EL CÍRCULO DE CAMBRIDGE : UNA MIRADA AMBIVALENTE SOBRE “LA ESPÍA ROJA” DE TREVOR NUNN

La espía roja

 

El Círculo de Cambridge constituye uno de los grandes mitos históricos dentro del entramado del espionaje soviético durante la guerra civil española y posteriormente, la Segunda Guerra Mundial y la “Guerra Fría”. Nido de los vástagos de la alta sociedad británica y fábrica de élites dirigentes para el  Imperio Británico, el ambiente de Cambridge constituyó el eje central de la mirada soviética. Es sabido que el avispado reclutador de la NKVD,  Yuri Modin,  se ganó para la causa comunista a lo más nutrido de ese selecto mundo universitario. De hecho, el legendario Kim Philpy se convertirá en el gran icono de una generación de estudiantes fascinados por la Unión Soviética.  Enrique Bocanegra nos brindó  una magistral biografía sobre el periplo de Philby durante la guerra de España, “Un espía en la trinchera”, ( Tusquets,2017) y que un servidor no cesará de recomendar.

No soy un cinéfilo empedernido, pero de vez en cuando me gusta ver una buena película en la gran pantalla. Dado el argumento y la ambientación  del film de Trevor Nunn , ” La espía roja” ( 2019) , precisamente centrado en el Círculo de Cambridge  y el periplo de la espía Melanie Norwood,  le hice un hueco en mi agenda dominguera. ¡Por fin un  gran peliculón de carácter histórico! ¡ Por fin un largometraje  de espionaje centrado en los fascinantes años 30 y 40!

Joan 3

Sophie Cookson

Joan Stanley  es una brillante estudiante de Física, pero algo ingenua y desorientada cuando entra en Cambridge. Solo le interesa la ciencia y se preocupa por sus estudios. De forma inesperada, van a cruzarse dos personajes en su vida. Sonia, (Tereza Srbova) una chica judía, estudiante de filología, en apariencia de espíritu “mundano”, frívolo y superficial y su primo, Galich León, (Tom Hughes) un idealista con don de liderazgo que ha tenido que huir de la Alemania nazi. Los dos profesan premisas socialistas y no tardan en querer introducir a Joan  en su círculo de debates. Las virtudes del marxismo, los juicios a Zinóviev y Kaménev  la  política de Stalin y el papel de la Unión Soviética en la construcción de un nuevo mundo están a la cita de las discusiones.   Pese a sus valores humanistas, Joan  no acaba de convencerse, ni sentirse cómoda dentro de ese ambiente. Duda. Algunas cosas no le terminan de cuadrar y  ve la parte más oscura de la URSS : el estalinismo y la definitiva deriva totalitaria del régimen comunista.

Entretanto, estalla la Segunda Guerra Mundial y  Joan es contratada como ayudante por un grupo de científicos al servicio del gobierno británico y bajo la implacable y vigilante supervisión de los norteamericanos. Al frente de él se encuentra el prestigioso científico  Max Davis ( Stephen Campbell Moore), que termina por ejercer un terrible magnetismo personal en Joan.  Ninguneada por su género y relegada a funciones secundarias, sus superiores van descubriendo poco a poco que la recién graduada por Cambridge  no es la tonta que parece. Tiene ocasión de demostrar su genialidad y capacidad deductiva. La joven científica comprende pronto que la investigación está girando en torno a una arma mortífera, la mayor que ha conocido la humanidad y con la que los “Aliados” pretenden determinar el definitivo desenlace de la guerra. Mientras tanto, sus antiguos compañeros de Cambridge, Sonia y Galich,  la siguen merodeando, pretendiendo que les desvele algo del proyecto en el que está trabajando. Joan se niega. Es una patriota, quiere a Inglaterra y ha firmado un importante documento de confidencialidad sobre el desarrollo de las investigaciones. El sueño comunista sigue sin atraparla. Pese a todo, el final de la Segunda Guerra Mundial y la imagen terrorífica de la destrucción masiva en Hiroshima y Nagasaki ejercen de detonador en su espíritu. Ya no es la misma, ya no puede serlo.

Davis

Stephen Campbell Moore 

Cuarenta años después, anciana, jubilada tras una apacible vida profesional como bibliotecaria, Joan  es arrestada en el jardín de su casa. Las autoridades  británicas la acusan  de revelación de secretos oficiales al servicio de inteligencia de la Unión Soviética  y de  alta traición. Interrogada ante la presencia de su propio hijo, un prestigioso abogado al que le toca defenderla, la historia se traslada alternativamente del presente a los pasados años 40 mediante el propio testimonio personal de la ex-científica. El letrado  está desconcertado, no entiende que su madre se haya vendido a los soviéticos. Se convierte de repente en una desconocida. Sin embargo,  Joan tiene sus razones.

Cuando se encienden las luces de una sala de cine al final de un film, solemos levantarnos de la butaca con dos sensaciones : bien  una profunda satisfacción por el buen rato que hemos pasado, bien  un sentimiento de frustración al no haberse cumplido nuestras expectativas . En mi caso y en el de mi entrañable acompañante, fiel compañera de viaje en esto de los libros, del género negro, histórico y de espionaje, no hubo ninguno de las dos cosas. Nos dominó la ambivalencia.

