LA AMISTAD ENTRE EL ALTO AL FUEGO

El cine y la novela de género bélico estuvieron, por tradición y esencia, dominados por la simbología de la sangre y la amenaza de la muerte, el heroísmo y la virilidad, donde la camaradería siempre se veía articulada alrededor del patriotismo y el odio sin matices hacia el enemigo. La derrota del otro constituía el elemento épico central y cualquier cinéfilo o lector solía acabar haciendo suya la victoria de los protagonistas. La trama bélica apareció así como una historia de hombres, sobre hombres y entre hombres, donde la escenificación siempre canalizaba una serie de valores culturales propiamente masculinos. Era el imperio de lo maniqueo y no existía hueco para la piedad en un mundo donde la violencia y la destrucción constituían la gran brújula. La temática de la Guerra Civil no escapó de esa estructura narrativa, en la que los matices no existían y la carga ideológica de uno u otro signo desbordaba por los cuatro costados.

Afortunadamente, hoy corren nuevos tiempos y surgen nuevos autores que han sabido diluir ciertas ideas establecidas y representaciones en torno a ese episodio de la historia de España, tanto en los aspectos épicos como en los sociales, políticos y simbólicos. Uno de ellos es sin duda Francisco José Jurado, un abogado, periodista y escritor en origen surgido en el panorama literario de la mano de la novela negra, sobre todo a través de la creación del personaje del inspector Benegas. Ajeno a los encasillamientos, Francisco José Jurado ha demostrado su habilidad para moverse por otras laderas narrativas, en este caso, el de la novela histórica. Un ejemplo de ello es su reciente obra La guerra de los mundos (Algaida Editores,2020).

Francisco José Jurado 

En plena batalla del Ebro, un teniente del bando nacional, Martin de Mendoza, y un miembros de la XV Brigada Internacional Abraham Lincoln, Jeffrey Henderson, se reúnen en secreto para intercambiar tabaco y papel de fumar, que escasean en cada lado de las dos trincheras. Los altos mandos de los dos ejércitos lo toleran, a sabiendas que dicho trueque puede animar a unas tropas a las que consume la ansiedad. No es el único encuentro que protagonizan Martin y Jeffrey y, de hecho, el primero tendrá lugar un año antes en otra cruenta batalla: la del Jarama. Desde entonces va a nacer una larga historia entre dos hombres que, estando distanciados en sus causas e ideas políticas, mantienen numerosos lazos, entre ellos, su gusto por las letras y sus propios pasados repletos de renuncia y frustración. Un vestigio de amistad que volverá secundario todo lo que les separa. De repente, un acontecimiento cambiará el rumbo de la propia guerra y, en especial, de una batalla que se revela crucial en un momento en el que la suerte está echada para cada uno de los contrincantes. El bando nacional y el Ejercito Popular se ven abocados a un breve alto al fuego. Al otro lado del Atlántico está ocurriendo algo que amenaza a la humanidad: un invasión extraterrestre que ha empezado a sembrar la destrucción en Estados Unidos. ¿Qué hacer?, ¿Qué y a quién creer? se preguntan los altos mandos de uno y otro lado entre el recelo y la duda. Es en medio de esa paralización de las hostilidades que los destinos de Martin y Jeffrey tomarán un inesperado sendero.

A través de una historia trepidante, hibrido de realidad y de ficción, donde se entremezclan personajes imaginarios con personajes históricos insertos en una estructura narrativa magníficamente construida y una trama de perfecto hilvanado, Francisco José Jurado le da magia ficcional a la última etapa de la Guerra Civil. Llevará al lector por un periplo lleno de historias de espionaje y contraespionaje, de agentes dobles, de traidores y de disidentes, al tiempo que nos ilustrará sobre los entresijos de la política internacional, recordándonos cómo esa batalla del Ebro solo va a convertirse en el primer acto de la catástrofe que cundirá en Europa a partir de 1939. Es envueltos en un torbellino de intrigas, de odio, de desconfianza, de circunstancias adversas y de las más inmundas bajezas humanas que Martin y Jeffrey, asolados por la decepción respecto sus propias causas, intentarán salvar su amistad a riesgo de sus propias vidas.

El interrogante que ejerce como reclamo para el lector es cómo podía haber resultado la resolución de la guerra de haber sido verídico el episodio que dinamiza la trama. No hace falta recordar que la providencia en condiciones de salvar a la República llegó con retraso y que así terminaron siendo las siguientes cuatro décadas de la historia de España. Por mi parte, la pregunta no es cómo podía haberse revelado el pasado y el devenir de nuestro país, sino cómo es nuestro presente. En ese sentido, no cabe duda que la problemática que envuelve a toda la historia es de una terrible actualidad, en especial en un momento como el nuestro, dominado por el poder de las redes sociales y el fenómeno de las fakenews como elemento de manipulación y arma arrojadiza contra los adversarios políticos. Esa fuerza de la comunicación es la que comprendió Orson Welles en los años treinta y en un contexto histórico constituido por el propagandismo, los movimientos de masas y la experiencia de los totalitarismos. Se me antoja que en las intenciones de Jurado está el homenaje a uno de los actores y directores de cine más importantes del siglo XX, que supo percibir el gran mal de su tiempo: el terrible magnetismo de la mentira. Cabe apuntar, desde luego, que Francisco José Jurado acaba de hacer un nuevo aporte a la renovación narrativa sobre la Guerra Civil española, convirtiendo el pasado en un instrumento de reflexión para el presente.

FICHA TECNICA

Autor: Francisco José Jurado

Título: Dos mundos en guerra

Editorial: Algaída Editores

Lugar de edición: Sevilla

Año de edición: 2020

Número de páginas: 387

DESTINOS UNIDOS POR LA TRAGEDIA

Parece que los grandes grupos editoriales nos vienen brindando de un tiempo a esta parte a nuevos y jóvenes novelistas que tienden a aerear al panorama literario comercial de los sobreexpuestos y déjà vu autores superventas, muchos de ellos con tendencia al autoplagio y en periodo de rebajas respecto a su calidad creativa. Una de esas jóvenes promesas es el carismático youtuber y profesor de enseñanza secundaria José Antonio Lucero, cuya primera novela, La vida en un minuto (Ediciones B, 2021) , acaba de tener una excelente acogida.

Madrid, 1943. La capital celebra el fin de año desde el ilusionismo de la paz, que oculta mal la permanencia en los espíritus de esas “Dos Españas” en realidad muy alejadas la una de la otra. Al igual que otras familias, Daniel Baldomoro malvive en el parque del Oeste, último residuo urbano y símbolo de la destrucción dejada por la Batalla de Madrid. Inmerso en una vida de clandestinidad, se sabe buscado por la Brigada Político-Social. Comprende que no puede permanecer por más tiempo en la ciudad, convencido que la policía franquista acabará por atraparle. Ayudado por Rafael, “el cojo”, un tabernero estraperlista, lleno de tristeza, amargura y remordimiento con el que mantiene una relación paternal, Daniel prepara su huida.

Al lado de la miseria y la privación que domina el parque del Oeste, existe otro mundo, el de Julita, una chica del barrio de Salamanca, perteneciente a una familia de la alta burguesía inmersa en la ruina económica y cuyo estatuto social está dependiendo del futuro matrimonio con Jorge: un joven celoso y posesivo, hijo de una acaudalada y prestigiosa familia de abogados. Estudiante de Filosofía y Letras, repleta de inquietudes intelectuales y apasionada por la poesía, Julita duda de ese noviazgo y aborrece del rol social que le está predestinado en esa España del nacionalcatolicismo que acaba de liquidar todos los sueños de emancipación de las mujeres durante la Segunda República. De repente, surge un hecho que amenaza con poner en peligro el compromiso de los dos jóvenes y abocar al escandalo y la vergüenza a las familias de los prometidos. La solución está en unos breves días de ausencia de la capital, el tiempo que la situación se apacigüe y todo vuelva a su curso. Una estancia en Galicia, donde Julita tiene sus orígenes familiares, aparece como la mejor solución. Julita y su madre, Trinidad, deciden emprender viaje en el tren-correo Madrid-Coruña: el mismo que va a tomar Daniel Baldomoro . Ninguno de los dos saben que se cruzaran sus destinos y que la tragedia será su horizonte común. En efecto, el recorrido de ese tren-correo lleva un nombre: la muerte.

Almudena Grandes, nuestra gran sacerdotisa literaria sobre el periodo de la guerra y la posguerra española, ha tenido ocasión de recordarnos una de las peores tragedias ferroviarias en la España de los años 40 y celebrar que la literatura se haya hecho eco de ella, después de que aquel primer franquismo de la autarquía se esforzase en ocultarla a la opinión pública. Es mérito de Juan Antonio Lucero, no solo de rescatar aquel acontecimiento, sino también haberle dado un singular toque literario, en el que la magia de lo ficcional convive con el drama de la realidad histórica. Cabe apuntar que la configuración del personaje de Daniel Baldomoro, gran dinamizador de toda la estructura narrativa, se revela de una exquisita singularidad. La construcción de su perfil identitario por parte de Lucero evoca un pasado histórico peninsular caracterizado por una gran pluralidad cultural, la misma que la parafernalia fascista se esforzó en borrar de la memoria colectiva en nombre de una España supuestamente erigida en la reserva espiritual de Occidente. La novela abunda de flashbacks, articulados con un cuidado orden cronológico que vela de no desorientar al lector y que ponen luz al verdadero periplo del personaje central: perseguido por el recuerdo de su pasado familiar y de una guerra fratricida que escapa a su comprensión.

El autor demuestra una prosa amena y ligera, desprovista de filigranas lingüísticas , pero sin perder el sentido estético del lenguaje literario y la empatía con la diversidad de las comprensiones lectoras. Se deja entrever algún puntual tropiezo narrativo, sin embargo muy propio de los autores noveles y que suelen ser paliados con eso que en la producción literaria llamamos coloquialmente, “adquirir oficio”.

Desconciertan a veces los comentarios aparecidos sobre la verdadera naturaleza de la obra y que, bajo los objetivos del reclamo comercial, se ha querido vincular con el ´genero romántico. Parece que Leonardo DiCapario y Kate Winslet han revolucionado voluntaria o involuntariamente el universo ficcional y que ya no sabemos ver las relaciones de género bajo otro prisma que el que nos facilitó uno de los peores bodrios cinematográficos de los años 90: las planas, insulsas y baratas historias de amor entre parias y patricios. No hay nada de ilegitimo en que se haya querido captar a un determinado público lector, pero vender una obra bajo la etiqueta del género romántico, cuando en realidad se trata de una novela histórica, es hacer poco honor a la profundidad de la trama y entender mal las verdades intenciones del autor. No está de más recalcar que Lucero no nos habla tanto del amor, como de la lealtad, la amistad y la complicidad intelectual en ese clima de vacío cultural imperante en la España de la posguerra. La obra es, a ese respecto, una entusiasta oda a la zambrana Razón poética. Hecho este inciso, es mérito añadido de José Antonio Lucero haber ilustrado con talento esa España de las tinieblas, de las desigualdades, del despotismo, de la mentira y, sobre todo y ante todo, de la indefensión de la sociedad frente al poder. Se trata pues de un autor que ha hecho una nueva aportación literaria a la Memoria Histórica y Democrática de nuestro país. Y es de agradecer.

