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SUSANA RODRÍGUEZ LEZAUN : ” MIS NOVELAS SON UN ALTAVOZ CONTRA LAS INJUSTICIAS MÁS FLAGRANTES DE LA SOCIEDAD ACTUAL”

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Susana Rodríguez Lezaun ( Pamplona,1967), es uno de los principales valores en el género negro y  una de las musas del grupo  Random House, gracias sobre todo al éxito de sus tres novelas protagonizadas por el personaje del Inspector David Vázquez : “Sin retorno”(2015), “Deudas del frío”(2017) y ahora, “Te veré está noche” (2018); una historia trepidante de violencia y venganza familiar  con la que Susana reconoce haber plasmado lo más profundo de si misma. Ademas de escritora y  periodista de formación y profesión,  a Susana Rodríguez Lezaun le toca en el próximo 2019 tomar el relevo a Carlos Bassas del Rey como comisaria de Pamplona Negra. Dada la proximidad del evento, era ocasión de hablar con ella e indagar en su perfil.

Autora comprometida con los derechos de las mujeres, no parece sin embargo muy devota de los debates teóricos a los que se ha prestado el feminismo académico, ni  de los gestos simbólicos, ni de las comedias de la corrección política, sino que prefiere alzar la voz a favor de políticas y medidas objetivas en la igualdad de género. En lo literario también es una mujer de convicciones firmes. Aunque crítica con la tendencia a que se convierta la literatura en un mero producto comercial para el consumo, no suscribe por igual los diagnósticos apocalípticos sobre el definitivo triunfo de la mediocridad en la oferta editorial. A pesar de que defiende el rigor  en la escritura y aprecia la  “Literatura de expresión”, se le intuye hostil hacia el  elitista aristocratismo intelectual    de la critica y teoría literaria, creyendo más bien  en el criterio y los diversos  gustos de los lectores.

Si algo tengo que resaltar de Susana Rodríguez Lezaun,  es que evita  las exageraciones y  en cambio apuesta  por los matices. Es suma, Susana se caracteriza por su  espíritu ponderado y cordura en el momento de valorar cualquier cuestión. Así queda reflejado a lo largo de nuestra charla.

Dime una cosa Susana, para disipar rumores o confirmar certezas, con “Te veré esta noche” ¿de verdad pones fin al periplo literario del inspector David Vázquez?

Como dicen en mi tierra, ni sí, ni no, sino todo lo contrario. El corazón me pide una nueva historia, incluso me la dicta, pero la cabeza me dice que lo deje tranquilo. No soy muy amiga de las sagas eternas, salvo que te salgan tan bien como a Alicia Giménez Bartlett, Manuel Vázquez Montalbán, Jo Nesbo o Michael Connelly. Lo único cierto es que en ninguno de mis dos próximos proyectos literarios está David Vázquez.

¿ La trilogía es la dosificación justa para no tornase en rehén del personaje creado?

Es posible. Con tres libros puedes narrar una historia en detalle, recreándote en el pasado, el presente y el futuro, y no te arriesgas a “aburrir” al lector. En cualquier caso, creo que es una cuestión de modas. Las trilogías son tendencia.

Algunos comentaristas dicen que detrás de David Vázquez está la sombra de Pepe Carvalho y que de Susana Rodríguez, la del propio Vázquez Montalbán…

Detrás de David Vázquez hay un homenaje nada disimulado a Manuel Vázquez Montalbán, para mí el mejor escritor de novela negra que ha dado este país, pero desde luego, yo no le llego ni a la suela de los zapatos. Tengo mucho que aprender, un camino larguísimo que recorrer, antes de atreverme siquiera a compararme con él.

” En “Te veré esta noche” dejo ver algunos de mis miedos más personales y pesadillas más reiterativas respecto a la pérdida de mis hijos” 

Montalbán plasmó a través de Carvalho su decepción ante la realidad política y social de los 80. A título de confidencia, ¿Susana Rodríguez también está expresando por voz de David Vázquez algunas de las suyas sobre esta época en que vivimos?

Sin duda, y también sin disimulo. He utilizado a mis personajes y las tramas de mis novelas a modo de altavoz para denunciar algunas de las injusticias más flagrantes de la sociedad actual, como el terrorismo machista o la corrupción política y financiera. Además, sobre todo el “Te veré esta noche”, dejo ver algunos de mis miedos más personales. Mi pesadilla más reiterativa cuando mis hijos eran pequeños era que los perdía y no podía encontrarlos. Ese es el germen de la tercera novela. Y puestos a confesar, te diré también que escribí “Sin retorno” con el rostro de Ana Orantes en la mente y que “Deudas del frío” nació de la estupefacción ante el zarpazo que la crisis nos dio a todos, los saltos al vacío de personas que iban a ser desahuciadas y la necesidad de abrir nuevos comedores sociales porque los existentes no daban abasto.

