que no pueden concentrarse con una novela larga y complicada. Mi tía les explicó en una ocasión a unos niños algunos capítulos de mi novela y lo entendieron perfectamente. Incluso algunos de ellos me vinieron a preguntar cosas de la novela, en base a lo que les había explicado mi tía.

“Mi padre todavía recordaba la guerra a sus noventa años y creo que eso fue el origen de muchos de sus miedos al final de su vida” 

 

Entiendo entonces que concibes la literatura como un material didáctico alternativo al abstraccionismo de las ciencias sociales…

 Sí, yo creo que en los libros de historia faltan personas. La guerra civil es lo último del temario y lo último en preferencias del sistema educativo. Nos explican no sé qué sobre los Reyes Católicos  y la manipulación de sus figuras, pero no explican lo esencial. Creo que hay que devolver protagonismo a los que fueron las verdades protagonistas de aquella guerra, o sea, las víctimas. De esas personas que sufrieron la guerra, sí que tenemos algo que aprender, de lo otro no. Bueno, sí, a través de los libros de historia se aprenden cosas, pero el verdadero humanismo se adquiere a través de lo que dicen y piensan las personas, las de esas “pequeñas historias” que te comentaba.

Puesto que hablas de que la historiografía transmite en realidad una historia política que no coincide precisamente con esas pequeñas historias que tú reivindicas, ¿qué te parecen las tesis “revisionistas” que han ido surgiendo durante los últimos años, que relantivizan la maldad del franquismo y en cambio cargan toda las culpas sobre la Segunda República?

 Pues me quedo con ojos como platos, por lo atrevido que es el desconocimiento y bueno, además, yo creo que es un desconocimiento voluntario porque no hay mayor  ciego que el no que no quiere ver. Hace poco, no recuerdo quién y ni quiero recordarlo, alguien estaba hablando del golpe de Estado en referencia a los hechos de octubre del 34 en Asturias. Yo creo que, frente a esas manipulaciones, lo que  hay que hacer es proponer historias bonitas y contadas con el corazón, para recordar bien las cosas. Las personas tendemos a querer a contar las cosas con tendenciosidad, queriendo que los demás piensen como nosotros. Manipulamos los hechos para convertirlos en otros hechos y así poderlos tergiversarlos. Frente a eso, lo que no tiene vuelta de hoja son los testimonios de los niños de la guerra, de los que todavía están vivos. Es de ellos que debemos aprender y de esos mismos testimonios que debemos adquirir  humanismo.

“Creo que hay que devolver su lugar a los verdaderos protagonistas de la guerra civil, que son los seres anónimos, las víctimas…”

¿La literatura puede ayudarnos a recuperar el sentido ético de la existencia?

 Sí, claro. La buena literatura, trate del tema que trate, nos habla de la humanidad, de la bondad, del amor, de los sentimientos y valores universales. A mi me ha formado y me sigue formando. Ahora lo hace desde el otro lado, desde mi faceta como escritor. La escritura me ha ayudado a escarbar dentro de mí,  a compartir mis sentimientos con otros.

¿Cómo escritor, te planteas buscar otra de esas “pequeñas historias” y escribir otra novela sobre la guerra civil?

 En torno a la guerra civil no lo sé, no lo tengo claro. Metí tres años en escribir “ La lengua de los secretos”, lo mismo que duró la guerra y lo experimenté también como una guerra, porque sentí cada bomba que le caía a mi padre. Fue muy muy duro. No descartó volver sobre ello y de hecho, para mí sería lo fácil, de todas las historias que me han llegado sobre aquella época, podría sacar veinte novelas. El caso es que no me veo capaz ahora mismo de volverme a sentar frente a esa guerra. Es muy duro asomarte al pasado.

“Yo tenía necesidad de contar la historia de mi padre y en realidad conté la de más personas, las de la gente de su generación” 

 

¿ Te esperabas a la buena acogida que ha tenido tu  primera novela, publicada por un sello con cierto caché y que ha tenido magnificas críticas en muchos medios importantes? Te lo digo porque siempre se está comentado que la guerra civil es un tema saturado, de cada vez menos ganche comercial…

 Sabes lo que pasa, es que yo escribí por necesidad, aunque no te ocultaré que deseaba que ocurriera eso que comentas, la buena acogida entre el público. Pero más allá de eso, yo ya tenía mi recompensa. Había recuperado la memoria de mi padre y la había publicado. Aunque no lo que no esperaba era la ola de cariño y de empatía que recibí por parte de los lectores. Sabía que mi historia tenía potencial, pero necesita hacerlo bien, porque hasta la fecha yo nunca había escrito literatura. Escribí la novela en dos años y después, tuve que volver a empezar. Volví a reescribirla durante otro año más. Mi padre estaba muy enfermo y se me podía ir en cualquier momento. Era como una carrera contra su muerte. Pasé tres años sin vacaciones, dedicándome a escribir, porque pensaba que la historia de mi padre merecía ser conocida. Para mi ha sido un orgullo y que conste que no suelo hablar de mi, que soy muy crítico conmigo mismo y una persona modesta, pero me ha alegrado que esa historia llegase a mucha gente. Yo tenía necesidad de contar la historia de mi padre y en realidad conté la de más personas, las de su generación.

La gente ha sido muy participativa, ¿no? Sobre todo en las escuelas en las que has sido invitado para hablar de tu libro…

 Una de las experiencias que hemos tenido ha consistido a pedirles a los niños que preguntasen en sus casas por la guerra civil. Todos ellos descubrieron que en sus casas también hubo un protagonista y una historia desconocida sobre esa época. Les pedimos que hiciesen una redacción sobre la experiencia en sus familias. Hemos descubierto decenas de historias increíbles y bonitas. Los niños no escriben, ni cuentan las cosas tendenciosamente. Hablan de sus bisabuelos y de lo que han descubierto de ellos. Es un patrimonio precioso  Ahora tenemos un acuerdo con el Archivo Histórico de Euskadi para crear una base de datos en la que figuren esas historias. Son historias de niños de los dos bandos. También tenemos a niños que no tienen esas historias, pero que han ido a una residencia de ancianos para que los mayores les contasen cosas sobre la guerra civil. Es una cosa muy bonita.

Desde luego que sí, Martín, a mi solo me queda felicitarte por tu novela y sobre todo, por tu contribución a la memoria histórica a través de esas “pequeñas historias”, como la de tu padre, Martín Abrisketa.  

Abrisketa (1)

El niño Martín, en su ancianidad, junto a su hijo, Martín Abrisketa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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SUSANA RODRÍGUEZ LEZAUN : ” MIS NOVELAS SON UN ALTAVOZ CONTRA LAS INJUSTICIAS MÁS FLAGRANTES DE LA SOCIEDAD ACTUAL”

Lezuan

 

Susana Rodríguez Lezaun ( Pamplona,1967), es uno de los principales valores en el género negro y  una de las musas del grupo  Random House, gracias sobre todo al éxito de sus tres novelas protagonizadas por el personaje del Inspector David Vázquez : “Sin retorno”(2015), “Deudas del frío”(2017) y ahora, “Te veré está noche” (2018); una historia trepidante de violencia y venganza familiar  con la que Susana reconoce haber plasmado lo más profundo de si misma. Ademas de escritora y  periodista de formación y profesión,  a Susana Rodríguez Lezaun le toca en el próximo 2019 tomar el relevo a Carlos Bassas del Rey como comisaria de Pamplona Negra. Dada la proximidad del evento, era ocasión de hablar con ella e indagar en su perfil.

Autora comprometida con los derechos de las mujeres, no parece sin embargo muy devota de los debates teóricos a los que se ha prestado el feminismo académico, ni  de los gestos simbólicos, ni de las comedias de la corrección política, sino que prefiere alzar la voz a favor de políticas y medidas objetivas en la igualdad de género. En lo literario también es una mujer de convicciones firmes. Aunque crítica con la tendencia a que se convierta la literatura en un mero producto comercial para el consumo, no suscribe por igual los diagnósticos apocalípticos sobre el definitivo triunfo de la mediocridad en la oferta editorial. A pesar de que defiende el rigor  en la escritura y aprecia la  “Literatura de expresión”, se le intuye hostil hacia el  elitista aristocratismo intelectual    de la critica y teoría literaria, creyendo más bien  en el criterio y los diversos  gustos de los lectores.

Si algo tengo que resaltar de Susana Rodríguez Lezaun,  es que evita  las exageraciones y  en cambio apuesta  por los matices. Es suma, Susana se caracteriza por su  espíritu ponderado y cordura en el momento de valorar cualquier cuestión. Así queda reflejado a lo largo de nuestra charla.

Dime una cosa Susana, para disipar rumores o confirmar certezas, con “Te veré esta noche” ¿de verdad pones fin al periplo literario del inspector David Vázquez?

Como dicen en mi tierra, ni sí, ni no, sino todo lo contrario. El corazón me pide una nueva historia, incluso me la dicta, pero la cabeza me dice que lo deje tranquilo. No soy muy amiga de las sagas eternas, salvo que te salgan tan bien como a Alicia Giménez Bartlett, Manuel Vázquez Montalbán, Jo Nesbo o Michael Connelly. Lo único cierto es que en ninguno de mis dos próximos proyectos literarios está David Vázquez.

¿ La trilogía es la dosificación justa para no tornase en rehén del personaje creado?

Es posible. Con tres libros puedes narrar una historia en detalle, recreándote en el pasado, el presente y el futuro, y no te arriesgas a “aburrir” al lector. En cualquier caso, creo que es una cuestión de modas. Las trilogías son tendencia.

Algunos comentaristas dicen que detrás de David Vázquez está la sombra de Pepe Carvalho y que de Susana Rodríguez, la del propio Vázquez Montalbán…

Detrás de David Vázquez hay un homenaje nada disimulado a Manuel Vázquez Montalbán, para mí el mejor escritor de novela negra que ha dado este país, pero desde luego, yo no le llego ni a la suela de los zapatos. Tengo mucho que aprender, un camino larguísimo que recorrer, antes de atreverme siquiera a compararme con él.