FICHA TÉCNICA.

Autor: José Antonio Lucero

Título: La vida en un minuto

Edición: Ediciones B

Lugar de edición:Barcelona

Fecha: 2021

Páginas: 413

TIEMPOS DE ARTE Y DE REVOLUCIÓN: SOBRE “LA AVENIDA DE LAS ILUSIONES” DE XAVI BARROSO

Sigo reafirmándome en el papel fundamental que juega el universo ficcional en la transmisión del conocimiento histórico, sobre todo en un momento de desvalorización de las ciencias sociales y de un profundo elitismo académico de la investigación historiográfica que alejan al ciudadano común del interés por la memoria colectiva. En el caso concreto catalán, la propia parafernalia de urdimbre simbólico-identitaria ha contribuido a sepultar una determinada etapa de la historia colectiva, sobre todo la que más contraviene a los intereses de la demagogia victimista. Factor explicativo de que el pasado más fructífero de Cataluña, en lo político, en lo social y , desde luego, en lo cultural, lo intelectual, lo literario y lo artístico, como es el caso del primer tercio del siglo XX, empiece a ser objeto de tabula rasa en beneficio de un rudimentarismo provinciano. Es mi propia mirada sobre la situación actual que vive Cataluña lo que sin duda motivó mi la lectura de la obra de Xavi Barroso, La avenida de las ilusiones (Grijalbo,, 2020).

Guionista de profesión, Xavi Barroso es un autor novel catalán originario de la ciudad de Granollers y que, a pesar de su juventud, ha sabido proyectarse con un temprano éxito en el panorama literario al amparo de uno de los grupos editoriales más importantes del país. No es necesario precisar que la excepción siempre prima sobre la regla en un mundo editorial lleno de obstáculos, donde los sellos independientes constituyen el paso casi obligatorio para cualquier autor que debuta. Más allá de lo apuntado, no cabe duda que la obra alberga su singularidad.

En plena Semana Trágica, Francisca y María Romero, dos hermanas crecidas y educadas en un medio rural ,se trasladan a Barcelona, repletas de incertidumbre y sin otras miras que las de dedicarse al servicio doméstico en casa de los Puig: una preeminente familia de la burguesía barcelonesa, símbolo de una clase social modernizadora, pero al mismo tiempo espantada ante las revueltas sociales crecidas a la luz de la industrialización y el auge del movimiento anarcosindicalista. Si María vive con sus secretos y unas aspiraciones muy limitadas que se reducen a los muros de la casa de los Puig, Francisca clava la vista en otro horizonte: quiere ser actriz y, sobre todo, una mujer libre. Al tiempo, conoce a Joan, un activista de la C.N.T que se convierte en su amante. Francisca tiene que enfrentarse, no solo a los prejuicios de clase y el señoritismo que impera en casa de los Puig, sino también a un periplo en el que le tocará luchar contra los roles que la sociedad de su época pretende asignarle por su condición de mujer. Dentro de su relación con Joan, también se ve desgarrada entre los sueños colectivos de justicia social que mueven a su amante y sus propios proyectos individuales, que no siempre coinciden. Al tiempo, entabla una amistad ambigua con Tomás, el hijo menor de los Puig, un joven con tendencias depresivas, pero al que la va a unir el gusto por la literatura, y con Jaume, otro joven de familia acomodada, aspirante a dramaturgo que no acaba de creer en su obra. Gracias a ambos, va descubriendo el universo a la vez sórdido y magnético del Paralelo. Francisca no quiere renunciar a sus sueños, pero la realidad se muestra caprichosa y su trayectoria y la culminación de sus propias aspiraciones van a pasar por un camino mucho más escabroso de lo que ella imaginaba, interfiriendo por momentos el flaqueo, la duda y la tentación de la renuncia a eso en lo que pretende convertirse. De hecho, la vida de Francisca está llena de contradicciones y dobles raseros, donde la felicidad a través de los viejos cánones del amor romántico entra en litigio con la propia voluntad de emancipación femenina que traerá la Guerra del 14 en Europa. La vida de Francisca termina por convertirse en un eterno reempezar, en medio de la alineación obrera y los propios entresijos de un mundo del espectáculo repleto de obstáculos, subsuelos , bajezas, mezquindades, pasillos oscuros y prejuicios hacia su propio sexo.

La obra de Xavi Barroso es un homenaje al mundo del teatro, sin caer en su sublimación y siempre en un juego que se mueve entre las luces y las sombras, entre el sueño y la realidad, entre el triunfo y la frustración. Pero es sobre todo una oda a unos tiempos y universos revolutos, amenazados por la desmemoria en la era de la información, la digitilización y las nuevas tecnologías que alimentan el gusto por lo virtual, adulterando así la esencia misma de lo artístico: la parte más humana de los individuos. No resta en mérito la parte ambiental y contextual, que nos traslada a una época repleta de episodios políticos y sociales, desde la crisis del régimen de la Restauración, pasando por el catalanismo burgués y los proyectos regeneracionistas, hasta llegar al anarcosindicalismo y el pistolerismo: una crónica histórica ligera y sin afanes de disertación, pero sin la cual resulta difícil darle inteligibilidad a los posteriores dramas colectivos de los que Francisca acaba volviéndose testigo en el otoño de su propia carrera artística. La técnica narrativa muestra bastante autonomía y originalidad respecto a los tradicionales y anticuados cánones de la novela histórica más clásica, siempre llena de grandes personajes y episodios épicos. El devenir colectivo adquiere presencia, no a través de grandes cronologías, sino de la experiencia de personajes ficcionales y anónimos,que facilitan el acercamiento del lector al pasado. Novela construida desde el tono intimista de la protagonista y con un estilo narrativo que evoca en algunos de sus pasajes al más puro impresionismo laforetiano, La avenida de las ilusiones nos ilumina, no solo sobre uno de los espacios urbanos más emblemáticos y entrañables de la ciudad de Barcelona, sino también sobre una parte de la historia de Cataluña y España que no podemos obviar.

FICHA TÉCNICA

Autor: Xavi Barroso

Título: La avenida de la ilusiones

Editorial: Grijalbo

Lugar de edición: Barcelona

Año de publicación: 2020

Número de páginas: 508

 

LA CAUSA DE LOS PROSCRITOS: SOBRE “LA MILICIA DE LA NOCHE” DE JOSÉ MANUEL DEL RÍO

 

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La guerra es la continuación de la política por otros medios, decía Clausewitz. En toda contienda estaban los intereses del Estado, de las clases dirigentes, de los grupos económicos, del mundo castrense… Las  víctimas siempre moraban en la sociedad civil,  que sufrían de las decisiones de los que controlaban el devenir colectivo. Ese fue el precepto moral del pacifismo frente a la concepción propiamente maquiavélica de la política, en el que la violencia y la perversidad se adscribían al poder, al mismo tiempo  que se daba por hecha la victimización de la sociedad y su inherente bondad. La cuestión está en saber hasta dónde la realidad histórica da carta de validez a esa dicotomía moral. El acontecer de la guerra civil española reafirma el interrogante: para nadie es un secreto  de que en  ella  no todo fueron profundas convicciones y grandes ideales y que detrás de las cuestiones políticas, sociales, ideológicas o religiosas, se hicieron hueco  las rencillas, las enemistades personales, los ajustes de cuenta, la sed de venganza y una violencia gratuita. No cabe duda, a ese respecto, que los desviados y los campeones  del crimen,  en tiempos normales proscritos sociales,  lograron hacerse  hueco en una sociedad  caída en el caos. Los crímenes sociales e individuales van a así a confundirse con los crímenes políticos y colectivos. Sin duda ese es uno de los grandes temas de la novela de José Manuel del Río, La milicia de la noche. (Ediciones B,2020).

                             Fidel Lobo es el capo de una banda de delincuentes de los bajos fondos de Barcelona. Pep el Rata y el Bucanero son sus segundos de abordo. Hasta el momento solo se dedican al robo, la intimidación y el asesinato sin escrúpulos. Sin embargo, les sorprende el alzamiento del 18 de Julio y los enfrentamientos en la ciudad entre los partidarios y adversario de la rebelión militar. Durante los primeros días no acaban de dar crédito a lo que ocurre y están dominados por la desorientación. La política no les interesa, ni tienen ninguna convicción ideológica en concreto. Solo saben de la violencia y el placer sádico que esta proporciona. Ciertos de ellos han hecho alguna incursión en el contra-pistolerismo frente a la violencia ejercida por la patronal catalana  en la década  anterior, pero lo han concebido como una dimensión más del gansterismo en el que se han forjado, que como una causa. En 1936 siguen sin saber de qué lado están en medio de esa sociedad polarizada que se dirige al abismo. Su momento llegará a partir del instante en que el anarcosindicalismo se hace con el control de la ciudad después de la definitiva aplastamiento de Goded y las fuerzas favorables a Franco. Un Delegado  vinculado a la C.N.T y a la Generalitat republicana va a asignarle a Fidel Lobo  una misión : ayudar al control de los elementos fascistas y al triunfo de la revolución social. Al lado de Lobo está  también Antonio, un joven  idealista. A través de la epístola con su padre,  Antonio va contando los desconciertos,  decepciones e incertidumbres que le provoca una guerra de la que sabe que la República saldrá vencida. La violencia sin sentido, la prostitución, el proxenetismo, un ejercito desorganizado compuesto por estúpidos, las Patrullas de Control y el caos en medio de un bando republicano dominado por la división que desembocará en los acontecimientos de Mayo del 37, constituyen el contexto de la trama y de las propias cartas de Antonio a su padre.  La milicia que encabeza Lobo y los suyos sabrán aprovecharse de la situación, apelando a los valores de una sociedad libertaria que en realidad oculta otra realidad : el gusto por la violencia de una banda de  oportunistas en verdad sin ninguna convicción.  Antonio  es el único que termina preguntándose si la locura en la que está inmersa el país merece la pena. Debajo de las banderas y las proclamas solo están el egoísmo, la maldad  y el lado más ruin del ser humano. 