” Detrás de David Vázquez hay un homenaje nada disimulado a Manuel Vázquez Montalbán, para mi el mejor escritor de novela negra que ha dado este país” 

Debe ser complicado crear un personaje sin caer en los estereotipos del “Noir” o practicar la clonación. Te lo digo porque, con esta sobreoferta de detectives y policías y la evidente saturación del género, poco más se puede extraer ya de la cantera…

Hay una cosa en la que mi detective, el inspector Vázquez, es diferente a la mayoría: carece de traumas previos, no ha tenido una infancia terrible, ni nadie ha asesinado a sus padres o a su esposa e hijos. Es un personaje “limpio”, y será la vida, lo que le ocurre ante los ojos del lector, lo que vaya forjando su personalidad. Me la jugué en el primer libro, el lector podía hacerse aburrido con un personaje tan poco “traumatizado”, pero tuve suerte y me han seguido hasta el final.

Aunque hay algunas puntuales escenas estrambóticas y macabras, constato que juegas mucho más con la angustia, el suspense, la duda, la incertidumbre, o sea, con lo emocional, lo cual debe ser más complejo que hacerlo con la siempre facilona y “deja vu” estética de lo sangriento…

Transmitir miedo, angustia, incluso horror, es mucho más complicado que describir una escena sangrienta. Tardé casi un mes en escribir las veinte páginas más angustiosas de mi última novela, y sólo cuando mi agente me reconoció que se había agobiado al leerlas las di por buenas. La angustia duele más que muchas heridas. La incertidumbre, la ignorancia, el no saber qué pasará después del siguiente paso o si abres esa puerta es un juego al que me divierte jugar, pero reconozco que es complicado hacerlo bien.

Dice nuestro buen amigo Juan Ramón Biedma, que los giros narrativos bruscos y el empeño de los autores en darles tumbos a los lectores empiezan a estar un poco “demodé”. Compruebo que en tu novela, aunque hay giros importantes, también eres muy “ligth”, no zarandeas al lector, ni le das sustazos…

Cierto, la historia no da bandazos. Lo que ocurre es que la tensión se mantiene desde el principio. En “Te veré esta noche”, por ejemplo, la historia se articula como una cuenta atrás de diez a cero, cada capítulo es un día completo, veinticuatro horas. Quiero que el lector viva la tensión, y si lo consigo, no es necesario zarandearlo, porque no quiero que cierre el libro, sino que siga conmigo todo el camino.

“La incertidumbre, la ignorancia, el no saber qué pasará después del siguiente paso o si abres esa puerta es un juego al que me divierte jugar.”

Volviendo a los personajes, hay uno de ellos que a mí me ha resultado muy magnético: Irene Ochoa. Sin querer ser indiscreto, Susana, pero ¿a ti también te ha ocurrido eso de verte sembrada por la duda respecto a personas en las que depositabas una confianza ciega?

¿A quién no le ha salido rana una persona, un amigo o amiga en el que confiaba ciegamente? A mí me han defraudado en un par de ocasiones, y aunque siempre dices que es la última vez, tengo la costumbre de seguir confiando en mis semejantes, así que el día menos pensado me la volverán a dar.

Sin hacer spoiler, Irene tiene que cambiar su identidad obligada por las circunstancias, pero perseguida y torturada por la sombra del pasado. Dime una cosa, ¿qué es lo que más nos marca de los tiempos pretéritos, los acontecimientos vividos o los seres que formaron parte de él?

Ambas cosas, cada una de una forma. Además, en los acontecimientos vividos siempre hay seres que te acompañan. A mí me gusta la gente, conocer personas, charlar, interactuar y comunicarme, así que mi vida está más llena de seres que de acontecimientos. Cada persona que ha pasado por mi vida me ha aportado algo, no siempre positivo, que conste, pero de todo se aprende. En cuanto a los acontecimientos, no soy partidaria de vivir de recuerdos, creo que hay que llevar un equipaje ligero y mirar siempre hacia adelante. El pasado, si no sirve para aprender, no vale para nada.