” En “Te veré esta noche” dejo ver algunos de mis miedos más personales y pesadillas más reiterativas respecto a la pérdida de mis hijos” 

Montalbán plasmó a través de Carvalho su decepción ante la realidad política y social de los 80. A título de confidencia, ¿Susana Rodríguez también está expresando por voz de David Vázquez algunas de las suyas sobre esta época en que vivimos?

Sin duda, y también sin disimulo. He utilizado a mis personajes y las tramas de mis novelas a modo de altavoz para denunciar algunas de las injusticias más flagrantes de la sociedad actual, como el terrorismo machista o la corrupción política y financiera. Además, sobre todo el “Te veré esta noche”, dejo ver algunos de mis miedos más personales. Mi pesadilla más reiterativa cuando mis hijos eran pequeños era que los perdía y no podía encontrarlos. Ese es el germen de la tercera novela. Y puestos a confesar, te diré también que escribí “Sin retorno” con el rostro de Ana Orantes en la mente y que “Deudas del frío” nació de la estupefacción ante el zarpazo que la crisis nos dio a todos, los saltos al vacío de personas que iban a ser desahuciadas y la necesidad de abrir nuevos comedores sociales porque los existentes no daban abasto.

” Detrás de David Vázquez hay un homenaje nada disimulado a Manuel Vázquez Montalbán, para mi el mejor escritor de novela negra que ha dado este país” 

Debe ser complicado crear un personaje sin caer en los estereotipos del “Noir” o practicar la clonación. Te lo digo porque, con esta sobreoferta de detectives y policías y la evidente saturación del género, poco más se puede extraer ya de la cantera…

Hay una cosa en la que mi detective, el inspector Vázquez, es diferente a la mayoría: carece de traumas previos, no ha tenido una infancia terrible, ni nadie ha asesinado a sus padres o a su esposa e hijos. Es un personaje “limpio”, y será la vida, lo que le ocurre ante los ojos del lector, lo que vaya forjando su personalidad. Me la jugué en el primer libro, el lector podía hacerse aburrido con un personaje tan poco “traumatizado”, pero tuve suerte y me han seguido hasta el final.

Aunque hay algunas puntuales escenas estrambóticas y macabras, constato que juegas mucho más con la angustia, el suspense, la duda, la incertidumbre, o sea, con lo emocional, lo cual debe ser más complejo que hacerlo con la siempre facilona y “deja vu” estética de lo sangriento…

Transmitir miedo, angustia, incluso horror, es mucho más complicado que describir una escena sangrienta. Tardé casi un mes en escribir las veinte páginas más angustiosas de mi última novela, y sólo cuando mi agente me reconoció que se había agobiado al leerlas las di por buenas. La angustia duele más que muchas heridas. La incertidumbre, la ignorancia, el no saber qué pasará después del siguiente paso o si abres esa puerta es un juego al que me divierte jugar, pero reconozco que es complicado hacerlo bien.

Dice nuestro buen amigo Juan Ramón Biedma, que los giros narrativos bruscos y el empeño de los autores en darles tumbos a los lectores empiezan a estar un poco “demodé”. Compruebo que en tu novela, aunque hay giros importantes, también eres muy “ligth”, no zarandeas al lector, ni le das sustazos…

Cierto, la historia no da bandazos. Lo que ocurre es que la tensión se mantiene desde el principio. En “Te veré esta noche”, por ejemplo, la historia se articula como una cuenta atrás de diez a cero, cada capítulo es un día completo, veinticuatro horas. Quiero que el lector viva la tensión, y si lo consigo, no es necesario zarandearlo, porque no quiero que cierre el libro, sino que siga conmigo todo el camino.

“La incertidumbre, la ignorancia, el no saber qué pasará después del siguiente paso o si abres esa puerta es un juego al que me divierte jugar.”

Volviendo a los personajes, hay uno de ellos que a mí me ha resultado muy magnético: Irene Ochoa. Sin querer ser indiscreto, Susana, pero ¿a ti también te ha ocurrido eso de verte sembrada por la duda respecto a personas en las que depositabas una confianza ciega?

¿A quién no le ha salido rana una persona, un amigo o amiga en el que confiaba ciegamente? A mí me han defraudado en un par de ocasiones, y aunque siempre dices que es la última vez, tengo la costumbre de seguir confiando en mis semejantes, así que el día menos pensado me la volverán a dar.

Sin hacer spoiler, Irene tiene que cambiar su identidad obligada por las circunstancias, pero perseguida y torturada por la sombra del pasado. Dime una cosa, ¿qué es lo que más nos marca de los tiempos pretéritos, los acontecimientos vividos o los seres que formaron parte de él?

Ambas cosas, cada una de una forma. Además, en los acontecimientos vividos siempre hay seres que te acompañan. A mí me gusta la gente, conocer personas, charlar, interactuar y comunicarme, así que mi vida está más llena de seres que de acontecimientos. Cada persona que ha pasado por mi vida me ha aportado algo, no siempre positivo, que conste, pero de todo se aprende. En cuanto a los acontecimientos, no soy partidaria de vivir de recuerdos, creo que hay que llevar un equipaje ligero y mirar siempre hacia adelante. El pasado, si no sirve para aprender, no vale para nada.

Uno de tus personajes vive dominado por una inquietud intelectual hasta el punto de caer en la locura. Para aquellos que apreciamos la erudición y el mundo del saber, ¿dónde está la frontera entre la pasión y la obsesión?

Una pasión es algo que te llena, que te hace feliz. Yo adoro los libros, leer, conocer y descubrir autores de todas las épocas y estilos. Es algo que me satisface. Una pasión. La obsesión te enloquece, te roba la cordura y deja de ser grato. No es bueno obsesionarse con nada, ni con la cultura, ni con la salud, ni con la educación…

“No soy partidaria de vivir de recuerdos, creo que hay que llevar un equipaje ligero y mirar siempre hacia adelante. El pasado, si no sirve para aprender, no vale para nada.”

 

Veo que en “ Te veré esta noche” también juegas con las máscaras, sobre todo las masculinas. Hay personajes aparentemente áridos, viriles, muy metidos en sus roles tradicionales de hombres, pero que en realidad resultan más sensibles y vulnerables de lo que aparentan, como es el caso de David Vázquez. En cambio, hay otros personajes varones “sin brío”, apocados, planos, pero que sin embargo parecen sacar lo peor de ellos…

Huyo de los estereotipos, siempre lo he hecho, y creo que eso se refleja en mi forma de escribir y describir. Los hombres no son “hombres” ni las mujeres son “mujeres”, todos son personas que se comportan en función de sus relaciones, sus sentimientos y las circunstancias, independientemente de que sean hombres o mujeres y de lo que se espere de ellos.

¿Lo más peligroso que hay es precisamente un hombre con la virilidad herida?

Espero que no, porque entonces vamos apañados. La virilidad, tal como se entendía hasta ahora, tiene los días contados (por suerte). Lo peligroso son las personas heridas, menospreciadas, humilladas repetidamente y que, de pronto, encuentran en el fuego de la venganza la fuerza necesaria para seguir adelante. El problema es que ese fuego quema todo lo que les rodea, incluidos a sus seres queridos.

“La violencia de género se aborda casi con resignación, pero nadie exige medidas concretas para intentar erradicar lo que ya es una forma de terrorismo.”

 

Dime una cosa, Susana, tú que estás vinculada al mundo de la prensa, ¿cómo valorarías el tratamiento que hacen los medios de comunicación de algunos temas que aborda precisamente tu novela, como la violencia de género y la violencia contra los menores?

Entre mal y muy mal. La violencia de género se aborda casi con resignación, pero nadie exige medidas concretas para intentar erradicar lo que ya es una forma de terrorismo. Se cancela el presupuesto para combatirlo y los medios apenas dicen nada. El peinado de Cristiano Ronaldo ocupa más espacio que las mujeres asesinadas. Eso, por no hablar de los titulares que suelen utilizarse en estos casos, tan políticamente correctos, como si no quisieran ofender a nadie. Como ves, es un tema que me enciende…

No sé cuál es tu compromiso respecto a estos temas, pero por retomar una cuestión recurrente de la teoría y crítica literaria vinculada precisamente al “feminismo de la diferencia”, sí me gustaría preguntarte si piensas que hay una escritura “femenina” y por extensión, una manera de entender el género negro criminal que se distingue de la de los varones.

El absoluto, para nada. No es que los hombres y las mujeres escriban igual o diferente, es que cada persona tiene su propio estilo, independientemente de su género. Hay hombres que eligen personajes femeninos como protagonistas y viceversa; mujeres que describen con crudeza escenas de sexo y violencia, y hombres que se recrean en los sentimientos. Si eliges una serie de textos de novela negra, eliminas el título y el nombre del autor y le pides a un lector que diga si lo ha escrito un hombre o una mujer, estoy convencida que no lo sabrá a ciencia cierta, y que si atina, seguro que lo hace al tuntún.

” El lenguaje inclusivo” puede no ayudar a visibilizar la presencia femenina en la sociedad y provocar cierto rechazo y mucha sorna.” 

Déjame ser un poco provocador, Susana : “El inspector y la inspectora acudieron a la escena del crimen”. ¿Vulneración de la economía del lenguaje, despropósito lingüístico, visibilidad de género, con qué te quedas?

Todo el que me conoce sabe que soy una defensora a ultranza de los derechos de las mujeres. Sin embargo, creo que utilizar un duplicado de los sustantivos, en masculino y femenino, puede tener el efecto contrario en el lector, y en lugar de ayudar a visibilizar la presencia femenina en la sociedad puede provocar cierto rechazo y mucha sorna. Yo no uso el lenguaje de género en mis novelas. Creo que la visibilidad tiene que darse de otra forma, con mujeres en los puestos de poder, en las empresas, en profesiones hasta ahora “masculinas”, y, por supuesto, con hombres en los patios de los colegios, como cuidadores de ancianos o niños, limpiando edificios o bares… No creo que la igualdad sea una cuestión lingüística, al menos no en este momento.

