DAVID JIMÉNEZ, “EL TITO” : “LA SERIE C.S.I HA HECHO MUCHO DAÑO AL GÉNERO NEGROCRIMINAL”

david jimenez

 

Tengo que decir que si algo me gusta de David Jiménez, “El Tito”, es su sinceridad. No ha evitado ninguna pregunta, ni respondido con ambigüedades en el afán, como se suele decir, de “quedar a bien con todos y a mal con nadie”.Posee  ideas claras y no oculta sus preferencias literarias. Es un apasionado del negrocriminal y  reconoce sin empacho que algunos  nombres de la alta literatura española y universal no siempre le han interesado demasiado. O sea, que no dice cosas para aparentarse culto. Eso sí, le gusta escribir y  es lo que le hace feliz. Biólogo de formación y Policía de Aduanas, “Tito” surgió  en el panorama del mundillo “Noir” con una primera novela, “ Muertes de sobremesa” (.ACEN,2015.), siendo su “puesta de largo”  con un presentador de lujo, Toni Hill. El año pasado nos brindó   su segunda novela ” Inspector Solo” (Versátil, 2017), también protagonizada por su personaje estrella, el Inspector Marcial Lisón, un hombre árido y algo arisco, pero en realidad lleno de miedos y dudas al igual que el común de los mortales.  Considerado como una de las jóvenes promesas del género negrocriminal y cada vez más presente en los diversos festivales de novela negra, David Jiménez se considera un hombre con temperamento, pero al que  también le gusta hacer camino con serenidad y aprendiendo de sus tropiezos. A lo largo de esta entrevista conversamos sobre el Inspector Lisón y los personajes de una trilogía cuya última entrega aparecerá muy próximamente.

Dime una cosa, David, por qué  “El Tito”, ¿qué inspiró ese apodo que te has dado?

Lo cierto es que es una historia un poco aburrida y absurda, pero, gracias a ella, en Cartagena la gente comenzó a llamarme así y yo decidí darle perpetuidad   anexionándolo a mi nombre de autor. Fue a finales del pasado siglo. Yo estudiaba Biología en la universidad de Murcia y los fines de semana trabajaba, para desahogar un poco a mis padres, en un bar llamado La Dehesa de Santa María. La plantilla siguió renovándose hasta que llegó un momento en el que yo, oficialmente, era «El Tito» de todos sus miembros.

“Creo que una de mis virtudes  es que nunca he tenido autores de cabecera, lo cual me ha permitido conocer diferentes estilos y voces sin condicionar en exceso la mía”

En lugar de hacerte la tópica y chorra pregunta de “¿Cuándo empezaste a escribir?”, prefiero preguntarte sobre cómo y por qué empezaste a amar la literatura. 

Es muy sencillo: crecí viendo a mi madre con un libro entre las manos. Pronto despertó mi curiosidad y «Los tres investigadores» de Alfred Hitchcock hicieron el resto.

O sea que empezaste por la literatura juvenil, acorde con la gente de tu edad, no hiciste como otros adolescentes, que enseguida se aventuraron con Tolstoï, Flaubert o Galdós…

Exacto. Lo cierto es que muchos de esos autores, los catalogados como clásicos, no me interesaban ni lo más mínimo a esa edad. En realidad, algunos de ellos siguen sin interesarme lo más mínimo.

Doy por sentado que tu gran pasión es el negrocriminal, pero más allá del “Noir” ¿quiénes han sido tus autores de cabecera?

Creo que una de mis virtudes es que nunca he tenido autores de cabecera, lo cual me ha permitido conocer diferentes estilos y voces sin condicionar en exceso la mía. Sin duda, del autor que más he leído ha sido de Lorenzo Silva, pero gran culpa la tienen Bevilacqua y Chamorro.

Y qué me dices de los “Noir” clásicos, tanto españoles como extranjeros, alguien que te marcase…

A Jim Thompson lo descubrí tarde, pero me fascinó, en especial 1280 almas. Mankell y Chandler despertaron mi interés en cuanto me adentré en el negrocriminal, aunque los leí hace muchísimo tiempo. A nivel nacional fueron Vázquez Montalbán y Juan Madrid los primeros me que cautivaron.