Uno de tus personajes vive dominado por una inquietud intelectual hasta el punto de caer en la locura. Para aquellos que apreciamos la erudición y el mundo del saber, ¿dónde está la frontera entre la pasión y la obsesión?

Una pasión es algo que te llena, que te hace feliz. Yo adoro los libros, leer, conocer y descubrir autores de todas las épocas y estilos. Es algo que me satisface. Una pasión. La obsesión te enloquece, te roba la cordura y deja de ser grato. No es bueno obsesionarse con nada, ni con la cultura, ni con la salud, ni con la educación…

“No soy partidaria de vivir de recuerdos, creo que hay que llevar un equipaje ligero y mirar siempre hacia adelante. El pasado, si no sirve para aprender, no vale para nada.”

 

Veo que en “ Te veré esta noche” también juegas con las máscaras, sobre todo las masculinas. Hay personajes aparentemente áridos, viriles, muy metidos en sus roles tradicionales de hombres, pero que en realidad resultan más sensibles y vulnerables de lo que aparentan, como es el caso de David Vázquez. En cambio, hay otros personajes varones “sin brío”, apocados, planos, pero que sin embargo parecen sacar lo peor de ellos…

Huyo de los estereotipos, siempre lo he hecho, y creo que eso se refleja en mi forma de escribir y describir. Los hombres no son “hombres” ni las mujeres son “mujeres”, todos son personas que se comportan en función de sus relaciones, sus sentimientos y las circunstancias, independientemente de que sean hombres o mujeres y de lo que se espere de ellos.

¿Lo más peligroso que hay es precisamente un hombre con la virilidad herida?

Espero que no, porque entonces vamos apañados. La virilidad, tal como se entendía hasta ahora, tiene los días contados (por suerte). Lo peligroso son las personas heridas, menospreciadas, humilladas repetidamente y que, de pronto, encuentran en el fuego de la venganza la fuerza necesaria para seguir adelante. El problema es que ese fuego quema todo lo que les rodea, incluidos a sus seres queridos.

“La violencia de género se aborda casi con resignación, pero nadie exige medidas concretas para intentar erradicar lo que ya es una forma de terrorismo.”

 

Dime una cosa, Susana, tú que estás vinculada al mundo de la prensa, ¿cómo valorarías el tratamiento que hacen los medios de comunicación de algunos temas que aborda precisamente tu novela, como la violencia de género y la violencia contra los menores?

Entre mal y muy mal. La violencia de género se aborda casi con resignación, pero nadie exige medidas concretas para intentar erradicar lo que ya es una forma de terrorismo. Se cancela el presupuesto para combatirlo y los medios apenas dicen nada. El peinado de Cristiano Ronaldo ocupa más espacio que las mujeres asesinadas. Eso, por no hablar de los titulares que suelen utilizarse en estos casos, tan políticamente correctos, como si no quisieran ofender a nadie. Como ves, es un tema que me enciende…

No sé cuál es tu compromiso respecto a estos temas, pero por retomar una cuestión recurrente de la teoría y crítica literaria vinculada precisamente al “feminismo de la diferencia”, sí me gustaría preguntarte si piensas que hay una escritura “femenina” y por extensión, una manera de entender el género negro criminal que se distingue de la de los varones.

El absoluto, para nada. No es que los hombres y las mujeres escriban igual o diferente, es que cada persona tiene su propio estilo, independientemente de su género. Hay hombres que eligen personajes femeninos como protagonistas y viceversa; mujeres que describen con crudeza escenas de sexo y violencia, y hombres que se recrean en los sentimientos. Si eliges una serie de textos de novela negra, eliminas el título y el nombre del autor y le pides a un lector que diga si lo ha escrito un hombre o una mujer, estoy convencida que no lo sabrá a ciencia cierta, y que si atina, seguro que lo hace al tuntún.

” El lenguaje inclusivo” puede no ayudar a visibilizar la presencia femenina en la sociedad y provocar cierto rechazo y mucha sorna.” 

Déjame ser un poco provocador, Susana : “El inspector y la inspectora acudieron a la escena del crimen”. ¿Vulneración de la economía del lenguaje, despropósito lingüístico, visibilidad de género, con qué te quedas?

