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SUSANA RODRÍGUEZ LEZAUN : ” MIS NOVELAS SON UN ALTAVOZ CONTRA LAS INJUSTICIAS MÁS FLAGRANTES DE LA SOCIEDAD ACTUAL”

Lezuan

 

Susana Rodríguez Lezaun ( Pamplona,1967), es uno de los principales valores en el género negro y  una de las musas del grupo  Random House, gracias sobre todo al éxito de sus tres novelas protagonizadas por el personaje del Inspector David Vázquez : “Sin retorno”(2015), “Deudas del frío”(2017) y ahora, “Te veré está noche” (2018); una historia trepidante de violencia y venganza familiar  con la que Susana reconoce haber plasmado lo más profundo de si misma. Ademas de escritora y  periodista de formación y profesión,  a Susana Rodríguez Lezaun le toca en el próximo 2019 tomar el relevo a Carlos Bassas del Rey como comisaria de Pamplona Negra. Dada la proximidad del evento, era ocasión de hablar con ella e indagar en su perfil.

Autora comprometida con los derechos de las mujeres, no parece sin embargo muy devota de los debates teóricos a los que se ha prestado el feminismo académico, ni  de los gestos simbólicos, ni de las comedias de la corrección política, sino que prefiere alzar la voz a favor de políticas y medidas objetivas en la igualdad de género. En lo literario también es una mujer de convicciones firmes. Aunque crítica con la tendencia a que se convierta la literatura en un mero producto comercial para el consumo, no suscribe por igual los diagnósticos apocalípticos sobre el definitivo triunfo de la mediocridad en la oferta editorial. A pesar de que defiende el rigor  en la escritura y aprecia la  “Literatura de expresión”, se le intuye hostil hacia el  elitista aristocratismo intelectual    de la critica y teoría literaria, creyendo más bien  en el criterio y los diversos  gustos de los lectores.

Si algo tengo que resaltar de Susana Rodríguez Lezaun,  es que evita  las exageraciones y  en cambio apuesta  por los matices. Es suma, Susana se caracteriza por su  espíritu ponderado y cordura en el momento de valorar cualquier cuestión. Así queda reflejado a lo largo de nuestra charla.

Dime una cosa Susana, para disipar rumores o confirmar certezas, con “Te veré esta noche” ¿de verdad pones fin al periplo literario del inspector David Vázquez?

Como dicen en mi tierra, ni sí, ni no, sino todo lo contrario. El corazón me pide una nueva historia, incluso me la dicta, pero la cabeza me dice que lo deje tranquilo. No soy muy amiga de las sagas eternas, salvo que te salgan tan bien como a Alicia Giménez Bartlett, Manuel Vázquez Montalbán, Jo Nesbo o Michael Connelly. Lo único cierto es que en ninguno de mis dos próximos proyectos literarios está David Vázquez.

¿ La trilogía es la dosificación justa para no tornase en rehén del personaje creado?

Es posible. Con tres libros puedes narrar una historia en detalle, recreándote en el pasado, el presente y el futuro, y no te arriesgas a “aburrir” al lector. En cualquier caso, creo que es una cuestión de modas. Las trilogías son tendencia.

Algunos comentaristas dicen que detrás de David Vázquez está la sombra de Pepe Carvalho y que de Susana Rodríguez, la del propio Vázquez Montalbán…

Detrás de David Vázquez hay un homenaje nada disimulado a Manuel Vázquez Montalbán, para mí el mejor escritor de novela negra que ha dado este país, pero desde luego, yo no le llego ni a la suela de los zapatos. Tengo mucho que aprender, un camino larguísimo que recorrer, antes de atreverme siquiera a compararme con él.

” En “Te veré esta noche” dejo ver algunos de mis miedos más personales y pesadillas más reiterativas respecto a la pérdida de mis hijos” 

Montalbán plasmó a través de Carvalho su decepción ante la realidad política y social de los 80. A título de confidencia, ¿Susana Rodríguez también está expresando por voz de David Vázquez algunas de las suyas sobre esta época en que vivimos?

Sin duda, y también sin disimulo. He utilizado a mis personajes y las tramas de mis novelas a modo de altavoz para denunciar algunas de las injusticias más flagrantes de la sociedad actual, como el terrorismo machista o la corrupción política y financiera. Además, sobre todo el “Te veré esta noche”, dejo ver algunos de mis miedos más personales. Mi pesadilla más reiterativa cuando mis hijos eran pequeños era que los perdía y no podía encontrarlos. Ese es el germen de la tercera novela. Y puestos a confesar, te diré también que escribí “Sin retorno” con el rostro de Ana Orantes en la mente y que “Deudas del frío” nació de la estupefacción ante el zarpazo que la crisis nos dio a todos, los saltos al vacío de personas que iban a ser desahuciadas y la necesidad de abrir nuevos comedores sociales porque los existentes no daban abasto.

” Detrás de David Vázquez hay un homenaje nada disimulado a Manuel Vázquez Montalbán, para mi el mejor escritor de novela negra que ha dado este país” 

Debe ser complicado crear un personaje sin caer en los estereotipos del “Noir” o practicar la clonación. Te lo digo porque, con esta sobreoferta de detectives y policías y la evidente saturación del género, poco más se puede extraer ya de la cantera…

Hay una cosa en la que mi detective, el inspector Vázquez, es diferente a la mayoría: carece de traumas previos, no ha tenido una infancia terrible, ni nadie ha asesinado a sus padres o a su esposa e hijos. Es un personaje “limpio”, y será la vida, lo que le ocurre ante los ojos del lector, lo que vaya forjando su personalidad. Me la jugué en el primer libro, el lector podía hacerse aburrido con un personaje tan poco “traumatizado”, pero tuve suerte y me han seguido hasta el final.

Aunque hay algunas puntuales escenas estrambóticas y macabras, constato que juegas mucho más con la angustia, el suspense, la duda, la incertidumbre, o sea, con lo emocional, lo cual debe ser más complejo que hacerlo con la siempre facilona y “deja vu” estética de lo sangriento…

Transmitir miedo, angustia, incluso horror, es mucho más complicado que describir una escena sangrienta. Tardé casi un mes en escribir las veinte páginas más angustiosas de mi última novela, y sólo cuando mi agente me reconoció que se había agobiado al leerlas las di por buenas. La angustia duele más que muchas heridas. La incertidumbre, la ignorancia, el no saber qué pasará después del siguiente paso o si abres esa puerta es un juego al que me divierte jugar, pero reconozco que es complicado hacerlo bien.

Dice nuestro buen amigo Juan Ramón Biedma, que los giros narrativos bruscos y el empeño de los autores en darles tumbos a los lectores empiezan a estar un poco “demodé”. Compruebo que en tu novela, aunque hay giros importantes, también eres muy “ligth”, no zarandeas al lector, ni le das sustazos…

Cierto, la historia no da bandazos. Lo que ocurre es que la tensión se mantiene desde el principio. En “Te veré esta noche”, por ejemplo, la historia se articula como una cuenta atrás de diez a cero, cada capítulo es un día completo, veinticuatro horas. Quiero que el lector viva la tensión, y si lo consigo, no es necesario zarandearlo, porque no quiero que cierre el libro, sino que siga conmigo todo el camino.

“La incertidumbre, la ignorancia, el no saber qué pasará después del siguiente paso o si abres esa puerta es un juego al que me divierte jugar.”

Volviendo a los personajes, hay uno de ellos que a mí me ha resultado muy magnético: Irene Ochoa. Sin querer ser indiscreto, Susana, pero ¿a ti también te ha ocurrido eso de verte sembrada por la duda respecto a personas en las que depositabas una confianza ciega?

¿A quién no le ha salido rana una persona, un amigo o amiga en el que confiaba ciegamente? A mí me han defraudado en un par de ocasiones, y aunque siempre dices que es la última vez, tengo la costumbre de seguir confiando en mis semejantes, así que el día menos pensado me la volverán a dar.

Sin hacer spoiler, Irene tiene que cambiar su identidad obligada por las circunstancias, pero perseguida y torturada por la sombra del pasado. Dime una cosa, ¿qué es lo que más nos marca de los tiempos pretéritos, los acontecimientos vividos o los seres que formaron parte de él?

Ambas cosas, cada una de una forma. Además, en los acontecimientos vividos siempre hay seres que te acompañan. A mí me gusta la gente, conocer personas, charlar, interactuar y comunicarme, así que mi vida está más llena de seres que de acontecimientos. Cada persona que ha pasado por mi vida me ha aportado algo, no siempre positivo, que conste, pero de todo se aprende. En cuanto a los acontecimientos, no soy partidaria de vivir de recuerdos, creo que hay que llevar un equipaje ligero y mirar siempre hacia adelante. El pasado, si no sirve para aprender, no vale para nada.