Hay autores que reconocen no leer nada y sin embargo, todos sabemos que es a través de la lectura que se forja el oficio de escribir  y eso más allá de los editing y los cursos de escritura creativa, que solo te enseñan las técnicas. Es precisamente sobre lo que aprendiste de tus lecturas sobre lo que quería saber…

Yo siempre he sido un lector. Ni siquiera hoy tengo claro si soy algo más que eso. Como te decía anteriormente siempre he tenido libros entre las manos, pero en lugar de seguir fielmente a un escritor me he dejado guiar por las historias que me seducían, que, como podrás imaginar, casi todas eran de temática negrocriminal. Cuando era más joven me llamaban mucho más las de misterio, incluso las típicas de aventuras, pero con el paso de los años mi gusto se ha ido inclinando hacia lo negro.

Siempre tenemos buenas y malas referencias en nuestras lecturas, en tu caso ¿cuáles fueron?

No creo que haya malas referencias en mis lecturas, sino libros que no me cautivaron y me sirvieron para saber escoger mejor. El principal ejemplo de este caso fue «El ocho», de Katherine Neville, una novela que fue muy elogiada y que yo ni siquiera pude terminar. En cuanto a las otras, a las buenas referencias, de esas las hay a cientos, pero en mi caso hay una que marcó un antes y un después como lector (imagino que también como escritor, pero puede resultar algo presuntuoso asegurarlo): «Los renglones torcidos de Dios», de Torcuato Luca de Tena. Una obra maestra que jamás me canso de recomendar.

“Cuando era más joven me llamaban las novelas de misterio y aventuras, pero con el paso de los años mi gusto se ha ido inclinando hacia el negro criminal” 

Pasemos de tu faceta de lector a la de escritor. En tu primera novela, “Muertes de sobremesa”, juegas mucho con la estética de la mutilación, lo sangriento y estrambótico. ¿Es lo que de verdad el público quiere leer, es lo que engancha? 

Supongo que hay un público para todo. En mi caso, no pensé en eso a la hora de recrear los crímenes, simplemente conté la historia que quería contar y de la manera que me parecía más adecuada. En mi descargo diré que una vez superado el prólogo no vuelve a haber ninguna escena macabra. En «Inspector Solo», en cambio, abogo por un cambio radical en este aspecto. Supongo que es cuestión de darle a la trama los detalles que necesita y en la primera novela el modus operandi era parte trascendental para no romper el pacto ficcional con el lector.

” Los lectores  de “Noir” estamos  saturados de forenses con creíbles dones para descubrir a los asesinos”  

 

Y de hecho, veo que el “asesino del café” planea en la mente de los propios protagonistas de “Inspector Solo”. Para aquellos amigos que no han leído “Muertes de sobremesa”, qué es lo que caracteriza a este personaje.

A mi entender, uno de los puntos fuertes de ambas novelas es el marcado carácter del protagonista, Marcial Lisón. Un hombre con ciertos problemas de sociabilización que suple con la compañía de su galga. Un tipo que siempre dice lo que piensa sin importar si es, o no, políticamente correcto; alguien incapaz de mantener una relación con una mujer si no interpone una barrera pecuniaria que le garantice que la cosa no pasará a mayores. En definitiva: un individuo al que cuesta que caiga bien, pero con el que el lector, a base de conocer sus motivaciones, termina empatizando.

“Creo que es más llamativo comprobar que el vecino del tercero con el que llevas cruzando unos “Buenos días”  durante décadas ha sido capaz de matar a su madre y descuartizarla.”

 

Me da la impresión de que algunos autores les dais mucha importancia a la parte “ritual” de la maldad, que si hígados y ojos arrancados, que si decapitaciones, que si tiros. A mí,  en cambio, me interesa esa maldad que está en el fondo del alma, la que no se ve. Hay gente con cara de no haber matado a una mosca y lo suficientemente cobarde para coger un arma, pero que en cambio puede llegar a ser   muy perversa…

Es un poco lo que hablaba anteriormente. Yo, como autor, he tratado las dos vertientes a las que haces referencia y, siendo sincero, también me parece mucho más interesante (y enriquecedor) esta segunda opción. Creo que es más llamativo comprobar que el vecino del tercero con el que llevas cruzando unos «Buenos días» durante décadas ha sido capaz de matar a su madre y descuartizarla mientras sigue cobrando su pensión. Eso no quiere decir que los crímenes con rituales paridos de mentes enfermas no tengan también su encanto para el lector y, por supuesto, para el escritor.

A mí, en cambio, me ha gustado la forma simple en la que ilustras el crimen en “Inspector Solo”, pero sin embargo me pregunta por qué eliges que la víctima, Sasha, sea una prostituta.