Hasta ahora hemos hablado de tu faceta como autora, pero también tienes otra por la que eres conocida en el mundillo “Noir” y es la de editing. Pero aclárame una cosa, ¿cuál es exactamente el perfil profesional de esta figura y en qué consiste su contribución al producto final que encontramos en las librerías ?

Lo que las editoriales buscan sobre todo son personas con formación en Humanidades, una buena cultura general y lectores empedernidos. Con esa base, mi trabajo consiste en intentar mejorar el texto en lo posible, respetando siempre al máximo la intención del autor. Busco reiteraciones, contradicciones, desconexiones en la historia… Y por supuesto, faltas de ortografía, discordancias verbales y cualquier otro atentado contra la lengua. Creo que la labor del corrector y editor es muy importante, pero nunca debe notarse. Limar errores no es corregir el estilo del autor.

Dicen que la impaciencia es el demonio al que debemos impedir que nos susurre al oído. ¿Ese dominio lo encuentras a menudo en los manuscritos que te entregan?

Claro que tengo que corregir textos que no son de mi agrado como lectora, libros que quizá nunca estarían en mi biblioteca, pero tienen su público y los respeto, así que, aunque pueda resultarme poco interesante, siempre pongo el cien por cien de mi atención en cada palabra.

“Vivimos en una sociedad de consumo en la que la gente busca productos que no le cueste digerir, y me me temo que la literatura se está plegando a esos gustos”

Supongo que los autores que os dedicáis a estos menesteres sois sujetos con “información privilegiada” sobre lo que planea editorial y comercialmente en “L’air du temps”, a diferencia de otros, que vamos dando palos de ciego

Yo leo libros que tardarán unos seis meses en publicarse. Me siento muy orgullosa cuando entro en una librería y digo “ese lo he corregido yo, y ese, y aquel”. Pero tengo un contrato de confidencialidad que cumplo a rajatabla. Y hasta aquí puedo leer.

Me comentaba una amiga, autora vinculada precisamente a Random House, que era muy posible que a los “grandes” de la literatura española, estilo Galdós o Azorín, hoy nadie les publicaría, sobre todo a la vista de una masa de lectores adictos al lenguaje simple y las tramas facilonas…

Quizá tanto como no publicarles, no, pero que tendrían un público más reducido que otros autores con mucha peor prosa, eso seguro. Vivimos en una sociedad de consumo en la que prima la rapidez. La gente busca productos que no le cueste digerir, y me temo que la literatura se está plegando a esos gustos. Sin embargo, siempre quedamos algunas rara avis que disfrutamos con libros de narrativa pausada.

Todos comentan que ya no hay editores de raza y agentes literarios con verdadera vocación, sino meros hombres de negocios y “managers” de vedettes mediáticas…

No estoy de acuerdo en absoluto. Yo tengo una agente literaria, Sandra Bruna, que mima a todos y cada uno de sus representados, que se preocupa por buscar la mejor editorial para el manuscrito que le envían y que pelea por el mejor contrato. Y en cuanto al editor, jamás pensé que pudiera aprender tanto como lo hice con la primera editora que tuve en Random. Fue como hacer un curso acelerado de creación literaria. Creo que el salto es evidente entre mis dos primeras novelas, e incluso en la tercera. Es una editora fantástica, igual que mi segundo editor, preocupado por los detalles y por lograr el mejor resultado posible.

“Si vuelve la novela histórica, bienvenida sea. Si está bien escrita, a mí me encanta.”

Algunas dicen que lo importante es que la gente lea, aunque sean bodrios. Pero ¿no sería bueno que además de fomentar el hábito de lectura, también educásemos en el gusto estético y literario?

¿En el gusto estético y literario de quién? ¿En el tuyo? ¿En el mío? A mí no me gusta el género de terror, por ejemplo, o el romántico, pero no me parece mal que la gente lo lea. Piensa en Stephen King y en Danielle Steele. Son superventas, tienen millones de lectores. ¿Dan Brown es un bodrio? ¿E.L. James es un bodrio? ¿En opinión de quién? Que a mí no me guste no lo convierte en un mal libro. Cada lector debe encontrar su libro, su género, su autor… y disfrutar, perderse en la historia, en la trama o en las palabras. Lo demás es pura demagogia y ganas de fastidiar. Y un poco de envidia…

“Carlos Bassas del Rey dejó el listón muy alto, ha dirigido cuatro ediciones fantásticas que han colocado Pamplona Negra a la altura de los mejores festivales nacionales” 

¿Los grandes premios comerciales determinan las tendencias? Te hago el comentario porque se rumorea que el Premio Planeta a Santiago Posteguillo presagia un retorno comercial de la novela histórica en detrimento del género negro.

No tengo datos para decirte que sí ni que no, pero no me extrañaría. Si lo piensas, en los recientes premios Planeta que tú has citado han predominado los autores de novela negra, como Lorenzo Silva o Alicia Giménez. Si vuelve la novela histórica, bienvenida sea. Si está bien escrita, a mí me encanta.

Ya para ir acabando, se avecina “Pamplona Negra” y a ti, cogerle la antorcha a Carlos Bassas del Rey. ¿ Nerviosa?

Mucho. Mentiría si dijera lo contrario. Carlos dejó el listón muy alto, ha dirigido cuatro ediciones fantásticas que han colocado Pamplona Negra a la altura de los mejores festivales nacionales. Lo único que puedo decir de momento en mi favor es que, al menos, tengo las mismas ganas y la misma ilusión que él, y que me estoy dejando la piel para dar al público el festival que se merece.

Me comentaba Carlos que él siempre se había esforzado en que el festival no fuese una cosa personalista y no quedase vinculada a su nombre. Seguro que eres del mismo espíritu, pero alguna huella particular supongo que querrás acuñar con este nuevo comisariado.

No es que yo quiera hacerlo, pero creo que es inevitable. Supongo que, aunque siga su estela, los festivales que ha dirigido Carlos serán de alguna manera diferentes a los que yo dirija. Desde luego, dije desde el principio que yo llego aquí con fecha de caducidad y que mi única intención es hacer un buen festival, el mejor que sea posible. La huella serán los comentarios del público al finalizar cada edición.

Aunque imagino que no me dirás nada sobre lo que se cocina en Pamplona para 2019, supongo que algún aroma querrás hacernos llegar, así como para abrir el apetito…

Tienes razón, ¡no voy a decirte nada! Falta muy poco para desvelar el programa, así que la espera va a ser muy breve… Y sí, hay alguna que otra sorpresa.

Ahora, ¿te vas a ver desgarrada entre la escritura y el festival o vas a conseguir ser la amante de ambos, sin provocar los celos de ninguno de los dos?

Espero ser capaz de convertirme en una mujer multifunción. No concibo la vida sin escribir, y el festival es una continua inyección de adrenalina, y ya sabes que dicen que la adrenalina es adictiva… Escribo menos que antes, pero lo que me roba el tiempo me satisface tanto que no me quejo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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DAVID JIMÉNEZ, “EL TITO” : “LA SERIE C.S.I HA HECHO MUCHO DAÑO AL GÉNERO NEGROCRIMINAL”

david jimenez

 

Tengo que decir que si algo me gusta de David Jiménez, “El Tito”, es su sinceridad. No ha evitado ninguna pregunta, ni respondido con ambigüedades en el afán, como se suele decir, de “quedar a bien con todos y a mal con nadie”.Posee  ideas claras y no oculta sus preferencias literarias. Es un apasionado del negrocriminal y  reconoce sin empacho que algunos  nombres de la alta literatura española y universal no siempre le han interesado demasiado. O sea, que no dice cosas para aparentarse culto. Eso sí, le gusta escribir y  es lo que le hace feliz. Biólogo de formación y Policía de Aduanas, “Tito” surgió  en el panorama del mundillo “Noir” con una primera novela, “ Muertes de sobremesa” (.ACEN,2015.), siendo su “puesta de largo”  con un presentador de lujo, Toni Hill. El año pasado nos brindó   su segunda novela ” Inspector Solo” (Versátil, 2017), también protagonizada por su personaje estrella, el Inspector Marcial Lisón, un hombre árido y algo arisco, pero en realidad lleno de miedos y dudas al igual que el común de los mortales.  Considerado como una de las jóvenes promesas del género negrocriminal y cada vez más presente en los diversos festivales de novela negra, David Jiménez se considera un hombre con temperamento, pero al que  también le gusta hacer camino con serenidad y aprendiendo de sus tropiezos. A lo largo de esta entrevista conversamos sobre el Inspector Lisón y los personajes de una trilogía cuya última entrega aparecerá muy próximamente.

Dime una cosa, David, por qué  “El Tito”, ¿qué inspiró ese apodo que te has dado?

Lo cierto es que es una historia un poco aburrida y absurda, pero, gracias a ella, en Cartagena la gente comenzó a llamarme así y yo decidí darle perpetuidad   anexionándolo a mi nombre de autor. Fue a finales del pasado siglo. Yo estudiaba Biología en la universidad de Murcia y los fines de semana trabajaba, para desahogar un poco a mis padres, en un bar llamado La Dehesa de Santa María. La plantilla siguió renovándose hasta que llegó un momento en el que yo, oficialmente, era «El Tito» de todos sus miembros.

“Creo que una de mis virtudes  es que nunca he tenido autores de cabecera, lo cual me ha permitido conocer diferentes estilos y voces sin condicionar en exceso la mía”

En lugar de hacerte la tópica y chorra pregunta de “¿Cuándo empezaste a escribir?”, prefiero preguntarte sobre cómo y por qué empezaste a amar la literatura. 

Es muy sencillo: crecí viendo a mi madre con un libro entre las manos. Pronto despertó mi curiosidad y «Los tres investigadores» de Alfred Hitchcock hicieron el resto.

O sea que empezaste por la literatura juvenil, acorde con la gente de tu edad, no hiciste como otros adolescentes, que enseguida se aventuraron con Tolstoï, Flaubert o Galdós…

Exacto. Lo cierto es que muchos de esos autores, los catalogados como clásicos, no me interesaban ni lo más mínimo a esa edad. En realidad, algunos de ellos siguen sin interesarme lo más mínimo.

