JOSÉ LUIS CABALLERO : “ME SIENTO IGUAL DE CÓMODO CON LA NOVELA NEGRA QUE CON LA DE ESPIONAJE”

Caballero 3

José  Luis Caballero

Conocí a Josë Luis Caballero en Cornellá Negra el pasado mes de marzo, donde fui a escuchar la mesa redonda sobre novela de espionaje en la que debatió con Pere Cardona y Fernando Martínez  Laínez, bajo la moderación de Charo González Herrera. Claro está, no podía otra cosa que proponerle participar en la sección de “Literatura y Memoria Histórica” de este modesto sitio. Debo reconocer que me pareció un lujo que aceptase, dado que está considerados como uno de los mejores especialistas de espionaje en nuestro país. Aunque José Luis Caballero es sobre todo un estudioso de la Segunda Guerra Mundial, también es un hombre muy informado sobre el mundo del espionaje durante la guerra civil española.

Periodista de profesión  especializado en política internacional y espionaje, José Luis Cabellero  fue un convencido militante antifranquista que  colaboró en medios que marcaron la historia política y social  de España como el legendario El Correo catalán.   También fue colaborador de  publicaciones hoy igualmente desaparecidas como   Mundo Diario, una tribuna de referente durante el tardofranquismo y los primeros años de la Transición. Sin embargo, José Luis Caballero se considera fundamentalmente  novelista . Entre sus obras hay que mencionar “”Como lágrimas en la lluvia” ( Mercurio,1995); “Las cartas de Antioquía” (Meteora, 2006); “El espía imperfecto” (Roca Editorial, 2009);“La ruta de los contrabandistas” (Planeta,2009) , “El proyecto Alpha” (Planeta, 2011) y “La ciudad silenciosa”(Minotauro, 2013)

A lo largo de esta entrada charlamos sobre la figura del espía, su personalidad y algunos de sus más ilustres representantes, pero también sobre historia,  política internacional, literatura y novela de espionaje.

Comentas que leíste tu primera novela de espionaje cuando tenías trece años. Du¿ El espía era para ti la representación por excelencia del héroe?

En algún momento sí, se convirtió en mi héroe aunque también compartía mis lecturas con los pistoleros del oeste, los aventureros de Julio Verne o las historias del TBO.

Debo dar por sentado que fuiste un fans de las novelitas de González Ledesma…

Por supuesto, a González Ledesma le conocí personalmente y trabajé con él en la revista Vivir en Barcelona donde publicaba sus relatos sobre el inspector Méndez.

La figura del espía es consustancial a la articulación histórica de los territorios y culturas en comunidades geopolítica y geo-estratégicamente bien delimitadas.  Me gustaría preguntarte, tú que eres especialista sobre la Segunda Guerra Mundial, si con el fenómeno de los totalitarismos la figura del espía no encontró unas características más particulares y singulares, inéditas…

El trabajo del espía es obtener información y eso no ha cambiado desde la época de las cavernas. Cambian los modos, la tecnología y los países, pero no el trabajo de obtención de información. La guerra fría es cierto que trajo un auge del trabajo del agente secreto pero básicamente por ese calificativo de “fría”. El campo de batalla “caliente” que se había desarrollado en las guerras mundiales cambió y se convirtió en otra cosa diferente, igual que ahora el trabajo de espionaje ha saltado a las redes sociales y a los ordenadores. Es el mundo el que cambia, no el trabajo del espía.

Si hubo una figura emblemática en el mundo del espionaje, esa fue Kim Philby, que inspiró a muchos de los grandes autores de novela de espionaje. Pero me pregunto que hay de mito y realidad en torno a él, incluso que hubo de leyenda.

Sí, Philby fue un gran profesional, para los británicos un traidor, para los soviéticos un agente de primera fila. ¿Algo de leyenda? Siempre la hay pero más bien por la utilización novelesca que se hace luego del personaje, pero personaje entendido como estereotipo, no exactamente Philby, sino el espía doble que Le Carré plasmó magistralmente en“Un espía perfecto” o en “El topo”.

“Kim Philby y los del Círculo de Cambridge  fueron reclutados entre las clases altas, pero también hubo espías de élite miembros de la clase obrera” 

¿Philby es el más celebre, pero a qué otras figuras aludirías y que son quizás menos conocidas para las personas más novatas en este mundo del género de espionaje?