Judi Dench

Judi Dench

Coincidimos en que el film adolece de no pocas lagunas, en especial en lo referente  al “Círculo de Cambridge“. El director del film inyectó una dosis de frivolidad que no se corresponde con la importancia histórica de este grupo en el mundo del espionaje. La guerra civil española y el peligro fascista, que tanto incidió en el espíritu de esta generación, solo aparece de pasada. Los personajes están escasamente perfilados en sus entrañas : el  embrujo que ejercieron  en ellos el marxismo y la Revolución rusa   solo se deja intuir.    La secuencización de la cronología histórica, en cuanto a ella, se revela apurada y amorfa. A no ser por la lograda estética del vestuario femenino de ese periodo , habría sido difícil saber si la trama se desarrollaba en una época de  “Sangre, sudor y lágrimas” o en  la de los alocados años de los  Beatles. Parece mentira que un periodo tan catastrófico para Europa en general e Inglaterra en particular, haya sido ambientado con semejante ligereza. Entre una plomiza disertación histórico-documental sobre los entresijos de la Segunda Guerra Mundial y la banalización de la memoria colectiva, supongo que hay un término medio.  Las purgas políticas entre el servicio soviético de inteligencia a instancia del famoso “Centro”, plataforma de mando del espionaje ruso sometido a las ordenes y  paranoias de Stalin, también pasan de puntillas. Parece que tanto los guionistas como los asesores  del director hicieron virtud de la holgazanería. Toca preguntarse si los espectadores habrían sabido darle inteligibilidad contextual a la trama, de no figurar en una determinada franja de edad, destilar un cierto aire de clases medias ilustradas intelectualmente inquietas y aparentar un cierto conocimiento  del acontecer pretérito.

Del lado emocional, corresponde  omitir la historia de amor que el director calza con dificultad y que parece buscar inspiración en  la novela rosa más barata. El film tiene algunas pinceladas de crítica social y cultural a la época, dado que ilustra la discriminación de género en un ambiente mayoritariamente masculino como es el de la investigación científica en general y la armamentística en particular. La cuestión de la homosexualidad en los servicios de espionaje y las altas esfera de la diplomacia, así como su utilización como elemento de chantaje, también están a la cita. Pero resulta un tema tópico y déjà vu.

Algunos críticos han señalado la ausencia de épica en la película, al menos aquella a la que nos tienen acostumbrados los grandes films de espionaje. No me parece un elemento sustancial, ni un déficit grave. Un expía experto con el revolver o el cianuro, tirándose en paracaídas o haciéndose una estrambótica cirugía estética, se revela irrelevante en comparación al trasfondo político de la trama, la crítica al poder y  a las cloacas de las relaciones internacionales. Esa es la esencia del género de espionaje.

Hay películas de calidad matizable, como es en efecto el caso que nos ocupa, pero que sin embargo acaban  salvándose por la magistral interpretación de los actores. Qué menos que un laurel para la magnética Judi Dench  en su papel de  Joan  en la ancianidad. La vehemente e implacable jefa del agente OO7 aparece en su dimensión más humana y bajo una estética que refleja el paso  implacable del tiempo. Si en algo estuve de acuerdo  con mi acompañante, es en el lado entrañable y profundamente sincero de la magistral actriz británica. Se trata, en efecto, de una artista que sabe interpretar papeles acordes con su edad. De ahí que siempre resulte tan auténtica.  Sophie Cookson, en cuanto a ella tuvo una interpretación brillante en su papel de Joan en su juventud, sabiendo reflejar el cambio anímico de una científica consciente de las consecuencias del progreso y el lado oscuro de unos seres humanos que suelen utilizarlo para lo peor : la destrucción.

Calich

 

Una película con estatuto de  superproducción puede no contar nada sustancial y otra sin ese carácter, que es en efecto el caso del film de Nunn, mostrarse en condiciones  de lanzar un gran mensaje. No cabe duda que el producto alberga un sincero alegato pacifista y que, a diferencia de la opinión de algunos comentaristas, no se limita al mero correct political tan propio del mundo anglosajón. Sin embargo, Nunn demuestra mucha motivación, pero en cambio poca valentía, dado que se vuelve a quedar a medio camino en su objetivo. Demasiada parafernalia moralizadora y poca crítica política.  Supongo que se prefirió “entretener” al espectador que hacerle “pensar” y alentar su conciencia  en torno a un periodo dramático de nuestro proceso civilizatorio : el siglo XX  Tenemos aquí una prueba de cómo un director de cine tuvo una gran  historia para contar, errando sin embargo en la articulación de su estructura narrativa y configuración ambiental y contextual, demasiado sujeta a las leyes del mercado. Nota a añadir, Nunn parece tornar en equivalentes dos categorías que en realidad no lo son : la síntesis, obligatoria en una cinta de una hora y media y  la superficialidad, vicio del que peca por exceso con el fin de llegar al máximo público posible.

En suma, que solo podemos utilizar una expresión hecha para definir ” La espía roja” : una cal y otra de arena. A riesgo de reiteración, la ambivalencia se impone. Ni es procedente la mirada de quienes han querido sobrevalorarla en base al arrastre de una actriz extraordinaria como  Judi Dench, ni lo resulta tampoco la de aquellos otros que, sin ninguna equidad y en algunos casos, con bastante mala fe, pretenden restarle virtud a un film que da testimonio de un periodo histórico que marcó el rumbo de la humanidad.

                   

 

 

 

 

 

 

 

 

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