Doy por sentado que tu gran pasión es el negrocriminal, pero más allá del “Noir” ¿quiénes han sido tus autores de cabecera?

Creo que una de mis virtudes es que nunca he tenido autores de cabecera, lo cual me ha permitido conocer diferentes estilos y voces sin condicionar en exceso la mía. Sin duda, del autor que más he leído ha sido de Lorenzo Silva, pero gran culpa la tienen Bevilacqua y Chamorro.

Y qué me dices de los “Noir” clásicos, tanto españoles como extranjeros, alguien que te marcase…

A Jim Thompson lo descubrí tarde, pero me fascinó, en especial 1280 almas. Mankell y Chandler despertaron mi interés en cuanto me adentré en el negrocriminal, aunque los leí hace muchísimo tiempo. A nivel nacional fueron Vázquez Montalbán y Juan Madrid los primeros me que cautivaron.

Hay autores que reconocen no leer nada y sin embargo, todos sabemos que es a través de la lectura que se forja el oficio de escribir  y eso más allá de los editing y los cursos de escritura creativa, que solo te enseñan las técnicas. Es precisamente sobre lo que aprendiste de tus lecturas sobre lo que quería saber…

Yo siempre he sido un lector. Ni siquiera hoy tengo claro si soy algo más que eso. Como te decía anteriormente siempre he tenido libros entre las manos, pero en lugar de seguir fielmente a un escritor me he dejado guiar por las historias que me seducían, que, como podrás imaginar, casi todas eran de temática negrocriminal. Cuando era más joven me llamaban mucho más las de misterio, incluso las típicas de aventuras, pero con el paso de los años mi gusto se ha ido inclinando hacia lo negro.

Siempre tenemos buenas y malas referencias en nuestras lecturas, en tu caso ¿cuáles fueron?

No creo que haya malas referencias en mis lecturas, sino libros que no me cautivaron y me sirvieron para saber escoger mejor. El principal ejemplo de este caso fue «El ocho», de Katherine Neville, una novela que fue muy elogiada y que yo ni siquiera pude terminar. En cuanto a las otras, a las buenas referencias, de esas las hay a cientos, pero en mi caso hay una que marcó un antes y un después como lector (imagino que también como escritor, pero puede resultar algo presuntuoso asegurarlo): «Los renglones torcidos de Dios», de Torcuato Luca de Tena. Una obra maestra que jamás me canso de recomendar.

“Cuando era más joven me llamaban las novelas de misterio y aventuras, pero con el paso de los años mi gusto se ha ido inclinando hacia el negro criminal” 

Pasemos de tu faceta de lector a la de escritor. En tu primera novela, “Muertes de sobremesa”, juegas mucho con la estética de la mutilación, lo sangriento y estrambótico. ¿Es lo que de verdad el público quiere leer, es lo que engancha? 

Supongo que hay un público para todo. En mi caso, no pensé en eso a la hora de recrear los crímenes, simplemente conté la historia que quería contar y de la manera que me parecía más adecuada. En mi descargo diré que una vez superado el prólogo no vuelve a haber ninguna escena macabra. En «Inspector Solo», en cambio, abogo por un cambio radical en este aspecto. Supongo que es cuestión de darle a la trama los detalles que necesita y en la primera novela el modus operandi era parte trascendental para no romper el pacto ficcional con el lector.

” Los lectores  de “Noir” estamos  saturados de forenses con creíbles dones para descubrir a los asesinos”  

 

Y de hecho, veo que el “asesino del café” planea en la mente de los propios protagonistas de “Inspector Solo”. Para aquellos amigos que no han leído “Muertes de sobremesa”, qué es lo que caracteriza a este personaje.

A mi entender, uno de los puntos fuertes de ambas novelas es el marcado carácter del protagonista, Marcial Lisón. Un hombre con ciertos problemas de sociabilización que suple con la compañía de su galga. Un tipo que siempre dice lo que piensa sin importar si es, o no, políticamente correcto; alguien incapaz de mantener una relación con una mujer si no interpone una barrera pecuniaria que le garantice que la cosa no pasará a mayores. En definitiva: un individuo al que cuesta que caiga bien, pero con el que el lector, a base de conocer sus motivaciones, termina empatizando.

“Creo que es más llamativo comprobar que el vecino del tercero con el que llevas cruzando unos “Buenos días”  durante décadas ha sido capaz de matar a su madre y descuartizarla.”

 

Me da la impresión de que algunos autores les dais mucha importancia a la parte “ritual” de la maldad, que si hígados y ojos arrancados, que si decapitaciones, que si tiros. A mí,  en cambio, me interesa esa maldad que está en el fondo del alma, la que no se ve. Hay gente con cara de no haber matado a una mosca y lo suficientemente cobarde para coger un arma, pero que en cambio puede llegar a ser   muy perversa…

Es un poco lo que hablaba anteriormente. Yo, como autor, he tratado las dos vertientes a las que haces referencia y, siendo sincero, también me parece mucho más interesante (y enriquecedor) esta segunda opción. Creo que es más llamativo comprobar que el vecino del tercero con el que llevas cruzando unos «Buenos días» durante décadas ha sido capaz de matar a su madre y descuartizarla mientras sigue cobrando su pensión. Eso no quiere decir que los crímenes con rituales paridos de mentes enfermas no tengan también su encanto para el lector y, por supuesto, para el escritor.

A mí, en cambio, me ha gustado la forma simple en la que ilustras el crimen en “Inspector Solo”, pero sin embargo me pregunta por qué eliges que la víctima, Sasha, sea una prostituta.

Que la víctima sea prostituta es una simple casualidad. Escogí a Sasha porque era una de las pocas personas por las que Marcial sería capaz de hacer cualquier cosa. No hay que olvidar la dificultad que tiene para relacionarse (más bien las pocas ganas que tiene) y lo sencillo que le resulta cuando hay dinero de por medio.

Pero ¿por qué una prostituta de origen eslavo? Sí que es cierto que los países del Este juegan un papel importante respecto al crimen organizado relacionado con la trata de blancas, pero no estamos quizás cayendo en el estereotipo, también  hay muchas de América Latina, África e incluso españolas…

Bueno, en realidad hay una historia muy curiosa detrás de Sasha. Cuando era adolescente y me juntaba con mis amigos solíamos bromear con ese nombre; siempre nos referíamos a todas las prostitutas como si se llamasen así. Digamos que lo convertimos en un eufemismo, así que cuando me tocó elegir el nombre del personaje no lo dudé. Luego, para ser coherente con su origen, preferí que fuese del este de Europa.

  ¿Tienes alguna postura fijada sobre el tema de la prostitución, sobre todo en ese debate entre los partidarios de la abolición y los de la regulación?

Pienso que la única manera efectiva de luchar contra la trata de blancas es prohibir la prostitución; al igual que creo que debería haber sanciones durísimas para los consumidores.

Tú eres policía de aduanas, sin embargo, tanto en “Muertes de sobremesa” como en “Inspector Solo” se percibe un universo muy alejado al tuyo, por ejemplo, veo que no se te ha dado por construir una trama sobre contrabando o tráfico ilegal, que es lo que sin duda conoces mejor. ¿ No querías caer en lo autoficcional?

En mi cabeza siempre ha estado escribir sobre Vigilancia Aduanera y el narcotráfico marítimo, pero quería hacerlo bien, así que preferí coger algo más de experiencia en esto de juntar letras antes de embarcarme en ese proyecto (en el que ya me hallo, por cierto). Tampoco hay que olvidar que es mucho más fácil escribir sobre lo que uno más lee, y en mi caso lo negrocriminal copa mis lecturas. Ahora, cuatro novelas después (dos publicadas, otra que verá la luz en los próximos meses y la siguiente en el 2019) me encuentro preparado para escribir sobre mi trabajo. A ver qué sale.

“Marcial Lisón y yo tenemos en común el mal temperamento, pero yo tardo más que él en perder los nervios”

 

Todos sabemos que en nuestros personajes siempre hay algo de nosotros, al margen de que éstos terminen autonomizándose y sobre los que perdemos el control. Pero ¿qué hay de ti, ya no solo en Marcial, sino también en Zoe e incluso en el Inspector Miralles?

Comparto totalmente tu opinión. Es difícil que cada personaje principal no tenga un poquito de su autor, aunque al final, el propio desarrollo del mismo termine por dejarlo en un segundo o tercer plano. En el caso de Marcial es su mal temperamento, aunque, a diferencia de él, yo tardo mucho en perder los papeles. En cuanto a Zoe, diría que sería su capacidad analítica. Respecto a Miralles, lo que tiene de mí está mucho más oculto; tanto que hasta que no leas el tercer libro no te lo podré decir.

Algunos dicen que estás entre los autores que hacen más hincapié en la trama que en los personajes. ¿Qué hay de cierto en ello?

No estoy de acuerdo. De hecho, recuerdo que Toni Hill me dijo, el día que presenté «Muertes de sobremesa» en Barcelona, que lo mejor de mi novela era que daba igual si la  trama languidecía en algún momento porque el personaje principal era tan potente que hacía la lectura interesante de por sí. Mi propósitos es que ambas cosas vayan de la mano, aunque lo cierto es que el los clubes de lectura la gente me pregunta mucho más por la personalidad de Marcial que por las tramas, así que lo mejor es que se lean mis novelas y decidan, ¿no te parece?

” Mi propósito es que los personajes y las tramas tengan la misma fuerza, pero el caso es que mis lectores se interesan mucho más por los primeros” 

 

También constato de que eres “moderadamente” procedimentalista, que no agobias al lector con detalles sobre ciencia criminológica o forense y que en cambio trabajas mucho más la psicología de los personajes y la trama… 

Creo que CSI ha hecho mucho daño. Estamos saturados de forenses con increíbles dotes para reconstruir asesinatos y de pruebas milagrosas que nos llevan hasta el DNI del asesino. En mi opinión, al lector le gusta más conocer las inquietudes de los personajes que los métodos o procedimientos policiales, por ese hago más hincapié en esta vertiente.

 Lo que compruebo es que en Inspector Solo afinas en tu personaje central. Pero ¿de dónde sale Marcial, es tu alter-ego o bebe de algún héroe policial y detectivesco que te haya particularmente marcado?