Uno de tus personajes vive dominado por una inquietud intelectual hasta el punto de caer en la locura. Para aquellos que apreciamos la erudición y el mundo del saber, ¿dónde está la frontera entre la pasión y la obsesión?

Una pasión es algo que te llena, que te hace feliz. Yo adoro los libros, leer, conocer y descubrir autores de todas las épocas y estilos. Es algo que me satisface. Una pasión. La obsesión te enloquece, te roba la cordura y deja de ser grato. No es bueno obsesionarse con nada, ni con la cultura, ni con la salud, ni con la educación…

“No soy partidaria de vivir de recuerdos, creo que hay que llevar un equipaje ligero y mirar siempre hacia adelante. El pasado, si no sirve para aprender, no vale para nada.”

 

Veo que en “ Te veré esta noche” también juegas con las máscaras, sobre todo las masculinas. Hay personajes aparentemente áridos, viriles, muy metidos en sus roles tradicionales de hombres, pero que en realidad resultan más sensibles y vulnerables de lo que aparentan, como es el caso de David Vázquez. En cambio, hay otros personajes varones “sin brío”, apocados, planos, pero que sin embargo parecen sacar lo peor de ellos…

Huyo de los estereotipos, siempre lo he hecho, y creo que eso se refleja en mi forma de escribir y describir. Los hombres no son “hombres” ni las mujeres son “mujeres”, todos son personas que se comportan en función de sus relaciones, sus sentimientos y las circunstancias, independientemente de que sean hombres o mujeres y de lo que se espere de ellos.

¿Lo más peligroso que hay es precisamente un hombre con la virilidad herida?

Espero que no, porque entonces vamos apañados. La virilidad, tal como se entendía hasta ahora, tiene los días contados (por suerte). Lo peligroso son las personas heridas, menospreciadas, humilladas repetidamente y que, de pronto, encuentran en el fuego de la venganza la fuerza necesaria para seguir adelante. El problema es que ese fuego quema todo lo que les rodea, incluidos a sus seres queridos.

“La violencia de género se aborda casi con resignación, pero nadie exige medidas concretas para intentar erradicar lo que ya es una forma de terrorismo.”

 

Dime una cosa, Susana, tú que estás vinculada al mundo de la prensa, ¿cómo valorarías el tratamiento que hacen los medios de comunicación de algunos temas que aborda precisamente tu novela, como la violencia de género y la violencia contra los menores?

Entre mal y muy mal. La violencia de género se aborda casi con resignación, pero nadie exige medidas concretas para intentar erradicar lo que ya es una forma de terrorismo. Se cancela el presupuesto para combatirlo y los medios apenas dicen nada. El peinado de Cristiano Ronaldo ocupa más espacio que las mujeres asesinadas. Eso, por no hablar de los titulares que suelen utilizarse en estos casos, tan políticamente correctos, como si no quisieran ofender a nadie. Como ves, es un tema que me enciende…

No sé cuál es tu compromiso respecto a estos temas, pero por retomar una cuestión recurrente de la teoría y crítica literaria vinculada precisamente al “feminismo de la diferencia”, sí me gustaría preguntarte si piensas que hay una escritura “femenina” y por extensión, una manera de entender el género negro criminal que se distingue de la de los varones.

El absoluto, para nada. No es que los hombres y las mujeres escriban igual o diferente, es que cada persona tiene su propio estilo, independientemente de su género. Hay hombres que eligen personajes femeninos como protagonistas y viceversa; mujeres que describen con crudeza escenas de sexo y violencia, y hombres que se recrean en los sentimientos. Si eliges una serie de textos de novela negra, eliminas el título y el nombre del autor y le pides a un lector que diga si lo ha escrito un hombre o una mujer, estoy convencida que no lo sabrá a ciencia cierta, y que si atina, seguro que lo hace al tuntún.

” El lenguaje inclusivo” puede no ayudar a visibilizar la presencia femenina en la sociedad y provocar cierto rechazo y mucha sorna.” 

Déjame ser un poco provocador, Susana : “El inspector y la inspectora acudieron a la escena del crimen”. ¿Vulneración de la economía del lenguaje, despropósito lingüístico, visibilidad de género, con qué te quedas?

Todo el que me conoce sabe que soy una defensora a ultranza de los derechos de las mujeres. Sin embargo, creo que utilizar un duplicado de los sustantivos, en masculino y femenino, puede tener el efecto contrario en el lector, y en lugar de ayudar a visibilizar la presencia femenina en la sociedad puede provocar cierto rechazo y mucha sorna. Yo no uso el lenguaje de género en mis novelas. Creo que la visibilidad tiene que darse de otra forma, con mujeres en los puestos de poder, en las empresas, en profesiones hasta ahora “masculinas”, y, por supuesto, con hombres en los patios de los colegios, como cuidadores de ancianos o niños, limpiando edificios o bares… No creo que la igualdad sea una cuestión lingüística, al menos no en este momento.

Hasta ahora hemos hablado de tu faceta como autora, pero también tienes otra por la que eres conocida en el mundillo “Noir” y es la de editing. Pero aclárame una cosa, ¿cuál es exactamente el perfil profesional de esta figura y en qué consiste su contribución al producto final que encontramos en las librerías ?

Lo que las editoriales buscan sobre todo son personas con formación en Humanidades, una buena cultura general y lectores empedernidos. Con esa base, mi trabajo consiste en intentar mejorar el texto en lo posible, respetando siempre al máximo la intención del autor. Busco reiteraciones, contradicciones, desconexiones en la historia… Y por supuesto, faltas de ortografía, discordancias verbales y cualquier otro atentado contra la lengua. Creo que la labor del corrector y editor es muy importante, pero nunca debe notarse. Limar errores no es corregir el estilo del autor.

Dicen que la impaciencia es el demonio al que debemos impedir que nos susurre al oído. ¿Ese dominio lo encuentras a menudo en los manuscritos que te entregan?

Claro que tengo que corregir textos que no son de mi agrado como lectora, libros que quizá nunca estarían en mi biblioteca, pero tienen su público y los respeto, así que, aunque pueda resultarme poco interesante, siempre pongo el cien por cien de mi atención en cada palabra.

“Vivimos en una sociedad de consumo en la que la gente busca productos que no le cueste digerir, y me me temo que la literatura se está plegando a esos gustos”

Supongo que los autores que os dedicáis a estos menesteres sois sujetos con “información privilegiada” sobre lo que planea editorial y comercialmente en “L’air du temps”, a diferencia de otros, que vamos dando palos de ciego

Yo leo libros que tardarán unos seis meses en publicarse. Me siento muy orgullosa cuando entro en una librería y digo “ese lo he corregido yo, y ese, y aquel”. Pero tengo un contrato de confidencialidad que cumplo a rajatabla. Y hasta aquí puedo leer.

Me comentaba una amiga, autora vinculada precisamente a Random House, que era muy posible que a los “grandes” de la literatura española, estilo Galdós o Azorín, hoy nadie les publicaría, sobre todo a la vista de una masa de lectores adictos al lenguaje simple y las tramas facilonas…

Quizá tanto como no publicarles, no, pero que tendrían un público más reducido que otros autores con mucha peor prosa, eso seguro. Vivimos en una sociedad de consumo en la que prima la rapidez. La gente busca productos que no le cueste digerir, y me temo que la literatura se está plegando a esos gustos. Sin embargo, siempre quedamos algunas rara avis que disfrutamos con libros de narrativa pausada.

Todos comentan que ya no hay editores de raza y agentes literarios con verdadera vocación, sino meros hombres de negocios y “managers” de vedettes mediáticas…

No estoy de acuerdo en absoluto. Yo tengo una agente literaria, Sandra Bruna, que mima a todos y cada uno de sus representados, que se preocupa por buscar la mejor editorial para el manuscrito que le envían y que pelea por el mejor contrato. Y en cuanto al editor, jamás pensé que pudiera aprender tanto como lo hice con la primera editora que tuve en Random. Fue como hacer un curso acelerado de creación literaria. Creo que el salto es evidente entre mis dos primeras novelas, e incluso en la tercera. Es una editora fantástica, igual que mi segundo editor, preocupado por los detalles y por lograr el mejor resultado posible.

“Si vuelve la novela histórica, bienvenida sea. Si está bien escrita, a mí me encanta.”

Algunas dicen que lo importante es que la gente lea, aunque sean bodrios. Pero ¿no sería bueno que además de fomentar el hábito de lectura, también educásemos en el gusto estético y literario?

