AMELIA NOGUERA, UNA ESCRITORA CONTRA LA MEMORIA VANA : SOBRE “EL PASEO DE LOS CANADIENSES”

amelia

 

Los sistemas de apropiación del pasado suelen ser rehenes de entramados ideológicos de los que, por desgracia, ha terminado por participar una investigación historiográfica a la que le correspondería cumplir con la virtud del rigor y no  con el vicio del sesgo. Siempre he pensado que allí donde la ideología y las propias ciencias sociales optan por la memoria fragmentada o directamente, por la desmemoria, la literatura y la ficción han de tomar la antorcha de la verdades  individuales frente a las medias verdades o silencios institucionalizados. De mutismo oficial fueron objeto durante décadas los hechos de Málaga de 1937, ocupada por los nacionales después de una deserción vergonzosa del ejercito republicano.  El éxodo de  miles de civiles en la carretera costera de Almería, más popularmente conocida como “Paseo de los canadienses”  y los ataques de la marina franquista y la aviación italiana contra la población, es uno de los hechos que más han sido sometidos  a la amnesia histórica. Mérito ha sido de las asociaciones para la Memoria Histórica y de algunas voces  anónimas recuperar el recuerdo de unos acontecimientos que, junto a Guérnica, constituyen quizás una de las mayores atrocidades acometidas por los franquistas durante la guerra civil . Es de la memoria de esos hechos que ha pretendido hacerse eco la escritora Amelia Noguera  con su última novela, a la que brinda  precisamente título el nombre de aquella carretera sembrada de crueldad, inhumanidad  y muerte, “El paseo de los canadienses” (Berenice,2019).

Una escritora a la que Amelia Noguera no da nombre, pero bajo la que subyace la subjetividad e inquietudes históricas de nuestra autora, se interesa por los hechos acaecidos en Málaga en 1937 : en gran medida desconcertada por el silencio del que son objeto. Paso a paso, su escritura se convierte en el traslado a la ficción de una serie de testimonios e historias orales. La principal de ellas,  la de Azucena, una mujer anciana que vive en el exilio y a la que Noguera convierte en la gran testigo de un drama colectivo, al igual que en la  narradora de una historia personal a través de la que se pone luz a uno de los episodios más trágicos de la primera mitad de la guerra civil española.

Preadolescente, Azucena se ve obligada a abandonar Málaga en pleno asedio de los nacionales. Sigue a su madre, Fernanda,   mujer casada con un republicano alistado en el Ejercito Popular. Durante la desbandada colectiva, se cruza con Martina, otra niña, hija de un padre alistado en el bando franquista tras desertar de las tropas republicanas y una madre embarazada, Isabel y nieta de una rica terrateniente, doña Ángela.  Las diferencias sociales  y  distinta ubicación ideológica y posición respecto al Alzamiento del 18 de Julio, no es barrera para que las dos niñas vayan forjando amistad, ajenas al odio entre los dos bandos que dinamiza la guerra. Juntas, afrontarán el camino de sufrimiento y muerte que van presenciando en la carreta de Almeria. Azucena irá perdiendo la inocencia, confrontada de forma prematura al mundo de los adultos y la maldad humana, mientras que Martina, educada en los preceptos cristianos más rigurosos al igual que todas las niñas de su clase, empieza a dudar de su  fe y pensar que Dios  no es tan bondadoso como le han enseñado. Su propia madre, Isabel, vive atormentada por algo que ha hecho y se pregunta si la desgracia que le ha tocado en esa carretera de Almeria no es en realidad un castigo de la providencia y el pago por un pecado mortal. A medida que avanza el tiempo, Azucena y Martina van descubriéndose a si mismas. A través de la mirada de las dos niñas, Amelia Noguera nos retrotrae a la realidad histórica de la represión franquista en Málaga, recordándonos a figuras siniestras como Queipo de Llanos o el propio Carlos Arias Navarro, pero también la violencia sexual y las vejaciones a las mujeres republicanas por parte de los nacionales, sin olvidar de mencionar el cinismo y complicidad con el franquismo de la colonia de británicos económicamente acomodados y residentes en Málaga. De ese mundo de venganza y represión solo puede protegerles la poderosa abuela, doña Ángela.  Amelia Noguera da quizás un ligero resbalón narrativo respecto a la figura de doña Ángela , que huelga por momentos de verosimilitud  y  no cuadra con la realidad sociológica, los valores culturales y perfil ideológico de las oligarquías terratenientes y caciquiles del sur de España, imbricados en un fascismo crudo y abrupto, siempre en contraste con ese fascismo mucho más intelectual del mundo urbano. Autora cuyas obras siempre han trabajado la psicología de los personajes, Noguera quizás haya querido poner su pluma al servicio de la dimensión más humana de los protagonistas, por encima de los maniqueismos  y las interpretaciones excesivamente ideológicas de la tragedia colectiva. No hay motivo para no pensar que en el océano de la maldad humana siempre puede quedar alguna gota de bondad y generosidad.

Amelia Noguera añade los testimonios novelados de los componentes de los dos bandos, entre ellos, la de un falangista, un anarquista y una enfermera del Socorro Rojo, donde se entremezclan el espíritu de la soberbia, la culpa y el altruismo. Cabe mencionar la aparición de Arthur Koestler, el espía de la NKVD,  el famoso autor de El cero y el infinito, que terminó por convertirse en un campeón del anti-comunismo. Sin olvidar al doctor Bethun, el conocido médico canadiense comprometido con la causa de la República y al que también dio vida Almudena Grandes en “Los pacientes del doctor García”. La ficción y la realidad, la experiencia individual y el acontecer colectivo interaccionan a lo largo de toda la novela, al mismo tiempo que la historia oral anónima compensa las lagunas de la historia oficial.

Noguera

 Amelia Noguera 

No es la primera novela de Amelia Noguera ambientada en la guerra civil, pero sí la que más ha hecho hincapié en el sufrimiento humano explicado a través de la mirada inocente de dos niñas. Podría dar por válidos los comentarios sobre el agotamiento narrativo en torno a la guerra civil española si su tendenciosidad no se revelase tan flagrante. Nuestros vecinos galos llevan décadas tratando literaria y cinematográfica la Francia de los 40, la Ocupación nazi y el régimen de Vichy, sin que nadie se formalice por ello. Sigo insistiendo en que el verdadero reto consiste en saber innovar las estructuras narrativas sobre un episodio histórico de recuerdo insoslayable que marcó un antes y un después en el destino político y social de nuestro país. En una coyuntura de auge mediático de ciertos historiadores con vocación de grafiteros de retrete y de  renacer de una extrema-derecha política demagógica que pretende darle fuente de legitimidad a las peores atrocidades cometidas en nuestro pasado más reciente, no puede menos que agradecerse el papel de la literatura y la voz de autores y autoras que, como Amelia Noguera, oponen resistencia a la memoria vana ante los peores crímenes colectivos.

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