En realidad nace de la necesidad de crear un personaje que case bien con el papel protagonista que quería otorgarle a Sola, su galga. Mi idea era que el perro no pasase sin pena ni gloria por la novela, sino que cobrase una gran importancia en el desarrollo de la misma. Es por eso, por lo que necesitaba distanciar a Marcial del ser humano, hacerlo asocial, impertinente, políticamente incorrecto; todo ello pone en perspectiva el trato maravilloso que dispensa a Sola, nos permite entender que es un hombre capaz de expresar lo mismo que cualquier otro, pero que para ello necesita una reciprocidad que tan solo ha encontrado en los animales.

¿ Entonces es cierto eso de que las mascotas tienen un efecto terapéutico en nuestro estado anímico?

Yo estoy convencido al cien por cien. Al igual que siempre me gusta recordar que no hay que perder la perspectiva y saber que son animales. No logro entender cómo hay gente que habla con ellos como si fueran humanos; y no me refiero a hacerles algún comentario cariñoso, sino a verdaderas conversaciones como si esperasen una respuesta de su mascota. Yo soy un amante de los animales (tengo varios) y disfruto de su compañía, de su lealtad, pero no les doto de más aptitudes de las que poseen, que no son pocas.

Antes me comentabas que eres un seguidor casi incondicional de Silva, qué hay en Marcial de “Bevilacqua” y de “Chamorro” en Zoe.

Creo que nada. Ninguno de los cuatro se parece. Ni siquiera la relación entre ellos es similar. Creo que los personajes de Lorenzo Silva tienen una relación cercana, nacida del respeto y la admiración mutua. En el caso de Marcial y Zoe la relación es sobrevenida y para ambos el camino recorrido hasta alcanzar un punto de encuentro (que jamás tiene el respeto mutuo como epicentro) ha sido tortuoso y ha dejado heridas que difícilmente cicatrizarán. Por decirlo de alguna manera, Vila Y Chamorro son más de carne y hueso que Marcial Y Zoe.

“El Inspector Marcial Lisón es un tipo que no suele caer bien a los lectores, pero lejos de pensar que eso sea un problema lo considero una virtud del personaje”  

 

Veo que Zoe tiene de hecho un problema,  gestionar su atracción sexual por Miralles y su amistad por Marcial, dos policías que mantienen una relación sumamente conflictual e incluso, violenta.

Exacto. A Zoe le toca enfrentarse a una disyuntiva curiosa, tiene que elegir entre un amor visceral, uno incontrolable inexplicable; y otro más físico, uno que todo el mundo entiende. No hay otra manera de sentir atracción por Marcial que conociendo sus motivaciones y viéndolo en su estado natural: con Sola. En cambio, enamorarse de un tipo rubio, de ojos azules y buen porte no requiere casi de ningún esfuerzo.

Marcial también es un personaje pendenciero, incapaz de convivir con sus compañeros y de ahí, el mote de “Inspector Solo” que le cae en la comisaria…

Marcial es un tipo que no suele caer bien a los lectores (en general, de ambos sexos), pero lejos de pensar que eso sea un problema lo considero una virtud del personaje. La literatura está para despertar emociones, las que sea. Y si en una misma novela puedes enamorarte de la lealtad de Sola, de la humanidad de Zoe y experimentar rechazo hacia la forma de actuar de Marcial, ¿qué más le puedes pedir?

“Yo soy un amante de los animales  y disfruto de su compañía, de su lealtad, pero no les doto de más aptitudes de las que poseen, que no son pocas.”

Pues precisamente es la parte más  humana de Marcial  la que he percibido y me ha gustado en “Inspector Solo”, donde se   le ve como hombre emocionalmente herido tras descubrir sus orígenes…

Que no suela caer bien el personaje no quiere decir que no se pueda empatizar con él. Y en «Inspector Solo» creo que, como bien dices, se aprecia mucho más esa vertiente humana que no es capaz de mostrar con sus actos. En cierto modo, el hecho de tener que investigar en solitario la mayor parte de la novela ayuda a conocer un poco mejor al Marcial más humano, el que, como cualquier hijo de vecino, tiene sus miedos y sus temores.

¿Tú crees que las relaciones de parentesco y filiación son tan relevantes en la construcción de nuestra identidad? Te lo pregunto como biólogo que eres y sabiendo que los recientes avances científicos han desdibujado social y culturalmente la figura del progenitor.

No tanto desde el punto de vista biológico como desde el punto de vista sociológico. Lo que nos marca en realidad es dónde y con quién nos relacionamos en esa época de nuestra infancia en la que se genera una impronta que perdura el resto de nuestros días. La genética juega un papel importante, pero nuestro acervo genético es «moldeable», por decirlo de alguna manera. Digamos que es permeable al ambiente en el que estamos y eso hace que unos mismos genes den resultados diferentes en ambientes diferentes.

“La literatura está para despertar emociones, las que sean…”

 Marcial también es un personaje dudoso sobre la peor parte de él, hasta el punto de que no está seguro de que no haya sido autor de los peores actos respecto a la víctima. Desde ese punto de vista, me pregunto si todos somos capaces de interrogarnos sobre ese lado  más oscuro de nosotros…

Si yo despertase junto a una mujer muerta y no recordase qué hago allí, jamás pensaría que yo he sido capaz de matarla. Marcial sí, y eso lo define perfectamente. Creo que, en líneas generales, la mayor parte seríamos incapaces de sacar nuestro demonio interior fuese cual fuese las circunstancias que lo invocasen. Unos pocos, y esas son las personas peligrosas (psicópatas, sociópatas y demás) peligrosas de verdad.

 Para ti, en una novela con un crimen, qué es lo más importante, el “quién” o el “por qué”

El porqué, sin ninguna duda. El ser humano lleva toda su vida buscando porqués y la literatura no es una excepción.

” Ahora, me encuentro preparado para escribir sobre mi trabajo como Policía de Aduanas. Pero lo quiero hacer bien”

Veo que hay muchas novelas que se venden como “Noir”, cuando en realidad son “policiales” y a mí me gustaría saber en cuál de las orillas te sitúas realmente.

No soy amigo de las clasificaciones, menos aún cuando los matices para establecerlas son tan ambiguos. No obstante, diría que «Muertes de sobremesa» está más acorde a los parámetros del policial e «Inspector Solo» casa mejor con el noir.

Si me permites el comentario constructivo, en “Muertes de sobremesa” se te ve un halo de escritor novel, la novela arrastra un poco, pero en cambio en “Inspector Solo”, se te ve con más soltura, la novela fluye más. ¿Qué errores o tics crees haber superado en tu prosa y estilo narrativo?

Estoy totalmente de acuerdo. Pero no hay que olvidar  que era un escritor novel. Respondiendo a tu pregunta te diré que cuando uno descubre que lo que ha escrito ha gustado (y se ha leído) se destensa y pone sus preocupaciones literarias en otros puntos. Un escritor novel tiene la duda de si está o no transmitiendo el mensaje tal y como desearía. La experiencia te libera de esas cadenas y te deja escribir sin pensar tanto en los demás y centrarte más en lo que quieres contar que en a quién se lo vas a contar.

La pregunta del millón con  la que todo el mundo se siente incómodo en el momento de responder ¿abunda novela de género negrocriminal y escasea calidad?

Si nos centramos en la edición tradicional creo que se respetan los mínimos de calidad, aunque es cierto que hay un ligero boom que terminará como todas las burbujas: estallando y sacando bien lejos a quien nunca debió estar ahí.

“Un escritor novel tiene la duda de si está o no transmitiendo el mensaje tal y como desearía, pero la experiencia te libera de esas cadenas”

Ya sabes que muchos comentan que esto del género negro empieza a aburrir y que, más pronto o tarde, terminará cayendo. ¿Sabrás adaptarte a los nuevos tiempos o la vía en la que estás ahora es la que va a definir tu perfil como autor?

Yo escribo porque me divierte. Y cuento las historias que me apetece contar. El día que no me divierta lo dejaré, al igual que cuando mis historias no interesen, así que la adaptación no es algo que entre en mis planes.

¿ Cuántas entregas más nos queda de Marcial?

En breve (probablemente noviembre), saldrá la tercera y última (si nadie lo remedia).

Quedamos pendientes de esa cita, pues…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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FRANCISCO MARÍN PÉREZ, DIRECTOR DE CONTENIDOS DE “CARTAGENA NEGRA” :”NO ME CONSIDERO UN CRÍTICO LITERARIO, SINO UN INDICADOR DE LECTURAS”

PACO

Francisco Marín Pérez

Los festivales de novela negra han proliferado sin cesar desde el nacimiento del “Gran Decano”, la “Semana Negra de Gijón” y sus dos hermanos primo-hermanos, “Pamplona Negra” y “BCNegra”. Grandes, medianas y pequeñas ediciones han conseguido así concretar una oferta cultural en el ámbito del “Noir” .  Hay que decirlo en honor a la verdad,   con desigualdad fortuna, medios al alcance, rigor y calidad intelectual y programática.

Comentarista y animador cultural, colaborador del periódico “La Opinión”,Director de Contenidos de Cartagena NegraFrancisco Marín  nos ilustra en esta entrevista sobre los orígenes  y experiencia de este festival del que es  uno de los artífices junto a Antonio Parra y que se apresta a iniciarse y desarrollará entre el 4 y 8 de septiembre.

Economista, metodólogo, profesor de matemáticas…¿Cómo es eso Francisco, albergas dos almas, la del hombre practico de los números y la del hombre de letras que se preocupa por las cosas del espíritu? 

 Fui educado en un bachillerato donde las ciencias y las letras se entrelazaban íntimamente. Confesaré que siempre me ha pesado el no haber estudiado griego. Mi interés por los números y las palabras es parejo; aunque profesionalmente me decantara por la vertiente científica. Mi espíritu es el de preguntarme e investigar para encontrar las respuestas. De hecho mi especialidad es la de formar modelos econométricos. Desde muy joven he leído, y cuando acababa una novela me preguntaba quien estaría detrás de ese escrito y me ponía en contacto con el autor y le preguntaba, establecía correspondencia con él… Y hasta el día de hoy.