¿En el gusto estético y literario de quién? ¿En el tuyo? ¿En el mío? A mí no me gusta el género de terror, por ejemplo, o el romántico, pero no me parece mal que la gente lo lea. Piensa en Stephen King y en Danielle Steele. Son superventas, tienen millones de lectores. ¿Dan Brown es un bodrio? ¿E.L. James es un bodrio? ¿En opinión de quién? Que a mí no me guste no lo convierte en un mal libro. Cada lector debe encontrar su libro, su género, su autor… y disfrutar, perderse en la historia, en la trama o en las palabras. Lo demás es pura demagogia y ganas de fastidiar. Y un poco de envidia…

“Carlos Bassas del Rey dejó el listón muy alto, ha dirigido cuatro ediciones fantásticas que han colocado Pamplona Negra a la altura de los mejores festivales nacionales” 

¿Los grandes premios comerciales determinan las tendencias? Te hago el comentario porque se rumorea que el Premio Planeta a Santiago Posteguillo presagia un retorno comercial de la novela histórica en detrimento del género negro.

No tengo datos para decirte que sí ni que no, pero no me extrañaría. Si lo piensas, en los recientes premios Planeta que tú has citado han predominado los autores de novela negra, como Lorenzo Silva o Alicia Giménez. Si vuelve la novela histórica, bienvenida sea. Si está bien escrita, a mí me encanta.

Ya para ir acabando, se avecina “Pamplona Negra” y a ti, cogerle la antorcha a Carlos Bassas del Rey. ¿ Nerviosa?

Mucho. Mentiría si dijera lo contrario. Carlos dejó el listón muy alto, ha dirigido cuatro ediciones fantásticas que han colocado Pamplona Negra a la altura de los mejores festivales nacionales. Lo único que puedo decir de momento en mi favor es que, al menos, tengo las mismas ganas y la misma ilusión que él, y que me estoy dejando la piel para dar al público el festival que se merece.

Me comentaba Carlos que él siempre se había esforzado en que el festival no fuese una cosa personalista y no quedase vinculada a su nombre. Seguro que eres del mismo espíritu, pero alguna huella particular supongo que querrás acuñar con este nuevo comisariado.

No es que yo quiera hacerlo, pero creo que es inevitable. Supongo que, aunque siga su estela, los festivales que ha dirigido Carlos serán de alguna manera diferentes a los que yo dirija. Desde luego, dije desde el principio que yo llego aquí con fecha de caducidad y que mi única intención es hacer un buen festival, el mejor que sea posible. La huella serán los comentarios del público al finalizar cada edición.

Aunque imagino que no me dirás nada sobre lo que se cocina en Pamplona para 2019, supongo que algún aroma querrás hacernos llegar, así como para abrir el apetito…

Tienes razón, ¡no voy a decirte nada! Falta muy poco para desvelar el programa, así que la espera va a ser muy breve… Y sí, hay alguna que otra sorpresa.

Ahora, ¿te vas a ver desgarrada entre la escritura y el festival o vas a conseguir ser la amante de ambos, sin provocar los celos de ninguno de los dos?

Espero ser capaz de convertirme en una mujer multifunción. No concibo la vida sin escribir, y el festival es una continua inyección de adrenalina, y ya sabes que dicen que la adrenalina es adictiva… Escribo menos que antes, pero lo que me roba el tiempo me satisface tanto que no me quejo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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PEPE CARVALHO : UN ANTI-HÉROE EN LA “FICCIÓN HISTÓRICO-POLÍTICA” DE MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN.

Carvalho

 

He oído decir muchas veces  que el Marlowe español es sin duda Pepe Carvalho. Las comparaciones siempre me han parecido odiosas, más todavía cuando se hace tabula rasa de los contextos históricos en los que se mueven las  distintas figuras ficcionales y que no siempre son equivalentes  desde un punto de vista social como cultural. Este “comparativismo intuitivo” que, claro está, no hay que confundir con el “Comparativismo” “serio” como subdisciplina de la teoría y hermenéutica literaria “académica”, alberga el mal añadido de que tiende a desvirtuar a los personajes  y hacer que pierdan “inteligibilidad” propia. Y la “inteligibilización” del perfil de Carvalho solo es posible desde nuestra  realidad española y catalana y  esto porque es un producto de la misma.

Particularmente, la imagen del detective Carvalho con la que más me quedé, sobre todo allá por los años 80, fue encarnada en Eusebio Poncela, a través de la plomiza serie que emitía TV1 en aquella época y dirigida por el argentino Adolfo Aristariain.  Supongo que el relativo rechazo que me generaba aquel fastidioso producto televisivo condicionó en mucho mi mirada .  Eusebio Poncela fue uno de los mejores actores de la Transición, que aceptó  interpretar uno de los peores papeles televisivos de su vida y a través del que distorsionó por completo el personaje que se suponía que tenía que simbolizar. Cuenta la leyenda que el contrato de Vázquez Montalbán con el Ente Público  vino ayudado por las horas bajas y los apuros económicos que atravesaba el autor, dejándolo sin margen de maniobra frente a los criterios de productores, directores y guionistas. Esa misma leyenda acaba con la publicación de ” Asesinato en Prado  del Rey” (1987) y que según se narra, fue la forma que tuvo   Vázquez Montalbán de tomar su revancha.Tuvieron que pasar los años y caer en mis manos las primeras novelas del escritor barcelonés para confirmar que aquella serie era una auténtica birria, después de vaciar al personaje de todos sus matices y convertirlo en una burda y caricaturesca aproximación a la criatura de Vázquez Montalbán.

Chivite

 

Más allá de todo ello,  lo que sí llama la atención  fue la habilidad  del escritor para inventar una figura como Carvalho, que sin embargo  las malas lenguas vinculaban a una simple   clonación de su propia personalidad. Visto así,  el autor barcelonés habría estado en lo meramente auto-ficcional  o en la ficción verídica, faltando al esfuerzo de imaginación y creatividad literaria exigida a todo escritor que reivindicase ese apelativo. No fueron pocos los que  se  preguntaron  si Pepe Carvalho hacía función de camuflaje, de mascara  de su propio  padre o si en realidad  tenía vida propia y una biografía que contar más allá de su creador.  Esa era al menos la hipótesis que planteó en su momento  Manuel Blanco Chivite  con su obra  Carvalho, un detective de ficción ( Ediciones Vosa, 2007) un libro corto, pero profundo y sesudo, que tuve ocasión de rescatar en los cementerios de la biblioteca de Granollers.

Apuntaba Andreu Martin precisamente en el prologo al libro de Blanco Chivite, que él nunca había creído en los personajes detectivescos, porque en realidad carecían de verosimilitud y existencia propia, dado que sus experiencias eran inconexas y sin pasado.  Según el “Maìtre à pensée” del “Noir” español, si algún personaje de ficción hacía excepción, era Carvalho. Y es que Vázquez Montalbán había sabido a través de las veinte novelas que constituyeron la serie, describir la evolución y los cambios personales y existenciales de un personaje que adquiría humanidad a través de las metamorfosis de su  periplo. La verdadera cuestión está en saber si, como lo apuntan los más malintencionados, los diferentes perfiles y estados anímicos que irá adquiriendo el personaje, no eran en realidad el espejo de la propia evolución vital de su creador, del personaje “paralelo”, como  lo llamará Blanco Chivite en referencia a Vázquez Montalbán.

serie carvalho

De origen gallego, Pepe Carvalho es un hijo de la posguerra, de los vencidos y del exilio, como el propio padre de Vázquez Montalbán. Milita en el Partido Comunista y se casa con Muriel, una compañera de partido de ideas ortodoxas. Las desavenencias con su mujer vienen condicionadas por los factores ideológicos, que Muriel lleva hasta lo ridículo y patético, al considerar que el placer sexual y la belleza femenina son un producto “pequeño burgués” del sistema capitalista. La delirante  personalidad de su pareja  les acaba llevando a la ruptura.

           Alejado de la sombra de Muriel, Carvalho irá evolucionando en coherencia con sus posturas heterodoxas y actitud crítica respecto al desmanes  estalinista del PSUC.  Su gran amigo por aquel entonces es Cerdán, un compañero de partido con el que discrepa constantemente y que resulta una caricatura ficcional del emblemático filosofo y teórico marxista, Manuel Sacristán.  Pero por la vida de Carvalho también irán circulando otros personajes como Biscuter, un quinqui que conoce en la cárcel y con el que va adentrándose en las artes gastronómicas. Carvalho  es hasta entonces un hombre rodeado por  Rojos y chorizos. Al salir de la cárcel,  dará un paso más en su evolución y se cruzará en su camino Wonderful, el agente de la CIA  a través del que entrará en el servicio de espionaje norteamericano. Un cambio de rumbo de Carvalho que quedó ilustrado en ” Yo maté a Kennedy”. (1972.) Después de la CIA  vendrá Bromuro, el limpiabotas que ejerce de confidente y el personaje de Sánchez Bolin, un escritor gordo que parece caricaturizar al propio Vázquez Montalbán y que plasmó en obras como “El balneario” (2002). La memoria urbana de Barcelona, en especial la de las Ramblas y de Vallvidrera está siempre presente en las diversas etapas vitales de Carvalho y que en realidad no deja de ser esa misma ciudad condal que está en los recuerdos de juventud del autor.