                    Todo sabemos hasta qué punto es tabú poner en cuestión la gestión de la guerra por parte de las autoridades de la Segunda República y subrayar la responsabilidad de cierta izquierda en la definitiva derrota de un régimen legitimo. Narrativamente valiente, José Manuel del Río hace una afinada ilustración ficcional de aquella Barcelona en el que la bajeza humana tomará la delantera sobre los ideales. Su valentía se revela por partida doble cuando se presenta el reto actual de luchar contra las tesis revisionistas sobre las causas de la guerra civil española y la ofensiva ideológica contra la legitimidad del gobierno del Frente Popular y de la Segunda República.  Por muy indigesta que pueda resultar esta obra para aquellos centrados en una lectura  ideológica del acontecer pasado o por dolorosa que nos resulte a los que luchamos por la recuperación de una memoria histórica y democrática que restituya la dignidad de las victimas del franquismo, una cosa es cierta, y es que  José Manuel del Río hace de la literatura un instrumento con el que ponernos delante de una verdad infalible.  

FICHA TÉCNICA

Autor: José Manuel del Río 

Título: La milicia de la noche.

Editorial: Ediciones B

Lugar de edición: Barcelona

Año de publicación: 2020

Numero de páginas: 493

Colección: La Trama. 

 

 

EL CARIÑO EN TIEMPO DE GUERRA: SOBRE “LA CIUDAD DEL ALMA DORMIDA” DE FELIX G.MODROÑO

Félix G. Modroño ( Portugalete,1965), es un autor de un ya significativo recorrido  que se ha movido  entre el género negro y la novela histórica. Me atrevería a decir, a ese respecto, que su escritura se me antoja más vocacional y sincera  en la ilustración literaria de  los grandes episodios nacionales que en la de las investigaciones policiales : De ahí que el mismo no se haya sentido demasiado cómodo con la etiqueta de autor « Noir».  Revelándose un devoto de lo histórico, no podía esquivar en su creación literaria el siempre recurrente tema de la guerra civil española .En relación a esto debe mencionarse su obra « Secretos del arenal », ( Algaida,2014) , galardonada con el Premio Ateneo de Sevilla y que nos hizo viajar por la realidad  franquista en la Andalucía  de la inmediata posguerra, con el universo del falangismo y sus entresijos  como telón de fondo. No cabe duda que es mérito de Modroño poner luz  al  acontecimiento colectivo a través de la experiencia de personajes anónimos con los  que logra mantener la magia de lo ficcional sin perder la perspectiva de la verdad histórica. Dicho esto, es como si su última obra, «  La ciudad del alma dormida »( Ediciones B, 2020),  viniese a ser un compromiso pendiente con sus lectores en general y en particular con aquellos que, como es el caso de un servidor, llevan un cierto tiempo interesándose por las relaciones entre literatura y memoria histórica. Vasco de nacimiento y de corazón, cabe pensar  que su nueva novela también es el saldo de una deuda consigo mismo. Y es que, más allá de la dimensión narrativa,  en la que el autor sigue puliendo su pluma desde el cuidado de la estética sin caer en el barroquismo,  se trata de una obra escrita desde las entrañas, donde lo literario no se disocia de la relación pasional de Modroño con sus propios orígenes y arraigos culturales.

                 

Bilbao, finales de 1935. Ignacio Segurola  es  un incondicional  del Atléctic  y periodista que trabaja para el rotativo Euzkadi. El crimen terrible de una prostituta le brinda la oportunidad de salir de la rutina de la crónica deportiva a la que se dedica habitualmente, estableciendo una estrecha complicidad con un conocido detective bilbaíno, Fernando Zumalde, al que todos apodan  el «  Comisario ». Ambos se afanarán en aclarar el asunto en medio de sospechas que apuntan a una  situación política internacional asolada por el ascenso de los totalitarismos. Sin tener vocación de novela negra, ese mismo asesinato va a planear a lo largo de toda la historia. Pero es sobre todo la ilustración de la parte más humana de Ignacio Segurola   lo que de verdad arrastra de la trama. De espíritu tranquilo,  Ignacio se siente atraído por la empleada de una librería, Irene, una chica pelirroja, miope y originaria de Guernika. Aspirante a escritora, también vive enamorado de ella Koldo, un joven ingenuo y algo insulso con el que le une una amistad de infancia. Pese   a no ser correspondido, Koldo   le regala a Irene una máquina de escribir. Quiere que cumplan sus sueños como poetisa. Les vincula una mezcla de amor platónico que consuela a Koldo de una relación imposible. Ignacio acude a menudo a la librería de Tere Verde, la jefa de Irene , quien terminará por fijarse en Ignacio. Seductor, se presta a un idilio con el periodista. Con ganas de vivir, Ignacio dedicaba el tiempo a disfrutar de la vida lúdica de Bilbao, sobre todo en compañía  de su amigo Kepa, un joven homosexual, hijo de un oligarca local y que aspira a convertirse en un verdadero actor de teatro gracias a los pequeños pinitos que va haciendo en la compañía de Margarita Xiru, que en esos momentos está representando en Bilbao la obra de García Lorca, «  Bodas de sangre ».

Pese al ambiente político cada vez más enrarecido, la existencia sigue en un clima de felicidad, proyectos y sueños, que se entremezcla con las aventuras de la vida nocturna y en medio de la cual se le brinda al lector los placeres de las tradiciones populares y cultura gastronómica y vinícola bilbaínas. Al tiempo que Ignacio prosigue su relación algo ambigua con Irene, mantiene su interés por el caso de la prostituta asesinada, así como la relación con el detective Zumalde, en la expectativa de darle un giro a su carrera periodística. Sin embargo, la ambición de escribir un gran artículo sobre dicho crimen choca constantemente con la situación de polaridad social e ideológica, que acapara todas las portadas. Las elecciones legislativas de 1936 y el triunfo del Frente Popular agrava la coyuntura sin que en realidad nadie consiga imaginarse el orden de los acontecimientos venideros.

El estallido de la guerra civil cambiará  para siempre la cotidianidad de todos, mientras Bilbao acaba perdiendo su luz y el periplo de los protagonistas muta en desgracia, odio, rencor y miedo. Los bombardeos sobre Guernika por parte de la Legión Cóndor termina de sembrar el drama y el dolor en las gentes. A partir de ahí, el destino se mostrará en su faceta más cruel, especialmente para Ignacio e Irene, abocados a la separación tras la prematura caída de Bilbao y la implacable represión de los Nacionales. Sin embargo, los difíciles caminos que les tocará emprender a ambos no impide  que el amor que se profesan consiga sobrevivir a las circunstancias.

         

Felix G. Modroño recrea con rigor la realidad política y social de Euskadi en los años treinta, sin obviar los orígenes  reaccionarios del nacionalismo ; el profundo tradicionalismo de la sociedad vasca y su complicada relación con un mundo republicano y anticlerical,  al que tiene por  un aliado de coyuntura en nombre de la preservación de una identidad cultural y conciencia colectiva. En ese sentido hay que  reconocerle el buen manejo de la ambientación histórica sin caer en la pura disertación de manual académico, vicios habituales de muchos autores con tendencia agotar la paciencia del lector y desvirtuar la esencia de las propias tramas. Félix G.Modroño sabe dosificar la exposición de la cronología colectiva en beneficio de las experiencias individuales, que en el caso de su obra  apuntan al sufrimiento humano ante un  drama compartido frente al que solo queda el grito de la impotencia. . La ideología, casi siempre inevitable en toda la tradición narrativa en torno al episodio histórico de la guerra civil, parece borrarse   en pro de una evidente relación sentimental del autor con sus propios orígenes personales y la ciudad de Bilbao. Se puede decir que la novela no es maniquea, aunque tampoco se sitúe del todo en la equidistancia, que es la trampa  que suele tender cierto revisionismo reaccionario, en búsqueda  de una fuente de legitimación histórica al alzamiento del 18 de Julio. Novela de personajes, la obra de Felix G. Modroño cumple lo que debió  ser su objetivo inicial, o sea, profundizar en la subjetividad y los sentimientos de sus protagonistas, recordándonos que siempre existe la posibilidad de serenar nuestra relación con el pasado, por doloroso que haya sido, dejándole un pequeño hueco existencial a una esperanza alentada por el propio cariño.

AMELIA NOGUERA, UNA ESCRITORA CONTRA LA MEMORIA VANA : SOBRE “EL PASEO DE LOS CANADIENSES”

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Los sistemas de apropiación del pasado suelen ser rehenes de entramados ideológicos de los que, por desgracia, ha terminado por participar una investigación historiográfica a la que le correspondería cumplir con la virtud del rigor y no  con el vicio del sesgo. Siempre he pensado que allí donde la ideología y las propias ciencias sociales optan por la memoria fragmentada o directamente, por la desmemoria, la literatura y la ficción han de tomar la antorcha de la verdades  individuales frente a las medias verdades o silencios institucionalizados. De mutismo oficial fueron objeto durante décadas los hechos de Málaga de 1937, ocupada por los nacionales después de una deserción vergonzosa del ejercito republicano.  El éxodo de  miles de civiles en la carretera costera de Almería, más popularmente conocida como “Paseo de los canadienses”  y los ataques de la marina franquista y la aviación italiana contra la población, es uno de los hechos que más han sido sometidos  a la amnesia histórica. Mérito ha sido de las asociaciones para la Memoria Histórica y de algunas voces  anónimas recuperar el recuerdo de unos acontecimientos que, junto a Guérnica, constituyen quizás una de las mayores atrocidades acometidas por los franquistas durante la guerra civil . Es de la memoria de esos hechos que ha pretendido hacerse eco la escritora Amelia Noguera  con su última novela, a la que brinda  precisamente título el nombre de aquella carretera sembrada de crueldad, inhumanidad  y muerte, “El paseo de los canadienses” (Berenice,2019).

Una escritora a la que Amelia Noguera no da nombre, pero bajo la que subyace la subjetividad e inquietudes históricas de nuestra autora, se interesa por los hechos acaecidos en Málaga en 1937 : en gran medida desconcertada por el silencio del que son objeto. Paso a paso, su escritura se convierte en el traslado a la ficción de una serie de testimonios e historias orales. La principal de ellas,  la de Azucena, una mujer anciana que vive en el exilio y a la que Noguera convierte en la gran testigo de un drama colectivo, al igual que en la  narradora de una historia personal a través de la que se pone luz a uno de los episodios más trágicos de la primera mitad de la guerra civil española.