Sí, claro. Hay espías de primera fila, durante la guerra como Sorge, Chapman,Walter Schellenberg o Takeo Yoshikawa. En la postguerra, Markus Wolf, Eli Cohen o Stella Rimington. Incluso en el grupo de Cambridge no hay que olvidar a Anthony Blunt.

Comentaba Enrique Bocanegra en su biografía precisamente sobre Philby , “ Un espía en la trinchera”, que los espías siempre eran reclutados entre las élites sociales, porque eran los que mejor se movían en los círculos de poder, mientras las clases populares eran sobre todo utilizadas para la agitación…

Cuando se recluta a un posible agente secreto se recluta lo mejor, ¡cómo no! Los números uno de las mejores universidades. Eso lo hicieron siempre magistralmente los británicos, pero también se ha extendido a todos los servicios de inteligencia. ¿Y quién se puede pagar una universidad de élite o una vuelta al mundo aprendiendo idiomas y culturas? Otra cosa es el agente de operaciones especiales, donde lo que se necesita es entrenamiento y motivación. Para infiltrarse en un país enemigo, o adversario, hacen falta determinadas aptitudes, para realizar una operación encubierta otras, y también para analizar textos y redactar informes. El círculo de Cambridge, obviamente, fue reclutado en una universidad de élite entre las clases altas, pero Cicerón o Chapman eran miembros de la clase obrera y sin embargo espías de élite.

“Matahari se hizo famosa porque era bailarina, pero su labor de espionaje fue más bien pobre.  Hubo otras grandes mujeres  que fueron auténticas agentes”

Sin embargo, si  hay algo fascinante es que el comunismo ejerciese semejante magnetismo entre los hijos de las siempre tan conservadoras élites británicas…

No sé si fascinante es la palabra, me parece curioso desde luego, pero no menos curioso que trabajadores, asalariados en general se afilien o voten a un partido de derechas.

¿ Cuál es el verdadero rasgo del reclutador?

La empatía en muchos casos. Pero no siempre. También tiene que tener una gran psicología y un conocimiento profundo de la persona con la que está tratando. En ese sentido es magistral por ejemplo el soviético Yuri Modin, reclutador del grupo de Cambridge.

Y qué me dices de los grandes disidentes, como fue el caso del emblemático Arthur Koestler. Entró  entusiasmado en España durante la guerra civil como espía de la NKVD y acabada la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en un campeón del antisovietismo. Me pregunto en qué fallaron con él… 

El caso de Koestler es muy complicado tal y como era él mismo. Su sionismo militante se impuso a su fe comunista y seguramente el estalinismo tuvo que ver con su desilusión, pero tampoco puedo pretender conocer a fondo la evolución o las motivaciones de un personaje de esa talla. Te puedo decir que he conocido personas mucho más cercanas que entraron en la lucha política con el Partido Comunista porque era el único que luchaba contra la dictadura franquista y luego, con la democracia, se recolocaron en opciones políticas más acordes con su modo de pensar.

” Queda mucho por decir sobre la llamada Quinta Columna” y los agentes secretos y saboteadores que actuaron en favor de los rebeldes en zona republicana”  

Doy por hecho que hay una diferencia sustancial entre el espía en el sentido estricto y el informador. Te lo pregunto porque, por ejemplo, se decía de Josep Pla y Francesc Cambó que eran “espías” de Franco durante la guerra civil y yo me pregunto si, más que eso, no eran otra cosa que meros “conspiradores de salón”…

 Cuando se habla de “espía” se está dando un concepto amplio que sirve para entendernos pero que no define exactamente de qué estamos hablando. Un espía es alguien que obtiene información de forma clandestina, pero hoy en día el noventa por ciento de la información que precisa un Estado o una organización proviene de lo que se llaman fuentes abiertas, es decir medios de comunicación, Internet, conferencias, charlas o incluso lo que llamamos metadatos, es decir la forma y no el contenido de la información. Lo correcto sería hablar de “agentes de Inteligencia” o funcionarios de Inteligencia que agrupa a informadores en general, espías, analistas, controladores, expertos en diferentes campos. Los hombres de los que hablabas, Pla o Cambó, desde luego que no eran agentes del servicio secreto aunque sí desde luego informadores, espías y conspiradores.

Puesto que hablamos de Cambó y Pla, me gustaría hacer alusión a la controvertida figura histórica del “Quinto Columnismo” durante la guerra civil española. ¿ Queda algo por decir sobre ese asunto, tanto en el ámbito ficcional como del ensayo histórico?