Kenndy

Durante la Transición Carvalho es ya un hombre cínico, ascéptico, apolítico, decepcionado, que  no cree en nada y termina por convertirse en un detective que cobra por sus servicios y desconfía del Estado, al que considera una organización mafiosa.  Un hombre solitario, sin otra relación sentimental que la que mantiene con Charo, una prostituta de lujo, cuando Muriel ya ha pasado al olvido para siempre y mientras sigue torturado por la muerte de Laura, una amante de clase alta cuyo asesinato le obsesiona. Para entonces, Carvalho es  un hombre preocupado por la vejez y unos años que le van devorando. Es el momento en el   personaje de Vázquez Montalbán ya había alcanzado fama y reconocimiento en el extranjero, sobre  todo gracias a “Los mares del sur” (1979), al ser galardonada con el Prix International de Roman Policier y con el propio Premio Planeta.

los mares del sur

El Pepe Carvalho de los 80 es sin duda el más interesante, por lo mucho que atestigua de toda una época. Políticamente, nunca ha creído en el ilusionismo generado por la figura de Felipe González y por eso vota a los comunistas en 1982, aunque sin demasiado entusiasmo y convencido que el PCE  va directo a su perdición. No es  una anécdota  el hecho mismo de que Vázquez Montalbán dimitiese aquel mismo año del Comité Central del PSUC. “Asesinato en el Comité Central” (1983). fue una de las mejores ficcionalizaciones literarias de los entresijos del comunismo español, la guerra entre clanes y facciones y la definitiva descomposición del gran artífice del antifranquismo.  El propio  ensayo político de Vázquez Montalbán, ” El optimismo de la razón” ( Planeta, 1988), dedicado a Rafael Ribó, reflejó la fidelidad  al PSUC, que después se convirtió en Iniciativa per Catalunya. El escritor reafirmaba así su heterodoxia frente a aquellos que consideraban que aquel niño pijo de la alta burguesía catalana resultaba demasiado insulso e incoloro en comparación a figuras míticas como Santiago Carrillo y Dolores Ibarruri o dirigentes históricos como Gregorio López Raimundo. Vázquez Montalbán  tampoco creía en el dirigente socialista Felipe González, ni  menos todavía en el pujolismo, aunque algunos años antes se hubiese opuesto con firmeza al Manifiesto de los 2300 lanzado por gente como Federico Jiménez Losantos y Amando de Miguel, las futuras estrellas de la caverna mediática que se habían dedicado a atizar la polémica sobre la cuestión lingüística   No cabe duda  que Vázquez Montalbán   trasladó al personaje de Carvalho su propia incredulidad ante  el ilusionismo del PSOE.

Comité central

En mi adolescencia y primera juventud, cuando un servidor era militante de las Juventudes Socialistas, los constantes torpedos de Vázquez Montalbán contra el guerra-felipismo  solían desconcertarme, sobre todo a la vista de la hipnosis que aquel líder carismático ejercía en todos nosotros. Felipe González acabó defraudando a la sociedad española, convirtiéndose en el cerebro del terrorismo de Estado,  el amigote de multimillonarios y el cómplice de la extrema-derecha venezuelana anti-chavista.  No es descabellado afirmar hoy que el tiempo terminó por darle la razón a Vázquez Montalbán. Sobre la biografía política del escritor barcelonés abundan un buen numero de artículos y trabajos, pero merece la pena señalar, por ejemplo, la obra de Mari Paz Balibrea, En la tierra baldía ( El Viejo Topo, 1999), un ensayo que recorre la evolución política e intelectual del escritor desde las decepciones que generaron los acontecimientos del Mayo del 68 o la propia edición de  Francesc Salgado , Manuel Vázquez Montalbán. Obra periodística ( 1960-1973) ( Debate, 2010). 

postmodernidad

La última etapa de Carvalho fue la de la Barcelona olímpica del 92 y su agotamiento es el puro reflejo del que está sufriendo entonces su creador. Hay unanimidad en reconocer que Vázquez Montalbán vivió su último tramo de vida presionado por los compromisos contractuales con el sello Planeta, pero zarandeado por una creatividad mermada que le llevaban a la repetición y el autoplagio. En efecto, El laberinto griego (2005) y Sabotaje olímpico (2001)  fueron sin duda su obras menos logradas y más repetitivas.  Pero lo que está claro es que había una relación inter-subjetiva y complementaria entre Vázquez Montalbán y su personaje, donde las fronteras entre la realidad y la ficción, la verdad y la mentira terminaron tornándose borrosas. Carvalho fue, en efecto,  un anti-héroe  en medio una ficción verídica sobre la realidad histórico-política que le tocó vivir a Vázquez Montalbán.

 

laberinto

 

La auto-ficción está a menudo denostada, olvidándose que no mantiene una forzosa riña con la calidad literaria y que la subjetividad personal del escritor siempre se filtra en cualquier historia inventada, por grandioso que sea el imaginario fantasioso de la obra. Otra cosa bien diferente es que  las historias autoficcionales no tengan otro estatuto que el de instrumentos  de auto-terapia o  auto-ayuda. De éstas  abundan hasta la saciedad y de ello dejan un buen ejemplo los  policías metidos a escritores y dedicados a la auto-apología o lo que es peor, a la apología de la ideología policial, en base a tramas insustanciales en el espíritu  de la “literatura de entretenimiento” más barata. Una tendencia que sin embargo hay de distinguir y no confundir con lo que fue la labor de Vázquez Montalbán, dado que la auto-ficcionalidad a la que se prestó el creador de Carvalho no despojaba sus historias de un lado magnético : el compromiso político y social con su  propio tiempo. En ese sentido, es muy difícil desvincular el cínico personaje de Carvalho de las ilusiones y decepciones que vivió la propia generación de Vázquez Montalbán.  Como nos lo recordaron Javier Sánchez Zapatero y Alex Martin Escribà, Carvalho   fue  el ojo crítico a través del que Vázquez Montalbán vertebró una mirada desencantada sobre la realidad circundante y ello en base a una postura contra-cultural y un realismo social de un profundo escepticismo.  A través de él, su creador hizo sobre todo una crónica de toda una etapa de la historia política y social española, de los sueños que se forjaron durante la posguerra y el antifranquismo y de las enormes desilusiones que trajo la Transición y Post-Transición. Así lo apuntó al menos el propio Vázquez Montalbán :

” Mi vida no tiene mucho interés- decía- Ha sido más historia que vida hasta los setenta y desde entonces, es más literatura que vida”.

Desde luego, Vázquez Montalbán no era un nostálgico, porque consideraba que la nostalgia era la que impedía tener una mirada serena y lucida sobre el pasado.   El prestigioso estudioso del género negro y policial español, José Colmeiro  en su compilación, ” Manuel Vázquez Montalbán,el compromiso con la memoria (Contributors, 2007), apuntó cómo  Carvalho   se convirtió en el instrumento mediante el cual  Vázquez Montalbán se erigió, efectivamente, en un “fabulador del ayer”. Quizás sea ese el gran mérito del personaje de Carvalho, recordarnos el sentido de la “memoria”, que es a lo que nos estamos acostumbrando a perder en los tiempos actuales y en un clima de derrota del pensamiento y de la utopía.

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PREMIO “PATA NEGRA” 2016 : JULIÁN IBAÑEZ Y EL MAGNETISMO DEL HARDBOILED

Pata negra

 

El pasado 3 de Mayo se inauguró  el XII Congreso de Novela y Cine Negro  de Salamanca y este año bajo el título genérico, ” La globalización del Crimen”. En cada  encuentro también se produce la entrega del Premio “Pata Negra” a la mejor novela del año, que este caso recayó en el veterano Julián Ibañez, por la obra “Gatas salvajes”, ( Cuadernos del laberinto,2015).   Santanderino nacido en 1940, Ibañez  es un hijo de la posguerra que descubrió pronto la pasión por el cine y la literatura en esa tenebrosa España del primer franquismo. Estudió ciencias en Valladolid y después guionismo en la Escuela Oficial de Cine de Madrid. Premio L’H Confidencial en 2009  y finalista del Premio Hammett en 2010, el año pasado recibió también el Premio Honorífico Novelpol. Ibañez es  un autor que figura  entre los grandes referentes de la novela negra española, junto  a otros nombres emblemáticos como Juan Madrid, Manuel Vázquez Montalban o Andreu Martin, pero que sin embargo gozó de una proyección mucho más tardía que los autores de su generación, a pesar de tener una producción narrativa en el ámbito del “Noir” sin nada que envidiar a  la de sus compañeros de viaje. Discreto y escurridizo, renunció a la fanfarroneo mediático, lo que le valió bastante años de ninguneo. Ibañez no tuvo pelos en la lengua y reconoció durante la entrega del premio su nula identificación con la figura de Vázquez Montalban. Un autor que, en opinión de un servidor, goza efectivamente de un culto sacrosanto que no se corresponde en absoluto, ni con la calidad de su obra, ni con el carácter más o menos infumable de un personaje como Pepe Carvalho. En cambio, Ibañez  reconoció la enorme influencia que ejerció en él la obra de Andreu Martín, “Prótesis”  y  otros autores como  Carlos Pérez Merinero y  Mario Lacruz. A sus 75 años y en un momento de excelente productividad literaria, Ibañez parece estar recibiendo un reconocimiento bastante demorado, pero firme.