Todo el que me conoce sabe que soy una defensora a ultranza de los derechos de las mujeres. Sin embargo, creo que utilizar un duplicado de los sustantivos, en masculino y femenino, puede tener el efecto contrario en el lector, y en lugar de ayudar a visibilizar la presencia femenina en la sociedad puede provocar cierto rechazo y mucha sorna. Yo no uso el lenguaje de género en mis novelas. Creo que la visibilidad tiene que darse de otra forma, con mujeres en los puestos de poder, en las empresas, en profesiones hasta ahora “masculinas”, y, por supuesto, con hombres en los patios de los colegios, como cuidadores de ancianos o niños, limpiando edificios o bares… No creo que la igualdad sea una cuestión lingüística, al menos no en este momento.

Hasta ahora hemos hablado de tu faceta como autora, pero también tienes otra por la que eres conocida en el mundillo “Noir” y es la de editing. Pero aclárame una cosa, ¿cuál es exactamente el perfil profesional de esta figura y en qué consiste su contribución al producto final que encontramos en las librerías ?

Lo que las editoriales buscan sobre todo son personas con formación en Humanidades, una buena cultura general y lectores empedernidos. Con esa base, mi trabajo consiste en intentar mejorar el texto en lo posible, respetando siempre al máximo la intención del autor. Busco reiteraciones, contradicciones, desconexiones en la historia… Y por supuesto, faltas de ortografía, discordancias verbales y cualquier otro atentado contra la lengua. Creo que la labor del corrector y editor es muy importante, pero nunca debe notarse. Limar errores no es corregir el estilo del autor.

Dicen que la impaciencia es el demonio al que debemos impedir que nos susurre al oído. ¿Ese dominio lo encuentras a menudo en los manuscritos que te entregan?

Claro que tengo que corregir textos que no son de mi agrado como lectora, libros que quizá nunca estarían en mi biblioteca, pero tienen su público y los respeto, así que, aunque pueda resultarme poco interesante, siempre pongo el cien por cien de mi atención en cada palabra.

“Vivimos en una sociedad de consumo en la que la gente busca productos que no le cueste digerir, y me me temo que la literatura se está plegando a esos gustos”

Supongo que los autores que os dedicáis a estos menesteres sois sujetos con “información privilegiada” sobre lo que planea editorial y comercialmente en “L’air du temps”, a diferencia de otros, que vamos dando palos de ciego

Yo leo libros que tardarán unos seis meses en publicarse. Me siento muy orgullosa cuando entro en una librería y digo “ese lo he corregido yo, y ese, y aquel”. Pero tengo un contrato de confidencialidad que cumplo a rajatabla. Y hasta aquí puedo leer.

Me comentaba una amiga, autora vinculada precisamente a Random House, que era muy posible que a los “grandes” de la literatura española, estilo Galdós o Azorín, hoy nadie les publicaría, sobre todo a la vista de una masa de lectores adictos al lenguaje simple y las tramas facilonas…

Quizá tanto como no publicarles, no, pero que tendrían un público más reducido que otros autores con mucha peor prosa, eso seguro. Vivimos en una sociedad de consumo en la que prima la rapidez. La gente busca productos que no le cueste digerir, y me temo que la literatura se está plegando a esos gustos. Sin embargo, siempre quedamos algunas rara avis que disfrutamos con libros de narrativa pausada.

Todos comentan que ya no hay editores de raza y agentes literarios con verdadera vocación, sino meros hombres de negocios y “managers” de vedettes mediáticas…

No estoy de acuerdo en absoluto. Yo tengo una agente literaria, Sandra Bruna, que mima a todos y cada uno de sus representados, que se preocupa por buscar la mejor editorial para el manuscrito que le envían y que pelea por el mejor contrato. Y en cuanto al editor, jamás pensé que pudiera aprender tanto como lo hice con la primera editora que tuve en Random. Fue como hacer un curso acelerado de creación literaria. Creo que el salto es evidente entre mis dos primeras novelas, e incluso en la tercera. Es una editora fantástica, igual que mi segundo editor, preocupado por los detalles y por lograr el mejor resultado posible.

“Si vuelve la novela histórica, bienvenida sea. Si está bien escrita, a mí me encanta.”

Algunas dicen que lo importante es que la gente lea, aunque sean bodrios. Pero ¿no sería bueno que además de fomentar el hábito de lectura, también educásemos en el gusto estético y literario?