 Sí, claro, creo que queda mucho por decir sobre las actividades clandestinas en la zona republicana, lo que se llamó la Quinta Columna. Hubo una importante red de informadores y saboteadores a favor de los rebeldes. Además todos los servicios secretos europeos trabajaron en España durante la guerra civil, desde el NKVD soviético hasta el SD nazi pasando por el MI 6 británico.

También me resulta interesante el espía en vertiente femenina. El gran mito histórico es la Matahari de la guerra del 14. ¿ Pero no es también el gran estereotipo de la novela espionaje,  la mujer sexualmente atractiva y embaucadora y  que encontró su propia contrapartida en la “femme fatale” del “Noir”?

En el análisis del papel de la mujer en el espionaje se utilizan los mismos estúpidos estereotipos que para cualquier otra actividad. La mujer ha ejercido el espionaje desde tiempo inmemorial sin ninguna diferencia con el hombre. ¿Que ha utilizado sus armas sexuales para obtener información? Pues claro, y los hombres también. Hay infinidad de mujeres en los escalones más altos de los servicios de Inteligencia y entre los agentes de campo. Matahari se hizo famosa porque era bailarina y su labor de espionaje fue más bien pobre, pero mujeres como Hannah Szenes, Mathilda Carré o Vera Atkins son auténticas agentes, sobre el terreno o en un despacho.

“Lo que más me ha seducido del Agente Doble es su  capacidad de vivir dos vidas al mismo tiempo, la mayor parte de las veces contradictorias”

¿ Qué es lo que más ha dominado el espíritu del espía, las convicciones ideológicas o la razón de Estado?

Hay de todo. Las convicciones ideológicas son fundamentales en algunos personajes, como el Círculo de Cambridge por ejemplo; las razones de estado están profundamente arraigadas en el caso de los israelíes que trabajan no por los intereses de su Estado, sino por la supervivencia de su Estado. Y también hay motivaciones económicas, de prestigio, miedo, incluso de afán de aventura.

Un espía es ese ser capaz de “desdoblarse”, el hombre de las mil caras. Pienso por ejemplo en la figura del “Agente doble”…

A mi es lo que más me ha seducido siempre del espionaje, la capacidad de vivir dos vidas al mismo tiempo, la mayor parte de las veces contradictorias. John Le Carré tiene una frase genial que se puede aplicar al agente doble: “traicionamos para ser leales”. Hay una serie de televisión “The americans” donde se retrata de forma magistral a dos agentes soviéticos en Estados Unidos, perfectamente integrados en el país y trabajando para la URSS. Todo un ejemplo.

“El agente secreto es el que respeta las leyes del país propio, pero nunca las del país enemigo”

 

Muchas tramas de espionaje, sobre todo durante la Guerra Fría, representaron al “Mundo libre” como la encarnación del “bien”, mientras la KGB y la Unión Soviética aparecían bajo su faz más malvada. Me pregunto sí no albergaban una función e intencionalidad ideológica…

Es curioso, pero si lees atentamente a Le Carré, a Norman Mailer o a Graham Green puedes darte cuenta de que hay una enorme carga de crítica para su propio país. No está tan claro que el enemigo sea más malo que el “amigo”. Cuando lees, por ejemplo, “El hombre más buscado” o “El jardinero fiel” los malos son directamente los países supuestamente “libres” y Green o Le Carré no ocultan la existencia de antiguos nazis al servicio de esos países libres.

Sin embargo, ese espíritu crítico en el ámbito literario no pareció tener equivalente en la industria de Hollywood, donde el poder político metió  mano…

Bueno, Hollywood es Hollywood. El cine sigue y ha seguido sus propios caminos, sobre todo el cine norteamericano. De hecho muchas películas de espionaje basadas en novelas incorporan sutiles cambios para adaptarlas al gusto de Hollywood, como sucede por ejemplo en las versiones de “El jardinero fiel” o de “El Topo“.

¿El género de espionaje es respecto a la política lo que el género negro en relación a las cuestiones sociales y la condición humana?

Yo creo que sí. Es por eso que la novela de espionaje y la novela negra tienen mucho en común. Yo miso escribo indistintamente de un género u otro y estoy cómodo en ambos y eso no es casualidad.

” Como escritor , no suelo establecer mapas,  hago que mis historias se guíen por la lógica de los hechos y  acontecimientos”. 