Durante el acto de entrega    del premio, los directores del congreso, Alex Martin EscribàJavier Sánchez Zapatero, señalaron la  versatilidad y estilo narrativo muy personal de Ibañez.  El galardonado recordó su adolescencia y el embrión  de su pasión por el hardboiled  y  el “Noir” en general. De orígenes sociales modestos y crecido en un barrio popular y periférico,  Ibañez apuntó sus recuerdos sobre el ambiente familiar autoritario en el que había crecido. Lo que despertó su interés por esa calle en la que conquistaba la libertad y descubría un mundo más oscuro, pero a la vez profundamente magnético. La  gran obra que le fascinó en su juventud fue ” Cosecha roja” de Hammett y aunque sus primeras lecturas habían sido las obras de Agatha Christie, el gran maestro del género negro le distanció de forma definitiva de la novela enigma. Desde entonces, comprendió que estaba predestinado a escribir novela negra. Reconoció  haberse siempre sentido  atraído por  la gente que vive al límite. Para él, la gran virtud del “Noir” estriba en su esfuerzo por comprender las situaciones de los individuos en los mundos subterráneos. y no tanto en la investigación y el desvelamiento de los enigmas más o menos rebuscados.

Ibañez hizo inciso también sobre la influencia familiar en el carácter nómada de sus personajes. Hijo de una maestra de escuela, los constantes traslados de su madre le llevaron a sentir el gusto por los universos y contextos diferentes, en especial por la parte oscura del mundo rural y de provincias.En ese sentido, dijo preferir  los lugares recónditos y alejados de las grandes urbis que han dominado la novela negra. Ibañez defendió además tramas de argumento sencillo, pero sólido.  Señaló que las tramas de uno de sus grandes maestros, Raymond Chandler, no se revelaban para él de una especial originalidad, pero que la gran fuerza de este “gurú” del ” Noir” norteamericano, consistía precisamente en sus aspectos contextuales, simbólicos, históricos y situacionales.  Preguntado por sus personajes, Novoa o Bellón, dijo que en realidad solo había creado y tenido uno, cuya psicología había plasmado en sus diversas novelas cambiando los nombres. Apuntó que no había sido algo deliberado, ni   respondido a una voluntad de autoplagio. Es solo después del paso de los años que se había dado cuenta de ello.

También habló de la situación del género negro en España. Para él, este no es el único “boom” que se está produciendo en España  y ya hubo otros en tiempos pretéritos. Según Ibañez la novela negra siempre ha sufrido tumbos, viviendo momentos de máximo auge y otros de total ninguneo u olvido. Presente entre el público, el director de Bearn Black, Sebastià Bennassar, le recordó la reciente y comentada puntualización del director de “La Bóbila”Jordi Canal,  sobre el poco gusto por el género negro en España. Ibañez coincidió en las dificultades de arraigo y capacidad de convocatoria ante un público que siempre manifiesta sus preferencias por la novela “enigma”, en contraste con lo poco atractivo que le resulta el ” Noir”. El hardboiled no tiene un gran público, pero lo tiene firme y convencido, matizó Julián Ibañez,  Claudio Cerdán, que fue su interlocutor privilegiado en la mesa de debate, también coincidió en la virtud y el magnetismo  de ese mundo de los margenes, que sin embargo contrasta con el peligroso retorno de los ambientes de clase alta propios de la novela “enigma” del estilo de Agatha Christie. Un servidor le lanzó la pregunta sobre el excesivo culto a los clásicos y el recurso a los mismos como punto de referencia para la categorización de ” Negra” o no. Ibañez  puntualizó que no se trataba de pretender imitar a los “maestros”, sino de analizarlos y saber comprender sus problemáticas. Lo que, en mi opinión, confirma la pertinencia del debate sobre el Post-Noir que he lanzado junto a Anna Maria Villalonga : conservar el espíritu, pero repensando las formas narrativas y los sistemas simbólicos y representacionales.

En el último tramo del acto, fue cuestión del mundo editorial. Ibañez subrayó la ingratitud que caracteriza a los grandes sellos, que no perdonan ni un solo fracaso comercial. En cambio defendió la valentía, la parte más humana y las relaciones de proximidad que ha vivido en su trato con los sellos independientes.

Ibañez

En suma, un acto ameno y fructífero sobre todo para aquellos que nos consideramos novatos en estas laderas. En cualquier caso, hay que señalar la resolución acertada, ponderada y justa del jurado del Premio “Pata Negra”, al honrar a un escritor a la vez referencial en el ámbito del “Noir” y discreto en su vida pública. Evidentemente, Ibañez parece hoy una raza en extinción, sobre todo en un momento como el nuestro, en el que el vedetismo, el egocentrismo y el camarillismo se imponen sobre el estricto criterio literario.

 

 

 

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JOSEP CAMPS : “TIKI MERCADO ES UN HOMBRE ESCÉPTICO Y SOLITARIO, QUE OCULTA SUS ALEGRÍAS Y MELANCOLÍAS”

 

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Josep Camps 

 

Josep Camps acaba de publicar su segunda novela, ” Rezos de Vergüenza” ( Alrevés,2016), una obra negropolicial que sucede a ” Melodia quebrada”, ( Alrevés, 2014) y que viene protagonizada por el personaje de Tiki Mercado : un Mosso de Escuadra algo atípico y que conserva la singularidad de apartarse, tanto de los estereotipos  con los se  han trazado  los perfiles de los personajes policiales, como del “buenismo” políticamente correcto que lleva abundando en los últimos años. Descubierto por la agencia literaria Página 3, Josep Camps está también entre los autores de nueva generación que ha ido promocionando el sello Alrevés. Miembro de la revista  Bearn Black, Camps es además autor de una sección de relatos cortos protagonizados por su personaje. En esta entrevista hablamos del retrato humano de Tiki Mercado, así como de la última trama que protagoniza, dominada por una intriga en la que se destapan los entresijos  del poder económico y eclesiástico en nuestro país.

¿Te resultó difícil pensar un perfil de protagonista mínimamente original, más todavía en un clima de proliferación de héroes policiales que cada vez se parecen más los unos a los otros?

Cuando leí por primera vez La soledad del manager de Vázquez Montalbán me sentí fascinado por su protagonista Pepe Carvalho. Fue entonces cuando decidí que un día escribiría una novela interpretada por un personaje que contuviera su esencia. A esa base intenté añadir otros rasgos que definieran una personalidad propia.También el Rubén Bevilacqua de Lorenzo Silva me ha influido en la creación de Mercado.  Si el resultado ha sido mínimamente original deberán decirlo los lectores.

¿ También parece que al creerlo has esquivado esa obsesión que tienen algunos autores  por la corrección política?

En el momento en que te planteas escribir literatura de corte negrocriminal has de dejar de lado toda la corrección política, policial, social o religiosa que no encaje con la historia que estás contando. Yo lo entiendo así, vaya.

Por lo que veo, “Tiki” es un personaje con una vida atípica y repleta de sombras. Supongo que en eso también querías nadar a contracorriente de la imagen idílica del policía felizmente casado, establecido y acorde con las expectativas sociales sobre la “normalidad” y el triunfo social…

La adicción a la cocaína y al alcohol que tuvo en el pasado condiciona constantemente la vida emocional de “Tiki”. Y su manera de ver, pensar y actuar, siempre tendente al límite, no ayuda. Él no persigue el triunfo social, solo quiere vivir sin más sobresaltos que el beso de una mujer o el riff de una Fender Stratocaster.

Algunos dicen que ya hay demasiados policías borrachos, drogados, descentrados, amargados y oscuros. ¿Qué ocurre, los lectores huyen de los perdedores, incluso en la ficción?