¿En el gusto estético y literario de quién? ¿En el tuyo? ¿En el mío? A mí no me gusta el género de terror, por ejemplo, o el romántico, pero no me parece mal que la gente lo lea. Piensa en Stephen King y en Danielle Steele. Son superventas, tienen millones de lectores. ¿Dan Brown es un bodrio? ¿E.L. James es un bodrio? ¿En opinión de quién? Que a mí no me guste no lo convierte en un mal libro. Cada lector debe encontrar su libro, su género, su autor… y disfrutar, perderse en la historia, en la trama o en las palabras. Lo demás es pura demagogia y ganas de fastidiar. Y un poco de envidia…

“Carlos Bassas del Rey dejó el listón muy alto, ha dirigido cuatro ediciones fantásticas que han colocado Pamplona Negra a la altura de los mejores festivales nacionales” 

¿Los grandes premios comerciales determinan las tendencias? Te hago el comentario porque se rumorea que el Premio Planeta a Santiago Posteguillo presagia un retorno comercial de la novela histórica en detrimento del género negro.

No tengo datos para decirte que sí ni que no, pero no me extrañaría. Si lo piensas, en los recientes premios Planeta que tú has citado han predominado los autores de novela negra, como Lorenzo Silva o Alicia Giménez. Si vuelve la novela histórica, bienvenida sea. Si está bien escrita, a mí me encanta.

Ya para ir acabando, se avecina “Pamplona Negra” y a ti, cogerle la antorcha a Carlos Bassas del Rey. ¿ Nerviosa?

Mucho. Mentiría si dijera lo contrario. Carlos dejó el listón muy alto, ha dirigido cuatro ediciones fantásticas que han colocado Pamplona Negra a la altura de los mejores festivales nacionales. Lo único que puedo decir de momento en mi favor es que, al menos, tengo las mismas ganas y la misma ilusión que él, y que me estoy dejando la piel para dar al público el festival que se merece.

Me comentaba Carlos que él siempre se había esforzado en que el festival no fuese una cosa personalista y no quedase vinculada a su nombre. Seguro que eres del mismo espíritu, pero alguna huella particular supongo que querrás acuñar con este nuevo comisariado.

No es que yo quiera hacerlo, pero creo que es inevitable. Supongo que, aunque siga su estela, los festivales que ha dirigido Carlos serán de alguna manera diferentes a los que yo dirija. Desde luego, dije desde el principio que yo llego aquí con fecha de caducidad y que mi única intención es hacer un buen festival, el mejor que sea posible. La huella serán los comentarios del público al finalizar cada edición.

Aunque imagino que no me dirás nada sobre lo que se cocina en Pamplona para 2019, supongo que algún aroma querrás hacernos llegar, así como para abrir el apetito…

Tienes razón, ¡no voy a decirte nada! Falta muy poco para desvelar el programa, así que la espera va a ser muy breve… Y sí, hay alguna que otra sorpresa.

Ahora, ¿te vas a ver desgarrada entre la escritura y el festival o vas a conseguir ser la amante de ambos, sin provocar los celos de ninguno de los dos?

Espero ser capaz de convertirme en una mujer multifunción. No concibo la vida sin escribir, y el festival es una continua inyección de adrenalina, y ya sabes que dicen que la adrenalina es adictiva… Escribo menos que antes, pero lo que me roba el tiempo me satisface tanto que no me quejo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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GÉNERO NEGRO : ¿DE LA “IDEOLOGÍA” A LA “RENOVACIÓN”?

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El género negro y policial sigue liderando el actual panorama literario y  el mercado editorial de habla hispana. Los dos más importantes premios literarios de carácter comercial han galardonado dos autores inscritos en esa tradición, como es el caso de Jorge Zepoda Patterson con ” Milena o el fémur más bello del mundo” (Premio Planeta 2015)   y José C.Valés con “Cabaret Biarritz ” (Premio Nadal 2014). El director cinematográfico Alberto Rodríguez con su film,  La Isla Mínima, se perfila también como el gran triunfador de los Premios Goya de este año.

Los certámenes sobre novela negra también  brindan la impresión de estar consolidándose con cierto apoyo institucional y éxito de convocatoria y de los que  son un ejemplo ” Pamplona negra” o” Aragón negro” que acaban de celebrarse.  A lo  que hay que sumar  BCN negre que se está desarrollando en estos días y celebra su décimo aniversario de existencia, bajo el comisariado de Paco Camarasa, pedestal de la famosa librería  barcelonesa Negra y Criminal. Un festival que ha contado con la presencia de figuras internacionales del género negro como es el caso de Anne Perry.  “Getafe negro” también ha ido consolidándose, convirtiéndose durante su último encuentro en un espacio de interesantes coloquios y debates sobre la evolución del género negro y policial en España, expresándose allí  la voluntad de realizar  propuestas alternativas frente a la hegemónica tradición anglosajona. También hay que señalar el recién nacido certamen Santa Cruz Noir por iniciativa del escritor Javier Hernández Velázquez ( Premio Wilkie Collins de Novela Negra 2014) . Los festivales de Gijón y Salamanca dejan anualmente también su huella.