Recordarás aquella entrañable serie televisiva de nuestra juventud, “ Misión imposible”. A cada final de mensaje con las instrucciones, el magnetófono se autodestruía  antes de precisar  que las “Autoridades negarían cualquier conocimiento del caso”. Esto me hace pensar en que el espía siempre está en la “alegalidad”o incluso  en la “ilegalidad”, cuando no, en las profundas cloacas del Estado.

La ética del espía, el personaje que está destacado en territorio enemigo, por llamarlo de alguna manera, no tiene nada que ver con la ética que nosotros utilizamos. Y lo mismo pasa con la Ley. El agente secreto profesional acata las leyes del propio país, al menos eso se el exige, pero no las del país enemigo. Acaba de producirse el asalto a la Embajada de Corea del norte en Madrid por parte de elementos de la CIA. Obviamente han violado las leyes españolas y las internacionales, pero ese tipo de acciones se han llevado a cabo desde las luchas en las ciudades del país de Sumer hace cinco mil años. Pensar otra cosa es muy ingenuo.

” La  buena novela de espionaje es la que se basa en  los personajes y no tanto en la trama”

¿El espionaje solo  adquiere legitimidad moral cuando se enfrenta  a un enemigo “externo”, pero es cuestionado cuando se trata de algo  doméstico? Pienso, por ejemplo, en el “Caso Watergate”, que era un asunto de espionaje al Partido Demócrata y por lo tanto, a compatriotas.

La explicación más acertada, creo yo, es la de comprender cómo funciona el mundo, que no tiene nada que ver, o muy poco, con lo que vemos en los telediarios. La realidad es muy distinta y los intereses de uno u otro grupo prevalecen sobre la moral, las leyes o el respeto por el otro. Eso es así. La única garantía, a mi juicio, es la separación de poderes por la que los tribunales pueden poner en solfa determinadas acciones ilegales. Así ocurrió en Estados Unidos con el Watergate y así ha pasado en España con algunos casos como el de la “guerra sucia” contra ETA.

No podemos olvidar otro caso muy sonado que conmocionó la vida política estadounidense en los años 50 y que estuvo en las antípodas de cómo se desarrolló el Watergate. Me refiero al caso del matrimonio de Julius y Ethel Rosenberg”, condenados por espionaje a la silla eléctrica y al cabo de un juicio dudoso detrás del que siempre se sospechó la mano negra de la CIA y el FBI…

Mira, si a alguien le llama la atención algo así es que es un ingenuo. Los Rosenberg era militantes sindicalistas y comunistas en plena guerra fría en Estados Unidos. Había que ir a por ellos porque eran influyentes y activos y se buscó la manera de eliminarlos. ¡Qué mejor que una acusación de espionaje a favor de la URSS! El trabajo del FBI, entre otros, es el de contraespionaje y en aquella época, el enemigo era no solo la URSS sino cualquier signo de anticapitalismo o socialismo en su propio país. Los Rosenberg estaba sentenciados antes del juicio, igual que los acusados en la caza de brujas.

“La realidad política internacional no tiene nada que ver con la de los telediarios. Los intereses de uno u otro grupo prevalecen sobre la moral, las leyes o el respeto por el otro”

¿ Qué te parece si cambiamos de registro y retomamos un poco más el ámbito literario?.

Me parece bien, sí…

Pues mira, una curiosidad… ¿Con qué materiales y documento suele trabajar el escritor de novela de espionaje? Porque no creo que los grandes secretos de Estado relacionados con los servicios de inteligencia sean accesibles así como así, o que los gobiernos “desclasifiquen” todos y cualquier documento.

Hay información. Eso no falta. Hoy en día puedes acceder a infinidad de archivos, informes, libros, artículos e incluso a personas que tienen cosas que contar. Un autor de espionaje, como es mi caso, utiliza mucho la lógica. Recoges información, la estudias, la clasificas y elaboras una teoría que llamamos novela. Muchas veces estamos contando la realidad más allá de lo que pueda parecer. Decía Markus Wolf que hay mas verdad en las novelas de Le Carré que en las memorias de Walter Schellenberg.

” La novela de espionaje es una interpretación de la historia y la sociedad. Por eso no se acabará nunca”

¿ Entonces, cuando escribes, te pones en la piel del personaje, lo haces actuar y reaccionar ante las situaciones como tú lo harías basándote en esa misma lógica?

La verdad es que sí. Esa es mi forma de escribir. No hago nunca un esquema con la trama sino que creo personajes y los hago actuar con lógica ante cada situación.