Preadolescente, Azucena se ve obligada a abandonar Málaga en pleno asedio de los nacionales. Sigue a su madre, Fernanda,   mujer casada con un republicano alistado en el Ejercito Popular. Durante la desbandada colectiva, se cruza con Martina, otra niña, hija de un padre alistado en el bando franquista tras desertar de las tropas republicanas y una madre embarazada, Isabel y nieta de una rica terrateniente, doña Ángela.  Las diferencias sociales  y  distinta ubicación ideológica y posición respecto al Alzamiento del 18 de Julio, no es barrera para que las dos niñas vayan forjando amistad, ajenas al odio entre los dos bandos que dinamiza la guerra. Juntas, afrontarán el camino de sufrimiento y muerte que van presenciando en la carreta de Almeria. Azucena irá perdiendo la inocencia, confrontada de forma prematura al mundo de los adultos y la maldad humana, mientras que Martina, educada en los preceptos cristianos más rigurosos al igual que todas las niñas de su clase, empieza a dudar de su  fe y pensar que Dios  no es tan bondadoso como le han enseñado. Su propia madre, Isabel, vive atormentada por algo que ha hecho y se pregunta si la desgracia que le ha tocado en esa carretera de Almeria no es en realidad un castigo de la providencia y el pago por un pecado mortal. A medida que avanza el tiempo, Azucena y Martina van descubriéndose a si mismas. A través de la mirada de las dos niñas, Amelia Noguera nos retrotrae a la realidad histórica de la represión franquista en Málaga, recordándonos a figuras siniestras como Queipo de Llanos o el propio Carlos Arias Navarro, pero también la violencia sexual y las vejaciones a las mujeres republicanas por parte de los nacionales, sin olvidar de mencionar el cinismo y complicidad con el franquismo de la colonia de británicos económicamente acomodados y residentes en Málaga. De ese mundo de venganza y represión solo puede protegerles la poderosa abuela, doña Ángela.  Amelia Noguera da quizás un ligero resbalón narrativo respecto a la figura de doña Ángela , que huelga por momentos de verosimilitud  y  no cuadra con la realidad sociológica, los valores culturales y perfil ideológico de las oligarquías terratenientes y caciquiles del sur de España, imbricados en un fascismo crudo y abrupto, siempre en contraste con ese fascismo mucho más intelectual del mundo urbano. Autora cuyas obras siempre han trabajado la psicología de los personajes, Noguera quizás haya querido poner su pluma al servicio de la dimensión más humana de los protagonistas, por encima de los maniqueismos  y las interpretaciones excesivamente ideológicas de la tragedia colectiva. No hay motivo para no pensar que en el océano de la maldad humana siempre puede quedar alguna gota de bondad y generosidad.

Amelia Noguera añade los testimonios novelados de los componentes de los dos bandos, entre ellos, la de un falangista, un anarquista y una enfermera del Socorro Rojo, donde se entremezclan el espíritu de la soberbia, la culpa y el altruismo. Cabe mencionar la aparición de Arthur Koestler, el espía de la NKVD,  el famoso autor de El cero y el infinito, que terminó por convertirse en un campeón del anti-comunismo. Sin olvidar al doctor Bethun, el conocido médico canadiense comprometido con la causa de la República y al que también dio vida Almudena Grandes en “Los pacientes del doctor García”. La ficción y la realidad, la experiencia individual y el acontecer colectivo interaccionan a lo largo de toda la novela, al mismo tiempo que la historia oral anónima compensa las lagunas de la historia oficial.

Noguera

 Amelia Noguera 

No es la primera novela de Amelia Noguera ambientada en la guerra civil, pero sí la que más ha hecho hincapié en el sufrimiento humano explicado a través de la mirada inocente de dos niñas. Podría dar por válidos los comentarios sobre el agotamiento narrativo en torno a la guerra civil española si su tendenciosidad no se revelase tan flagrante. Nuestros vecinos galos llevan décadas tratando literaria y cinematográfica la Francia de los 40, la Ocupación nazi y el régimen de Vichy, sin que nadie se formalice por ello. Sigo insistiendo en que el verdadero reto consiste en saber innovar las estructuras narrativas sobre un episodio histórico de recuerdo insoslayable que marcó un antes y un después en el destino político y social de nuestro país. En una coyuntura de auge mediático de ciertos historiadores con vocación de grafiteros de retrete y de  renacer de una extrema-derecha política demagógica que pretende darle fuente de legitimidad a las peores atrocidades cometidas en nuestro pasado más reciente, no puede menos que agradecerse el papel de la literatura y la voz de autores y autoras que, como Amelia Noguera, oponen resistencia a la memoria vana ante los peores crímenes colectivos.

DISIDENTE EN LA DISIDENCIA : REFLEXIONES SOBRE UNAMUNO, AMENÁBAR Y “MIENTRAS DURE LA GUERRA” .

 

mientra dura la guerra 2

 

Uno de los estrenos cinematográficos más comentados de los últimos tiempos ha sido sin duda el film de Alejandro Amenábar, “Mientras dure la guerra” (2020): Una superproducción arropada por una formidable campaña promocional que garantizó, como no podía ser menos, un indiscutible éxito de taquilla. A decir verdad, los trailers, adecuadamente elegidos, así como la fotografía, de indiscutible belleza,estaban abocados a ejercer un poder magnético sobre el público. Puesto que soy de esperar antes de decidirme a mirar cualquier película sobre cuyas virtudes o maldades acostumbran a producirse insoportables bombardeos, debo decir que vi el film de forma más tardía que los demás y después de oír toda suerte de comentarios que se dividían a partes iguales entre el elogio ciego, la denostación enrabiada,la alabanza sin pasión y la crítica templada. Vista la trascendencia histórica e intelectual del tema y del personaje que pretendió abordar el cineasta, así como mi confesada devoción por las cuestiones relacionadas con la guerra civil y la memoria histórica, no podía otra cosa que pararme a analizar la película una vez fuera de cartelera y por fin terminado el machaque mediático en pro y contra del film.

La voluntad de Alejandro Aménabar de abordar la figura social del intelectual como protagonista de su reciente creación cinematográfica se me antoja loable y  coherente con la personalidad y compromiso del director en un contexto de abierto repunte del más rancio reaccionarismo. No hace falta precisar, a ese respecto, que Alejandro Amenábar nunca  ha ocultado la voluntad de hacer de su nueva entrega un recordatorio histórico sobre los males de la experiencia fascista en general y del franquismo en particular.

Unamuno

Al mundo intelectual español de la primera mitad del siglo XX le tocó reflexionar sobre los dos grandes hechos históricos que marcaron el destino colectivo de nuestro país : El desastre de finales del XIX con la Guerra de Cuba, que sembró el sentimiento de decadencia y abrió al mismo tiempo las compuertas del pensamiento regeneracionista, y la guerra civil, que eternizó el irresoluto tema de la integración nacional con la lucha de clases y las cuestiones religiosas y militares como telón de fondo. Representante  de la Generación del 98, Miguel de Unamuno fue sin duda uno de los símbolos de esa intelectualidad contemporánea que nadó  entre la vocación por revitalizar la vida colectiva y las contradicciones personales, políticas, intelectuales y morales frente el denominado drama de España. Socialista en su juventud, liberal y republicano en la madurez, el rector de la Universidad de Salamanca se convirtió en un disidente de las ideas que movieron su primera y dilatada trayectoria, para convertirse al final en un disidente de su propia disidencia. Favorable al Alzamiento del 18 de Julio de 1936 tras unas circunstancias que determinaron su desafecto por la evolución de la Segunda República tras el triunfo del Frente Popular, volverá sobre sus pasos. Hecho que quedó sintetizado en su famosa frase  dirigida a los franquistas con motivo de la celebración del llamado Día de la Raza, el 12 de octubre de 1936 : “Venceréis por que tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convencéries, porque convencer es persuadir y para persuadir se necesita del derecho y la razón. No os ampara ninguna de las dos cosas”.  Pronunciamiento acaecido en el anfiteatro del Rectorado de la Universidad de Salamanca, Unamuno dio testimonio de una rectificación pública de su apoyo a los militares rebeldes. No hay prueba escrita de que esas hubiesen sido literalmente sus palabras,  pero no es menos cierto que se convirtieron en una verdad establecida con la que el pensador fue rescatado de la deshonra política a la que bien podía haberse visto abocado en medio de la confusión mental provocada por los endemoniados acontecimientos históricos. Lo que ha permitido ofrecer una imagen más o menos homogénea del filosofo y en la que se han reconocido buena parte de los cronistas del mundo cultural español. Una diferencia sustancial en relación a otros intelectuales originariamente republicanos como José Ortega y Gasset o Gregorio Marañoncuya honorabilidad política e intelectual solo ha sido salvaguardada pasando de puntillas en lo referente a  sus evoluciones personales durante la guerra y la posguerra, en pro de una exaltación de  sus etapas más amables  anteriores a la catástrofe colectiva del 1936.

Mientra dura la guerra

 

Amenábar parece haber sido rigurosamente fiel a los hechos y los últimos momentos  del autor de ” La tía Tula”, erigido en un disidente por partida doble. Tampoco debería suscitar objección la interpretación de Karra Elejalde encarnando al rector, dado que supo transmitir el espíritu de un hombre en la ancianidad, la duda y el conflicto personal y familiar a raíz de su primer apoyo a la sublevación.  Todo hay que decirlo, el ambiente cotidiano junto a sus hijas María y Felisa, magistralmente interpretado por Patricia López Arnaiz e Inma Cuevas,  adolece sin embargo de un aburrido costumbrismo al que solo consigue darle un interesante giro narrativo el personaje de Ana Carrasco, viuda del alcalde socialista de Salamanca, Casto Prieto Carrasco y  cuyo papel recayó en la actriz Nathalie Poza. Elejalde acertó al reproducir la personalidad insoportable de Unamuno y su conocida tendencia a escucharse a si mismo que comentaban y sobre la que ironizaron sus contemporáneos. La relación con su discípulo, Salvador Vila, interpretado  por Carlos Serrano-Clark, ayuda en mucho al espectador a tener una visión global de la evolución del intelectual a lo largo de los años.  El entramado castrense, las intrigas y conspiraciones entre las diversas facciones del ejercito en torno al mando de la Jefatura del Estado y las dudas sobre la idoneidad de Franco como jefe supremo del movimiento nacional son de igual rigurosidad.  Hay coincidencia, a ese respecto, sobre el estilo muy pedagógico con el que Amenábar ha querido presentar  su  historia.