                            imagesVLTDO3N0                                        Paco Camarasa                                                                                  

En estos momentos se puede mencionar a una serie de  escritores que lideran dicho boom de la novela negra y policial como es el caso de Lorenzo Silva, Jerónimo Tristante, Andreu Martin,  Víctor del Árbol, Cesar Pérez Gellida,  Dolores Redondo, Carlos Zenón,  Esteban Navarro, Carlos Quilez ,Toni Hill o Vicente Garrido por mencionar a los hoy más en vogue y que parecen estar seguidos por autores más jóvenes que empiezan a consolidarse  como  Juan Ramón  BiedmaLeo Coyote, Claudio Cerdán, Rafa Melero, Pere Cervantes, Jordi Llobregat,  Alexis Ravelo Nieves Abarca, Josep Camps, Oscar Bibrián o Santiago Alvárez . Bien que  menos inscrita, no pueden olvidarse a escritoras transgresoras como Marta Sanz o Alicia Gimenez Bartell ( Premi Pepe Carvalho 2015). Injusto sería no hacer mención  de escritores de “por libre”  , desvinculados de las “peñas” de autores de género negro y policial y ninguneado por éstas,  como es el caso de Fidel Vilanova, un autor que ha sabido ilustrar el ambiente de corrupción y crimen organizado en el mundo marbellí, También hay que señalar a autores  jóvenes de reciente aparición en el panorama literario como los gallegos Alexander Weinberg  o Lucas Barrera . La lista de escritores noveles ha ido creciendo y entre los más recientes habría que señalar a  Daniel Santino,  (Premio Internacional de Novela Negra L’H Confidencial 2014).

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                                                                Lorenzo Silva

En Cataluña  también está proliferando la novela negra en lengua catalana y en línea con la labor pionera de escritores como Manuel de Pedrolo, sobre todo con autores como  Ana María Villalonga, Lluís Fort o Marc Moreno  y cuyos esfuerzos parecen ir dirección en de una novela negra con tramas de contexto “autóctono”.  Tampoco puede olvidarse a escritores locales como Nacho Cabana.  La tendencia  se erige también en una buena noticia para los sellos independientes especializados , que parecen encontrar un mercado que les permite mantenerse a flote en un clima de crisis económica que ha golpeado con toda su fuerza tanto al mundo editorial como librero.

Sin embargo y a pesar  de la buena salud de la que goza, la cuestión está  en  meditar sobre  el fenómeno  de este género   literario más allá de las meras coordenadas comerciales que han incentivado su actual auge.Interesa saber cuál es exactamente su lugar en la historia cultural  y el significado que ha tenido y tiene hoy. Su actual popularidad contrasta en efecto con el recelo y la hostilidad que en otros tiempos cosechó en los medios intelectuales más politizados y adscritos a los grandes relatos y entre el mundo universitario y de la alta cultura en general. Habría que indagar a ese respecto los motivos de su cambio de rumbo y que no puede limitarse a la simple y fácil  hipótesis del  triunfo de la literatura comercial frente a la literatura “culta”.

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La producción cultural en general y la creación literaria en particular  nunca pueden ser entendidas en su intención  si  son objeto de descontextualización histórica y se les aísla  de los procesos civilizatorios, las  configuraciones simbólicas y  la constitución de las realidades sociales. Problemáticas que han sido sobre todo preocupación y ámbito académico de las ciencias sociales, en especial de la historia y  sociología de la cultura y con cuestiones centrales como las relaciones entre textualidad y contextualidad y los mecanismos de externalización institucional de la realidad social.  A ese respecto resultaría arduo comprender el origen  de la  novela negra y  policiaca sin tener previa cuenta de factores y variables  históricas como el monopolio de la violencia por parte del Estado, la protección jurídica de la propiedad,    la formación del derecho penal y el establecimiento de las dicotomías morales, el surgimiento de las ciencias criminológicas y forenses modernas o el papel patologizador de la psiquiatría y que en este caso contribuyó a codificar   los desarreglos mentales o las conductas asociales.   La estructuración de las instituciones totales de carácter panóptico,  el establecimiento normativo e institucional  de las reglas  de la vida colectiva  y   la propia  construcción social de la desviación terminaron de circunscribir y concretar el mundo del “orden”. La novela negra y el personaje policial no solo son uno de los  símbolos de la construcción del héroe en la tradición literaria,  sino también un reflejo de la configuración imaginaria y ficcional   de una  sociedad moderna basada en la estabilidad e inquebrantabilidad de las normas de la vida colectiva. Las representaciones dicotómicas entre el “bien” y el “mal” que dominaron por tradición en el género negro reflejarón en gran medida los sistemas de integración y exclusión que definían a las propias sociedades contemporáneas.