Si hablamos de novela negro-policial, los clichés (que no tienen por qué ser siempre negativos) dicen que un buen policía de novela negra tiene que tener algunos de estos rasgos que comentas. Si queremos buscar perfiles distintos, existen otros géneros literarios donde encontrarlos.

¿ Entonces es un anti-héroe?

Tiki no es Hércules Poirot, ni Jules Maigret, si es eso a lo que te refieres. Es solo un individuo que debajo de una personalidad escéptica y solitaria, esconde sus melancolías, alegrías, pasiones o fobias, como cualquier persona de la calle. Y que pulula por la vida arrimándose al sexo y al rock and roll como refugios vitales.

Compruebo que, tanto en tus novelas, como en  relatos cortos en Bearn Black,  su personalidad juega mucho con   la irreverencia…

Sí, es un personaje que está harto de muchas cosas y está en un momento de su vida, cerca de los 50, donde ya no comulga con determinados convencimientos sociales. Y procura ser honesto y actuar en consecuencia.

¿Por qué le acoplas el simbolismo del Rock y del  mundo“motar”, porque en principio y al menos desde un punto de vista generacional, la cultura musical de Tiki tendría que haber sido John Travolta, la “Fiebre del sábado noche” y ese universo  “disco” que hizo furor entre finales de los 70 y mediados de los 80?

Ciertamente. Por edad, Mercado está más cerca de la década de los ochenta, de cuando el rock and roll inició su lamentable ocaso. Pero él se aferra a la época dorada de las grandes bandas, la de los sesenta y los setenta. Tiempos de Beatles, Stones, CCR, Led Zeppelin, Pink Floyd, Kinks, Cream… Y también de Ramones, Clash o New York Dolls.

¿El rock and roll era para ti una manera de ornamentar y enfatizar ese viril perfil masculino que lo envuelve?

Pienso que el rock and roll no entiende de sexos, etnias o condición social. Es algo tan transversal como lo pueda ser el fútbol. La afición por este tipo de música de Tiki es un rasgo más de su personalidad.

¿Ya centrándonos en el caso que  le toca a Tiki en tu última novela, por qué el tema del Opus Dei?

El Opus Dei tiene fama de organización opaca y elitista, envuelta siempre en un halo de misterio. Me apeteció fabular una historia donde esta congregación tuviera un protagonismo destacado.

Supongo que te tocó documentarte algo ¿Cómo trabajaste antes de articular la trama?

Me entrevisté con diferentes personas. Unas me dibujaron el Opus Dei como una organización religiosa que velaba pacíficamente por los preceptos que en su día definiera Escrivá de Balaguer, su fundador. Otras, en cambio, algunas de las cuales había pertenecido al Opus Dei en el pasado, echaban pestes de la organización. Gente que se había sentido explotada, manipulada, estafada.

¿Qué sobresaltarías si tuvieses que describir la figura de Escrivá de Balaguer?

Es una figura controvertida, sin duda. Hay quienes (el Vaticano entre otros) lo consideran un santo. Otros, una personalidad ambiciosa que supo crear de la nada una organización todopoderosa con ramificaciones por todo el mundo. Los más críticos consideran a Escrivá de Balaguer únicamente un misógino cegado por las ansias de poder y el dinero.

¿Sí me permites la pregunta, había en ti algún resabio anti-clerical cuando empezaste a pensar la historia?

No, ninguno. No comulgo con muchas de las doctrinas de la iglesia católica, pero intento ser respetuoso ante las ideas de cualquier persona o entidad. Eso sí, siempre y cuando se manifiesten de forma pacífica.

Por lo que veo en la novela, hay una buena crítica de cómo lo espiritual justifica el gusto por los bienes materiales. ¿La hipocresía del mensaje católico era para ti la preocupación central?

Sí, era una parte de ello. En pleno siglo XXI, mientras millones de seres humanos malviven en la más absoluta miseria, no deja de llamar la atención esa suntuosidad insultante de las altas jerarquías de la iglesia católica.

Lo que veo en los entresijos de la trama es la bajeza y el cinismo de algunos personajes y como la Fe puede ocultar una profunda falta de ética y de moralidad, incluso una tremenda maldad…

La ética y la moralidad, cuando hay dinero de por medio, se van al carajo rápidamente. Eso pasa en religión, política, negocios. Quevedo ya nos lo advirtió hace cuatrocientos años.

¿Se habla mucho de la necesidad de una definitiva laicización del Estado y del Espacio Público, pero eso asegura de verdad que grupos de presión y que órdenes religiosas como la que describes en tu novela vayan a perder capacidad de poder político en beneficio de sus intereses económicos?

Acumulamos muchos siglos de poder eclesiástico, eso no se cambia en dos días. Considero a la religión como una opción que cada uno debería tomar de forma totalmente libre, sin condicionantes morales, éticos o sociales. Eso aún no es así, todavía hay muchas barreras por saltar.

Algunos de los comentaristas de tu obra dicen que hay mucha influencia, narrativamente hablando, de Jim Thompson. ¿En qué aspecto?

Thompson es uno de los referentes de la novela negra, tal vez el más grande. De él me gusta su lenguaje sencillo, preciso, desprovisto de florituras innecesarias; el cinismo de sus personajes, su narración en primera persona. La prosa de Thompson, cincuenta años después, suena tan fresca y actual como el primer día. Eso tiene un mérito enorme.

También se dice que tu obra está a medio camino entre lo policial y el negro, pero que no te sitúas exactamente en ninguna de las dos orillas. ¿No te gustan los “purismos”, temes los “etiquetajes” demasiado cerrados?

Lo de las etiquetas me parece bien para saber ante qué tipo de novela podemos encontrarnos. Tal vez, últimamente, se está subetiquetando en demasía, no sé. Creo que podríamos calificar de policiales a mis novelas, en cuanto a que la trama central de la historia es una investigación protagonizada por un sargento de los Mossos d’Esquadra. Pero también pueden considerarse negras si atendemos a la fuerte crítica social que hay en ellas.

¿Estás pensando ya en tu próxima novela, nos puedes adelantar algo?

Sí, creo que todos los que nos dedicamos a esto de la escritura siempre estamos maquinando algo, sino nos moriríamos. En la próxima novela, Tiki tendrá que investigar un caso que tendrá por epicentro una bonita localidad de la Costa Brava. Me apetece sacar a Mercado de Barcelona, de su zona de confort habitual. De la trama, prefiero no avanzar nada todavía.

¿De cuánta duración va a ser la vida de Tiki Mercado, trilogía o serie?

Ni idea. Me es complicado decidir a priori cuánto va a durar Tiki Mercado. Habrá un Tiki 3, pero no sé si una cuarta entrega. Dependerá de si Mercado tiene cosas interesantes por contar. En el momento en que no sea así, se acabará.

¿Seguirás escribiendo novelas negrocriminales cuando esta fiebre que conocemos hoy pase o crees que serás capaz de adaptarte a los nuevos tiempos?

Ahora mismo, no sabría decirte. Yo no escribo novela negro-policial por un tema de modas. Es un género que siempre me ha seducido. Además, creo que tiene por delante un futuro prometedor.

 

 

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LEER A LORENZO SILVA : UNA APROXIMACIÓN SOSEGADA AL GÉNERO “NEGRO”

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                                 Lorenzo Silva ( Madrid, 1966) es un escritor surgido en  el panorama editorial a mediados de los años 90  y  un referente  en el ranking  de la novela best-seller.  Aunque polifacético, Silva es conocido sobre todo como autor de “género negro“, teniendo como iconos de su producción los personajes de  los Guardias Civiles Bevilavacqua y Chamorro, protagonistas de una serie de siete novelas, una de ellas  galardonada con el Premio Nadal ( El alquimista impaciente,2000)  y que Patricia Ferreira llevó a la gran pantalla con Roberto Enriquez  e Ingrid Rubio  como actores protagonistas. Otros directores también han apostado por la versión cinematográfica de la obra de Silva, como es caso  de Manuel Martin Cuenca ( La flaqueza del bolchevique, 1997). Los críticos literarios, en cuanto a ellos, son casi unánimes sobre el hecho de que lo que  caracteriza a este autor  es una prosa muy pulcra y clara.

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                       Al igual que el resto de los escritores de gran público ,Lorenzo Silva no responde a la tradicional figura   “sartriana” del intelectual,(  hoy en vía de extinción en beneficio de los “opinadores” de toda casta),pero  es de cortesía reconocerle una indiscutible compostura como personaje mediático. Articulista, bloguero y comentarista de temas políticos y sociales de actualidad, no parece tampoco haber sido nunca un adicto del exabrupto, artilugio eficaz en un país como el nuestro y en el que es costumbre que la conquista de notoriedad sea tributaria del arte del despropósito. Es de agradecerle a Silva un estilo de vida pública con cierta cordura y ponderación,  que contrasta con la conducta “vedettista” de algunos de esos escritores/as de la novela comercial que llevan cundiendo desde los últimos años : recientemente  hemos vivido un caso de bochorno, demostrando cómo algunos de estos nombres de éxito se muestran  dispuestos a prestarse  a las peores estupideces y frivolidades, en algunos casos concretos intentando compensar su crisis de creatividad y obsesionados por mantenerse en el candelero a cualquier precio.