Entonces te vino la vena de crítico literario, articulista, animador cultural…

 No me considero crítico literario, más bien “indicador” literario… Doy mi opinión sobre esta o aquella obra, sin más pretensiones. Lo de articulista nace de una petición, que en un momento determinado, me hizo la dirección de La Opinión, es una forma de expresar mis pensamientos en voz alta. Y, en cuanto, animador cultural, nace de la necesidad de conocer y poder dialogar directamente con los distintos autores. A la par de establecer mesas de diálogo y contrastar opiniones, el conocer el por qué y el hacer de cada uno de ellos.En definitiva… Un alma desdoblada.

                             “Cartagena  es una ciudad que ha gozado y goza de buena salud cultural” 

 

Mientras Madrid y Barcelona se relacionan con el vanguardismo literario, artístico y los grandes eventos culturales,  la España del sur casi siempre se vincula con las tradiciones populares, las fiestas religiosas, el folklore, lo lúdico, ¿ qué parte de mito de realidad y de mito que impera en ese imaginario?

Pienso que en la cuestión cultural, literaria y artística, Cartagena ha estado más próxima a Madrid y Barcelona que otras ciudades del sur. La inquietud por la cultura ha sido siempre muy grande, por ejemplo: Carmen Conde (primera mujer académica de la RAE) junto a su marido Antonio Oliver fundan la “Universidad Popular de Cartagena”. La idea fundamental era divulgar la cultura principalmente entre la clase trabajadora. Visitante asiduo fue Miguel Hernández. Vital importancia tienen las misiones pedagógicas. No perdamos de vista que en Cartagena se constituyeron las primeras Escuelas Graduadas.La inquietud por la cultura, lo cultural y la literatura ha estado siempre presente en la piel del cartagenero. Numerosas tertulias han existido y existen donde se habla de lo divino, lo humano y sobre todo, literatura. Eventos literarios que podamos gozar a lo largo del año, entre otros, que recuerde de memoria, están: Abril Libros, La Mar de Letras, Deslinde, ELACT, Cartagena Negra… Y muchas otras acciones : presentaciones. “De cañas con…“, clubes de lectura, todo el trabajo que se desarrolla en “El Luzzy”… En fin, es un no parar durante todo el año, con dificultades a veces para asistir a uno u otro evento. Hemos gozado y gozamos de buena salud cultural…

Si te parece, me gustaría que hablásemos ahora más concretamente sobre Cartagena Negra. Por lo que tengo entendido, su embrión está en el ELACT ( Encuentro literario de autores de Cartagena). ¿ Qué ocurrió, aquello os sabía a poco, cómo os vino la idea de un festival?

 El germen estaba en la idea de formar una mesa de novela negra, con el fin de tantear el tema y sondear entre los asistentes si había interés, para el ELACT del año 2015 o 2016. En una conversación con el Director de Contenidos de Valencia Negra, Santiago Álvarez, el último fin de semana del mes de febrero de 2015, le planteé la idea. Me contestó diciendo que si realmente estábamos interesados en lanzarnos al ‘pozo negro’ lo mejor era hacerlo ya. Miramos las fechas que otros eventos del estilo ocupaban a lo largo del año. Vimos que septiembre en ese momento estaba libre y establecimos como fecha la primera/segunda semana del mes, entre el “final del verano” y la fiesta de Cartaginenses y Romanos… Y así nos pusimos en marcha, celebrando la primera edición el mes de septiembre de 2015. Fueron dos días para tantear el ambiente y que nos aconsejaran desde fuera -invitamos a los máximos responsables de otros eventos negros- y el resultado fue muy positivo. Hemos ida pasito a pasito y nos hemos plantado en la IV Edición (del 4 al 8 de septiembre), con grandes y renovadas ideas para la V Edición (del 3 al 7 de septiembre de 2019).¡Crucemos los dedos!

” El grueso del presupuesto de Cartagena Negra lo aportan, en definitiva, los propios ciudadanos.” 

 

Por lo que sé, tuvisteis enseguida el apoyo del concejal de cultura del ayuntamiento. ¿ Pero cómo se convence a las corporaciones municipales, más todavía en estos tiempos de crisis, en los que cultura y educación han sido los parientes pobres de las partidas presupuestarias? 

Coincidió con el final de una legislatura y el inicio de otra. La concejal saliente, quizás porque se marchaba, no entendía muy bien la idea, pero cuando llegó David Martínez Noguera, lo hizo perfectamente  y la única condición era que el Ayuntamiento apareciese como organizador del evento. Así lo hicimos y así aparece ya que el grueso del presupuesto de Cartagena Negra lo aporta, en definitiva, el pueblo…

Sin pretensión de ningunear a nadie, puesto que sé que habéis tenido varios colaboradores, lo que está claro es que Parra y tú mismo sois  los verdaderos pilares y “Têtes pensantes” de Cartagena Negra desde sus inicios. ¿ Cuáles han sido vuestros respectivos papeles y ámbitos de decisión?

 Antonio Parra y yo nos entendemos perfectamente. No hubo que asignar ninguna parcela. Al estar él más versado que yo en las cuestiones literarias, es el Coordinador Literario, yo soy el “Director de Contenidos”,o sea, negocio con quien corresponda, coordino viajes y estancias de los autores y estoy pendiente de las necesidades de todos y cada uno de los componentes del equipo. Equipo genial: Manuel Acosta, responsable de las redes sociales -parte vital-. Salvador Martínez, diseñador gráfico, responsable de todos los carteles y de la marca. Ana Ballabriga, es el alma del concurso de los cortos cinematográficos. Y los demás…Baltasar Ramos, Aniceto Valverde, Susana Figuerola, Belén Carrascosa y Celia Locoubiche -factor irreemplazable junto con Esteban González al frente de Mister Witt Café– responsables, en cada momento de los que se necesite… En fin, un gran equipo…Sin ellos, imposible llevar todo esto a cabo. Y todo con el apoyo incondicional del concejal David Martínez.

¿ Qué criterios os guía, sobre todo cuando se trata de decidir qué autores, en qué y cómo van a participar dentro del festival?

 La selección no sigue un criterio único…De lo que vamos leyendo y reseñando, alguno deja más huella que otro y también seguimos las opiniones de la gente del equipo. Repito, no hay un patrón a seguir.

Al leer el programa de Cartagena Negra 2018, he visto que los temas son diversos, ¿pero cuál es el tema central y el espíritu de este año?

 Hay dos temas que pueden destacar: “Tinta y sangre” (asesinos que posteriormente escriben o escritores que matan) y “Depredadores sexuales” (fundamentalmente, asesinos de niños y, obviamente, niñas).

Los invitados de este año son diversos, con distinto perfil, trayectoria y desigual notoriedad….

 El “campo negro” es muy amplio, con muchos vértices y aristas…Intentamos dar la mayor visión posible.

¿ Y qué me dices de la hibridad con otros géneros, el histórico, por ejemplo? Lo estamos viendo con autores como Víctor del Árbol, Juan Ramón Biedma, Alex Ravelo, Jordi Llobregat, Felix Modroño. Gente que ha sabido conectar el Noir con otras tradiciones narrativas. Eso elevaría la altura de mira, en lugar de tanto procedimentalismo, investigaciones forenses y psicópatas…

 Son escritores que no podemos considerarlos exclusivamente “negros”… su abanico es amplio, pero siempre que se acercan al noir aciertan de pleno…Todos, excepto Ravelo, han pasado por CTNEGRA con gran acierto de público y crítica.

¿Los autores más noveles y anónimos encuentran una oportunidad de proyección gracias a los festivales? 

 No sé si otros festivales se preocupan por los noveles y más desconocidos.Nosotros intentamos llegar a todos y promocionarlos, en alguna forma, por eso esta edición dedicamos una mesa al particular que hemos bautizado como ‘Promesas negras’…

A pesar de la mala que tiene esa práctica, ¿invitarías a autores de autoedición? Ya sé que en el festival participa gente como Benito Olmo, que viene de ese ámbito, pero me refiero a la autoedición pura y dura, a escritores  que nunca han publicado por cuenta ajena. 

 La autoedición es otra forma de llegar a donde se proponga un escritor… Si lo que ha escrito lo consideramos con suficiente categoría, no tenemos inconveniente en invitarlo. Publicar por cuenta ajena no es sinónimo de calidad…¡Hay cada trullo!

No sé si otros festivales se preocupan por los escritores noveles y más desconocidos.Nosotros intentamos llegar a todos y promocionarlos…

Pongámonos en el caso de que  un amigo escritor  te llama y te dice ” Oye, Paco, échame un capote, necesito visibilizar mi obra, invítame”.¿ Cómo le contestarías, como el amigo o como el Director de Contenidos de Cartagena Negra?

 No soy único. Somos un equipo que contamos con un “Coordinador Literario”, Antonio Parra, que en definitiva es quien daría o no el plácet…Yo en ciertos temas, y más si hay amistad por medio, procuro mantenerme al margen. Que conste que algún favor que otro me han pedido y al negarme…La amistad ha muerto.

La pregunta obligada acerca de lo que todos piensan  por lo bajo y nadie se atreve a decir en alto, ¿ hay camarillismos, clanismos, tribalismos en los festivales?

 En “Cartagena Negra”, ¡¡Rotundamente no!!

 Dicen que hay demasiados festivales de género negro…

 Otra vez, ¡¡Rotundamente no!!

 ¿ Suscribirías lo que se planteó recientemente en la Semana Negra de Gijón, donde se dijo que había un exceso de autores de novela negra y en cambio, un déficit de calidad?

 El tiempo y las personas nos colocarán a cada uno donde corresponda. Si hay muchos autores y poca calidad, el tiempo y los lectores colocarán a cada uno donde deba estar.

“La autoedición es otra forma de llegar a donde se proponga el escritor” 

 Volviendo a Cartagena Negra de este año, ¿ qué expectativas habéis depositado en el festival?