Que la víctima sea prostituta es una simple casualidad. Escogí a Sasha porque era una de las pocas personas por las que Marcial sería capaz de hacer cualquier cosa. No hay que olvidar la dificultad que tiene para relacionarse (más bien las pocas ganas que tiene) y lo sencillo que le resulta cuando hay dinero de por medio.

Pero ¿por qué una prostituta de origen eslavo? Sí que es cierto que los países del Este juegan un papel importante respecto al crimen organizado relacionado con la trata de blancas, pero no estamos quizás cayendo en el estereotipo, también  hay muchas de América Latina, África e incluso españolas…

Bueno, en realidad hay una historia muy curiosa detrás de Sasha. Cuando era adolescente y me juntaba con mis amigos solíamos bromear con ese nombre; siempre nos referíamos a todas las prostitutas como si se llamasen así. Digamos que lo convertimos en un eufemismo, así que cuando me tocó elegir el nombre del personaje no lo dudé. Luego, para ser coherente con su origen, preferí que fuese del este de Europa.

  ¿Tienes alguna postura fijada sobre el tema de la prostitución, sobre todo en ese debate entre los partidarios de la abolición y los de la regulación?

Pienso que la única manera efectiva de luchar contra la trata de blancas es prohibir la prostitución; al igual que creo que debería haber sanciones durísimas para los consumidores.

Tú eres policía de aduanas, sin embargo, tanto en “Muertes de sobremesa” como en “Inspector Solo” se percibe un universo muy alejado al tuyo, por ejemplo, veo que no se te ha dado por construir una trama sobre contrabando o tráfico ilegal, que es lo que sin duda conoces mejor. ¿ No querías caer en lo autoficcional?

En mi cabeza siempre ha estado escribir sobre Vigilancia Aduanera y el narcotráfico marítimo, pero quería hacerlo bien, así que preferí coger algo más de experiencia en esto de juntar letras antes de embarcarme en ese proyecto (en el que ya me hallo, por cierto). Tampoco hay que olvidar que es mucho más fácil escribir sobre lo que uno más lee, y en mi caso lo negrocriminal copa mis lecturas. Ahora, cuatro novelas después (dos publicadas, otra que verá la luz en los próximos meses y la siguiente en el 2019) me encuentro preparado para escribir sobre mi trabajo. A ver qué sale.

“Marcial Lisón y yo tenemos en común el mal temperamento, pero yo tardo más que él en perder los nervios”

 

Todos sabemos que en nuestros personajes siempre hay algo de nosotros, al margen de que éstos terminen autonomizándose y sobre los que perdemos el control. Pero ¿qué hay de ti, ya no solo en Marcial, sino también en Zoe e incluso en el Inspector Miralles?

Comparto totalmente tu opinión. Es difícil que cada personaje principal no tenga un poquito de su autor, aunque al final, el propio desarrollo del mismo termine por dejarlo en un segundo o tercer plano. En el caso de Marcial es su mal temperamento, aunque, a diferencia de él, yo tardo mucho en perder los papeles. En cuanto a Zoe, diría que sería su capacidad analítica. Respecto a Miralles, lo que tiene de mí está mucho más oculto; tanto que hasta que no leas el tercer libro no te lo podré decir.

Algunos dicen que estás entre los autores que hacen más hincapié en la trama que en los personajes. ¿Qué hay de cierto en ello?

No estoy de acuerdo. De hecho, recuerdo que Toni Hill me dijo, el día que presenté «Muertes de sobremesa» en Barcelona, que lo mejor de mi novela era que daba igual si la  trama languidecía en algún momento porque el personaje principal era tan potente que hacía la lectura interesante de por sí. Mi propósitos es que ambas cosas vayan de la mano, aunque lo cierto es que el los clubes de lectura la gente me pregunta mucho más por la personalidad de Marcial que por las tramas, así que lo mejor es que se lean mis novelas y decidan, ¿no te parece?

” Mi propósito es que los personajes y las tramas tengan la misma fuerza, pero el caso es que mis lectores se interesan mucho más por los primeros” 

 

También constato de que eres “moderadamente” procedimentalista, que no agobias al lector con detalles sobre ciencia criminológica o forense y que en cambio trabajas mucho más la psicología de los personajes y la trama… 

Creo que CSI ha hecho mucho daño. Estamos saturados de forenses con increíbles dotes para reconstruir asesinatos y de pruebas milagrosas que nos llevan hasta el DNI del asesino. En mi opinión, al lector le gusta más conocer las inquietudes de los personajes que los métodos o procedimientos policiales, por ese hago más hincapié en esta vertiente.