Lo que me pregunto es qué habilidad ha de tener un autor para otorgarle magia ficcional a asuntos que se le pueden antojar  “plomizos” a un lector con escaso bagaje en ciencias sociales o políticas y poco interés por cuestiones históricas…      

La buena novela de espionaje se basa sobre todo en los personajes. Fuertes, creíbles, ambiguos, llenos de contenido. Si eso añades situaciones críticas y de acción lo conviertes en otro tipo de novela que se acerca más al thriller como es el caso de Bourne por ejemplo, o a la novela de aventuras en el caso de Bond. Si al lector no le interesa la política internacional o la historia le aconsejaría que leyera otra cosa, Corin Tellado o algo así.

Parece que  ese ha sido precisamente el gran logro de Pérez-Reverte con “Falcó”, un personaje cínico y cabrón adscrito al “bando nacional”, pero que sin embargo le ha resultado de lo más magnético a la mayoría de los lectores…

Pérez Reverte sabe contar historias. Sabe crear personajes y tiene muchas tablas. Eso y además, cuando uno crea una novela está creando en toda la extensión de la palabra, no está escribiendo un libro de historia. Eso vale también para “Carne de trueque” de Fernando Martínez Laínez o “El informe Müller” de Antonio Manzanera.

Me pregunto cómo ha ido mutando este género ante la realidad  del XXI, caracterizada por unos profundos cambios geopolíticos, culturales, civilizatorios, lo llamemos como lo llamemos, globalización, Era de la información, sociedad digital etc…

 La ambición de las grandes compañías mundiales, la emergencia de nuevos países como la India, China o Brasil, el terrorismo islámico, el narcotráfico y los enfrentamientos tradicionales de tipo nacionalista, reivindicaciones territoriales, estallidos de independencia, venganza por agresiones históricas reales o ficticias, supervivencia de Estados fallidos… La lista de temas se haría interminable, en realidad con la novela de espionaje estamos hablando de una interpretación de la historia y de la sociedad y eso no se acabará nunca.

Ha habido debate sobre la renovación de la novela histórica, como también lo hay sobre la novela negrocriminal. ¿ Lo hay también en el género de espionaje?

Siempre aparecen nuevos escritores  y nuevas tendencias. Eso es bueno. Un autor escribe lo que le parece sin cuestionarse si es “moderno” o está pasado de moda. Tienes una idea y la cuentas. Eso es todo.

Deduzco entonces que el género de espionaje no tiene unas reglas de estructura narrativa tan rígidas como el “Noir” y que generó no pocas polémicas sobre qué era  y qué no era novela negra…

Desde luego, el relato de espionaje no tiene una estructura narrativa como se podría decir de la novela negra, aunque esta última esté ya un poco cuestionada. La novela negra ha evolucionado mucho desde Jim Thomson a González Ledesma, por citar a un español muy conocido. La de espionaje no está sujeta a una estructura en ese sentido. Si uno lee “El fantasma de Harlot”, por ejemplo, no tiene nada que ver en su estructura con “El espía que surgió del frío” o con “Bunker 13” de Anniruda Bahal.

¿ Para acabar, en qué proyecto te encuentras en la actualidad?

Estoy trabajando en una novela sobre interioridades del CNI, el Centro Nacional de Inteligencia. Como te decía, una novela de personajes, la trama es lo de menos.

Esperamos pues a esos personajes y gracias, Jose Luis…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicado por Laurentino Vélez-Pelligrini (París, 1969)

Es politólogo, sociólogo, ensayista. Estudió en el Institut d'Études Politique y en l'Ecole des Hautes en Sçiences Sociales, donde se formó junto al prestigioso sociólogo francés Michel Wieviorka. Se especializó en Sociología del Género y de la Sexualidad y del que son un resultado sus libros " Minorías Sexuales y Sociología de la diferencia. Gays, lesbianas y transexuales ante el debate identitario", ( Montesinos, 2008) y "Sujetos de un contra-discurso. Una historia intelectual de la producción LGTB y queer en España" ( Ed.Bellaterra, 2011). Es autor de numerosos artículos en revistas de ciencias sociales y colaborador habitual de " Mientras Tanto" y " El Viejo Topo". En la actualidad su labor investigadora y ensayística está centrada en la historia cultural e intelectual y prepara la edición de un nuevo libro sobre los grandes perfiles y personalidades de la vida intelectual española desde la posguerra hasta nuestros días.

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