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Bien que su origen se encuentra en la segunda mitad del siglo XIX, determinados valores culturales  y  realidades históricas condicionaron y contribuyeron también al  arraigo del género negro como literatura “popular” en el siglo XX. El ejemplo más elocuente es el norteamericano. Acaso habría que recordar que  su gloria  en la América de los años 40  es indisociable de la definitiva articulación del crimen organizado en los Estados Unidos en el periodo de Entreguerras.  También de las propias  particularidades de  una sociedad  donde  los mecanismos de interacción inter-colectivos o inter-individuales  han estado regulados, por un lado  a través de la violencia y  por   el otro ,  mediante el culto al enriquecimiento, en este caso sintetizado en el famoso “Sueño americano“.

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La sociedad norteamericana consiguió convivir con el crimen organizado en la medida que éste  parecía encarnar una voluntad de integración por vías subterráneas.  Una tesis debatida y cuestionada, pero no por ella huérfana de sentido empírico. El ornamento de lujo, dinero y poder que circunscribió la novela negra y al que el cine norteamericano otorgó su propia magia, confirmaba cómo en el fondo este género literario y cinematográfico no dejaban de exaltar los propios valores sociales y culturales del público. El   fenómeno mismo del mítico  Al Capone  fue el reflejo de las mismas aspiraciones de ascenso social  de los muchachos de las clases populares procedentes de la inmigración italiana, sobre todo en una sociedad donde las posibilidades de triunfo se erigían  mucho más como un dispositivo ideológico que como una realidad tangible.    En el propio ámbito  de la  literatura negra europea, en especial la inglesa, los diversos autores   reflejaron e hicieron apología  de los  valores de una sociedad británica basada en los peores prejuicios y las más profundas diferencias sociales.En el lado continental escritores como  Simenon y su famoso Inspector Maigret  encarnaron  los ideales chauvinistas y nacionalistas de la propia sociedad francesa.   Se mire desde la perspectiva del universo policial, (garante del orden), como desde el criminal (reflejo de las aspiraciones de riqueza y poder), el  género negro más clásico no puede dejarse de considerar profundamente conservador y condescendiente con el status quo. De ahí la singularidad de figuras como Dashiel Hammett o Raymond Chandler, novelistas de estilo impresionista, conocidos por su izquierdismo y aguda crítica contra las miserias morales de la sociedad norteamericana y que se alzaron como transgresores, pero también como  excepciones que no dejaban de confirmar la regla del conformismo que dominaba  al género negro en general.

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Raymond Chandler

Desde otro ángulo, el género negro y policial fue denostado por las vanguardias  y la teoría literaria “académica” y  esto por su supuesta condición de “baja literatura” inserta en la cultura del medio pelo. Desde los años 70 en adelante  ese elitismo no dejó de ser  puesto  en jaque y se revelaba evidente que no podía constituir la problemática central en el momento de analizar un fenómeno social de semejante envergadura. En efecto, no eran pocas las voces críticas que apuntaron a que el menester no era  debatir sobre las fronteras entre  “alta” y “baja” literatura, discusión por otra parte estrictamente académica y poca conectada con la realidad. De hecho, la mirada despectiva que las vanguardias lanzaban sobre un género literario destinado a las “masas” fue objeto de  denostación desde  la sociología de la cultura y  las teorías de la reproducción vinculadas a la sociología de la educación. Frente a los prejuicios, de origen radical o aristocrático, contra la cultura y la literatura de masas, resultaba más pertinente recordar la incidencia de los factores estructurales y  las profundas desigualdades sociales  en el acceso a los bienes  culturales. Este tema fue de hecho objeto de debates y discusión entre los historiadores y sociólogos de la cultura en numerosos seminarios, simposios y foros en el contexto  universitario norteamericano de los 80 y 90 y donde se planteó la cuestión del consumo cultural de las clases populares. Encuentros en los que, además del género negro, se abarcaron otras cuestiones colaterales, como por ejemplo, la novela rosa y su significado en el universo de las mujeres pobres sometidas a frustrantes situaciones económicas, sociales, personales y emocionales.   Respecto a esto, hay que apuntar que, partiendo de los propios  paradigmas de  la  sociología de la cultura de inspiración marxista   y  en los últimos años,  de la perspectiva  de los  “radicales” e innovadores  Cultural Studies, el enfoque crítico sobre el género negro buscó alternativas analíticas  a las puras consideraciones estéticas de la crítica y teoría  literaria o la denuncia más o menos ritual contra la “sociedad masa” emanada de las teorías de la cosificación.   Por ejemplo, el análisis de  los aspectos ideológicos, sociales, simbólicos y culturales que dominaban  en las estructuras narrativas de las tramas adquirió un particular interés.