 Lo que compruebo es que en Inspector Solo afinas en tu personaje central. Pero ¿de dónde sale Marcial, es tu alter-ego o bebe de algún héroe policial y detectivesco que te haya particularmente marcado?

En realidad nace de la necesidad de crear un personaje que case bien con el papel protagonista que quería otorgarle a Sola, su galga. Mi idea era que el perro no pasase sin pena ni gloria por la novela, sino que cobrase una gran importancia en el desarrollo de la misma. Es por eso, por lo que necesitaba distanciar a Marcial del ser humano, hacerlo asocial, impertinente, políticamente incorrecto; todo ello pone en perspectiva el trato maravilloso que dispensa a Sola, nos permite entender que es un hombre capaz de expresar lo mismo que cualquier otro, pero que para ello necesita una reciprocidad que tan solo ha encontrado en los animales.

¿ Entonces es cierto eso de que las mascotas tienen un efecto terapéutico en nuestro estado anímico?

Yo estoy convencido al cien por cien. Al igual que siempre me gusta recordar que no hay que perder la perspectiva y saber que son animales. No logro entender cómo hay gente que habla con ellos como si fueran humanos; y no me refiero a hacerles algún comentario cariñoso, sino a verdaderas conversaciones como si esperasen una respuesta de su mascota. Yo soy un amante de los animales (tengo varios) y disfruto de su compañía, de su lealtad, pero no les doto de más aptitudes de las que poseen, que no son pocas.

Antes me comentabas que eres un seguidor casi incondicional de Silva, qué hay en Marcial de “Bevilacqua” y de “Chamorro” en Zoe.

Creo que nada. Ninguno de los cuatro se parece. Ni siquiera la relación entre ellos es similar. Creo que los personajes de Lorenzo Silva tienen una relación cercana, nacida del respeto y la admiración mutua. En el caso de Marcial y Zoe la relación es sobrevenida y para ambos el camino recorrido hasta alcanzar un punto de encuentro (que jamás tiene el respeto mutuo como epicentro) ha sido tortuoso y ha dejado heridas que difícilmente cicatrizarán. Por decirlo de alguna manera, Vila Y Chamorro son más de carne y hueso que Marcial Y Zoe.

“El Inspector Marcial Lisón es un tipo que no suele caer bien a los lectores, pero lejos de pensar que eso sea un problema lo considero una virtud del personaje”  

 

Veo que Zoe tiene de hecho un problema,  gestionar su atracción sexual por Miralles y su amistad por Marcial, dos policías que mantienen una relación sumamente conflictual e incluso, violenta.

Exacto. A Zoe le toca enfrentarse a una disyuntiva curiosa, tiene que elegir entre un amor visceral, uno incontrolable inexplicable; y otro más físico, uno que todo el mundo entiende. No hay otra manera de sentir atracción por Marcial que conociendo sus motivaciones y viéndolo en su estado natural: con Sola. En cambio, enamorarse de un tipo rubio, de ojos azules y buen porte no requiere casi de ningún esfuerzo.

Marcial también es un personaje pendenciero, incapaz de convivir con sus compañeros y de ahí, el mote de “Inspector Solo” que le cae en la comisaria…

Marcial es un tipo que no suele caer bien a los lectores (en general, de ambos sexos), pero lejos de pensar que eso sea un problema lo considero una virtud del personaje. La literatura está para despertar emociones, las que sea. Y si en una misma novela puedes enamorarte de la lealtad de Sola, de la humanidad de Zoe y experimentar rechazo hacia la forma de actuar de Marcial, ¿qué más le puedes pedir?

“Yo soy un amante de los animales  y disfruto de su compañía, de su lealtad, pero no les doto de más aptitudes de las que poseen, que no son pocas.”

Pues precisamente es la parte más  humana de Marcial  la que he percibido y me ha gustado en “Inspector Solo”, donde se   le ve como hombre emocionalmente herido tras descubrir sus orígenes…

Que no suela caer bien el personaje no quiere decir que no se pueda empatizar con él. Y en «Inspector Solo» creo que, como bien dices, se aprecia mucho más esa vertiente humana que no es capaz de mostrar con sus actos. En cierto modo, el hecho de tener que investigar en solitario la mayor parte de la novela ayuda a conocer un poco mejor al Marcial más humano, el que, como cualquier hijo de vecino, tiene sus miedos y sus temores.