Película coral en la que desfilan una multitud de personajes históricos de desigual trascendencia, el director resulta menos acertado en el momento de ilustrar el entorno político e ideológico que envuelve la trama. Desde luego, el actor Eduard Fernández, metido en el papel de José Millán-Astray , no da la talla: queda obviada la parte más siniestra del fundador de la Legión, apareciendo como un hombre casi cómico, que no deja al espectador ver con claridad la monstruosidad de una personalidad basada en el machismo más exacerbado y un  pensamiento fascista crudo llevado hasta sus últimos extremos. Algo igual puede decirse sobre el actor Santi Diego , que tampoco dio la impresión de desenvolverse demasiado bien en el personaje de Franco, que aparece totalmente plano, amorfo, incoloro. Ponerse en la piel de un dictador no debe ser tarea fácil para un actor, pero no habría estado de más que el director hubiese tenido mejor criterio en el momento de decidir el reparto. El comentario puede hacerse extensivo a la propia figura de Carmen Polo, interpretada por Mireya Rey,  que representa a la mujer del tirano bajo una faceta afable que hace omisión del patetismo que caracterizó al personaje real. El general Emilio Mola, encarnado por Luis Callejo resulta insulso y poco comparable a la excelente interpretación del militar golpista que hizo Manuel Morón en el telefilm “La conspiración” (2012), dirigido por Pedro Olea.    Salva los muebles la magnifica interpretación de Tito Valverde como Miguel Cabanellas. un militar republicano, liberal y francomasón,  presidente de la llamada Junta de Defensa Nacional,  conocido por su oposición a las ambiciones  de Franco y al que correspondió la restitución de Unamuno como rector tras su destitución por parte del gobierno de la República.   Puede que Amenábar se esforzase en colocar a cada cual en su sitio adecuado de cara a no sepultar al personaje principal y el actor que lo encarnada.  Incluso en no caer en el puro ideologismo  o el revanchismo del que sin duda podían haberle acusado los sectores más reaccionarios de la derecha : la cual, a pesar de todo y con una nada disimulada tendenciosidad, se ha quedado sola en la crítica a la película. Pero esa apreciable ponderación y equidad de Amenábar no justifica contradecir  la realidad de la cuestionable y auténtica personalidad de algunos de los protagonistas históricos que aparecen a lo largo del film. El director renunció a la   valentía en el momento de hacer hincapié en la perversidad política y humana de algunos de los artífices del alzamiento del 18 de julio.

Aménaba

De tener que prestarnos a un balance global, puede decirse que “Mientras dure la guerra”  apela a mucha paciencia, resultando por momentos plomiza, para al final quedarse corta en sus objetivos. Lo que exige despejar la incógnita sobre porqué tanta pompa y platillo sobre un film acerca del que solo hay una indiscutible certeza : frustra las expectativas que la campaña publicitaria se esforzó en alentar en el espectador. Todo director y guionista tiene sus luces y sus sombras, sus aciertos y desaciertos. Amenábar gozó de un momento feliz con ” Los otros” (2001)  y “Mar adentro” (2004) para después brindarnos productos de más matizable calidad.  Ambicioso y creativo director en el ámbito del suspense y el drama, no se puede decir que siempre alcance lo que busca cuando toca el género histórico.  Ágora (2009) , por poner solo un ejemplo, es un auténtico martirio. Tampoco parece haber logrado lo que muchos esperábamos de  su última producción. El gran problema del género histórico no estriba en lo qué se cuenta ( y no cabe duda que Amenábar suele ser documentalmente muy afinado), sino en cómo se cuenta,( en lo que no siempre se encuentra el punto y la dosis). Señalado esto, injusto no sería reconocerle el mérito de haber rescatado una figura como Miguel de Unamuno en medio de un contexto de contra-ofensiva ideológica y de obsceno revisionismo reaccionario sobre los protagonistas históricos de la guerra civil y la propia dictadura franquista.

 

CARME MARTÍ : ” NEUS CATALÀ NOS DEJA UN ENORME LEGADO DE LUCHA ANTIFASCISTA, CORAJE Y COMPROMISO”

Carme Martí (foto)

Carme Martí

 

En un momento de repunte de los movimientos neofascistas en toda Europa, de banalización histórica del fenómeno de los totalitarismos, de revisionismo en nuestro propio país sobre el 18 de Julio, la guerra civil y el franquismo, así como de contra-ofensiva ideológica y cultural frente al reconocimiento de los derechos civiles en general  y los derechos de las mujeres en particular, es de agradecer que  se haga esfuerzo en restituir una memoria colectiva sistemáticamente denostada por los sectores políticos y sociales más reaccionarios.  Una de las grandes depositarias de la lucha contra el olvido ante la atrocidad totalitaria, fue sin duda la militante comunista catalana, Neus Català (1915-2019) ; una mujer que luchó hasta el final por la Segunda República durante la guerra civil ; un miembro de la Resistencia contra la Ocupación nazi en la Francia de los años cuarenta; una infalible testigo de la barbarie nazi como prisionera en ese infierno histórico que fue el campo de concentración para mujeres de Ravensbrück. Su personalidad y trayectoria han sido analizadas desde diversos ámbitos, en especial el ensayístico y periodístico, pero faltaba una propuesta original como el de la escritora Carme Martí,( Montblanc,1972)  que nos ha brindado a través de su novela, “ La paloma de Ravensbrück” (Roca Editorial, 2019), una vertiente ficcional del periplo de la emblemática luchadora antifascista.  Obra originariamente aparecida en catalán bajo el título, “Un cel de plom” (Editorial Amsterdam,2012), no cabe duda que su novela merecía ser conocida por un más amplio público de habla hispana. Escritora con una producción sobre todo en catalán, Carme Martí también es autora de “El camí de les aigües” ( Editorial Amsterdam,2017) e “Historia de una cuinera” ( Editorial Fonoli, 2008). Carme Martí es una escritora que sabe y a la que gusta narrar la historia de mujeres valientes enfrentadas a las peores coyunturas históricas. Aprovechando las últimas semanas de pandemia y confinamiento, le pregunte sobre las motivaciones de su obra.

Neus París

 

Montserrat Roig marcó un hito con su ensayo pionero sobre los catalanes en los campos nazis, ¿ pero no te da la impresión que desde entonces hemos avanzado poco en la relación a la memoria individual y colectivo de los exiliados de la guerra civil.  

El libro de Montserrat Roig es extraordinario, Neus Català hablaba de Roig como la madre de los deportados. Creo que la lucha por la memoria colectiva ha sido lenta e insuficiente. No se ha trabajado con normalidad democrática y queda mucho trabajo por hacer.

No sé si Ravensbrück encarna una memoria específica sobre la deportación  y el genocidio, una “memoria de las mujeres”.

Neus Català le dijo a Montserrat Roig que eran las olvidadas de los olvidados. Ravensbrück, al ser un campo de mujeres, sí que encarna la memoria específica sobre las mujeres. Este año se conmemora el 75 aniversario de la liberación del campo. En el 70 aniversario, el representante del gobierno español no se presentó.

¿ Por qué una biografía novelada sobre Neus Català y no un ensayo biográfico, quizás porque la ficción le daba más magnetismo al personaje, lo volvía más cercano?

Porque ya había ensayos sobre Neus Català, porque los deportados decían que no había palabras para explicar tanto horror y pensé que la literatura sería la herramienta que utilizaría para acercarme todo lo posible a su vida y abordar, también, temas más íntimos. Literatura para contar la verdad e   intentar hacerlo metiéndome en la piel del personaje.

Justamente que hablas de eso, ¿ no te da la impresión que el tratamiento literario y cinematográfico de la Segunda Guerra Mundial se ha centrado demasiado en las cuestiones bélicas y épicas, pero en cambio, bastante poco en la dimensión humana de las víctimas. Por ejemplo, a Neus se le ve una mujer emocionalmente muy tocada.  

Se han tratado mucho más las cuestiones bélicas y épicas que la posterior difícil reinserción a la vida, aunque hay obras importantes como, a modo de ejemplo, las de Charlotte Delbo y El dolor, de Duras. Creo que Neus no está más afectada que otras mujeres, lo que pasa es que habla del tema. Su espíritu  nunca abandonó la lucha por la memoria.

¿ La memoria individual, la historia oral, vuelven menos abstracta la memoria colectiva que nos transmiten las ciencias sociales, nos acerca a un mundo más real?

La memoria individual, la historia oral construyen la memoria colectiva.

Hay muchos flasback en tu novela, que son los cuerdos que le vuelven a Neus durante su deportación. ¿ Por qué ese estilo narrativo que va del presente al pasado, la reminiscencia era el único instrumento de supervivencia que tenía en ese tren de deportados que les conducía a la muerte? 

Los flashbacks son el plan B. Escribí la novela linealmente hasta que llegué a los cinco días y cinco noches de viaje desde Compiegne a Ravensbrück en vagones de ganado, sin espacio para sentarse. El primer día llenaron el único cubo que había para sus necesidades. No les abrieron ni dieron comida hasta el tercer día (agua sucia con trozos de paja). Era tan horroroso que ni encontraba las palabras para expresar lo que hacían (nada), como lo soportaban, ni la dimensión del tiempo, cada minuto, cada hora de ese viaje. Empecé de nuevo la novela, se dirigían a un futuro incierto terrible, imaginé que sus pensamientos iban hacia el pasado y describí la infancia y la juventud de Neus en flashbacks.

Es una niña de origen rural, pero es obvio que ya se rebelaba como una adolescente muy avanzada para su época…

Desde pequeña tenía fama de chicazo porque se subía a árboles y le gustaba ir descalza. A los 15 años se plantó ante el patrón exigiendo igualdad salarial para las jornaleras, que consiguió.

Una de las figuras míticas de la guerra civil fueron las milicianas, mujeres virilizadas que iban al frente. ¿Pero no  tenemos una memoria algo más vaga y vana sobre otro tipo de mujeres y que sin estar en las trincheras, también ejercieron un papel importante durante la contienda? Pienso en las maestras de la República o la propias enfermeras, que era la profesión a la que se dedicaba Neus.   

Neus, como tantas otras, quería ir al frente, es más, tenía la maleta preparada cuando se destinaron las mujeres a la retaguardia. Por supuesto que las mujeres fueron importantes, milicianas, enfermeras, maestras, campesinas… Las mujeres hacían de enlace entre los maquis. Las mujeres sacaban adelante la familia.

Cuando ve Ravensbrück, Neus no sale de su asombro respecto a la maldad de los nazis, pero se mantiene optimista sobre el ser humano…

Lo que padecían era terrible, pero la solidaridad entre las mujeres era una muestra de la grandeza de la condición humana.

Por lo que veo, Neus es una mujer que también vive, al final de su vida, en cierta nostalgia por Francia. ¿ Había algo de desarraigo en ella, a pesar de ser catalana de pura cepa?

Francia fue su país de acogida, sus hijos nacieron y viven allí, y mientras pudo, volvía a Francia.