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                     Casado con la poetisa catalana Noemi Trujillo y siempre a medio camino entre Madrid y Barcelona, Lorenzo Silva se encuentra también entre los novelistas que más están alzando la voz contra las desventuras políticas en los que algunos pretenden que se embarque Cataluña. Aunque no es un estricto polemista sobre la cuestión, se le puede por momentos reprochar algunas valoraciones  poco acertadas sobre la situación de marginación de los escritores castellanoparlantes en la tierra  de Espriu. Aunque  que tampoco deban  descontextualizarse de un ambiente más bien enrarecido en el que la fuerza centrífuga de los extremos se ha visto alimentada por la demagogia a una y otra orilla del río.

          No habiendo visto nunca ninguna de las películas basadas en sus novelas,  debo  reconocer que   me resistí a leer a Silva ,sospechando ( y es obvio que me equivoqué) que me encontraría con la novela negra al uso,con tramas déja vu y esa epopeya del “mundo de hombres” tan propia de los contextos recreados por este género literario Movido por la curiosidad  me decidí a hacerme con  “La marca del meridiano” ( Premio Planeta 2012) y séptima novela de la serie Bevilavacqua y Chamorro. Confieso que  es la primera vez que consigo leer una novela negra de principio a fin, sin quedarme desconcertado, ni hacerme preguntas sobre las oscuras motivaciones del autor, ni arribar  a la conclusión, llegado a las cincuenta páginas, de que he estado despilfarrando el tiempo y torturando mi maltrecha vista. La narración de Bevilavacqua en primera persona del singular me “enganchó”, sobre todo porque considero  que establece complicidad e intimidad entre el personaje y el lector. Percibí de hecho en Silva un cierto estilo “laforetiano”. 

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                          La trama gira en torno a la investigación del asesinato de un veterano Guardia Civil en Logroño y al que encuentran colgado de un puente : un tal subteniente Robles.  Compañero de servicio de Bevilavacqua en otros tiempos, los superiores de éste le asignan la investigación sobre el crimen. Bevilavacqua, Chamorro y un joven Guardia Civil, Arnau, ansioso de salir de la monotonía, se desplazan al lugar del crimen. Las lesiones que presenta el cadáver atestiguan de una particular crueldad por parte de los asesinos, que no sólo desconciertan a Bevilavacqua, pero que además se convierten para él en un asunto personal. Encontrar a los asesinos es un acto de lealtad hacia un antiguo compañero de servicio.   Los preámbulos de la investigación, centrados en las horas anteriores al asesinato de Robles  ( dominado por una serie de llamadas y sospechosas conversaciones por móvil) demuestran la habilidad de Silva para “atrapar” al lector. Acabas no soltando  el libro, ansioso de descubrir qué fatídico periplo derivó de aquellas llamadas para que Robles tuviese semejante fin. Surgen en la trama personajes como  Pedro López, un brigada del Servicio de Asuntos Internos encargado de investigar las malas prácticas de los miembros del Cuerpo y con él, Salazar, un Guardia Civil  implicado en tráfico de drogas en los puertos de Barcelona, así como Nuño, otro Guardia Civil  de asuntos fiscales, con periplo sospechoso y que al igual que Salazar  parece haber estado  en relación con  Robles. Pero la clave de todo parece ser el personaje de Lucimara,  una joven brasileña y amante de Robles por lo visto dedicada  a la prostitución y al corriente de las tramoyas de su mentor. Los altos ingresos y adquisiciones de Robles empiezan a hacer sospechar que en algo turbio estaba metido.  La trama va encauzándose y la cuestión de la corrupción en las Fuerzas de Seguridad del Estado y el ajuste de cuentas en el marco de círculos mafiosos ocupa un lugar central en la investigación sobre el crimen. Droga, prostitución, mafia y Guardia Civil  son los cuatro ángulos alrededor de los que gira la historia.

                               Debo puntualizar que me llevé una agradable sorpresa. No tanto por la trama en si misma, que no abunda en originalidad, sino por el  enfoque que Silva le da al personaje principal de Rubén Bevilavacqua . El inesperado y relativo placer encontrado en la lectura de La marca del meridiano  y la simpatía que por primera vez despertó en mi un héroe de novela negra, me llevó de hecho a hacer mi retrospectiva sobre un género literario hacia el que  siempre había mantenido una actitud intelectualmente hostil.

                         No sé si por atrevida ignorancia o indómita intolerancia y prejuicios ideológicos e intelectuales, conocí un tiempo (el de mi etapa como activista y teórico gay)  en el que llegué a considerar que la “novela negra”  era un género literario retrógrado  por excelencia.  Inmerso como muchos otros de mi generación ( la de los 90) en grandes debates y reflexiones sobre el género y la sexualidad, la masculinidad y la feminidad y todo ese repertorio de problemáticas en las que  invertimos tiempo bajo la influencia de la teoría queer ,el post-estructuralismo y  los Cultural Studies,  la “novela negra”  me merecía en efecto todos los  peores calificativos .

                    Photo d'archives du sociologue français Pierre Bourdieu, décédé à l'âge de 71 ans

                               Pierre Bourdieu              

 Me afinqué en la idea de que no había  género literario que más hubiese transmitido una apología  del orden social establecido como el de la novela negra.Esa visión mía tan contundente bebía de los instrumentos de análisis que nos brindaba la sociología y  filosofía de la cultura que caminaban bajo la esfinge de Pierre Bourdieu y de Jacques Derrida y que ejerció también en la gente de mí generación una gran influencia : sobre todo porque nos aportó  elementos de reflexión  teórica crítica y radical  sobre la producción cultural   y su papel determinante como factor de perpetuación de los imaginarios colectivos,las construcciones sociales de la realidad y las propias y emanentes discriminaciones hacia los grupos más marginales. Si Bourdieu nos recordaba la fuerza casi imbatible de las formas de violencia simbólica inscritas en las estructuras de dominación social y que la propia cultura de masas contribuía a reproducir, la teoría de la desconstrucción de Derrida  nos interpelaba en cambio sobre la función “ideológica” de los lenguajes, de las propias estructuras narrativas y de los sistemas de significación que externalizaba. No hace falta recordar cómo la literatura “popular” ( de la que novela negra es, junto a la novela rosa y la novela de aventuras, el principal  icono) ha contribuido a consolidar el arraigo de los sistemas de representación más cuestionables.

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                                        Jacques Derrida

                     Las corrientes anglosajonas más irreverentes y radicales del movimiento queer de los años 90 , ( en especial en el campo de la teoría fílmica y literaria  y de la propia teoría feminista de la cultura de masas),  formularon de hecho una demoledora crítica  hacia un género literario y cinematográfico que no dejaba de exaltar  los más criticables  valores culturales : la violencia masculina; la condescendencia con los peores prejuicios sociales, clasistas o raciales y por supuesto, con los más ridículos y cosificantes  estereotipos en torno a la identidad de género.   Sin comentarios en cuanto a la representación de las minorías sexuales en la novela negra : siempre reflejadas como seres “risibles” ( en el mejor de los casos) o como individuos patológicos, con instinto criminal y autodestructivos.

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                        Los prejuicios por los que estaban impregnadas los personajes, las tramas y el desarrollo narrativo de la novela negra  no era otra cosa para los teóricos queer de mi generación que un reflejo más de los arbitrarios procesos binarios y dicotómicos sobre lo que se trazaban las fronteras entre lo “bueno” y “lo malo”, “lo normal” y “lo anormal”. El mismo término “los malos” , tan común en la jerga policial y de la propia novela negra , nos parecía ya de por si un juicio de valor connotado desde un punto de vista ideológico. A título de inciso, cabe recordar nuestros juegos de infancia de “ladrones” y “policías” y las disputas sobre quiénes deberían asumir un rol u otro. ¡¡Porque era evidente que los primeros acabarían siendo los “perdedores” condenados a jamás al infierno y los segundos los “grandes héroes”!!