 Nuestras expectativas es que los autores se encuentren a gusto, trabajen cómodamente en sus mesas correspondientes y que el público disfrute con ellos y vean que son personas normales que escriben…Normalmente muy bien.

“Si hay muchos autores y poca calidad, el tiempo y los lectores colocarán a cada uno donde deba estar.”

 

Antes me comentabas que ya tenéis en mente la estructura de Cartagena Negra 2019.¿ Siempre trabajáis a medio plazo, no os gusta la improvisación?

 Una parte importante está en mente…Ahora hace falta que algunas cuestiones novedosas, quizás para todos los festivales, se materialicen. El público tendrá cumplida cuenta.

¿Vuestro objetivo es perpetuar el festival en el tiempo, incluso más allá del fenómeno de moda y cuando la euforia por el género negro haya pasado?

 Seguiremos trabajando para que CTNEGRA se asiente como ‘Festival de Referencia’ y continúe cuando nosotros vayamos dejándolo…Por cuestiones naturales, me imagino.

Pues mucha suerte, entonces…  

 

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EL MITO DEL HÉROE POLICIAL Y EL ADIÓS DEL INSPECTOR ULISES SÁNCHEZ : COMENTARIOS SOBRE “LA NOCHE ROTA” DE FIDEL VILANOVA

la noche rota

 

Pienso que lo que siempre tuvo de singular el héroe policial  en nuestra infancia, es que funcionaba como un mito . En nuestro juegos de “policías” y “ladrones”, los  personajes  que encarnábamos se revelaban de hecho una mimetización de los mismos que veíamos en las series de televisión o en las películas, que a su vez  venían inspirados por el mundo literario o el cómic. Claro está, nuestros juegos se dividían entre inconfundibles  héroes y villanos, al igual que en las series en las que encontrábamos  referencias  y  que dicotomizaban sin matices el bien y el  mal. Al final, se imponía una infantil justicia poética en la que los “buenos” siempre ganaban. Lo que ilustraba esa carga  moralizadora del género policíaco  que nosotros mismos interiorizábamos. Si nuestros juegos estaban precedidos de disputas sobre quién sería el  “policía”, el “protagonista” ,el “héroe” , es porque  en el tiempo que duraba el juego de roles, el elegido se convertía en el  “gran hombre“, en el símbolo de la estatura humana y de esos valores de masculinidad y virilidad en la que se nos educaba desde nuestro identidad de género. Nunca olvidaré aquellos entrañables trozos de madera convertidos en peligrosas pistolas con las que nos enfrentábamos a los delincuentes y criminales , ni esas cuerdas transformadas en poderosas esposas con las que hacíamos prisioneros a los “malos“.  Esos juegos de niños tenían algo de común con la literatura : la magia de lo ficcional, de lo fantasioso, de la mentira

Me doy cuenta de que con la llegada a la edad adulta y a través del propio hábitus de la lectura crítica, ese héroe policial inquebrantable, infalible e invencible al que venerábamos en la infancia, no era realmente humano, sino un puro producto cultural a través del  que asumíamos los obligatorios valores de “hombría” y “valentía”. Decía el crítico André Bazin, el fundador de Cahiers du Cinéma y uno de los grandes representantes de la teoría del cine, que el realismo, ( del que también fue el gran paladín ), no consistía solo en reproducir la realidad tal y como la veíamos, sino en ir a las raíces mismas de ella : el alma humana.

Particularmente,siempre he considerado que los mejores autores de novela policíaca  son sin dudas aquellos  que han sabido ilustrar el cosmos de contradicciones que constituye la personalidad del héroe policial.  Y no hay duda de que Fidel Vilanova se inserta en ese linaje. Así lo demuestra al menos la trilogía que cierra con el personaje  de Ulises Sánchez,un inspector  de carácter  duro  y torturado por el remordimiento tras el asesinato de su esposa, por  momentos agrio y en  otros, flaqueante,  seguro de si mismo y al tiempo, dudoso,pero sobre todo y ante todo, profundamente real, humano. El mismo  al que le tocará sumergirse en las cloacas de esa magnética y a la vez oscura ciudad de Marbella que envuelve  todo su periplo.   Fidel Vilanova nos brinda en efecto hoy, “La noche rota” ( Ediciones Dalya,2018) y que constituye la tercera y última entrega que sucede a  ” La última mirada”( Verbum, 2014)  y ” El caso Lovental” ( Verbum, 2015).

Sofía, una niña de diez años que vive en un barrio residencial de Marbella, escapa de una tentativa de violación tirándose por la ventana del chalet de su familia. En su intento de protegerla, su abuela muere asesinada.  Despavorida, la pequeña es encontrada en medio de la carretera por Vera, una camarera de vida gris que convive con un maltratador, Bob.  Cuando la policía le interroga, la niña identifica a su agresor : su tío Tim. Arrestado de inmediato y condenado por la justicia, es encarcelado.Sin embargo, su mujer, Julia, confía en la inocencia de su marido, convencida del carácter fantasioso de la niña. Una vez Tim en prisión, una segunda adolescente, hija de un poderoso y adinerado hombre de Marbella, es encontrada asesinada. El asunto desconcierta al Inspector Ulises Sánchez, que se resiste a la idea misma de haber cometido un error y enviado a la cárcel a un inocente. Si bien,  Julia va a persistir durante todo un año en su empeño de demostrar la inocencia de  Tim y eso con la ayuda de un periodista sin escrúpulos y con afán de notoriedad, que llevará el caso a los medios de comunicación, dejando en entre dicho la eficacia de la policía y al propio Inspector Ulises Sánchez.  Con el paso de las semanas, empieza a salir a la luz una red de prostitución de muchachas adolescentes organizada a través de la redes de Internet y de los contactos impersonales, lo que acaba de complicar el asunto y acrecentar las dudas en el espíritu del Inspector Sánchez.

En línea con esa mirada crítica sobre la realidad social marbellí  que siempre ha definido al autor,  Fidel Vilanova nos ilustra sobre los males de la sociedad y la falta de escrúpulos que  domina en  esta “Era de la información” y de las grandes tecnologías basadas en el mundo virtual. La complicidad del mundo de los negocios y de la propia clase política con el crimen organizado, la pérdida de ética de unos medios de comunicación  que juegan con el morbo y el dolor ajeno, el espíritu de rapiña de un mundo de la abogacía en búsqueda de grandes casos con el solo afán de lucro, son algunos de los temas que saca a relucir Fidel Vilanova.

El autor catalán afincado en Madrid y con un fuerte arraigo precisamente en Marbella, no opta en absoluto por el prcedimentalismo en el desarrollo de la historia y es de agradecer que le ahorre al lector plomizas disertaciones más o menos noveladas sobre ciencia crimonológica y forense. Recurso de muchas novelas policíacas de los últimos tiempos, que suelen servirse de la morbosa estética de lo sangriento y el supuesto rigor en la ambientación del contexto policial, para en verdad vender tramas vacías e insustanciales. En efecto, Fidel Vilanova incide mucho más en la psicología de los personajes y en una realidad social en la que el abuso de poder y el avasallamiento de los más débiles parecen haberse tornado virtud.

La novela tiene por momentos algunos ramalazos de “incorrección política” que puede molestar a la opinión feminista en medio del actual debate social sobre la prostitución y la violencia sexual contra las mujeres, sobre todo al desmitificar la total inocencia de las víctimas adolescentes, prematuramente participantes de los peores males de la sociedad adulta y cada vez más ajenas a las reglas sociales.  Lo que no desmerece el tratamiento que hace el autor  de las verdaderas cuestiones de la obra : la indagación en los aspectos de la condición humana. En especial,  el sentimiento de culpa. Fidel Vilanova nos recuerda también que es precisamente el mismo el que vuelve opaca nuestra mirada y nos impide ver la parte más oscura que hay en los demás.

Polifacético en sus inquietudes literarias,  Vilanova  es un  autor que se ha movido entre la “literatura de expresión” y la novela de género, adaptando su estilo narrativo a cada historia.  La floritura de la palabra que ha demostrado en su obra anterior,” La larga espera” ( Dalya, 2017), una trama ambientada en la España rural de la posguerra, contrasta con el vocabulario ligero y la soltura del ritmo narrativo utilizado en “La noche rota”. De esta manera, siempre sabe mostrarse generoso con su público y las diversas comprensiones lectoras.

Fidel Vilanova juega hasta las últimas paginas con el lector, llevándole   a pensar en una previsibilidad de final, pero acabando por desconcertarle con el desenlace  de la trama. Unos trucos de magia a los que siempre se presta cualquier buen autor de género negro.

Última entrega de su trilogía, Vilanova nos presenta el adiós del Inspector Ulises Sánchez bajo el rostro de un héroe policial  mucho más sereno,  desmitificado, consciente de sus inseguridades y vulnerabilidad. Pero sobre todo, nos describe a un hombre que ha sabido perdonarse a si mismo poco a poco, sobre todo después de reconocer sus propios miedos.

Pensando  en aquellos juegos de infancia a los que aludía al principio y en el que buscábamos nuestro propio e infalible heroísmo en base al mito del héroe policial, me doy cuenta que son esos mismos miedos del Inspector Ulises Sánchez  a los que también nos hemos vistos abocados en la edad adulta al descubrir, efectivamente, nuestra condición de seres humanos.

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FRANÇOIS TRUFFAUT Y “LA MARIÉE ÉTAIT EN NOIR” : COMENTARIOS EN EL CINCUENTA ANIVERSARIO DE UN ESTRENO.

 

 

François Truffaut

En este año de 2018 se ha cumplido el  Cincuenta Aniversario  de un hecho histórico que marcó el devenir de las sociedades occidentales : los acontecimientos del Mayo francés del 68 y la “brecha cultural” que infligieron en el proceso civilizatorio occidental.  El mundo del cine no fue ajeno  ni hermético a lo que estaba ocurriendo en esa Francia de Mayo del 68. Estrenos hubo muchos en aquel año, pero si algo marcó toca una época en las salas de proyección a las que los franceses solían acudir los jueves y los domingos, fue un film que quedará para siempre en la memoria de toda una generación de espectadores : “La mariée était  en noir” de François Truffaut, una adaptación cinematográfica de la famosa novela de William Irish publicada en 1940,The Bride Wore Black. La película fue objeto de una primera proyección en el mes de abril, unas semanas antes de que Francia conociese una de las convulsiones políticas y sociales más importantes de la edad contemporánea. Es en el también  Cincuenta Aniversario del estreno de ese film de Truffaut, que  me gustaría hacer algunos comentarios.