¿ Qué lección ética y moral, pero también política, debemos extraer de su figura y trayectoria?

Nos deja un legado inmenso de lucha antifascista, lucha por la memoria, por la igualdad, de coraje, solidaridad y compromiso.

¿Finalmente, para acabar, te planteas como escritora seguir novelando otras vidas de hombres y mujeres importantes?

Me interesa la recuperación de la memoria histórica. También he novelado la vida de mi abuela, una mujer de clase humilde, campesina y cocinera, el tipo de testimonio que a mi me parece importante.

 Pues muchas gracias, Carme. Eso es lo que nos hace falta, no perder la perspectiva del acontecer preterido y de la memoria colectiva…

Acte sobre memòria h

Neus Català 

 

 

 

 

 

 

EL CÍRCULO DE CAMBRIDGE : UNA MIRADA AMBIVALENTE SOBRE “LA ESPÍA ROJA” DE TREVOR NUNN

La espía roja

 

El Círculo de Cambridge constituye uno de los grandes mitos históricos dentro del entramado del espionaje soviético durante la guerra civil española y posteriormente, la Segunda Guerra Mundial y la “Guerra Fría”. Nido de los vástagos de la alta sociedad británica y fábrica de élites dirigentes para el  Imperio Británico, el ambiente de Cambridge constituyó el eje central de la mirada soviética. Es sabido que el avispado reclutador de la NKVD,  Yuri Modin,  se ganó para la causa comunista a lo más nutrido de ese selecto mundo universitario. De hecho, el legendario Kim Philpy se convertirá en el gran icono de una generación de estudiantes fascinados por la Unión Soviética.  Enrique Bocanegra nos brindó  una magistral biografía sobre el periplo de Philby durante la guerra de España, “Un espía en la trinchera”, ( Tusquets,2017) y que un servidor no cesará de recomendar.

No soy un cinéfilo empedernido, pero de vez en cuando me gusta ver una buena película en la gran pantalla. Dado el argumento y la ambientación  del film de Trevor Nunn , ” La espía roja” ( 2019) , precisamente centrado en el Círculo de Cambridge  y el periplo de la espía Melanie Norwood,  le hice un hueco en mi agenda dominguera. ¡Por fin un  gran peliculón de carácter histórico! ¡ Por fin un largometraje  de espionaje centrado en los fascinantes años 30 y 40!

Joan 3

Sophie Cookson

Joan Stanley  es una brillante estudiante de Física, pero algo ingenua y desorientada cuando entra en Cambridge. Solo le interesa la ciencia y se preocupa por sus estudios. De forma inesperada, van a cruzarse dos personajes en su vida. Sonia, (Tereza Srbova) una chica judía, estudiante de filología, en apariencia de espíritu “mundano”, frívolo y superficial y su primo, Galich León, (Tom Hughes) un idealista con don de liderazgo que ha tenido que huir de la Alemania nazi. Los dos profesan premisas socialistas y no tardan en querer introducir a Joan  en su círculo de debates. Las virtudes del marxismo, los juicios a Zinóviev y Kaménev  la  política de Stalin y el papel de la Unión Soviética en la construcción de un nuevo mundo están a la cita de las discusiones.   Pese a sus valores humanistas, Joan  no acaba de convencerse, ni sentirse cómoda dentro de ese ambiente. Duda. Algunas cosas no le terminan de cuadrar y  ve la parte más oscura de la URSS : el estalinismo y la definitiva deriva totalitaria del régimen comunista.

Entretanto, estalla la Segunda Guerra Mundial y  Joan es contratada como ayudante por un grupo de científicos al servicio del gobierno británico y bajo la implacable y vigilante supervisión de los norteamericanos. Al frente de él se encuentra el prestigioso científico  Max Davis ( Stephen Campbell Moore), que termina por ejercer un terrible magnetismo personal en Joan.  Ninguneada por su género y relegada a funciones secundarias, sus superiores van descubriendo poco a poco que la recién graduada por Cambridge  no es la tonta que parece. Tiene ocasión de demostrar su genialidad y capacidad deductiva. La joven científica comprende pronto que la investigación está girando en torno a una arma mortífera, la mayor que ha conocido la humanidad y con la que los “Aliados” pretenden determinar el definitivo desenlace de la guerra. Mientras tanto, sus antiguos compañeros de Cambridge, Sonia y Galich,  la siguen merodeando, pretendiendo que les desvele algo del proyecto en el que está trabajando. Joan se niega. Es una patriota, quiere a Inglaterra y ha firmado un importante documento de confidencialidad sobre el desarrollo de las investigaciones. El sueño comunista sigue sin atraparla. Pese a todo, el final de la Segunda Guerra Mundial y la imagen terrorífica de la destrucción masiva en Hiroshima y Nagasaki ejercen de detonador en su espíritu. Ya no es la misma, ya no puede serlo.

Davis

Stephen Campbell Moore 

Cuarenta años después, anciana, jubilada tras una apacible vida profesional como bibliotecaria, Joan  es arrestada en el jardín de su casa. Las autoridades  británicas la acusan  de revelación de secretos oficiales al servicio de inteligencia de la Unión Soviética  y de  alta traición. Interrogada ante la presencia de su propio hijo, un prestigioso abogado al que le toca defenderla, la historia se traslada alternativamente del presente a los pasados años 40 mediante el propio testimonio personal de la ex-científica. El letrado  está desconcertado, no entiende que su madre se haya vendido a los soviéticos. Se convierte de repente en una desconocida. Sin embargo,  Joan tiene sus razones.

Cuando se encienden las luces de una sala de cine al final de un film, solemos levantarnos de la butaca con dos sensaciones : bien  una profunda satisfacción por el buen rato que hemos pasado, bien  un sentimiento de frustración al no haberse cumplido nuestras expectativas . En mi caso y en el de mi entrañable acompañante, fiel compañera de viaje en esto de los libros, del género negro, histórico y de espionaje, no hubo ninguno de las dos cosas. Nos dominó la ambivalencia.

Judi Dench

Judi Dench

Coincidimos en que el film adolece de no pocas lagunas, en especial en lo referente  al “Círculo de Cambridge“. El director del film inyectó una dosis de frivolidad que no se corresponde con la importancia histórica de este grupo en el mundo del espionaje. La guerra civil española y el peligro fascista, que tanto incidió en el espíritu de esta generación, solo aparece de pasada. Los personajes están escasamente perfilados en sus entrañas : el  embrujo que ejercieron  en ellos el marxismo y la Revolución rusa   solo se deja intuir.    La secuencización de la cronología histórica, en cuanto a ella, se revela apurada y amorfa. A no ser por la lograda estética del vestuario femenino de ese periodo , habría sido difícil saber si la trama se desarrollaba en una época de  “Sangre, sudor y lágrimas” o en  la de los alocados años de los  Beatles. Parece mentira que un periodo tan catastrófico para Europa en general e Inglaterra en particular, haya sido ambientado con semejante ligereza. Entre una plomiza disertación histórico-documental sobre los entresijos de la Segunda Guerra Mundial y la banalización de la memoria colectiva, supongo que hay un término medio.  Las purgas políticas entre el servicio soviético de inteligencia a instancia del famoso “Centro”, plataforma de mando del espionaje ruso sometido a las ordenes y  paranoias de Stalin, también pasan de puntillas. Parece que tanto los guionistas como los asesores  del director hicieron virtud de la holgazanería. Toca preguntarse si los espectadores habrían sabido darle inteligibilidad contextual a la trama, de no figurar en una determinada franja de edad, destilar un cierto aire de clases medias ilustradas intelectualmente inquietas y aparentar un cierto conocimiento  del acontecer pretérito.

Del lado emocional, corresponde  omitir la historia de amor que el director calza con dificultad y que parece buscar inspiración en  la novela rosa más barata. El film tiene algunas pinceladas de crítica social y cultural a la época, dado que ilustra la discriminación de género en un ambiente mayoritariamente masculino como es el de la investigación científica en general y la armamentística en particular. La cuestión de la homosexualidad en los servicios de espionaje y las altas esfera de la diplomacia, así como su utilización como elemento de chantaje, también están a la cita. Pero resulta un tema tópico y déjà vu.

Algunos críticos han señalado la ausencia de épica en la película, al menos aquella a la que nos tienen acostumbrados los grandes films de espionaje. No me parece un elemento sustancial, ni un déficit grave. Un expía experto con el revolver o el cianuro, tirándose en paracaídas o haciéndose una estrambótica cirugía estética, se revela irrelevante en comparación al trasfondo político de la trama, la crítica al poder y  a las cloacas de las relaciones internacionales. Esa es la esencia del género de espionaje.

Hay películas de calidad matizable, como es en efecto el caso que nos ocupa, pero que sin embargo acaban  salvándose por la magistral interpretación de los actores. Qué menos que un laurel para la magnética Judi Dench  en su papel de  Joan  en la ancianidad. La vehemente e implacable jefa del agente OO7 aparece en su dimensión más humana y bajo una estética que refleja el paso  implacable del tiempo. Si en algo estuve de acuerdo  con mi acompañante, es en el lado entrañable y profundamente sincero de la magistral actriz británica. Se trata, en efecto, de una artista que sabe interpretar papeles acordes con su edad. De ahí que siempre resulte tan auténtica.  Sophie Cookson, en cuanto a ella tuvo una interpretación brillante en su papel de Joan en su juventud, sabiendo reflejar el cambio anímico de una científica consciente de las consecuencias del progreso y el lado oscuro de unos seres humanos que suelen utilizarlo para lo peor : la destrucción.

Calich

 

Una película con estatuto de  superproducción puede no contar nada sustancial y otra sin ese carácter, que es en efecto el caso del film de Nunn, mostrarse en condiciones  de lanzar un gran mensaje. No cabe duda que el producto alberga un sincero alegato pacifista y que, a diferencia de la opinión de algunos comentaristas, no se limita al mero correct political tan propio del mundo anglosajón. Sin embargo, Nunn demuestra mucha motivación, pero en cambio poca valentía, dado que se vuelve a quedar a medio camino en su objetivo. Demasiada parafernalia moralizadora y poca crítica política.  Supongo que se prefirió “entretener” al espectador que hacerle “pensar” y alentar su conciencia  en torno a un periodo dramático de nuestro proceso civilizatorio : el siglo XX  Tenemos aquí una prueba de cómo un director de cine tuvo una gran  historia para contar, errando sin embargo en la articulación de su estructura narrativa y configuración ambiental y contextual, demasiado sujeta a las leyes del mercado. Nota a añadir, Nunn parece tornar en equivalentes dos categorías que en realidad no lo son : la síntesis, obligatoria en una cinta de una hora y media y  la superficialidad, vicio del que peca por exceso con el fin de llegar al máximo público posible.