                          A esa novela negra “carca” en la que el “bien” siempre se situaba de lado del “orden”, los teóricos  queer  solíamos  contraponer autores como Jean Genet con su Diario del ladrón  o a Truman Capote con  ” A sangre fría” . En absoluto por la homosexualidad de dichos autores ( nunca creímos demasiado en la idea de eso que de manera amorfa se denominaba  “literatura gay y lesbiana”), sino  porque  nos ofrecían otra visión sobre la delincuencia,  la marginalidad y el crimen.  Nos influyó también Michel Foucault con textos como ” Yo, Pierre Rivière, que degollé a mi madre, mi hermana y hermano”  y que nos aportó perspectivas teóricas sobre los procesos de control social sobre la vida y la muerte a través de las relaciones de parentesco y filiación.Los de formación más sociológica bebimos también del  interaccionismo simbólico con Goffman, Matza o Garfunkel, que nos ayudaron a desglosar la arbitrariedad de la propia noción  de “desviación”.     Aunque con poco anclaje en los circuitos comerciales, no faltaron tampoco en Estados Unidos durante los años 90 obras literarias y cómics de adscripción queer  que tuvieron el enorme mérito de construir anti-héroes con el claro objetivo de poner en ridículo al protagonista de novela negra sobre todo en las representaciones culturales más hegemónicas respecto a la identidad masculina.

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                                                  Jean Genet

                        En España, icono cultural fue también para nosotros el impertinente y entrañable Nazario y su personaje de Anarcoma, un travestí convertido en un híbrido de Lauren Bacall y Humphrey Bogart que se dedicaba a investigar crímenes en la Barcelona canalla de los 70. Nazario recibió la influencia directa  de los cómics  de Tom of Finland, con polis hiperviriles que se follaban entre si y que a su vez marcó una parte de la pornografía gay norteamericana, que también introdujo escenas de sexo que no eran políticamente “neutras” :  los interrogatorios que acababan en orgías entre el comisario, los inspectores y los “malos”.  Muchos pensaron que aquellas escenas de sexo entre miembros de las fuerzas policiales eran un simple “fantasma” del marica ansioso de ser sodomizado por el deseable poli heterosexual, cuando en realidad se trataba de una crítica cultural a las representaciones de la identidad hetero-masculina tan arraigadas en el imaginario de las fuerzas del orden.  Eran desde luego  una representación cómica y algo cutre de ese “homoerotismo” que ha rodeado  el “mundo de hombres” y  que con tanta agudeza teorizó nuestra llorada Eve Kosofsky Sedgwick en su magistral ” Epistomology of closed”.    

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                     Nazario desbarajustó todos los universos simbólicos de los bajos fondos

                           No reniego de ese bagaje intelectual que adquirí como activista y teórico gay, aunque la teoría queer quede ya como una cosa del pasado y no ocupe en mi mente otro estatuto que el del dulce recuerdo de una rebelión política e intelectual de juventud contra los discursos culturales y universos simbólicos cosificantes. En ese sentido, aún recuerdo el contraste entre la simpatía política que le tenía a Vázquez Montalban como articulista  y lo vomitivo que me resultaba el patético personaje de Carvalho.   Supongo que Montalbán participó de la homofobia “progres”( o sea, la que no decía su nombre) y que vio una oportunidad de éxito reproduciendo el delirante mito del “macho ibérico”. Es obvio que Montalbán era un hombre de su tiempo. El hecho de que su personaje fuese encarnado en televisión por un actor homosexual militante como Eusebio Poncela nos sirvió de consuelo.  De haber existido la teoría queer en aquellos años 80 en los que RTVE nos torturaba con aquella serie mala y plomiza, a lo mejor habría visto en el famoso Carvalho interpretado por Poncela una prueba más del lado socialmente construido de las identidades de género y la propia y ridícula teatralidad que define a la virilidad.  

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                                              Eusebio Poncela como Carvalho

                    Como todos los escritores de novela negra, Lorenzo Silva  también impregna sus tramas con ese tradicional tufillo del “mundo del hombres“, pero sin duda bajo una forma más amable y alejada de sus viejas connotaciones ideológicas y culturales.  Más sosegado que en mis tiempos de teórico queer y LGTB  y leyendo hoy La marca del meridiano, dispuesto estoy a  preguntarme  si  la novela negra, que tanta hostilidad me había suscitado, no alberga en realidad   su “cara y cruz”.

                       Mi positiva atención despertó el personaje de Bevilaivacqua, en el que vi  destilarse  su parte más humana : un hombre cincuentón, culto y que lee, dudoso y vacilante, que reconoce sus angustias como hombre divorciado  y pone en cuestión su condición de padre,que se hace preguntas éticas y políticas y se revela  critico frente al desolador panorama social español. Su misma relación con Robles va más allá de la simple camaradería propia del “Cuerpo”: cabe recordar que la camaradería, que es un valor “masculino” por excelencia, no constituye una postura ética en si misma, sino que obedece a procesos simbólicos que solamente configuran mental y actitudinalmente la conciencia de pertenencia grupal. En un momento dado de la novela  Bevilavacqua llora ante el recuerdo de Robles.  Que los sentimientos positivos   entre varones aparezca en una novela negra, sustituyéndose a la rivalidad y el burdo machismo que caracteriza el mundo policial no es un tema baladí. Ya nos recordó en ese sentido Michel Foucault y después de él, Eve Kosovsky Sedgwick,  que la amistad y el afecto entre varones era el más transgresor atentado  a un proceso civilizatorio que había hecho de la violencia entre los hombres el pilar cultural mismo  de la vida colectiva.

                   Le define   también a Bevilavacque su espíritu garantista, celo por  la legalidad, oposición a los abusos de poder y hostilidad a los tiranos. Lo que también es un cambio de rumbo en el universo ideológico de las Fuerzas de Seguridad del Estado.   Pero sobre todo, refleja su propia vulnerabilidad como hombre. Silva relativiza así al típico macho prepotente y autosuficiente tan propio del universo  castrense y que toma la debilidad de carácter  por una “cosa de maricones“. Frente a los clásicos protagonistas de este género literario, que han solido superarse los unos a los otros en un machismo de lo más execrable,  vi en Bevilavacqua  una subjetividad que nunca había percibido hasta ahora en el  héroe de novela negra.

                 Silva da sin embargo una de cal y otra de arena cuando se trata del personaje de Virginia Chamorro, que en cambio me resultó mucho más cuestionable. Desconozco su trayectoria  desde las anteriores seis entregas, pero en este caso concreto no dejé de ver la reproducción de los viejos estereotipos que están en el imaginario misógino : la marimacho “des-erotizada” y ” asexuada” o, en el mejor de los casos, mal “follada” y ninfómanamente en búsqueda de hombre .  Injusto sería amonestar al autor sobre el asunto, escritor progresista, pero sin duda impregnado por esa “magia de lo simbólico” de la que hablaba Bourdieu y que suele  marcar a fuego  los más estúpidas representaciones en nuestro sistema cognitivo.

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                                          Roberto Enriquez e Ingrid Rubio

                          En términos contextuales, la voluntad de “positivizar” una institución como la Benemérita se percibe enseguida también en el autor. Absurdo sería no reconocer un cambio “generacional” dentro de un cuerpo muy connotado desde un punto de vista histórico e ideológico .  No me aventuraría a hacer afirmación alguna sobre las intenciones políticas de Silva con el personaje que está en el origen de su éxito editorial.  Comprometido contra el terrorismo etarra, crítico con el nacionalismo, puede deducirse que a  través de Bevilavacqua ha pretendido responder a los delirantes discursos abertxales sobre las fuerzas “opresoras españolistas“.  De más no está recordar que Silva no es tampoco un anti-militarista y que los temas castrenses se encuentran de hecho presentes en otras novelas como Carta Blanca o libros recientes como Siete ciudades de África. Algo innecesario me pareció en cambio  la introducción del litigio “catalán” en alguna parte de los diálogos  y que parecen responder mucho más a los posiciones políticas del autor que a la realidad de las formas de interacción social en Cataluña.  Flagrantes o sutiles,  sus motivaciones políticas  no deberían dar lugar a más  debates de los necesarios, dado que no se percibe una intención de desatar controversias y sólo tienen un carácter anecdótico en el conjunto de la trama.

                   GuardiaBlogt[1]

               

                             Hechos estos comentarios, dispuesto estoy a reafirmarme en la idea  de que un cambio de tendencia se está produciendo   través de una nueva generación de escritores más cordiales como la que simboliza  el propio Lorenzo Silva y que parece haber aportado nuevos aires en las tramas y estructuras narrativas, revisando ese tradicional tufo culturalmente cavernoso  que ha tenido la novela negra. Es planteada esa hipótesis, plausible, pero no del todo confirmada, que quizá sea bueno conceder el beneficio de la duda a un género que parece querer someter a revisión esa larga historia de  reaccionarismo cultural  que arrastra de él. En esa tesitura, quizá también me toque a partir de ahora hacer   una lectura, en efecto, más sosegada de las obras  inscritas en este género literario.

                                

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