Representante de la llamada “Nouvelle Vague”, una corriente de nuevos directores, realizadores y críticos de cine surgidos a finales de los años 50 y curtidos en el ambiente renovador y vanguardista de Les Cahiers du Cinéma, François Truffaut es entonces y junto a Jean-Luc Godard y Claude Chabrol, uno de los “enfants térribles” del nuevo cine francés. Truffaut consigue hacerse famoso con una de las películas que más marcaron en esa época, “Les quatre cents coups” (1959), un melodrama en torno al periplo de un adolescente rebelde y que, con cierto toque autobiográfico, vino a reflejar la personalidad indómita del joven cineasta. Las figuras de la “Nouvelle Vague” consideraban  que el cine debía acercarse a la sociedad y de ahí su firme apuesta y empatización con las revueltas estudiantiles del Mayo del 68. De hecho, cambiaron de raíz las relaciones del mundo del celuloide con la política.

françois Truffaut

François Truffaut 

Hitchcookiano de pro, Truffaut sentía una auténtica admiración por Irish, cuyo relato autobiográfico tras la amputación de una de sus piernas había inspirado  una de la películas del maestro del suspense, “La ventana indiscreta” (1954). Dos años antes de los acontecimientos del 68, el cineasta francés había publicado su famoso ensayo, “El cine según Hitchcook” (1966), un libro que se basó en una serie de conversaciones del joven Truffaut con el director británico durante una instancia en Estados Unidos. Ese tándem Hitchcook-Irish en la  película protagonizada por James Stewart y Grace Kelly, motiva a Truffaut para llevar a la pantalla la exitosa  novela de  Irish.

La siempre enigmática y magnética Jeanne Moreau, musa del cine francés, cautiva al público en su papel de Julie Cohler,  un personaje en cuyo camino se cruza la desgracia el día mismo de su boda : su marido muere a raíz  del disparo efectuado accidentalmente por uno de los cuatro hombres que, desde el ático de un edificio situada enfrente de la iglesia en la que la pareja acaba de casarse, se divierten con una escopeta utilizando el campanario como diana. El novio es alcanzado por una bala y muere en el acto. Al borde de la locura, Julie se encuentra en las fronteras del suicidio tras la pérdida de su gran amor de infancia. Al final, es la supervivencia a través de la venganza la que termina imponiéndose. Calculadora y maquiavélica, la heroína de la trama  planifica paso a paso el asesinato de los cuatro hombres, aprovechando con astucia las debilidades de cada uno. Una vez caídos bajo su presa y la muerte delante de ellos, Julie  les revela su identidad y hace retornar sus memorias al día de la ceremonia. En realidad, el disparo contra su novio solo es realizado por uno de los hombres, pero Julie considera que la culpa es colectiva.

Moreau 3

La historia que ideó originariamente William Irish se desarrolló en la América de los años 40 y en la ciudad de Nueva-York, con el personaje central del inspector Wanger, al que le tocará perseguir a una misteriosa y escurridiza mujer que va dejando cadáveres a su paso.   François Truffaut puso en escena una ambientación y estética de corte muy francesas y para un público y una sociedad orgullosa  y reivindicativa de su tradición cinematográfica frente al hegemonismo norteamericano de la industria hollywoodiana. Pero en general se mostró rigurosamente fiel al espíritu que había guiado al  emblemático escritor de género negro norteamericano. Contó de hecho con un reparto de lujo que no consiguió sin embargo eclipsar a la magistral Jean Moreau. Los personajes masculinos contra los  que Julie culminaba venganza estuvieron encarnados por muchos de los grandes del cine francés de aquel momento : Jean-Claude Brialy (Corey), un vividor cínico y dedicado a la vida mundana; Michel Bouquet (Robert Coral), un hombre solitario de vida austera que sueña adolescentemente con una mujer ideal y el amor romántico; Charles Denner (Fergus), un artista pintor obsesionado con las mujeres;Mickael Lonslade (Clément Morane),un político municipal, católico y ambicioso. Pese a las explicaciones que antes de morir intentan  brindarle  algunos de ellos, Julie Colher no tiene piedad. Está  dispuesta a llegar hasta final, sin dejar a uno solo de esos hombres con vida, aun al precio de su propia libertad y sacrificio.

Moreau 1

La imagen de Jeanne Moreau quedó vinculada a jamás a The Bride Wore Black. Abundan los que consideran que el personaje original creado por Irish  bien podía haber sido encarnado por iconos de la femme fatal en el cine negro norteamericano clásico, como Lauren Bacall o Vivien Leigh. Otros siguen pensando que no había  otra que Moreau para interpretar el papel, en especial por la fuerte personalidad que caracterizaba a la actriz francesa, su mirada dura y vacía y su semblante rígido con dosis de amargura que conseguían darle un tremendo realismo al personaje de Julie Colher.  Actriz siempre con roles de mujer agria y  arisca, Jeanne Moreau fue sin embargo destilando su parte más humana y entrañable con la llegada de sus papeles de madurez.

El espectador medio terminó manifestando una actitud ambivalente hacia la trama y su personaje central, Julie Colher,  viéndose desgarrado entre el rechazo hacia la parte más revulsiva del crimen y  su justificación moral. Al dictado de las tesis de Thomas Rymer en torno a la justicia poética, la literatura y extensivamente, hoy en día el cine, deberían honrar a los “buenos” e infligir castigo a los villanos allí donde el mundo real no es capaz de impartir justicia. Visto desde ese ángulo, Julie Colher es  un ser inocente, cuya vida se ve truncada y arruinada a raíz del acto de una serie de hombres  sin escrúpulos ni conciencia, que se merecen morir. cuadro 3

Normalmente, los espectadores solemos identificarnos con la víctima, sobre todo cuando la arbitrariedad y el abuso están de por medio. Celebramos los finales en los que impera reparación y se castiga la arbitrariedad. Sin embargo, soy de los que piensan que una lectura del personaje bajo la óptica y los preceptos que alberga ese concepto de “justicia poética”  acuñado por Rymer a la luz de la literatura inglesa moderna del XVII, no se revela del todo procedente. La sed de venganza de Julie  termina por cegarla, dejando al descubierto su propia maldad, crueldad y bajeza incluso con algunos de esos hombres que ha eliminado, que en realidad solo cargan con una culpa matizable. Las fronteras entre el bien y el mal se revelan borrosas y es en ese  sentido que Truffaut se abstuvo de idealizar a una víctima que también  albergaba  en el alma el espíritu  impecable del verdugo sin rostro, ciego y apático  ante el sufrimiento del condenado.

Hay coincidencia en que, con este film, Truffaut se sumergió de lleno en el espíritu que siempre había guiado a los representantes de la Nouvelle Vague : el esfuerzo en trabajar la verosimilitud y realismo de los personajes, a contracorriente de la obsesión por la magia de lo ficcional que había caracterizado al cine francés de la inmediata posguerra. La problemática condición humana,el alma y  el cosmos de los sentimientos fueron temas centrales para la nueva generación de cineastas que encarnó el propio Truffaut. Julie Colher es ante y sobre todo, un ser profundamente herido y son las mismas cicatrices de su dolor, pena y rabia, las que le llevan a sacar la parte más tenebrosa de si misma.

cuadro 2

En 1968, Truffaut ya era un cineasta consolidado. Lo que no impidió que muchos considerasen y sigan comentando hoy, que  “ La mariée était en noir” constituyó una obra  “menor” en su producción y que no hacía  honor a su talento y vanguardismo. Parece que el propio Truffaut reconoció años más tarde que nunca había estado satisfecho del resultado. Dicen  las malas lenguas que  Quentin Tarantino se inspiró en él para sus película Kill Bill Volum 1(2003) y Kill Bill Volumn 2 (2004), una historia que versa sobre la venganza de una recién casada interpretada por Urma Thurman y que decide liquidar a los miembros de la banda que asesina a su marido el mismo día de su boda. Mucho más devoto de Godard que de Truffaut,  Tarantino siempre negó esa inspiración e incluso afirmó no haber visto jamás la película con Jeanne Moreau, a pesar de que los paralelismos entre los dos films sean evidentes.

cuadro cero

Los medios técnicos y la estética del cine de antaño eran muy diferentes a los de hoy. A pesar de que los creadores actuales sean auténticos magos del simulacro gracias a sofisticadas técnicas de realización, debo reconocer  que siempre he sentido una irresistible inclinación por ese entrañable “Noir” francés de los 60 y 70, sin duda mucho más austero en sus medios, pero decididamente  profundo en cuanto a la fuerza de los personajes y la significación de las tramas. Mirada con la retina de hoy, hay que reconocer que la  “La mariée était en noir” no es una maravilla de realización e incluso que alberga algo de cutrerío, lo que no la desmerece en cuanto al contenido y sobre todo, al enorme magnetismo de Jeanne Moreau.

“ La mariée était en noir” fue objeto de sucesivas emisiones en la televisión francesa durante los años setenta. Todavía recuerdo, durante mi infancia, los intercambios entre mis padres después de volverla a ver, sobre todo los argumentos de mi madre, que celosa de su felicidad y propios sentimientos hacia los suyos, sentía una terrible simpatía por el personaje que encarnaba Jeanne Moreau y sobre todo, una adhesión moral a su venganza.  Visto desde la distancia, me doy cuenta que  el éxito del film entre el público no experto y ajeno a la opinión sabia de la crítica cinematográfica, vino sin duda  condicionado  por algo trascendental : el  hecho de que el espectador medio y anónimo identificase y reconociese, a  través mismo del personaje de Julie Colher, los  pasillos más oscuros de su propia alma. Es sabido que en nuestras lecturas y miradas, siempre buscamos algo de nosotros.

 

 

 

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