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No está de más recordar que el héroe de novela negra y policiaca ha sido generalmente el punto referencial de los varones de las clases populares,  encontrando en la figura del policía  o del mismo delincuente su propia ideal de masculinidad y virilidad y tendente reproducirse en la realidad a través de la figura del “chico de barrio “o del “matón.” El reto  tanto para la sociología de la cultura, como para los Cultural Studies , la sociología del género de inspiración constructivista  o la teoría feminista de la cultura de masas, fue en su momento encontrar formas interdisciplinarias de reflexión sobre un género literario que, al mismo tiempo que había democratizado el acceso a los bienes culturales y más en concreto, al mundo de los libros, conservaba mucho de su lado  alienante en  los sistemas de  transmisión de valores. En general autoritarios, racistas, clasistas, machistas, misóginos y homofóbos. Por circunscribirnos al estricto ámbito  español, cabría recordar que toda la producción literaria  negra y policiaca en nuestro país ha vehiculado ella misma esos valores, antes, durante y después del franquismo.

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Marta Sanz

Es en ese sentido que quizás pueda explicarse la actual popularidad de un género negro y policial español que parece haber ido limando los aspectos más casposos y reaccionarios.  En los últimos años han surgido escritores de gran proyección a los que ha caracterizado un esfuerzo por revisar las configuraciones simbólicas de las tramas, introduciendo personajes con  más perfil  ético y  percepción crítica de la realidad social, política y civilizatoria y en los que  no han faltado la denuncia de la corrupción, el abuso, la crueldad, los prejuicios o la maldad y las  miserias de la condición  humana. Un ejemplo es el del propio Lorenzo Silva, nuevo gúru de la novela policiaca en España  y que a través del singular personaje del Brigada de la Guardia Civil, Rubén Bevilavaquia, ha sabido otorgarle dimensión humana e incluso un cierto tufo “progresista” a un Cuerpo muy connotado ideológicamente y con un bien conocido y tenebroso pasado político. Sin olvidar la aportación de escritoras como Marta Sanz, que rompieron esquemas con el personaje de Zarko, un detective abiertamente homosexual. Algo impensable a la vista del machismo exacerbado que ha caracterizado al género negro y policial. No puede olvidarse de mencionar la singularidad de la obra de Víctor del Árbol, principal embajador en el extranjero  del género negro español, cuya  producción  literaria interpela hoy sobre el ejercicio del poder absoluto y sin matices,el engaño y las mentiras que rodean a los mitos y a los héroes, pero también sobre las angustias y los sufrimientos de los más  débiles. El surgimiento de personajes policiales mucho más vulnerables y alejados de las delirantes e hiperbólicas representaciones  de la masculinidad, la creación de anti-héroes que desvelan la subjetividad de los perdedores, la crítica hacia el mundo del dinero  o la representación del crimen y de la  delincuencia en sus matices y más allá de fáciles preceptos morales o premisas patologizantes, son muchos de los elementos que ilustran un cambio en las estructuras narrativas del género negro y que hasta la fecha habían funcionado como simples dispositivos ideológicos e instrumentos de socialización en unos determinados y muy cuestionables valores culturales.

imagesGZL3NFJM                                                                                  Víctor del Árbol

Los recientes y mencionados certámenes de novela negra y policial  han  sabido dar testimonio de estos cambios.  La cuestión está en saber si ese esfuerzo  por parte de esta  nueva generación de escritores  que han desempolvado al género negro y policial de sus peores connotaciones  , va a poder mantenerse en el tiempo y no convertirse en algo anecdótico.  En efecto, es de esperar que los modismos  que están empezando peligrosamente a circunscribir  a este género literario y las implacables reglas del mercado  no acaben dando al traste con esta  interesante renovación política e intelectual.                                     

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