En suma, que solo podemos utilizar una expresión hecha para definir ” La espía roja” : una cal y otra de arena. A riesgo de reiteración, la ambivalencia se impone. Ni es procedente la mirada de quienes han querido sobrevalorarla en base al arrastre de una actriz extraordinaria como  Judi Dench, ni lo resulta tampoco la de aquellos otros que, sin ninguna equidad y en algunos casos, con bastante mala fe, pretenden restarle virtud a un film que da testimonio de un periodo histórico que marcó el rumbo de la humanidad.

                   

 

 

 

 

 

 

 

 

JOSÉ LUIS CABALLERO : “ME SIENTO IGUAL DE CÓMODO CON LA NOVELA NEGRA QUE CON LA DE ESPIONAJE”

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José  Luis Caballero

Conocí a Josë Luis Caballero en Cornellá Negra el pasado mes de marzo, donde fui a escuchar la mesa redonda sobre novela de espionaje en la que debatió con Pere Cardona y Fernando Martínez  Laínez, bajo la moderación de Charo González Herrera. Claro está, no podía otra cosa que proponerle participar en la sección de “Literatura y Memoria Histórica” de este modesto sitio. Debo reconocer que me pareció un lujo que aceptase, dado que está considerados como uno de los mejores especialistas de espionaje en nuestro país. Aunque José Luis Caballero es sobre todo un estudioso de la Segunda Guerra Mundial, también es un hombre muy informado sobre el mundo del espionaje durante la guerra civil española.

Periodista de profesión  especializado en política internacional y espionaje, José Luis Cabellero  fue un convencido militante antifranquista que  colaboró en medios que marcaron la historia política y social  de España como el legendario El Correo catalán.   También fue colaborador de  publicaciones hoy igualmente desaparecidas como   Mundo Diario, una tribuna de referente durante el tardofranquismo y los primeros años de la Transición. Sin embargo, José Luis Caballero se considera fundamentalmente  novelista . Entre sus obras hay que mencionar “”Como lágrimas en la lluvia” ( Mercurio,1995); “Las cartas de Antioquía” (Meteora, 2006); “El espía imperfecto” (Roca Editorial, 2009);“La ruta de los contrabandistas” (Planeta,2009) , “El proyecto Alpha” (Planeta, 2011) y “La ciudad silenciosa”(Minotauro, 2013)

A lo largo de esta entrada charlamos sobre la figura del espía, su personalidad y algunos de sus más ilustres representantes, pero también sobre historia,  política internacional, literatura y novela de espionaje.

Comentas que leíste tu primera novela de espionaje cuando tenías trece años. Du¿ El espía era para ti la representación por excelencia del héroe?

En algún momento sí, se convirtió en mi héroe aunque también compartía mis lecturas con los pistoleros del oeste, los aventureros de Julio Verne o las historias del TBO.

Debo dar por sentado que fuiste un fans de las novelitas de González Ledesma…

Por supuesto, a González Ledesma le conocí personalmente y trabajé con él en la revista Vivir en Barcelona donde publicaba sus relatos sobre el inspector Méndez.

La figura del espía es consustancial a la articulación histórica de los territorios y culturas en comunidades geopolítica y geo-estratégicamente bien delimitadas.  Me gustaría preguntarte, tú que eres especialista sobre la Segunda Guerra Mundial, si con el fenómeno de los totalitarismos la figura del espía no encontró unas características más particulares y singulares, inéditas…

El trabajo del espía es obtener información y eso no ha cambiado desde la época de las cavernas. Cambian los modos, la tecnología y los países, pero no el trabajo de obtención de información. La guerra fría es cierto que trajo un auge del trabajo del agente secreto pero básicamente por ese calificativo de “fría”. El campo de batalla “caliente” que se había desarrollado en las guerras mundiales cambió y se convirtió en otra cosa diferente, igual que ahora el trabajo de espionaje ha saltado a las redes sociales y a los ordenadores. Es el mundo el que cambia, no el trabajo del espía.

Si hubo una figura emblemática en el mundo del espionaje, esa fue Kim Philby, que inspiró a muchos de los grandes autores de novela de espionaje. Pero me pregunto que hay de mito y realidad en torno a él, incluso que hubo de leyenda.

Sí, Philby fue un gran profesional, para los británicos un traidor, para los soviéticos un agente de primera fila. ¿Algo de leyenda? Siempre la hay pero más bien por la utilización novelesca que se hace luego del personaje, pero personaje entendido como estereotipo, no exactamente Philby, sino el espía doble que Le Carré plasmó magistralmente en“Un espía perfecto” o en “El topo”.

“Kim Philby y los del Círculo de Cambridge  fueron reclutados entre las clases altas, pero también hubo espías de élite miembros de la clase obrera” 

¿Philby es el más celebre, pero a qué otras figuras aludirías y que son quizás menos conocidas para las personas más novatas en este mundo del género de espionaje?

Sí, claro. Hay espías de primera fila, durante la guerra como Sorge, Chapman,Walter Schellenberg o Takeo Yoshikawa. En la postguerra, Markus Wolf, Eli Cohen o Stella Rimington. Incluso en el grupo de Cambridge no hay que olvidar a Anthony Blunt.

Comentaba Enrique Bocanegra en su biografía precisamente sobre Philby , “ Un espía en la trinchera”, que los espías siempre eran reclutados entre las élites sociales, porque eran los que mejor se movían en los círculos de poder, mientras las clases populares eran sobre todo utilizadas para la agitación…

Cuando se recluta a un posible agente secreto se recluta lo mejor, ¡cómo no! Los números uno de las mejores universidades. Eso lo hicieron siempre magistralmente los británicos, pero también se ha extendido a todos los servicios de inteligencia. ¿Y quién se puede pagar una universidad de élite o una vuelta al mundo aprendiendo idiomas y culturas? Otra cosa es el agente de operaciones especiales, donde lo que se necesita es entrenamiento y motivación. Para infiltrarse en un país enemigo, o adversario, hacen falta determinadas aptitudes, para realizar una operación encubierta otras, y también para analizar textos y redactar informes. El círculo de Cambridge, obviamente, fue reclutado en una universidad de élite entre las clases altas, pero Cicerón o Chapman eran miembros de la clase obrera y sin embargo espías de élite.

“Matahari se hizo famosa porque era bailarina, pero su labor de espionaje fue más bien pobre.  Hubo otras grandes mujeres  que fueron auténticas agentes”

Sin embargo, si  hay algo fascinante es que el comunismo ejerciese semejante magnetismo entre los hijos de las siempre tan conservadoras élites británicas…

No sé si fascinante es la palabra, me parece curioso desde luego, pero no menos curioso que trabajadores, asalariados en general se afilien o voten a un partido de derechas.

¿ Cuál es el verdadero rasgo del reclutador?

La empatía en muchos casos. Pero no siempre. También tiene que tener una gran psicología y un conocimiento profundo de la persona con la que está tratando. En ese sentido es magistral por ejemplo el soviético Yuri Modin, reclutador del grupo de Cambridge.

Y qué me dices de los grandes disidentes, como fue el caso del emblemático Arthur Koestler. Entró  entusiasmado en España durante la guerra civil como espía de la NKVD y acabada la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en un campeón del antisovietismo. Me pregunto en qué fallaron con él… 

El caso de Koestler es muy complicado tal y como era él mismo. Su sionismo militante se impuso a su fe comunista y seguramente el estalinismo tuvo que ver con su desilusión, pero tampoco puedo pretender conocer a fondo la evolución o las motivaciones de un personaje de esa talla. Te puedo decir que he conocido personas mucho más cercanas que entraron en la lucha política con el Partido Comunista porque era el único que luchaba contra la dictadura franquista y luego, con la democracia, se recolocaron en opciones políticas más acordes con su modo de pensar.

” Queda mucho por decir sobre la llamada Quinta Columna” y los agentes secretos y saboteadores que actuaron en favor de los rebeldes en zona republicana”  

Doy por hecho que hay una diferencia sustancial entre el espía en el sentido estricto y el informador. Te lo pregunto porque, por ejemplo, se decía de Josep Pla y Francesc Cambó que eran “espías” de Franco durante la guerra civil y yo me pregunto si, más que eso, no eran otra cosa que meros “conspiradores de salón”…

 Cuando se habla de “espía” se está dando un concepto amplio que sirve para entendernos pero que no define exactamente de qué estamos hablando. Un espía es alguien que obtiene información de forma clandestina, pero hoy en día el noventa por ciento de la información que precisa un Estado o una organización proviene de lo que se llaman fuentes abiertas, es decir medios de comunicación, Internet, conferencias, charlas o incluso lo que llamamos metadatos, es decir la forma y no el contenido de la información. Lo correcto sería hablar de “agentes de Inteligencia” o funcionarios de Inteligencia que agrupa a informadores en general, espías, analistas, controladores, expertos en diferentes campos. Los hombres de los que hablabas, Pla o Cambó, desde luego que no eran agentes del servicio secreto aunque sí desde luego informadores, espías y conspiradores.

Puesto que hablamos de Cambó y Pla, me gustaría hacer alusión a la controvertida figura histórica del “Quinto Columnismo” durante la guerra civil española. ¿ Queda algo por decir sobre ese asunto, tanto en el ámbito ficcional como del ensayo histórico?

 Sí, claro, creo que queda mucho por decir sobre las actividades clandestinas en la zona republicana, lo que se llamó la Quinta Columna. Hubo una importante red de informadores y saboteadores a favor de los rebeldes. Además todos los servicios secretos europeos trabajaron en España durante la guerra civil, desde el NKVD soviético hasta el SD nazi pasando por el MI 6 británico.

También me resulta interesante el espía en vertiente femenina. El gran mito histórico es la Matahari de la guerra del 14. ¿ Pero no es también el gran estereotipo de la novela espionaje,  la mujer sexualmente atractiva y embaucadora y  que encontró su propia contrapartida en la “femme fatale” del “Noir”?

En el análisis del papel de la mujer en el espionaje se utilizan los mismos estúpidos estereotipos que para cualquier otra actividad. La mujer ha ejercido el espionaje desde tiempo inmemorial sin ninguna diferencia con el hombre. ¿Que ha utilizado sus armas sexuales para obtener información? Pues claro, y los hombres también. Hay infinidad de mujeres en los escalones más altos de los servicios de Inteligencia y entre los agentes de campo. Matahari se hizo famosa porque era bailarina y su labor de espionaje fue más bien pobre, pero mujeres como Hannah Szenes, Mathilda Carré o Vera Atkins son auténticas agentes, sobre el terreno o en un despacho.