¿Tú crees que las relaciones de parentesco y filiación son tan relevantes en la construcción de nuestra identidad? Te lo pregunto como biólogo que eres y sabiendo que los recientes avances científicos han desdibujado social y culturalmente la figura del progenitor.

No tanto desde el punto de vista biológico como desde el punto de vista sociológico. Lo que nos marca en realidad es dónde y con quién nos relacionamos en esa época de nuestra infancia en la que se genera una impronta que perdura el resto de nuestros días. La genética juega un papel importante, pero nuestro acervo genético es «moldeable», por decirlo de alguna manera. Digamos que es permeable al ambiente en el que estamos y eso hace que unos mismos genes den resultados diferentes en ambientes diferentes.

“La literatura está para despertar emociones, las que sean…”

 Marcial también es un personaje dudoso sobre la peor parte de él, hasta el punto de que no está seguro de que no haya sido autor de los peores actos respecto a la víctima. Desde ese punto de vista, me pregunto si todos somos capaces de interrogarnos sobre ese lado  más oscuro de nosotros…

Si yo despertase junto a una mujer muerta y no recordase qué hago allí, jamás pensaría que yo he sido capaz de matarla. Marcial sí, y eso lo define perfectamente. Creo que, en líneas generales, la mayor parte seríamos incapaces de sacar nuestro demonio interior fuese cual fuese las circunstancias que lo invocasen. Unos pocos, y esas son las personas peligrosas (psicópatas, sociópatas y demás) peligrosas de verdad.

 Para ti, en una novela con un crimen, qué es lo más importante, el “quién” o el “por qué”

El porqué, sin ninguna duda. El ser humano lleva toda su vida buscando porqués y la literatura no es una excepción.

” Ahora, me encuentro preparado para escribir sobre mi trabajo como Policía de Aduanas. Pero lo quiero hacer bien”

Veo que hay muchas novelas que se venden como “Noir”, cuando en realidad son “policiales” y a mí me gustaría saber en cuál de las orillas te sitúas realmente.

No soy amigo de las clasificaciones, menos aún cuando los matices para establecerlas son tan ambiguos. No obstante, diría que «Muertes de sobremesa» está más acorde a los parámetros del policial e «Inspector Solo» casa mejor con el noir.

Si me permites el comentario constructivo, en “Muertes de sobremesa” se te ve un halo de escritor novel, la novela arrastra un poco, pero en cambio en “Inspector Solo”, se te ve con más soltura, la novela fluye más. ¿Qué errores o tics crees haber superado en tu prosa y estilo narrativo?

Estoy totalmente de acuerdo. Pero no hay que olvidar  que era un escritor novel. Respondiendo a tu pregunta te diré que cuando uno descubre que lo que ha escrito ha gustado (y se ha leído) se destensa y pone sus preocupaciones literarias en otros puntos. Un escritor novel tiene la duda de si está o no transmitiendo el mensaje tal y como desearía. La experiencia te libera de esas cadenas y te deja escribir sin pensar tanto en los demás y centrarte más en lo que quieres contar que en a quién se lo vas a contar.

La pregunta del millón con  la que todo el mundo se siente incómodo en el momento de responder ¿abunda novela de género negrocriminal y escasea calidad?

Si nos centramos en la edición tradicional creo que se respetan los mínimos de calidad, aunque es cierto que hay un ligero boom que terminará como todas las burbujas: estallando y sacando bien lejos a quien nunca debió estar ahí.

“Un escritor novel tiene la duda de si está o no transmitiendo el mensaje tal y como desearía, pero la experiencia te libera de esas cadenas”

Ya sabes que muchos comentan que esto del género negro empieza a aburrir y que, más pronto o tarde, terminará cayendo. ¿Sabrás adaptarte a los nuevos tiempos o la vía en la que estás ahora es la que va a definir tu perfil como autor?

Yo escribo porque me divierte. Y cuento las historias que me apetece contar. El día que no me divierta lo dejaré, al igual que cuando mis historias no interesen, así que la adaptación no es algo que entre en mis planes.

¿ Cuántas entregas más nos queda de Marcial?

En breve (probablemente noviembre), saldrá la tercera y última (si nadie lo remedia).

Quedamos pendientes de esa cita, pues…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Archivado bajo Luces y sombras del género negro, Sin categoría

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s