“Lo que más me ha seducido del Agente Doble es su  capacidad de vivir dos vidas al mismo tiempo, la mayor parte de las veces contradictorias”

¿ Qué es lo que más ha dominado el espíritu del espía, las convicciones ideológicas o la razón de Estado?

Hay de todo. Las convicciones ideológicas son fundamentales en algunos personajes, como el Círculo de Cambridge por ejemplo; las razones de estado están profundamente arraigadas en el caso de los israelíes que trabajan no por los intereses de su Estado, sino por la supervivencia de su Estado. Y también hay motivaciones económicas, de prestigio, miedo, incluso de afán de aventura.

Un espía es ese ser capaz de “desdoblarse”, el hombre de las mil caras. Pienso por ejemplo en la figura del “Agente doble”…

A mi es lo que más me ha seducido siempre del espionaje, la capacidad de vivir dos vidas al mismo tiempo, la mayor parte de las veces contradictorias. John Le Carré tiene una frase genial que se puede aplicar al agente doble: “traicionamos para ser leales”. Hay una serie de televisión “The americans” donde se retrata de forma magistral a dos agentes soviéticos en Estados Unidos, perfectamente integrados en el país y trabajando para la URSS. Todo un ejemplo.

“El agente secreto es el que respeta las leyes del país propio, pero nunca las del país enemigo”

 

Muchas tramas de espionaje, sobre todo durante la Guerra Fría, representaron al “Mundo libre” como la encarnación del “bien”, mientras la KGB y la Unión Soviética aparecían bajo su faz más malvada. Me pregunto sí no albergaban una función e intencionalidad ideológica…

Es curioso, pero si lees atentamente a Le Carré, a Norman Mailer o a Graham Green puedes darte cuenta de que hay una enorme carga de crítica para su propio país. No está tan claro que el enemigo sea más malo que el “amigo”. Cuando lees, por ejemplo, “El hombre más buscado” o “El jardinero fiel” los malos son directamente los países supuestamente “libres” y Green o Le Carré no ocultan la existencia de antiguos nazis al servicio de esos países libres.

Sin embargo, ese espíritu crítico en el ámbito literario no pareció tener equivalente en la industria de Hollywood, donde el poder político metió  mano…

Bueno, Hollywood es Hollywood. El cine sigue y ha seguido sus propios caminos, sobre todo el cine norteamericano. De hecho muchas películas de espionaje basadas en novelas incorporan sutiles cambios para adaptarlas al gusto de Hollywood, como sucede por ejemplo en las versiones de “El jardinero fiel” o de “El Topo“.

¿El género de espionaje es respecto a la política lo que el género negro en relación a las cuestiones sociales y la condición humana?

Yo creo que sí. Es por eso que la novela de espionaje y la novela negra tienen mucho en común. Yo miso escribo indistintamente de un género u otro y estoy cómodo en ambos y eso no es casualidad.

” Como escritor , no suelo establecer mapas,  hago que mis historias se guíen por la lógica de los hechos y  acontecimientos”. 

Recordarás aquella entrañable serie televisiva de nuestra juventud, “ Misión imposible”. A cada final de mensaje con las instrucciones, el magnetófono se autodestruía  antes de precisar  que las “Autoridades negarían cualquier conocimiento del caso”. Esto me hace pensar en que el espía siempre está en la “alegalidad”o incluso  en la “ilegalidad”, cuando no, en las profundas cloacas del Estado.

La ética del espía, el personaje que está destacado en territorio enemigo, por llamarlo de alguna manera, no tiene nada que ver con la ética que nosotros utilizamos. Y lo mismo pasa con la Ley. El agente secreto profesional acata las leyes del propio país, al menos eso se el exige, pero no las del país enemigo. Acaba de producirse el asalto a la Embajada de Corea del norte en Madrid por parte de elementos de la CIA. Obviamente han violado las leyes españolas y las internacionales, pero ese tipo de acciones se han llevado a cabo desde las luchas en las ciudades del país de Sumer hace cinco mil años. Pensar otra cosa es muy ingenuo.

” La  buena novela de espionaje es la que se basa en  los personajes y no tanto en la trama”

¿El espionaje solo  adquiere legitimidad moral cuando se enfrenta  a un enemigo “externo”, pero es cuestionado cuando se trata de algo  doméstico? Pienso, por ejemplo, en el “Caso Watergate”, que era un asunto de espionaje al Partido Demócrata y por lo tanto, a compatriotas.

La explicación más acertada, creo yo, es la de comprender cómo funciona el mundo, que no tiene nada que ver, o muy poco, con lo que vemos en los telediarios. La realidad es muy distinta y los intereses de uno u otro grupo prevalecen sobre la moral, las leyes o el respeto por el otro. Eso es así. La única garantía, a mi juicio, es la separación de poderes por la que los tribunales pueden poner en solfa determinadas acciones ilegales. Así ocurrió en Estados Unidos con el Watergate y así ha pasado en España con algunos casos como el de la “guerra sucia” contra ETA.

No podemos olvidar otro caso muy sonado que conmocionó la vida política estadounidense en los años 50 y que estuvo en las antípodas de cómo se desarrolló el Watergate. Me refiero al caso del matrimonio de Julius y Ethel Rosenberg”, condenados por espionaje a la silla eléctrica y al cabo de un juicio dudoso detrás del que siempre se sospechó la mano negra de la CIA y el FBI…

Mira, si a alguien le llama la atención algo así es que es un ingenuo. Los Rosenberg era militantes sindicalistas y comunistas en plena guerra fría en Estados Unidos. Había que ir a por ellos porque eran influyentes y activos y se buscó la manera de eliminarlos. ¡Qué mejor que una acusación de espionaje a favor de la URSS! El trabajo del FBI, entre otros, es el de contraespionaje y en aquella época, el enemigo era no solo la URSS sino cualquier signo de anticapitalismo o socialismo en su propio país. Los Rosenberg estaba sentenciados antes del juicio, igual que los acusados en la caza de brujas.

“La realidad política internacional no tiene nada que ver con la de los telediarios. Los intereses de uno u otro grupo prevalecen sobre la moral, las leyes o el respeto por el otro”

¿ Qué te parece si cambiamos de registro y retomamos un poco más el ámbito literario?.

Me parece bien, sí…

Pues mira, una curiosidad… ¿Con qué materiales y documento suele trabajar el escritor de novela de espionaje? Porque no creo que los grandes secretos de Estado relacionados con los servicios de inteligencia sean accesibles así como así, o que los gobiernos “desclasifiquen” todos y cualquier documento.

Hay información. Eso no falta. Hoy en día puedes acceder a infinidad de archivos, informes, libros, artículos e incluso a personas que tienen cosas que contar. Un autor de espionaje, como es mi caso, utiliza mucho la lógica. Recoges información, la estudias, la clasificas y elaboras una teoría que llamamos novela. Muchas veces estamos contando la realidad más allá de lo que pueda parecer. Decía Markus Wolf que hay mas verdad en las novelas de Le Carré que en las memorias de Walter Schellenberg.

” La novela de espionaje es una interpretación de la historia y la sociedad. Por eso no se acabará nunca”

¿ Entonces, cuando escribes, te pones en la piel del personaje, lo haces actuar y reaccionar ante las situaciones como tú lo harías basándote en esa misma lógica?

La verdad es que sí. Esa es mi forma de escribir. No hago nunca un esquema con la trama sino que creo personajes y los hago actuar con lógica ante cada situación.

Lo que me pregunto es qué habilidad ha de tener un autor para otorgarle magia ficcional a asuntos que se le pueden antojar  “plomizos” a un lector con escaso bagaje en ciencias sociales o políticas y poco interés por cuestiones históricas…      

La buena novela de espionaje se basa sobre todo en los personajes. Fuertes, creíbles, ambiguos, llenos de contenido. Si eso añades situaciones críticas y de acción lo conviertes en otro tipo de novela que se acerca más al thriller como es el caso de Bourne por ejemplo, o a la novela de aventuras en el caso de Bond. Si al lector no le interesa la política internacional o la historia le aconsejaría que leyera otra cosa, Corin Tellado o algo así.

Parece que  ese ha sido precisamente el gran logro de Pérez-Reverte con “Falcó”, un personaje cínico y cabrón adscrito al “bando nacional”, pero que sin embargo le ha resultado de lo más magnético a la mayoría de los lectores…

Pérez Reverte sabe contar historias. Sabe crear personajes y tiene muchas tablas. Eso y además, cuando uno crea una novela está creando en toda la extensión de la palabra, no está escribiendo un libro de historia. Eso vale también para “Carne de trueque” de Fernando Martínez Laínez o “El informe Müller” de Antonio Manzanera.

Me pregunto cómo ha ido mutando este género ante la realidad  del XXI, caracterizada por unos profundos cambios geopolíticos, culturales, civilizatorios, lo llamemos como lo llamemos, globalización, Era de la información, sociedad digital etc…

 La ambición de las grandes compañías mundiales, la emergencia de nuevos países como la India, China o Brasil, el terrorismo islámico, el narcotráfico y los enfrentamientos tradicionales de tipo nacionalista, reivindicaciones territoriales, estallidos de independencia, venganza por agresiones históricas reales o ficticias, supervivencia de Estados fallidos… La lista de temas se haría interminable, en realidad con la novela de espionaje estamos hablando de una interpretación de la historia y de la sociedad y eso no se acabará nunca.

Ha habido debate sobre la renovación de la novela histórica, como también lo hay sobre la novela negrocriminal. ¿ Lo hay también en el género de espionaje?

Siempre aparecen nuevos escritores  y nuevas tendencias. Eso es bueno. Un autor escribe lo que le parece sin cuestionarse si es “moderno” o está pasado de moda. Tienes una idea y la cuentas. Eso es todo.

Deduzco entonces que el género de espionaje no tiene unas reglas de estructura narrativa tan rígidas como el “Noir” y que generó no pocas polémicas sobre qué era  y qué no era novela negra…

Desde luego, el relato de espionaje no tiene una estructura narrativa como se podría decir de la novela negra, aunque esta última esté ya un poco cuestionada. La novela negra ha evolucionado mucho desde Jim Thomson a González Ledesma, por citar a un español muy conocido. La de espionaje no está sujeta a una estructura en ese sentido. Si uno lee “El fantasma de Harlot”, por ejemplo, no tiene nada que ver en su estructura con “El espía que surgió del frío” o con “Bunker 13” de Anniruda Bahal.

¿ Para acabar, en qué proyecto te encuentras en la actualidad?

Estoy trabajando en una novela sobre interioridades del CNI, el Centro Nacional de Inteligencia. Como te decía, una novela de personajes, la trama es lo de menos.

Esperamos pues a esos personajes y gracias, Jose Luis…